EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La Maestra Ángeles González Gamio ha publicado recientemente una interesantísima nota al respecto de las plazas de toros en el Distrito Federal. A continuación la comparto con ustedes:

LA JORNADA_13.10.2013_p. 28

 La Jornada, D.F., del 13 de octubre de 2013, p. 28.

Disponible octubre 16, 2013 en: http://www.jornada.unam.mx/2013/10/13/opinion/028a1cap

    Pues bien, de su contenido he de hacer algunas precisiones con objeto no de refutar dichos apuntes, sino de darles su justa dimensión, pues un espacio tan reducido para el texto que acabamos de leer, apenas nos da una visión general de las cosas.

   Primero que todo, se agradece que en estos tiempos un periódico tan plural como La Jornada acceda a conceder lugar a un tema “incómodo” como la tauromaquia. “Incómodo” pues no ha sido fácil, sobre todo en una época como la nuestra, dominada por la modernidad y la globalización que en su dinámica olvidan procesos como el pasado, dimensión importantísima que nos han constituido en tanto seres humanos. Por otro lado, la presencia de una personalidad como la de González Gamio siempre dará elementos de fortaleza a la historia o la arquitectura, que son dos temas en los que le va la vida y además lo hace en forma amena y gozosa, con las siempre infaltables recomendaciones para darle gusto al gusto. De ahí que sepamos de nuevos espacios donde la cocina y la comida se dan la mano para provocar auténticos “estados de gracia”.

   Y ya metidos en tema, veamos algunos detalles que me parece preciso apuntalar.

   En efecto, llama la atención cuando apunta que durante cierto periodo de tiempo cuando “los numerosos conflictos políticos y económicos, tanto internos como internacionales y las consecuentes guerras, no permitían la celebración permanente y constante de festejos taurinos”. Esto es muy cierto en la medida en que precisamente la ciudad de México fue escenario de muchas de estas condiciones. Sin embargo, en uno de mis más recientes trabajos, dedicado a la figura de Bernardo Gaviño y Rueda,[1] pude demostrar que, entre los años de 1850 y 1867, dicho torero participó en los siguientes festejos, tanto en la plaza de toros de San Pablo, como en el Paseo Nuevo. E incluso en la plaza de toros de Tacubaya. Veamos.[2]

I

ACTUACIONES BGyR
II

    Otro aspecto que plantea la Maestra Ángeles González Gamio es el hecho de la prohibición que se impuso a las corridas de toros a finales de 1867. Ese asunto fue precisamente tema de mi tesis de Maestría en la Universidad Nacional,[3] para lo cual presento a continuación tres partes de la misma: Introducción, el Capítulo III, que es el que incluye la parte sustancial y las conclusiones, ya que la propia González Gamio apunta: “El 7 de diciembre de 1867 la fiesta brava sufrió un severo golpe: se publicó el decreto del presidente Benito Juárez, por el cual se prohibían los festejos taurinos en el Distrito Federal; no se mencionaba ninguna razón”.

Pues bien, aquí van las razones que determinaron tal circunstancia.

SOBRE PROHIBICIÓN EN 1867

SOBRE PROHIBICIÓN EN 1867

III

    Un último aspecto tiene que ver con el siguiente apunte de Ángeles González Gamio:

“Al fallecer Benito Juárez en julio de 1872 la prohibición siguió vigente. El decreto permaneció por casi 20 años, hasta que el 17 de diciembre de 1886, durante el mandato de Porfirio Díaz, se publicó su derogación.

“De inmediato se desató el más eufórico y desmedido taurinismo de la historia del toreo en México, comenta Miguel Luna Parra, estudioso del tema y aficionado de hueso colorado. El problema era que ya no había plazas de toros; rápidamente varios empresarios construyeron nuevos cosos, pero sin calibrar suficientemente las consecuencias: en menos de 11 meses ya existían cinco plazas con una capacidad de unos 9 mil espectadores. Además de que eran demasiadas, todas estaban cercanas; iban de la colonia San Rafael a la esquina de avenida Chapultepec y Bucareli.

Luna Parra, quien realiza un interesante recorrido por los lugares donde estuvieron esos cosos dice: “No tenemos conocimiento de un hecho histórico similar en la historia taurina de todos los países que presentan este espectáculo.

“Platica que de enero de 1888 hasta el mismo mes de 1889 en que las cinco plazas estuvieron funcionando, se dio la abrumadora cantidad de ¡151 festejos taurinos!, lo que equivale a casi 13 corridas al mes, caso insólito en el mundo”

A raíz de la apreciación que hizo el Arq. Luna Parra, entusiasta aficionado y bibliófilo taurino, y que la abogada e historiadora los destacó con admiración, misma admiración que seguramente nos causó a muchos lectores que nos quedamos con una visión muy amplia en el cómo habría sido justamente aquel 1888 en lo taurino.

De tal asunto, también existen unas notas que tuve a bien elaborar y entrecruzar con un texto del reconocido tratadista José María de Cossío, y que son de enorme utilidad para su confirmación. Aunque se menciona un periodo de tiempo que va de enero de 1888 hasta el mismo mes de 1889, y en semejanza con el que destaca Cossío, también me ocupé de confirmar en una revisión exhaustiva todos los festejos taurinos que se celebraron en la ciudad de México, para lo cual incluyo una relación de los mismos, uno por uno.

CIUDAD DE MÉXICO TAURINA EN 1888

CIUDAD DE MÉXICO TAURINA EN 1888

   Conclusiones: Debo decir, a favor de todo lo hasta aquí revisado, que gracias a este “apunte” es como existe una obligación que los historiadores tenemos para acercarnos a las fuentes tanto como sea posible para darles el peso de credibilidad que corresponda con el de su propio contenido, el cual nos da el peso específico suficiente para tejer o entretejer los caminos y los destinos, en este caso de un pueblo, de una nación.

Celebro la aparición de un paisaje como el que la también colega nos ha obsequiado recientemente desde las páginas de La Jornada.


[1] José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

[2] Por la extensión del mismo y dos apreciaciones más que serán incluidas en este trabajo, habrá necesidad de presentarlos en el presente blog en archivo pdf para una mejor lectura del mismo, dando continuidad al resto de los apuntes.

[3] José Francisco Coello Ugalde: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras. División de estudios de posgrado. Colegio de Historia. Tesis que, para obtener el grado de Maestro en Historia de México presenta (…). 1996. 220 p. ils., fots.

 

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