CRÓNICA SOBRE ALGUNAS COSAS VISTAS y NO VISTAS. LA SEGUNDA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   De nuevo, con media plaza señal de una baja notoria en el interés por el espectáculo taurino, ya sea por sus elevados costos, o porque muchos aficionados ya no quieren ser engañados, el hecho es que con un cartel de “polendas”, apenas se registró dicha entrada en la plaza más grande del mundo. Eulalio López “El Zotoluco”, José Antonio “Morante de la Puebla” y Diego Silveti, por más empeño que pusieron en sus respectivas actuaciones, estos no alcanzaron las cotas anheladas por un solo motivo: no hubo toros, y lo único que tuvieron enfrente fue un desfile de novillos, el cual incluso terminó con saldo de dos ejemplares de Julián Hamdan devueltos al corral, cuando debió ser todo el encierro, cosa inadmisible pues ahí está la función del Juez que simple y sencillamente, para quitarse de problemas, habría podido rechazar él mismo desde su recepción en días pasados, por no llenar los requisitos que exige tanto el Reglamento Taurino en vigor como el sentido común. La situación fue saldada con reservas de Celia Barbabosa, de conformidad a lo que establece el Art. 52, fr. VII:

 En plazas de primera categoría habrá un mínimo de tres astados de reserva en los corrales, los cuales serán reseñados en cada festejo, detallando en las tarjetas que para el efecto controla el Juez de Plaza: ganadería de la que proceden, nombre, número con el que fue herrado a fuego, pinta, características generales y en qué lugar se lidiará en caso de que sustituya a algún astado de lidia ordinaria o bien que se trate de un toro de regalo, sujetándose a lo que establece el artículo 76 del presente Reglamento.

 Dichos ejemplares, también anduvieron por el mismo tenor, y si no ha sido por la paciencia de los asistentes, aquello habría terminado bastante mal.

   Lamentable, bochornoso espectáculo en el que después de aquella debacle, a nadie se le ocurrió pedir un “toro de regalo”, pues tal circunstancia habría sido no sólo una burla, sino la catástrofe misma.

   El primer ejemplar, débil de remos, permitió cierta decorosa faena a media altura por parte de un Eulalio López en plenitud de facultades, que lo mismo le ha salido a ejemplares encastados, con raza y genio que a lo que esta tarde tuvo enfrente. Por su correcta manera de rematar la faena se hizo acreedor a una oreja, premio bastante justo por cierto. Con el otro, ya en medio de un ambiente polarizado, confuso, y desilusionante apenas se le despidió con unas tibias palmas.

   Si bien “Morante de la Puebla” era esperado con entusiasmo, a su primero que era otro ejemplar sin transmisión, y que nunca terminó por entregarse a la muleta, tras prodigarse a la “verónica”, las cosas no se dieron como era de todos esperadas. En el quinto, con habilidad salió de inmediato a lancear como sólo él sabe hacerlo. Sin embargo, la faena no tuvo los niveles de un “Morante” que se vio distante, y aunque vimos algunos pases limpios, su labor quedó opacada por una respuesta popular que no correspondía con la realidad. Intentó la suerte suprema “recibiendo”, que no pudo ser…

   Diego Silveti, por su parte en el tercero se fue de vacío. Y ya en el sexto, con otro novillo lució sus facultades, su valor, pero cuando todo esto ocurre ante un remedo de toro como el que tuvo enfrente, honestamente tanto esfuerzo se demerita frente a un ejemplar cuya lastimosa presencia fue tan evidente, restándole méritos a su jerarquía, misma que se fue a la alza durante su temporada española. Esperemos que la inesperada devaluación de esta tarde se recupere pronto que para eso basta una sola razón: y es de que en México sí hay toros. Casi 300 ganaderías en el país y no las 20 “consentidas” son suficiente elemento de peso para terminar demostrando que para satisfacer a la afición, la empresa puede disponer de entre un amplio abanico de posibilidades para cumplir cabalmente en su compromiso por ofrecer un buen espectáculo.

CONCLUSIONES:

    Si el Juez de Plaza tiene la suficiente dignidad, no le queda otro camino que renunciar.

   Si la autoridad en su conjunto pretendiera limpiar tal afrenta, la única respuesta es realizar el examen “post morten” para demostrar científicamente la edad de las reses que hoy fueron lidiadas.

   En espera de que la prensa en su conjunto diga la verdad, esperamos su mejor posicionamiento al respecto, pues es la hora de alzar la voz, y hacer un justo reclamo de semejante fraude.

   Si el ganadero puede hacer algo para limpiar su honor, nada mejor que demostrar que sus ejemplares tenían la edad. Allí está el Registro Obligatorio de Edades de los Astados y su palabra de decir la verdad, y nada más que la verdad.

   Si los intereses que privan entre la torería extranjera que son los de imponer condiciones que beneficien en todo sentido su presencia por ruedos mexicanos y que dañan el interés del espectáculo, esto es un mal signo que demuestra hasta qué punto puede quedar humillada la fiesta, dando por resultado el balance de un festejo como el que hoy ha pasado a la historia más truculenta del toreo en nuestro país.

3 de noviembre de 2013.

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