América Taurina, de Leopoldo Vázquez a revisión. (Primera parte).

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

A Ariel Fernández, Responsable del Museo Taurino

En la ciudad de Saltillo, Coahuila.

    La América Taurina de Leopoldo Vázquez, acompañada de carta-prólogo de Luis Carmena y Millán, la cual vio la luz en Madrid, gracias a la Librería de Victoriano Suárez editor, en 1898, es una obra en la que por primera vez un autor español y con la mirada hispana en perspectiva tuvo en América su propósito u objetivo de análisis en cuanto a la dinámica que desde este otro lado del mar se estaba manifestando a partir de un proceso histórico que se desbordó en el curso de la segunda mitad del siglo XIX (si es que nos atenemos a la condición general de los países taurinos en América), y desde 1882 en adelante en México, como caso particular. Desde ese año, una presencia quizá modesta pero contundente de matadores de toros con los miembros de sus cuadrillas, se internaron en el país para poner en marcha un mecanismo que desde hace tiempo tuve a bien denominar como “reconquista vestida de luces”, que no es otra cosa que la puesta en marcha del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna, mismo que alcanzó momentos de esplendor a partir de 1887 y años posteriores, mismos que Leopoldo Vázquez analiza en esta obra, a partir de hoy motivo de diversas colaboraciones.

   La América Taurina provee, para esta sección y otras que vendrán más adelante, de nutrido material que, sobre el toreo mexicano, tanto en el siglo XVIII como el XIX aparece allí en forma como ya apunte, caudalosa e interesante, por lo que en esta y otras entregas conoceremos, haciendo en algunos casos las necesarias acotaciones que son precisas para entender de mejor manera su contenido, sobre lo que fue el toreo en aquellas épocas. Además, y de ser preciso las puntualizaciones serán aplicadas para corregir algunos puntos ya sea en el nombre correcto de personajes, sitios o fechas para su mejor comprensión.

 AMÉRICA TAURINA_PORTADA-CONTRAPORTADA

Portada y contraportada de la obra de Vázquez. Col. del autor.

   Por ejemplo, y esto corresponde a datos relacionados con las Efemérides Taurinas Novohispanas, en su afán de dar ciertas opiniones al respecto, pretende darnos una visión de lo novohispano, partiendo del hecho de que para hacerlo, también involucra a José Sánchez de Neira, el que para 1879 había visto publicar su imprescindible obra: El Toreo. Gran diccionario tauromáquico… mismo libro el que al su interior menciona ciertos aspectos que Sánchez de Neira mismo pudo haber revisado en consulta hecha ex profeso en el Archivo General de Indias al respecto de asuntos relacionados con los asuntos que diversos ramos ofrecen desde hace ya muchos años, los cuales se encuentran en etiquetados como “Indiferente”, “Guadalajara” o “México”. Pues bien, luego de sugerir tal supuesto, recupero el hilo de estas notas para decir que entre lo apuntado por Sánchez de Neira y lo afirmado por Leopoldo Vázquez, se tiene en la obra aquí reseñada un primer capítulo de algo que además denomina Vázquez como “Tauromaquia Indiana”, telón de fondo de este tejido al que quedaron bordados que hacer o incluir en un momento en el cual lo incipiente del asunto, dejó en Sánchez de Neira y Vázquez la primera señal de inquietud que producía la por ellos considerada como “Tauromaquia Indiana”, significado en el que no percibo de fondo ningún propósito de descalificación, y mucho menos de lo peyorativo. Veo, eso sí una especie de mirada a distancia de dos viajeros extranjeros profundamente asombrados de lo que acaban de “descubrir” al poner sus ojos en América. Es decir, los “descubrimientos” que comenzaron desde que Colón o Vespucio se aventuraron por estas tierras varios siglos atrás, seguía siendo una constante a finales del siglo XIX.

