EL APELLIDO PERALTA Y PASTEJÉ.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 LAS COINCIDENCIAS EN EL TIEMPO: DOS PERALTAS, DOMINGO (FINALES DEL SIGLO XVI) Y CARLOS (AL INICIAR EL SIGLO XXI), DUEÑOS DE PASTEJÉ.

    Pastejé, bastión de la ganadería de toros bravos en México, nos presenta una curiosa historia que se une en sus extremos por el apellido Peralta. Hacia 1597 con Domingo de Peralta, y a fines del siglo pasado, Carlos Peralta.

  En su origen no se fundó como una hacienda ganadera, sino como la petición para registrar 2 caballerías. En aquel entonces, Pastejé que es una palabra otomí, cuya raíz original era Pásthèjè, topónimo que quiere decir más o menos “la yerba en el agua” o “lugar de yerbas en el agua”, o también “agua caliente” (si se le analiza como palabra mazahua) era un dominio territorial otomí que hacia 1470, entró al control mexica cuando Axayácatl, guerreó con los otomíes. Curiosamente, la zona era hacia esa época un dominio matlazinca. Lengua e influencia de una nueva cultura respetan la raíz de este rincón que se  mantiene hasta nuestros días, ubicado en términos de Ixtlahuaca, en el actual estado de México.

   Domingo de Peralta, indio principal oriundo de Jocotitlán, fue el dueño original de la estancia de Pástèhè, conformada por dos caballerías de tierra pobladas, además de un sitio de estancia para ganado menor. La equivalencia de la caballería para agricultura es de 0.41 km2 y la  de la estancia de ganado menor es de 7.76 km2

   Buena cantidad de pretendientes los hubo para adquirir tierras en la pródiga región del valle de Toluca, que fue una de las más atractivas por gozar de buena calidad para la cosecha de maíz, frijol, calabaza, y semillas introducidas por españoles, como trigo, cebada, haba, etc. Y también para la cría de ganados de toda índole, que ya para fines del siglo XVI está tomando una dimensión sin precedentes. En el caso del indio Domingo de Peralta nos demuestra que así como los españoles tenían acceso a la petición de mercedes de tierras, las comunidades indígenas no estaban excluidas de tales derechos. Estos derechos fueron apoyados por la corona, ya que consideró a los indígenas como sus vasallos, y como hombres libres podían poseer, disfrutar y disponer de bienes.

   Las tierras de Pástèhè se adquirieron en el siguiente término:

   El 21 de marzo de 1597, Domingo de Peralta, indio principal del pueblo de Jocotitlán se le concede un mandamiento acordado, para que el alcalde mayor de Ixtlahuaca haga las diligencias sobre un sitio de estancia para ganado menor y una caballería de tierra en términos de Jocotitlán en el monte llamado Oztetempa.

   Un mes después, el día 24 de abril de 1597 Domingo de Peralta presentó al alcalde mayor de Ixtlahuaca el mandamiento acordado, en el cual pide por merced un sitio de estancia para ganado menor en términos del pueblo, en el pago que llaman Atlachpanaloyan, junto a un ojo de agua, las diligencias se inician a partir del día 13 de julio de 1597, para el día 19 el alcalde mayor Alonso Gómez de Cervantes tomó la información de oficio de cinco personas, las cuales declararon que las tierras siempre las han conocido erisadas (sic) y por romper. nunca han sido labradas ni cultivadas y así están ahora, por lo que considera que se le puede hacer merced. Los 5 testigos presentados por don Domingo de Peralta y que estuvieron presentes a la visita del sitio apoyaron la declaración anterior, si se diera por merced estaría sin perjuicio de los naturales ni de otro tercero, por lo que se le puede hacer merced de la estancia. El 5 de diciembre de 1598, el virrey conde de Monterrey ordena al alcalde mayor de Ixtlahuaca para que se hagan nuevas diligencias, se averigüe si don Domingo de Peralta tiene posible (dinero) para poblarlo y si tiene otras tierras por merced. El alcalde mayor volvió a ir al sitio donde se pide por merced, informa que habiendo recibido la información de parte del oficio (no hay documentación) que el lugar donde se pide está sin perjuicio de indios, que es indio rico y puede poblar el sitio, y que este está en una sementerillas, junto a un ojo de agua, y cabe muy bien en el sitio de estancia, con que corra de norte a sur. De la primera solicitud de tierras no hay documentación que pruebe se le hay concedido, en la segunda petición, a pesar de que el veredicto final fue a favor de don Domingo de Peralta, tampoco hay el documento de la tierra que se le debió de haber otorgado.

