América Taurina, de Leopoldo Vázquez a revisión. (Novena parte).

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Desde luego que Leopoldo Vázquez nos da un amplio panorama de las publicaciones que emanaron de la afirmación del espectáculo taurino en nuestro país, a partir de 1884, y que continuaron apareciendo hasta por lo menos, 1897, año en que fue publicada su América Taurina.

   Antes de darnos tan significativos datos, expone su sentir sobre lo que significaba la tarea de difusión a través de aquellos medios, algunos de los cuales tuvieron cierta permanencia, en tanto que el resto se sometió al síntoma intermitente causado por varias razones, ya fuese por el poco dinero con el que sus responsables podían sostener tamaña empresa, o por el hecho de que debido a varias prohibiciones habidas sobre todo en la ciudad de México, esto obligó a que desaparecieran las que venían circulando y aparecieran otras, y así sucesivamente.

   Dice Vázquez que Tomando, pues, la prensa, la palanca más poderosa de la opinión por base (…) no hay más remedio que confesar que en América, y muy especialmente en la república mexicana la afición al espectáculo tiene un gran desarrollo y que las corridas de toros después de abrirse paso, se han hecho el espectáculo popular por excelencia, el espectáculo favorito de todas las clases del país.

(…)

   Y siendo la prensa el barómetro más exacto para dar una idea del estado de la afición en los países americanos, la relación de los periódicos taurinos que han visto y ven la luz en los distintos estados de América se impone.

   Héla aquí:

Arte de la Lidia (El). Periódico de información y noticiero de toda clase de espectáculos. Apareció su primer número en noviembre de 1884. Es su fundador y director propietario, D. Julio Bonilla.

BANDERILLA (La). Semanario taurino, que vio la luz en Orizaba.

BANDERILLA (La). Periódico taurino ilustrado. Se publica en México.

CENCERRO (El). Semanario taurino, del que fue administrador D. José Ricardo López. Comenzó su publicación en octubre de 1888.

CORREO DE LOS TOROS (El). Periódico taurino semanal. Se publicó en 1886, y aún salía a luz en 1888.

CORREO TAURINO (El). Semanario taurino. Comenzó su publicación a fines de 1894. Editor propietario: D. Felipe Ramírez.

CURRITO (El). Periódico semanal taurino, que vio la luz en México.

DIVISA (La). Semanario taurino. Se publicó en México en 1895.

EMBOLADO (El). Se publicó en México.

ESTOQUE (El). Vio la luz en Puebla.

ESTOQUE (El). Se publicó en México por los años de 1894-1895.

GARROCHA (La). Periódico taurino. Se publicaba los lunes de cada semana. El primer númerovio la luz en Puebla, el 14 de enero de 1889.

LÁTIGO TAURINO (El). Se publicó en México.

LIDIA (La). Revista semanal que hablará de toros, teatros, circos, sport. Etc., y tendrá a sus lectores siempre enterados de las noticias artísticas más interesantes. Fue director propietario Román Rodríguez Peña. Comenzó su publicación en diciembre de 1894.

LORO (El). Semanario taurino que se publicaba en México, media hora después de terminadas las corridas. El primer número apareció el 23 de septiembre de 1894.

MONOSABIO (El). Periódico taurino que se publicó en México entre 1887 y 1888.

MULETA (La). Revista taurina ilustrada, cuyo primer número apareció el 17 de marzo de 1896, en San Luis Potosí, la primera página publicaba en litografía, retratos, suertes, etcétera.

MULETA (La). Periódico taurino que se publicó en México en 1894.

MULETA (La). Semanario ilustrado que vio la luz en México, entre 1888 y 1889.

PUNTILLA (La). Periódico taurino que se publicaba en México en la temporada de 1894-1895.

PUNTILLERO (El). Semanario de toros, teatros y variedades, que dirigió D. Rafael Molina. El primer número apareció el 20 de mayo de 1894.

RANCHERO (El). Periódico taurino que se publicó en Irapuato.

