CRÓNICA SOBRE ALGUNAS COSAS VISTAS y NO VISTAS. LA PRIMERA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Cercana ya la hora de comenzar la corrida, mientras el público asistente llegaba poco a poco a la plaza, ciertos vientos soplaban amenazantes, con ganas de entorpecer un arranque de temporada que parece tener señales de optimismo, en función de los carteles que ya han sido dados a conocer hace algunas semanas, aunque uno de los primeros casos por resolver sea el que corresponde a la actuación de Juan Luis Silis, quien recibió grave percance el pasado 13 de octubre en Pachuca, Hidalgo el cual interesó la arteria carótida que finalmente no resultó seccionada. Además, el artero pitón fracturó varios huesos de la cara, lo que significó que mediara un procedimiento quirúrgico el cual consistió en servicios de maxilofacial y cirugía plástica y reconstructiva para restaurar los huesos de mandíbula, maxilar y órbita, además de verificar circulación de venas y arterias apropiada de dicha zona y afrontar tejidos musculares, aponeurosis y piel, sin necesidad de colocar injerto en dicha lesión. Lo anterior habla de la delicada dimensión que alcanzó el percance, lo que pone en un predicamento a la empresa de la plaza de toros “México”, misma que tiene programado al diestro para el 15 de diciembre próximo.

   Pero hete aquí, que al comenzar el festejo del 27 de octubre, y con un entusiasmo que hervía a las afueras del coso de la colonia Nochebuena, todo parecía indicar que el lleno estaba garantizado. Y, ¡oh sorpresa! no hubo más que media entrada, lo que habla muy mal para un cartel que por sí mismo era motivo para convocar a la afición en masa para llenar el embudo de Insurgentes. Mal signo, mal presagio nada más comenzar este serial, y es que se funden varias razones: lo elevado en los precios de las localidades, pues en numerado los precios van desde 225 hasta 770 (en sombra); y de 145 a 550 (en sol). Para general, en sol cuesta 80; en sombra 90 pesos. A ello debe agregarse el hecho de que quien paga y si va acompañado de dos o más personas, el presupuesto se eleva considerablemente, lo que pone en serio riesgo su economía, lo que en nuestros tiempos es un verdadero enemigo.

   Tras el escándalo del daño irreversible a la famosísima estatua de Carlos IV mejor conocida como “El Caballito”, y en espera de que algún día la empresa capitalina se decida contratar servicios de restauración y estabilización, (y ojalá lo haga con algún bufete de especialistas), sobre todo por el hecho de que todas sus estatuas que rematan columnas, basamentos y pedestales en los alrededores de la monumental se encuentran en un estado muy avanzado de deterioro. Vale la pena ese esfuerzo para que la plaza, en su conjunto recupere valores en tanto espacio público con justificados elementos que le dan su auténtica dimensión hasta el punto de recuperar su valor patrimonial. Se ha visto que hay interés en remozar tamaño inmueble y lo han hecho pintando muros exteriores, así como la restauración y relleno (con cemento) en asientos y respaldos, aplicación a cierto número de filas del primero y segundo tendido. Se observaron cambios importantes con la presencia de nuevas tablas (recién pintadas) en el ruedo, así como burladeros con nuevo forro metálico, pero lo que no mejora es la intensidad de luz (luxes y lúmenes es parte de ese conflicto técnico a resolver, acudiendo de nuevo con técnicos especialistas en alumbrado) y el sonido, que es cada vez peor. Hubo también presencia de nuevas batas (del blanco tradicional pasó al negro) para el personal que realiza venta de cuantos productos se venden en los tendidos, aunque no dejó de notarse que otros tantos siguieron bajo la costumbre, así como la presencia de más contingentes que ofrecen diversidad de “chunches”. Si bien es un hecho de que todas esas personas están ahí por necesidad, lamentablemente no dejan de moverse durante la lidia (lo que provoca que se “toque” a los toros desde el tendido), a pesar de que el Reglamento taurino en vigor lo impide,[1] tal y como lo apunta su Art. 56 que a la letra dice:

 ARTÍCULO 56. A la hora anunciada en los programas para el inicio del festejo, el Juez de Plaza dará orden de que suenen clarines y timbales y la función comience. En ese momento suspenderán sus actividades los vendedores en los tendidos y los alquiladores de cojines y ni unos ni otros podrán ejercer su comercio, sino en el lapso que va del apuntillamiento del toro al toque que ordene la salida del siguiente.