   Incluso existe un mapa topográfico que representa el terreno, y curso de las aguas que emanan de las fuentes del cerro de Xocotitlán, en el pleito que sobre ellas siguen Don Diego Ortiz, dueño de la hacienda de Villegé, contra don Diego Gómez Garreda dueño de las de Pastegé y Jurindó, en jurisdicción de Ixtlahuaca, mandado levantar a los peritos don Joaquín de Heredia, nombrado por parte del primero, y Don Esteban González por la del segundo, ambos agrimensores por S.M. Plano fechado en Villegé el 23 de marzo de 1805. Esto quiere decir que Don Diego Gómez Garreda era el propietario de Pastegé en aquel entonces.

   Por su parte, Ruperto Medina Centellas, oriundo de Toluca, nacido en dicho lugar en 1818, fue hijo de Manuel Medina y María de la Merced Centellas, ambos vecinos de la capital del estado. Se decía comerciante, pero también era hacendado, ya que poseía las haciendas de San Pedro y de San Antonio de Pastejé (propietario en 1848), además de una casa en la ciudad de México.

   En 1871, y dada la severa crisis que en aquellos momentos enfrentaban diversos hacendados mexiquenses, integraron la “Sociedad de agricultura del Estado de México”, con objeto de propagar los conocimientos y adelantos útiles a la agricultura; además solicitaron maquinaria, pidieron créditos agrícolas y promovieron exposiciones regionales y nacionales de productos.

   En concreto, las haciendas del Estado de México eran unidades de producción parcialmente agrícolas; aunque esta actividad era la que prevalecía, se combinaba con la ganadería, la extracción de minerales y con la manufactura. A mitad del siglo XIX el distrito de Ixtlahuaca estaba dividido en siete municipios. Uno de ellos: Jocotitlán, contaba con cinco haciendas registradas en 1895: Teacac y anexas, Villejé, Caro, Alcibal y San Antonio Pastejé.

   La hacienda de San Antonio de Pastejé que se encontraba en el distrito de Ixtlahuaca, muy cerca de la Sierra de San Andrés Timilpan, dominada por la elevada montaña de Jocotitlán, tenía una hipoteca en 1873 de 25,200 pesos a favor de las hijas de Concepción Gómez.

   En ese mismo año Manuel Medina Garduño, quien fuera gobernador del estado de México entre 1911 y 1913, fue nombrado albacea de la herencia de ambos padres. Hasta su muerte (1917) se ocupó de administrar las diversas propiedades de sus hermanos, incluyendo la hacienda de Pastejé.

   Sin embargo, la familia Medina entró en serios conflictos financieros, por lo que la hacienda cambió de propietarios. Ya en la segunda década del siglo XX aparece bajo la égida de la familia Pliego y Pérez –propietaria de la de Enyegé- (separada de Pastejé por el río Lerma). En 1922 estuvo administrada por la sucesión de Antonio Pliego y Pérez, incrementándose su extensión en 3071 hectáreas.

   Pastejé estaba situada en la zona mazahua más importante, por lo que era evidente su influencia cultural en la vida laboral y doméstica de la hacienda, aunque había una tendencia al mestizaje, como ocurrió en todo el país.

   En 1893 sus extensiones abarcaban 1840 hectáreas, con un valor fiscal de $84,076.00 (en 1852 fue de $52,500.00) lindaba al norte con los pueblos de Jocotitlán y Los Reyes; al sur con el barrio de Santo Domingo; al oriente con la hacienda de Teacac, y al poniente con el barrio de Mavoro y con la hacienda de Villejé. Pero diez años después, esos límites ya estaban alterados. Al norte limitaba con los pueblos de Jocotitlán y Los Reyes y con los terrenos de Francisco Chim y Florentino Barranco; al sur con el pueblo de San Mateo, con la hacienda San José del Río y con los ríos Grande y Sila; al oriente con el pueblo Los Reyes, las haciendas de Caelcua y Santa María de los Trojes y el río Sila; y al ponientes con los terrenos de común repartimiento propiedad de los Sres. Gómez, Hernández, Cedillo y Martínez, así como con el pueblo de San Pedro de los Baños y el rancho de San Antonio del Río.