REVISTA (La). Semanario taurino que se publicó en Orizaba.

SINAPISMO (El). Periódico taurino que publicó en México su primer número en la temporada de 1897 y 1898.

SOL Y SOMBRA. Semanario de toros y teatros. Comenzó a publicarse en México en enero de 1896, bajo la dirección de D. Cayetano Gómez Solórzano.

SOMBRA DE GAVIÑO (La). Periódico taurino que vio la luz en México.

SOMBRA DE PEPE-HILLO (La). Semanario taurino que se publicó en México.

TEATRO CÓMICO (El). Periódico de teatros y toda clase de espectáculos en combinación con la agencia teatral y taurina de México. Apareció en 29 de abril de 1894.

TÍO CACICA (El). Se publicó en México.

TÍO JINDAMA (El). Semanario taurino que se publicó en Puebla.

TOREO (El). Se publicó en México en 1895-1896.

TOREO (El). Semanario ilustrado con grabados en litografía representando retratos, suertes, percances de lidia, etc. Comenzó su publicación el 18 de noviembre de 1895´y hasta 1898. Dirigió este periódico D. José del Rivero.

TORO (El). Periódico taurino que vio la luz en México.

VALEDOR TAURINO (El). Periódico taurino que se publicó en México.

VERDAD DEL TOREO (La). Semanario taurino mexicano del que se publicaron pocos números.

VOLAPIÉ (El). Periódico taurino cuya publicación comenzó en México en la temporada de 1887-1888.

VOLAPIÉ (El). Con este título se publicó en Puebla (México), un periódico taurino semanal.

VOZ DEL TOREO (La). Se publicó en México.

ZURRIAGO TAURINO (El). Se publicó en México en 1890 y fue órgano del centro taurino “Pedro Romero”. Colaboraron en él entre otros los distinguidos escritores Morales (D.J.V.) y Rangel (D. Pedro Pablo).

    Hasta aquí con la información proporcionada por Leopoldo Vázquez, muy completa, aunque por y para todo lo anterior, me gustaría rematar este segmento de la revisión a tan connotada obra, con algunos apuntes que he realizado para conformar un estudio de fondo al respecto, mismo que se denomina:

 ORIGEN, DESARROLLO y CONSOLIDACIÓN DE LA PRENSA TAURINA EN MÉXICO. SIGLOS XVI AL XXI.

 El amplísimo universo de publicaciones taurinas que, desde el ámbito de lo bibliográfico o lo hemerográfico se han dado a conocer en casi cinco siglos de presencia del espectáculo taurino en este país, ha sido abordado de diversas formas, aunque algunas de ellas reducidas a estudios muy concretos.[1] Este trabajo no pretende ser por tanto, un registro más, sino dar puntual información sobre la forma en cómo es posible ubicarlos en un complejo pero a la vez sencillo ejercicio de localización, sin que ello reduzca la importancia de dichas fuentes, cada una de las cuales concentra determinada información que las convierte en elemento muy valioso que permite entender sus diversas condiciones de creación. Además, habrá un estudio histórico que complemente y justifique la producción de aquellas ediciones cuyo tema es el de la tauromaquia. Y más aún, de la tauromaquia en México.

Tratándose de un tema que se encuentra presente en la producción bibliográfica o hemerográfica de este país, desde el siglo XVI y hasta nuestros días, resulta en principio complicado ubicar dichos materiales en forma uniforme. Más bien, es dispersa y segregada, con lo que pocas colecciones reúnen en sus acervos más que unos cuantos elementos, siendo en todo caso, el ejercicio complementario, aquel de varios coleccionistas o bibliófilos que se han dedicado por años a adquirir e integrar a sus bibliotecas o hemerotecas una información que, por otro lado, ha tenido que enfrentar diversos tratamientos o condiciones de pervivencia y conservación.