   En el Capítulo I denominado “Implantación de las corridas de toros en América”, Vázquez apunta de entrada:

   Hacer la historia de las corridas de toros en América, equivale a reproducir cuanto en libros y folletos se ha escrito sobre la fiesta taurina en España, lo que lleva a entender lo necesario que era ya igualar lo producido e investigado con respecto al toreo americano, que para entonces era bien poca cosa, dispersa en algunas publicaciones que tampoco fueron de edición masiva, y otras tantas en su condición hemerográfica o panfletaria, lo que más bien las hace ver como ediciones marginales, como se verá en su momento al hacer análisis de las mismas.

   Le preocupa a Vázquez el hecho de que

   Habiendo dominado esta nación (se refiere a España) en importantísimas regiones de las hoy repúblicas americanas desde su descubrimiento hasta principios del siglo actual, en que poco a poco fueron declarándose independientes, allí llevó y aclimató como en consiguiente sus usos, sus costumbres, sus maneras de ser, su religión y por último hasta sus diversiones más favoritas.

   De lo anterior nos da una impresión sintetizada de los tres siglos coloniales, mismos que se integraron a las culturas americanas hasta obtenerse de todo ello un mestizaje en el que cohabitaron dos formas opuestas al principio pero comunes al final de aquel camino cuyo agotamiento estaba más que preparado para un nuevo amanecer: la emancipación.

   Es posible que su aserto tenga algo de fundamento científico cuando dice que

   Claro está que las fiestas de toros, serían entre estas (refiriéndose a las diversiones más favoritas), las que desde luego tendrían más adeptos en aquellas regiones dado el carácter de los hijos del país, muy semejante al de los españoles, y habituados por naturaleza a pelear con toda clase de fieras, luchando muchas veces por la existencia, en otras por llenar su amor propio o satisfacer sus gustos y en más de una por adquirir fama de guapos y hacerse respetar de los más valiente.

   Lo anterior sólo es posible si nos atenemos a ciertos hechos relacionados con virtudes que la guerra o el dominador tendría sobre el dominado, y en ese sentido lo que España o cualquier otra potencia de finales del siglo XV o principios del XVI estaban tratando de desplegar en sus ambiciosos proyectos de descubrimiento y expansión, lo mismo a oriente que a occidente.

   De pronto, llegamos a un caso particular que involucra al México del siglo de las luces, justo a partir de la segunda mitad del XVIII, cuando “la fiesta taurina había perdido el carácter que tuviera de ser vinculación de las clases nobles para pasar a ser la más popular de las fiestas, todas tomando parte en ellas lidiadores de profesión, en muchas regiones americanas y muy especialmente en México, las vistas de toros[1] estaban muy extendidas y eran muchas las personas que lo dejaban todo para asistir a ellas.

   “Las corridas, como en muchas poblaciones de España, se celebraban por entonces en las plazas públicas levantando tablados para los espectadores”.

   En efecto, a lo largo de esos tres siglos, los espacios destinados para la celebración de festejos taurinos fueron algunas plazas públicas, pero también hubo ciertos predios destinados para levantar o erigir en dicho lugar y por muchos años plazas como la del Volador (de 1585 a 1815) o la de San Pablo (1788-1864). También se encuentra sitio para el desarrollo del espectáculo en atrios de iglesias preparados ad hoc para conmemorar la culminación de la obra arquitectónica de tal o cual recinto. Todo ello deja ver el hecho de que las autoridades no se preocuparon en levantar una plaza de mampostería, como sí sucedió en Ronda, Sevilla o Acho, lo que permite entender que infinidad de cosos taurinos fueron armados de materiales naturales como madera y cuerda. Concluida la temporada, la plaza se desarmaba. El proyecto de Manuel Tolsá en 1793 de levantar una plaza con condiciones que empataran con aspectos prácticos no prosperó. Creo que en ese sentido, no fue sino hasta 1907, con la inauguración de la plaza de toros “El Toreo” de la Colonia Condesa que se presenta el primer caso de una plaza fija.

CONTINUARÁ.


[1] Espero que Leopoldo Vázquez se haya referido al decir “vistas de toros” con corridas de toros, y que sólo haya sido un descuido o lapsus maquinae de su parte. (N. del A.)

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo RECOMENDACIONES Y LITERATURA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s