   Sus actividades agrícolas estaban concentradas en el maíz, la cebada y el trigo. En 1893, los trabajadores externos recibían un jornal diario de 18 centavos y una ración alimenticia. Para 1927 el salario aumentó a 50 centavos diarios. En ese mismo años, la hacienda contaba con 900 cabezas de ganado mayor (bueyes, mulas y yeguas) y 2000 cabezas de ganado menos (ovejas y cabras). Sin embargo, la actividad ganadera fue la que perduró más tiempo, cuando la hacienda empezó a perder su carácter de unidad productiva porfiriana y empezó a dividir su territorio; su objetivo fue la cría, reproducción y explotación de ganado para lidia.

EDUARDO ITURBIDE EN LA REVOLUCIÓN

 El gobernador del Distrito Federal, licenciado Eduardo Iturbide (a la derecha), los ministros del Brasil, señor Cardoso Oliveira, y de Francia, Víctor Ayguessparsé, al salir de la Ciudad de México a conferenciar con los revolucionarios, 11 de agosto de 1914. Gustavo Casasola: Historia gráfica de la Revolución mexicana. México, Editorial Trillas, 1973. T. III, p. 824.

 UN DETALLE, UNA CASUALIDAD: SAN NICOLÁS PERALTA: GANADERÍA QUE EN EL PASADO DIO ESPLENDOR A LA FIESTA LLEVA EN SU NOMBRE EL APELLIDO PERALTA.

    Esta hacienda, ya desaparecida, llevó en su nombre el apellido Peralta, cosa que nos parece demasiado curioso. En 1830 el acaudalado Gregorio de Mier y Terán, adquirió por compra, directamente de los Padres Carmelitas, dos de las más importantes haciendas del Distrito de Lerma, Estado de México: San Nicolás Peralta y Santa Catarina. Aquella data del siglo XVII.

   La ganadería de toros bravos en México tuvo en otras épocas, auténticos baluartes hoy desaparecidos, quedando como huella de su imponente paso la casa, la casona, el casco, el corazón de donde emanaron acontecimientos que dieron vida a una fiesta que fue, en su momento, también esplendorosa.

   Hoy ya no resultan familiares nombres como los de El Cazadero, Cruces, Guanamé, Parangueo, San Nicolás Peralta, San Diego de los Padres, Santín y otras que dieron lustre a una fiesta que tuvo, como en nuestros días, dimensión sin igual.

   En el pasado estas y otras haciendas cuyos dueños dedicaron y entregaron todo su cariño, hubo auténticos milagros de la bravura que siguen siendo ejemplo del empeño. La fiesta de toros en los últimos 150 años ha tenido cambios más de forma que de fondo y en esas modificaciones, la participación de ganaderías próceres como estas y muchas otras más dejaron marca de fuego para la historia.

   Desde lugares como estos se gestaron actividades tan intensas como evocadoras, que abarcaban en nacimiento de los erales, el destete, hasta las primeras pruebas por las que pasaban los becerros, y su selección posterior para las corridas, unos años más tarde.

   En lugares como los indicados, surgieron verdaderos movimientos que en el pasado tuvieron una vida que hoy se registra de otra manera. La modernidad en algunos casos las ha hecho suyas, pero asimismo descendientes de la estirpe original o nuevos dueños se encargan de mantenerlas vigentes. Pocas, por no decir que ninguna ha desaparecido.

EDUARDO ITURBIDE_CONFERENCIA EN TEOLOYUCAN

Aquí volvemos a ver a Eduardo Iturbide, ala izquierda del General Álvaro Obregón. Al centro, también se aprecia al Gral. Pablo González. Eran los días en que se conferenciaba en Teoloyucan, lo que devino firma del Tratado que llevó el mismo nombre.

    Por ese motivo, me ocuparé de la de San Nicolás Peralta.

   Esta hacienda fue propiedad del singular Ignacio de la Torre y Mier, casado con Amada Díaz, hija de Porfirio Díaz. Estaba ubicada en el municipio de Lerma, y junto a la Gavia, eran de las haciendas más ricas del estado de México. La hacienda de Peralta, antigua propiedad de los jesuitas, la heredó de su madre, Luisa Mier, hija de Gregorio Mier y Terán. Era una propiedad que reunía lujos y comodidades. Entre otras, la finca contaba con dínamo propio, con teléfonos que la comunicaban con todo el estado y la capital de la República, y surcaban las aguas de los numerosos canales que cruzan la hacienda hermosas embarcaciones de remos, nafta y vapor.