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 A lo largo de tres décadas que he dedicado como historiador a la investigación de este tema tan específico, he podido comprobar que el tema aquí planteado posee una serie de dificultades propias de su contenido, debido al hecho de que buena parte de las ediciones hasta hoy conocidas han sido editadas en condiciones muy particulares, lo que los convierte en “especímenes” raros y codiciados también, pues adquieren elementos de rareza que pasan al terreno de la cotización. Sin embargo, no todas esas publicaciones se encuentran en bibliotecas públicas o en institutos de investigaciones, salvo que se trate de un conjunto muy concentrado, apenas básico y suficiente para proporcionar información a los interesados,[2] pero que no significa el todo de un universo que de hecho existe, sólo que en ciertas bibliotecas o colecciones particulares que, por consecuencia se van tornando especializadas (como quizá suceda también con otro tipo de temas y donde entusiastas aficionados de los mismos, crean toda una parafernalia en torno a ese objeto de veneración primero. De estudio después).

De igual forma, la construcción de la historia de este espectáculo en nuestro país ha encontrado una información dispersa que, en mano de diletantes se ha tornado difusa y vaga, por no decir que poco confiable (aunque como siempre, hay sus excepciones), de ahí que se sigan generando “mitos” en torno a tal o cual asunto y que, por falta de las fuentes apropiadas, el “mito” en cuanto tal es capaz de convertirse en “verdad como una catedral” para muchos.

Bien vale la pena realizar este ejercicio con vistas a dar una idea sobre como surgieron las publicaciones primero, y la forma en que han ido quedando ubicadas a lo largo de estos último cinco siglos después. Y más aún, dicho ensayo deberá encontrar en la bibliotecología y estudios de la información el sustento más apropiado para tener al final de dicha labor, un panorama novedoso, en la medida en que esta especialidad se acerca a un campo con especificidades propias, pero no por ello diferentes como para que la bibliotecología no haga suyo su contenido; y aunque se trate de un despliegue de datos más; la capacidad y el rigor de aquella aplican de la misma forma como sucede con el resto de la información contenida en las bases de datos.

   Del mismo modo, cabe mencionar que esta mirada al extenderse hasta nuestros tiempos, revisa el mismo ejercicio materializado con la presencia de diversas manifestaciones que hoy día son eminentemente de expresión digital. Me refiero a portales, blogs, nanoblogs y otros que comprenden las tecnologías de información y comunicación (por sus siglas, TIC).

 Buena parte de las fuentes bibliográficas o hemerográficas que se han producido en torno al tema de la tauromaquia en nuestro país, se ha orientado por la parte de la especifica descripción de los acontecimientos en una plaza de toros, lo que supone la presencia de cronistas o escritores, cuya obra logró alcanzar su edición, lo mismo en un libro que en periódicos o revistas. Afortunadamente buena parte de dicha información está localizada, aunque para ello haya sido necesario un largo y fatigoso camino de ubicación. No siempre, como sería de esperarse –insisto- en bibliotecas públicas, sino en colecciones particulares, los más de ellos. Aunque también es posible detectarlos en otros sitios del planeta, donde ciertas referencias fueron motivo, por ejemplo de diversas migraciones.

En todo caso, el interés mayor que se plantea aquí no solo es generar una “base de datos”, lo que no sería el propósito fundamental, sino saber que ya ubicados dichos materiales, estos poseen valores peculiares que terminan convirtiéndolos en fuente de consulta primaria para muchos investigadores. Esa condición, además de que adquiere significados especiales debido a la sorpresiva aparición de materiales de consulta, conlleva el trabajo de investigación e interpretación que, en el territorio de especialistas acaba por darle si no toda, al menos una gran escala de dimensión concreta debido al solo hecho de que la consulta fue realizada sobre un documento del cual se sospechaba sobre su existencia.