La empresa y los vendedores serán directamente responsables del cumplimiento de este artículo.

    Pues bien, mientras en estos momentos, la prensa se prodiga en dar cuenta por distintos medios de lo acontecido en largo festejo, a mi me resta hacer un conjunto de apreciaciones que no dejaron de llamar la atención.

   En términos estrictamente técnicos hubo dos puntos que se convierten en novedad, o al menos así lo aparentan. Se trata del desempeño de los picadores, que durante casi toda la tarde realizaron la suerte de conformidad a los viejos dictados, es decir, como solemos exaltarla los aficionados. También y para llamarle de alguna manera, el “castigo” se redujo a una vara por burel, lo cual rompe todos los esquemas sobre aquello que dominaba en el pasado respecto a una fuerte dosis de puyazos. Cinco ejemplares de Barralva se fueron “por derecho” a las cabalgaduras y sólo el sexto entró “terciado” por lo que intencionalmente el varilarguero le tapó la salida en forma incorrecta, barrenando y bombeando a placer. El balance es que este efecto causó buena impresión, aunque no sé si se convierta en un común denominador durante la temporada. Habrá que preguntar a los ganaderos si esto es apropiado, o si hubo por parte de autoridades y señores del castoreño, y hasta por parte de los toreros alguna decisión al respecto para realizar la suerte conforme a lo establecido por la costumbre. (Debido a que no estoy de acuerdo con los “toros de regalo”, no tengo forma de comentar lo ocurrido con el séptimo y octavo que salieron al ruedo).

   Otro detalle que llamó la atención fue esa novedosa economía en los capotazos que se dieron por parte de los peones para que los banderilleros en turno colocaran los palitroques, empeño que también permite que los toros no lleguen con “menos pases” al tercio final.

   Evidentemente, de los seis ejemplares de Barralva que pude apreciar, cuatro llenaban el requisito de toros de lidia, en cuanto a que dos de ellos, cuarto y quinto estaban sospechosamente anovillados. Nada mejor, y también nunca mejor aplicado para salir de dudas es que un examen como el “post morten” defina tamañas dudas. ¿Será posible tanta belleza si uno de estos días vemos aparecer en la prensa estos dictámenes científicos que respalden o confirmen uno u otro dicho, acerca de la edad en la que fueron lidiados estos y otros tantos toros por venir?

   ¿Cuánto tiempo ha que la Autoridad no entrega un informe en donde aparezcan esos datos? Si así fuere, créanme que estaremos regresando a los tiempos en que exista en una plaza de toros la autoridad de la autoridad y los médicos veterinarios se integren de nuevo a un papel que les ha sido vedado desde hace muchos años.

   Finalmente, es un hecho que cuando varios de estos toros mostraron dificultades en la lidia, lo cual les haría acreedores a una triste despedida mientras el tiro de percherones se lleva los restos hacia el destazadero, es que al transcurrir ciertos momentos en que terminan por entregarse al puntillero, esto produce síntomas de compasión, pues se entiende que el toro, en su agonía defiende sobre sus cuatro patas lo poco que le queda de vida, señal de fortaleza que sin duda, es plausible en cualquier especie animal. Sin embargo, en este espectáculo, y tras el balance que ha reunido la lidia en su conjunto, en la medida en que no quede claro que el toro ya lidiado mostrara, a lo largo precisamente de toda su lidia altos puntos de bravura, codicia, continuidad y otras virtudes, todo ello le hace acreedor a la aclamación popular, pero ¡cuidado!, no confundirla con ese otro elemento que podría terminar por polarizar la idea o visión de las cosas, produciendo ideas encontradas que no dejarán entender la condición ni la lidia que ofreció minutos atrás. En eso es importante que el público sepa distinguir perfectamente una cosa de la otra. Esto lo digo no con ganas de molestar ni de provocar, sino de poner las cosas en su justo medio, para que el equilibrio termine también poniendo todo en su justa dimensión.

27 de octubre de 2013.


[1] Reglamento Taurino para el Distrito Federal, con la última reforma publicada en la Gaceta Oficial el 25 de octubre de 2004.

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