   Existe un curioso caso de desecación del Lerma, en el cual, la participación de haciendas como Atenco o San Nicolás Peralta, fueron determinantes, durante el curso del tercer tercio del siglo XIX, que se cuenta de la siguiente manera:

   El gobernador Mariano Riva Palacio refiere en la Memoria de 1871, que antes de la llegada de los españoles existía una laguna única, que se extendía desde el sur del valle, al pie del volcán, hasta los llanos de San Bartolo y de Buenavista la Grande por el norte. El cambio más importante consistió en la separación de la laguna en tres vasos: el primero se deriva de un estrechamiento natural a la altura de la hacienda Atenco, y se conoció como laguna Agua Blanca, Almoloyita o Atenco; la segunda a la altura de la población de Lerma -que antes de su fundación era una isla- donde las calzadas hicieron las veces de diques y así se formó la segunda división; la tercera laguna corresponde a la hacienda de San Nicolás Peralta, de padres carmelitas, quienes realizaron diversas obras hidráulicas.

   El proyecto del desagüe de las lagunas de Lerma, fue realizado por el ingeniero Francisco de Garay, quien “recorrió todas las lagunas, reconoció sus vertientes, sondeó sus aguas, examinó su fondo, siguió su corriente, fijo su estiaje y creciente, y de todas estas observaciones dedujo su régimen…” (Riva Palacio, 1871). Y parece claro que Riva Palacio creía que unos meses eran suficientes para conocer el régimen hidrológico del río y sus lagunas en la región.

   Sin embargo las guerras de Reforma y el Imperio impidieron que se realizara el proyecto.

   Al retornar a la gubernatura, Mariano Riva Palacio promovió de nuevo la desecación de las lagunas de Lerma en el año de 1869 y declaró ante la H. Legislatura que los trabajos iniciarían en mayo de 1870. La obra pretendía desecar una extensión de 109 caballerías -unas 4,730 Has.-, para lo cual se destinó un presupuesto de $ 256,080 pesos, para un periodo de 4 años, en donde la participación de los hacendados y de los pueblos sería según bases previamente acordadas (Riva Palacio, 1869: 39). Los trabajos iniciaron el 1º de mayo de 1870, con la asistencia de 4,000 personas, en la reunión de los ríos de Lerma y Santa Catarina, precisamente en la hacienda de San Nicolás Peralta (Riva Palacio, 1871).

   ¿Pero cuál era el objetivo de la obra? Al respecto el Gobernador decía que “el proyecto de desagüe tiene por objeto salvar los obstáculos naturales y los artificiales que en el curso del tiempo se han puesto al paso de las aguas, reduciendo á estas á un cauce ó canal…”, donde la rectificación del cauce natural del río era básica, con una longitud total de ocho leguas, una pendiente de diez metros, una profundidad media de cuatro metros y un ancho de doce metros (Riva Palacio, 1871).

1914-Teoloyucan_2_E. ITURBIDE

Eduardo Iturbide junto al Gral. Álvaro Obregón, en Teoloyucan, durante el mes de agosto de 1914.

    Las fiestas que se realizaban en la hacienda de San Nicolás eran memorables, asistían a ellas numerosos invitados entre los que destacaba, además del presidente Díaz, el gobernador del Estado.

   De San Nicolás Peralta anota Heriberto Lanfranchi en su libro Historia del toro bravo mexicano:

 San Nicolás Peralta.-(Amomolulco, Edo. De México). D. Ignacio de la Torre y Mier compró todo el ganado de El Cazadero (Querétaro) en 1904, seleccionó las vacas y las puso con más de 40 sementales de Veragua, Saltillo, Anastasio Martín, Concha y Sierra, Ibarra y Miura. La hacienda fue incautada de 1911 a 1925 y todo lo que quedaba del ganado se fue a Xajay, Peñuelas y Jalpa.