Existen al menos tres casos de los que me ocuparé en su momento: el de un impreso del año 1641, cuya autora: María de Estrada Medinilla recibió incluso el apoyo del Ayuntamiento de la ciudad de México para la edición del mismo, impreso localizado en 2006.[3] La mítica edición del semanario El Arte de la Lidia, del que se sabe comenzó su edición en 1884, terminándose en 1903, aunque sin haberse publicado entre 1892 y 1894. Lo curioso del asunto es que su director, Julio Bonilla (a) Recortes fue capaz de tejer una red de contactos, lo que permitió la difusión “extramuros” de sus permanentes tareas en diversas columnas de otras tantas publicaciones, tanto en el país como en el extranjero. Además, y he aquí lo sorprendente, hoy día sólo se conserva en la Biblioteca “Miguel Lerdo de Tejada” un solo volumen, mismo que reúne los primeros cuatro años de aquella labor. Del resto, nada se sabe. Finalmente, corren rumores sobre la que es considerada como un mito entre las biografías, la escrita por la periodista Esperanza Arellano “Verónica” y que dedicó en honor de un infortunado personaje: José Laurentino López Rodríguez, mejor conocido como “Joselillo”, novillero que generó uno de los momentos más intensos de la fiesta de toros en nuestro país, entre 1945 y 1947, año en el que murió, víctima de un percance en el ruedo. Hoy día, al menos conozco algunas versiones que, en su significado oral plantean la posesión o la pérdida de dicho manuscrito.

Por su parte, la internet ha dado espacio a múltiples expresiones. Lo que interesa en todo caso, es establecer algún criterio que permita acceder a las que ofrecen un contenido, recomendando aquellas cuyo contenido ofrece “garantías” de acceso a la información “confiable”.

 Este trabajo desde luego, pretende ser un catálogo propiamente dicho. Existen diversas condiciones para explicar el modo en que surgieron y fueron producidas aquellas fuentes que son motivo del estudio. Y más aún. Se trata de que ya analizadas, se justifique su existencia en los instrumentos de consulta, determinando con ello el significado, tanto del contenido como de la importancia del mismo. Con casi cinco siglos de convivencia, el espectáculo de los toros ha sido capaz de generar diversas expresiones desde el ámbito de lo literario, hasta el punto de que en nuestros días, al pervivir un espectáculo cada vez sujeto a desaparecer, no sólo continúa enriqueciéndose el bagaje de publicaciones, sino que se articula más en la medida en que es preciso justificar su presencia, partiendo del hecho de que el contenido de muchas de las fuentes es suficiente razón para justificar su pervivencia. Para que esto suceda es preciso ubicar a través de los medios más eficaces posibles todos los más elementos que permitan tales afirmaciones. Y no solo eso. Conviene, para decirlo de una vez, que los datos aquí obtenidos, respondan a las expectativas de consulta, para la consiguiente lectura e interpretación en las que, por supuesto, son fuentes perfectamente ubicadas, ya sea en bibliotecas públicas o privadas.

El que al interior de la creación de obras literarias o de consulta estos temas se conviertan en específicos, destinados a satisfacer las necesidades de ciertos segmentos de la sociedad, hace que su producción se enfile por senderos en los que muchas de las publicaciones no alcanzan a ser ediciones afortunadas, sino que también se observa un amplio porcentaje de aquellas otras cuya marginalidad, independientemente de la manera en que fueron creadas, tienen cabida en el universo no solo de los catálogos, sino también de la bibliotecología como una especialidad que permite el acercamiento a la información desde vertientes muy particulares, sin que sean abandonados los contextos humanista e histórico que son, en esencia sustentos de valioso contenido. Conviene recordar que la bibiotecología forma profesionales capaces de organizar, conservar y difundir los más diversos productos de las actividades humanas y promover su utilización en la sociedad mexicana para contribuir en el desarrollo científico, humanístico, artístico, tecnológico y educativo del país.

Ahora bien, muchas de las fuentes que habrán de revisarse, provienen de periodos específicos, tales como el virreinato, el siglo XIX y XX, sin omitir el nuevo estado de cosas, que se valida desde la internet. Con ese conjunto homogéneo, es posible además, disponer de elementos para interpretar esas etapas desde una perspectiva particular: la forma de ser y de pensar de sus creadores, así como la mirada que ofrecen en sus textos, lo que da ingredientes para formular diversos paisajes históricos o estéticos del espectáculo. De igual forma, generan la información que la bibliotecología da certidumbre. De ahí que convenga establecer lo que, en términos de “Alertas” como flujo de información a través de dicha herramienta.

