EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Luego de observar la siguiente imagen, ello deja en cualquier alma esperanzada, ninguna posibilidad.

 MEDINA IBARRA_PACHUCA_20.10

Disponible octubre 21, 2013 en: http://opinionytoros.com/noticias.php?Id=44259

Fotografía: Luis Humberto García.

    No puede ser más patético el asunto, sobre todo si nos atenemos al hecho de que ese ejemplar de Medina Ibarra, que salió al ruedo de la plaza “Vicente Segura” en Pachuca, Hidalgo la tarde del 20 de octubre de 2013, deja ver una vez más la dejadez, el “valemadrismo” que existe por hacer o representar una fiesta en la que quienes la organizan, creen que habrá un puñado de tontos que pagarán un boleto por ver tamaña desfachatez. El colmo del asunto es que apenas unos meses atrás el estado de Hidalgo había dado un importante paso al lograr que la tauromaquia se hiciera acreedora del codiciado nivel de Patrimonio Cultural Inmaterial, lo que significa un alto grado de compromiso.

   Desde antes que comenzara el festejo, aquellos tendidos semivacíos auguraban un mal asunto que terminó en este desagradable abuso de confianza del que no nos podemos sustraer, luego de que la fiesta taurina en México al seguir presentando signos de decadencia, con esto simplemente el pronóstico se habrá de poner, si no es que ya está, en condiciones de gravedad extrema. Y estamos, a lo que se ve, a unos pocos días de que comience la temporada “Grande” en la plaza de toros “México”, lo que significa un punto de advertencia muy especial, en el que los aficionados estaremos vigilantes de su curso y desarrollo, al punto de aplaudir todo aquello que sea plausible y de recriminar también todas aquellas oscuras formas de que quien lo consume, es con objeto de que pretenden tomarle la medida a una afición que habrá de pagar nuevos precios y que en estos tiempos, no es poca cosa, si ponemos como telón de fondo todo el cúmulo de desgracias económicas por las que viene pasando este país.

   A raíz de este desagradable capítulo, todo parece indicar que la parte complementaria en los festejos organizados en la capital del estado hidalguense se habrán de suspender. ¿Quién y con qué cara puede salir por el mundo a decir que lo sucedido fue pecatta minuta?

   Sin embargo, al margen de organizaciones y desorganizaciones, la fiesta se encuentra en un dilema por estos tiempos. La primera razón tiene que ver con el hecho de que al comenzar la temporada de invierno, muchos toreros españoles “hacen la América” pero ya no en las circunstancias de un pasado remoto, sino que con su solo nombre vienen a imponerse y a imponer, junto a su administración lo que desean torear y con quien quieren hacerlo, por lo que dichas condiciones o se cumplen o se cumplen, de ahí que el nivel de importancia del espectáculo se irá a la baja en la medida en que no haya empresario o autoridad que pretendan poner alto a semejantes desmesuras. El otro asunto es que por todo cuanto suceda en los siguientes meses, de ello dependerá en buena medida el destino que pueda alcanzarse en términos de que la tauromaquia en México alcance algún voto de confianza por parte de autoridades gubernamentales que pretendan inscribir esta expresión o legado en la lista del patrimonio cultural inmaterial, como ha sido parte de una vieja aspiración, la cual y en alguna medida es el anhelo de muchos aficionados y defensores de tradiciones seculares como la taurina que en cosa de unos pocos años alcanzará el medio milenio de existir y convivir entre nosotros.

   Es imposible pensar que mientras no se den motivos para el cuestionamiento, la sola puesta en escena de una fiesta tan singular como la de toros se defiende sola, pero en cuanto hacen acto de presencia una serie de actores no invitados y cuyo protagonismo pueda ser tan efectivo como contundente, se observará de inmediato lo vulnerable que puede ser ese espectáculo que pasa a convertirse en un medio eficaz de corrupción y manipulación por parte de quien imponga su mejor ley. Conviene recordarle al sector mediático que estén atentos a cualquier síntoma de abuso, que lo denuncien abierta y públicamente para que no vuelva a ocurrir un nuevo y penoso capítulo como el que se ha presentado en forma por demás desagradable en la bonita plaza “Vicente Segura”.

   Y créanme, no estoy exagerando. Simple y sencillamente estoy poniendo sobre aviso a todos quienes tienen un peso de responsabilidad en este asunto. Si no lo hacen debidamente, cargarán con el peso de la complicidad. De eso también depende la actitud que asuma la afición, así como el papel que represente la autoridad, ausente desde hace mucho en su papel defensor de los intereses del aficionado y cuyos principios se han tenido que plegar a los dictados y caprichos de los poderes fácticos que controlan este espectáculo con vistas a privilegiar los intereses de unos cuantos en perjuicio de los de la mayoría. Y más aún, de la tauromaquia en su conjunto.

   Todo lo anterior parece ser la representación perfecta de un espectáculo de quinta en un país que pretende ser de primera, pero que debe asumir su condición tercermundista. La más fresca visión que tuvo para con nosotros un viajero extranjero, se debe a la que emitió Tariq Ali, ensayista, historiador y cineasta pakistaní y que visitó recientemente esta ciudad, deja ver lo duro de una mirada que parece reflejarse, no podía ser de otra manera, en los toros o en cualquier otra actividad de un país que no alcanza su auténtica y absoluta madurez. Dijo Tariq Ali: “No me sorprende lo que ocurre ahora en México; es el resultado lógico de las políticas neoliberales que hasta hace no mucho tenían ciertos controles, pero se han perdido todo tipo de restricciones y los neoliberales hoy operan libremente; lo malo es que esto se puede poner aún peor, es un proceso de degeneración”.[1]

   Sin pensarlo, hizo un retrato fiel de lo que ocurre en los toros y eso no es deseable aunque se percibe cada vez más como una práctica común de quienes detentan el poder, quienes se asumen y provienen del sector estamentario más sólido en este país.

21 de octubre de 2013.


[1] La Jornada, D.F., del 21 de octubre de 2013 (Sección Cultura, pág. 8a).

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