    Un hecho lamentable fue el infortunio que padeció de la Torre y Mier en tiempos de la revolución, al ser secuestrado por los zapatistas, por quien además se pidió una fuerte suma por su rescate. De esto nos da un completo informe el Sr. José Julio Barbabosa, dueño que fue de Santín, apuntes que encontramos en su obra manuscrita: Nº 3 Orijen [sic] de la raza brava de Santín, y algunas cosas notables q.e ocurran en ella J(osé) J(ulio) B(arbabosa). Santín, Nbre 2 de 1914:

    Respecto a la de Peralta, como al desgraciado de D. Ignacio de la Torre lo tuvieron los zapatistas muchos meses preso en Morelos, y por fin se fue para los E. U. sin volver para nada a Peralta quedó a merced de los revolucionarios, los que acabaron con todo el ganado manso que tenía la hacienda, y aún parte del bravo, y este estuvo muchos meses en la Hda. de Da. Rosa no se con que carácter, y después regresó a Peralta, y por todos estos motivos creo que está muy abandonada porque como es sabido, el infeliz de De la Torre murió en Estados Unidos, abandonado de su Señora, única persona que componía su familia y no sabemos quede en México persona que vea por la Hacienda, la que en la actualidad queda reducida a las reses bravas de que he hablado muy mermadas porque me consta que mataron muchas, y cuarenta y tantas vacas mansas, todas de desecho que por quebradas, chuecas y malas dejaron, y la verdad que como no he visto ninguna corrida de dos o tres que ha lidiado, no se en que estado estará esa ganadería como brava.

img337

Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 515.

    Fue hasta el 21 de julio de 1929 cuando se lidiaron por primera vez toros mexicanos de Piedras Negras en España (siendo precisamente en la plaza de toros de San Sebastián (Guipúzcoa), a continuación presento un interesante antecedente, que, aunque nos prosperó queda como interesante dato:

 Abril 18 de 1916

    El domingo próximo pasado (Domingo de Ramos) se jugó en México anunciada con mucho bombo una corrida de toros de Peralta, corrida que estaba destinada a Madrid y no sé porque circunstancia no fue. La verdad es que a mi me vio Diego Prieto para que le vendiera algunos toros para llevar a España, y le contesté “que no admitiría por ningún dinero que mis toros por mi conducto o mi consentimiento fueran a poner en evidencia a mi pobre país, que sobraba el ridículo en que estaba con nuestras guerras y tonterías para que yo aumentara este, mandando toros a donde está la flor y nata de ellos”. Pero como no todos los hombres pensamos lo mismo, tenían listas de Piedras Negras 2 corridas y de Peralta una, la que hoy repito se jugó anunciándose como toros destinados a la Plaza de Madrid y el beneficio de “Cuatro Dedos” y el resultado fue un fiasco completo en los toros, porque a cambio de uno que dicen fue muy buen toro, tanto que hasta le dieron la vuelta al ruedo, 3 fueron tan malos como lo peor que se pueda imaginar. Uno lo devolvieron al corral y los otros se los hicieron pasar al público a fuerza, y en contra de las protestas del mismo, y los 3 restantes cumplieron muy medianamente. Por supuesto que no faltó del público quien gritara “De lo que se perdió el público madrileño”. Ojalá y jugaran los Piedras Negras, haber si como estos iban a poner en ridículo a esta nuestra infeliz república, y a los ganaderos de paso, pero estos a la verdad bien lo merecen por atrevidos, ambiciosos, los que a la verdad como de costumbre se muestra muy poca apenas bien ninguna vergüenza.

img336 Lorenzo Garza toreando al natural a “Buen Mozo” de Pastejé, la misma tarde del 11 de diciembre de 1946. Foto: Orduña. Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 514.

    Aunque parezca una hacienda olvidada en nuestros días, y que padeció en su momento de mayor esplendor terribles golpes que la minaron hasta que no quedó piedra sobre piedra, el hecho es que San Nicolás Peralta fue en su tiempo una ganadería de suyo importante, donde fue posible que se reunieran simientes de la mejor calidad, que para los inicios del siglo XX estaban causando revuelo debido a sus particulares características.

   He allí algunos apuntes sobre una hacienda que en el pasado dejó huella.

    Carlos Castañeda Gómez del Campo publicó en la revista “CAMPO BRAVO” Nº 1, año 3, junio de 1997 (pp. 22-25) el interesante trabajo: “PASTEJÉ. UN SIGLO DE PASIÓN E ILUSIONES”. Sería muy atrevido de mi parte apuntar cosas que alterarían tan seria apreciación. Solo interesa agregar que en 1936 Antonio Pliego y Villalba vendió, a Lorenzo Elízaga la entonces hacienda de Pastejé. Antonio y Javier Algara Sánchez se asocian con Elízaga y en ese momento la hacienda se convierte en fuerte promesa que consolidó, a partir de 1937 Eduardo N. Iturbide, cuyo tío tatarabuelo fue el sufrido primer emperador de México, don Agustín de Iturbide.