 Las fuentes de consulta aquí sugeridas para su estudio, al estar plenamente identificadas y ubicadas, requieren de un tratamiento lo suficientemente concreto para entenderlas como obras de creación a partir de la que fue y ha sido una auténtica “puesta en escena”, como lo es la corrida de toros en cuanto tal. Esta manifestación cultural, asimilada por nuestros pueblos, inmediatamente después de concluida la conquista española y, hasta nuestros días, ha sido objeto de interpretación, la misma que ahora puede ubicarse en diversas publicaciones. Para ello, una labor cotidiana en bibliotecas o hemerotecas ha permitido que estas se encuentren a disposición del usuario. Sin embargo, no son todas y si hubiese que entender la “totalidad” como el conjunto más amplio de las mismas, entonces conviene extender ese mismo compromiso por formar “colecciones”, el cual recae en diversos particulares, que tampoco forman una comunidad amplia; eso sí muy específica que termina por convertir dichas publicaciones en especímenes raros, si cabe el término.

Por tanto, el presente estudio quizá se convierta en un vínculo, en un puente entre dos ámbitos de un mismo propósito: la integración de bibliotecas o hemerotecas, procurando evitar el aislamiento de información para un tema eminentemente cultural, pero “incómodo” por la naturaleza de su contenido.

 El libro o publicaciones periódicas dedicados al tema taurino en México, además de que se han convertido en elemento imprescindible para explicar a la luz de sus circunstancias lo que ha sido como una manifestación del imaginario colectivo a lo largo de casi cinco siglos, es en nuestro tiempo elemento disperso de información, por un lado. De cohesión y afirmación por el otro. Es decir, que si bien aún no se complementan en la realidad, facilitando de esa forma la consulta que buscan materializar muchos interesados o estudiosos de tal expresión cultural, al menos debe entenderse que como objetos de información existen. Podrá haber otro tipo de circunstancias que hayan generado cierta segregación de los mismos, o que por el simple hecho de que muchas de ellas adquieren condiciones de efímeras o por el hecho de que fueron producidas en ediciones muy limitadas. Tales obras ha sido posible que se reúnan en mayor medida entre coleccionistas particulares que en instituciones públicas. Las bibliotecas con este fin, apenas nos dan, en la búsqueda del tema un promedio de 1,000 títulos aproximadamente, cuando existen, al menos dos de carácter particular cuyo balance rebasa las 10,000. Me refiero concretamente a las bibliotecas GARBOSA,[4] ubicada esta en el “Centro Cultural y de Convenciones Tres Marías”, en Morelia, Michoacán. La otra, es propiedad del Sr. Antonio Briones, en Madrid, mejor conocida como Biblioteca “Carriquiri”. Aledañas a estas, existen otras tantas, que tampoco son muchas, dispersas en México, pero también en otras partes del mundo. Por tanto, conviene adelantar que las dos colecciones aquí indicadas, serán un referente importante para la presente investigación.

 Además de generar un análisis específico a las bibliotecas o hemerotecas públicas para entender las condiciones en que se han venido a integrar este tipo de publicaciones, se hace indispensable contrastar su comportamiento con las dos colecciones a que me he referido líneas arriba. De ello, dependerá un primer balance. Sin embargo, conviene agregar aquí la posibilidad de acceder a otras bases de datos, tanto del país como en el extranjero, para ubicar en forma puntual aquellas otras que encontraron, a lo largo del tiempo una ubicación o reubicación de sus originales composiciones. Ello es explicable a la luz de su integración-desintegración a lo largo de los siglos, pasando de unas manos a otras en medio de los más diversos motivos. Por fortuna, a pesar de todas esas tribulaciones, una buena parte de estos documentos perviven, de ahí que se conviertan en fuentes de primera mano, sobre todo aquellas que fueron impresas en siglos pasados, considerando de manera muy especial las que se editaron entre los siglos XVI y XIX, las que constituyen una valiosa fuente de información, al punto que desde el ejercicio al que se atiene el historiador, su quehacer resulta mucho más confiable. Y esta tesis, en ese sentido, se complementa con elementos de esa índole, debido a que la formación previa de quien la propone es la del historiador.

Evitando que todo un esfuerzo se convierta en la simple nómina o lista de títulos o referencias, también es preciso adelantar la posibilidad de que este trabajo logre contar con un balance específico, teórico también de las condiciones a partir de los contenidos y de sus creadores, así como de las ideas y contenidos allí expresadas. Con esos elementos, se tienen suficientes condiciones para entender la continuidad y los cambios habidos para con el espectáculo, si para ello se considera el uso pertinente de su información.

De ese modo, podrá entenderse cómo a través de estos medios impresos se articuló la tauromaquia, desde los siglos virreinales hasta nuestros días, siendo precisamente la actividad de estos momentos otra razón de estudio. En el curso de la última década del siglo XX, surge la internet como herramienta o vehículo que hoy se afirma en las TIC. Entre la versatilidad que ofrece en términos de todos los avances tecnológicos que pueden apreciarse día con día, la internet ha permitido, en su condición de apertura globalizadora, la incorporación de diversas alternativas que se proponen lo mismo como portales que como blogs[5] y otro tipo de expresiones cuyas prospectivas, aunque se perciben, todavía no es posible capitalizarlas en el corto o mediano plazo. Es decir, se prevén nuevos escenarios que permitirán un mismo ejercicio de información y comunicación solo que traducidas en otras tantas plataformas que podrían afirmarse en breve. No adaptarse a ellas, nos condena, como moderna sociedad a una terrible marginación y aislamiento que con un ingrediente como ese, podría hacer crecer la brecha digital pero también la del conocimiento.

CONTINUARÁ.


[1] Selecciono cuatro de ellas, a saber:

Biblioteca Nacional. La fiesta nacional (Ensayo de bibliografía taurina). Madrid, Artes Gráficas Clavileño, S.A., 1973. 233 p. ils., facs. (Panoramas Bibliográficos de España, 1).

-Eleuterio Martínez: LIBROS DE TOROS. México, 1957-1962 (s.l.e.). 7 v.

-Salvador García Bolio: EL PERIODISMO TAURINO EN MÉXICO. Historia. Fichas técnicas. Cabeceras. Con un prólogo de Alberto A. Bitar Letayf “A.A.B.”, Director de “El Redondel”. México, Bibliófilos Taurinos de México, s.a.e., s.p.i., 120 p. Ils., facs.

-José Francisco Coello Ugalde: Curiosidades Taurinas de antaño exhumadas hogaño y otras notas de nuestros días, N° 50: “La prensa taurina en México. Del siglo XVI a nuestros días”. 353 p. Ils., retrs. (Inédito).

[2] Por ejemplo, existe en la Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado la colección “Personajes Distinguidos”, misma que consta de poco más de 500 referencias sobre el tema

[3] Incluido en “Viaje por tierra, y mar del Excellentissimo Señor Don Diego López Pacheco i Bobadilla, Marqués de Villena, i Moia, Duque de Escalona &c. Aplausos y festejos a su venida por Virrey desta Nueva España. Al Excellentisimo Señor Don Gaspar de Guzmán Conde Duque de Olivares, Duque de Salucar la Maior &c. dedicado por el Colegio Mexicano de la Compañía de Iesus. México: Francisco Robledo impresor, 161 para Fiestas de Toros. IVEGO DE CAÑAS, y alcancías, que celebró la Nobilifsima Ciudad de Mexico, a veinte y fiete de Nouiembre defte año de 1640 / En celebración de la venida a efte Reyno, el Excellentifsimo Señor Don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, Duque de Efcalona, Virrey Capitán General defta Nueva Efpaña, &cc. Por Doña María de Eftrada Medinilla. 19 p.

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