   Como es sabido, en 1938 Pastejé se nutrió de casta de Murube con lo que dicha ganadería conquistará grandes triunfos a partir de 1943.

   Luego, en 1950 Luis Javier Barroso Barona es el nuevo propietario de Pastejé que también acumuló otro buen conjunto de notas extraordinarias. Como dice Carlos Castañeda Gómez del Campo, “es en abril de 1960 cuando Alejo Peralta, industrial y principal impulsor del desarrollo de esta zona del estado de México, asume control y responsabilidad sobre Pastejé”.

   Ocho años después, Paco Madrazo adquirió fierro y ganado de tan célebre hacienda que pasó a los potreros de la otrora famosa ganadería de La Punta.

   Hoy en día, ¿qué puede escribirse en el nuevo capítulo de Pastejé?

   Todo lo que tenga que ver con la compra y administración que ha recaído en el Ing. Carlos Peralta, que materialmente ha hecho emerger de las sombras del pasado una floreciente ganadería que lentamente acumula calidad, misma que será reconocida de nueva cuenta cuando los toros de PASTEJÉ, vuelvan a salir a los ruedos de las mejores plazas de nuestro país.

img335

Carlos Arruza dominando a “Holgazán” de Pastejé, la tarde del 25 de febrero de 1951. Fotografía: Orduña. Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 546.

 FUENTES

 CASTAÑEDA GÓMEZ DEL CAMPO, Carlos: “PASTEJÉ. UN SIGLO DE PASIÓN E ILUSIONES”. En “CAMPO BRAVO” Nº 1, año 3, junio de 1997 (pp. 22-25).

 COELLO UGALDE, José Francisco: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS Nº 25 AHT25. HISTORIA SOBRE LA GANADERÍA DE SANTÍN. México, 140 pp., ils., facs. Inédito.

   SE COMENTAN LAS OBRAS:  …AL QUE LEYERE…

Nº 1 ORIJEN [SIC] DE LA RAZA BRAVA DE SANTÍN, Y ALGUNAS COSAS NOTABLES Q.E OCURRAN EN ELLA J[OSÉ] J[ULIO] B[ARBABOSA]. SANTÍN, NBRE  [SIC] 1º / [18]86, Y

Nº 3 ORIJEN [SIC] DE LA RAZA BRAVA DE SANTÍN, Y ALGUNAS COSAS NOTABLES Q.E OCURRAN EN ELLA J[OSÉ] J[ULIO] B[ARBABOSA]. SANTÍN, NBRE [SIC] 2 DE 1914.

 HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Rosaura (Coordinadora): Jocotitlán. Zinacantepec, Estado de México. El Colegio Mexiquense, A.C.; H. Ayuntamiento de Jocotitlán, 2000. 227 pp. Cuadros, maps. (Cuadernos municipales, 14).

 LANFRANCHI, Heriberto: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots.

 –: Historia del toro bravo mexicano. México, Asociación Nacional de criadores de toros de lidia, 1983. 352 pp. ils., grabs.

FIERRO QUEMADOR DE PASTEJÉ  Fierro quemador y colores de la divisa que actualmente ostentan los toros de Pastejé.

 RIVA PALACIO, Mariano: Memoria de todos los ramos de la Administración del Estado de México en el año de 1869 presentada a su H. Legislatura. Tipología del Instituto Literario, Toluca, 1870. 80 pp. y anexos s.n.p.

 –: Memoria presentada a la H. Legislatura del Estado de México por el C. Gobernador en 1871. Tipografía del Instituto Literario, Toluca. s.n.p.

 ROMERO DE TERREROS, Manuel: Antiguas haciendas de México. Por (…) C. de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. México, Ed. Patria, 1936. 314 pp. Ils., fots.

 -Archivo General de la Nación: Ramo MERCEDES, Vol. 22, f. 115, 1597.

 -Archivo de Notarías Nº 1, Toluca, Leg. 4, Cuad. 30, exp. 2, fojas 1-17v.

    En esas interminables consultas y búsquedas por internet, encontré la siguiente información, que puede ser útil, sobre todo cuando este material se refiere a una hacienda tan peculiar como emblemática: PASTEJÉ. El caso es que aquí se puede descubrir, en la persona de Andrés Henestrosa, con la coautoría de Gloria Blanco, como los hacedores de PASTEJÉ. HACIENDA PARA LA HISTORIA, edición de 1994, publicado por Mz Milenio Pro., libro que cuenta con 165 páginas.

Pasteje_6

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo A TORO PASADO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s