PROCLAMACIÓN DEL MONARCA CARLOS IV EN VALLADALID (HOY MORELIA).

EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Habiendo cumplido un primer ciclo que comprendía el acopio de diversas noticias taurinas, registradas entre los siglos XVI al XVIII, el propósito ahora es ir mostrando, quizá en forma aleatoria o conforme vayan apareciendo también, otro tipo de informes o descripciones que permitan entender el desarrollo del espectáculo en diversos años de aquel periodo que significó la consolidación de un sistema político, económico, religioso y cultural de enorme importancia, el cual con el paso de los años, también acabó por agotarse, al punto de que fue necesaria la presencia de todo un conjunto de nuevas condiciones para emanciparse del viejo régimen.

   Por tal motivo, uno de los primeros documentos con que este ejercicio se ha encontrado es la Gazeta de México, en cuyo número 32, y fechada el 26 de abril de 1791, se incluye una interesante descripción de hechos, relacionada con la proclamación del monarca Carlos IV, misma que fue aderezada de infaltables festejos que incluyeron las infaltables corridas de toros, entre otras demostraciones que por entonces se acostumbraban. Dado lo interesante de su contenido, me parece muy apropiado traerlo hasta aquí, destacando en el mismo las conmemoraciones ocurridas en la Provincia de Michoacán. Para ello ha de respetarse en la medida de lo posible el tipo de escritura que se acostumbraba, lo cual significa salvar algunos posibles “errores” ortográficos o de redacción que, entrados en desuso, podrían causar cierta confusión. Sin embargo, su contenido es el que posee toda aquella esencia con la que pretendo seguir avanzando para que este propósito siga reuniendo los nutrientes básicos que nos proveen de informes como los que podremos leer a continuación.

 Gazeta de México, tomo IV, Núm. 32, pp. 301-307, 26 de abril de 1791.

 Valladolid Marzo 15

 Relación de las Fiestas con que celebró esta Ciudad la feliz Proclamacion de Nuestro Católico Monarca Señor D. CARLOS IIII.

 La Provincia de Michoacán, que desde los primeros tiempos de la conquista de estos Reynos manifestó quan agradable le era la subordinación a los Reyes Católicos, haciendo el Rey Calzonzi los más voluntarios rendimientos al Señor Don Carlos V, entonces gloriosamente Rey de España, continúa y continuará siempre en estas manifestaciones, así lo acreditan las expresiones que esta su Capital de Valladolid, sin embargo de sus ningunos fondos ha hecho en lo presente feliz Proclamación de nuestro amado Soberano el Señor DON CARLOS IIII, y conociendo que no haría mucho aunque más encarecidas; pues si tuvieron aquel voluntario reconocimiento los Señores naturales del Pais, ¿qué mucho que empeñen sus obsequios y manifestación de su regocijo los que ya no sólo son Españoles por su vasallaje, sino también por su naturaleza y origen?

Efectivamente, luego que se recibió la Cédula de S. M. para que pudiese en Real nombre levantar Estandartes, comenzó el Ayuntamiento a tratar sobre asunto tan grave; y como por la cortedad de sus Propios no hallase caudal alguno para hacer visibles sus justos regocijos, el Alférez Real renunció por su parte toda ayuda de costa, y el Ayuntamiento acordó que a sus propias expensas se erogasen los gastos, sin más auxilio que lo que produxese la Plaza de toros y funciones teatrales, teniendo este por un pequeño tributo de aquellos a que es acreedora la Majestad.

Dióse cuenta al Exmo. Señor Conde de Revilla Gigedo Virrey de este Reyno, y habiéndolo aprobado su Superioridad, contribuyeron los Regidores, cada uno con lo que a su parte tocaba, para el desempeño de estas funciones: y continuando en tomar las providencias oportunas, se acabo de allanar todo, explicando su zelo el Alcalde Provincial Don Isidro Huarte con tomar la comisión de corridas de toros y Comedias, franqueando el dinero necesario, y desando al del Procurador general lic. Francisco de la Riva, y Mayordomo de la Ciudad D. Francisco de la Ravia las pinturas de Casas Reales, su iluminación, y adorno de Reyes de Armas, de manera, que si los Regidores no lograron el honor de hacerlo todo a sus expensas, fue por el oportuno manejo que tuvo a este fin su Comisionado.

A consequencia de las medidas tomadas por el Ayuntamiento, y zelosas providencias y Bandos de gobierno, en que brilló el talento, acierto y zelo del Señor Intendente D. Juan Antonio Riaño, se pintaron hermosamente todas las casas de las calles que habían de servir de carrera para el Paseo, y se abvirtió en todos los Vecinos de esta Ciudad tal júbilo, que al no haber faltado tiempo, luego que se señaló el día para la Real Proclamación, ni ser tan corto el número de los Pintores, no hubiera quedado por pintar ni aun la más despreciable casa de los retirados barrios de la Ciudad.

Las luces eran casi infinitas en toda ella; pero en las calles de la estación se distinguían considerablemente las Casas del Ayuntamiento, la Iglesia Catedral, el Palacio del Illmo. Sr. Obispo, y Casa de Alférez Real D. Joseph Bernardo de Foncerrada. A las primeras las hacía vistosísimas a más de su exquisita pintura, numerosa iluminación de candilejas, fanales y achas de cera, la hermosa y bien pintada Perspectiva de orden dórico, que se puso dirigida por el Señor Intendente, para que sirviese de fachada al Tablado, en que baxo de dosel de terciopelo carmesí galoneado de oro estaban cubiertos los Retratos de SS. MM., pues esta tenía un hermoso y bien pintado arco sobre pedestal correspondiente, con diversos jeroglíficos y alusiones muy propias, coronándolo todo más Estatua que representaba a nuestro Augusto Soberano: el cortinaje era también de terciopelo carmesí galoneado de oro, los gallardetes muchos pendientes de las azoteas, y una cortina con las Armas Reales excelentemente pintada. Todo estaba de muy fino gusto, y manifestando qual había sido su dirección.

A la segunda sus misma arquitectura le abría paso para su lucimiento; porque estaban iluminadas sus largas cornisas; sus elevadísimas torres, sus grandes portadas, y todas las demás partes son susceptibles de luces, a que se añadía un gran número de banderas y cortinas de terciopelo carmesí galoneado de oro, presentaban un conjunto armonioso, que servía de encanto a la vista.

El tercero, a más de su crecida iluminación de cera y candilejas, y lucido y costoso cortinaje de terciopelo carmesí galoneado de oro, tenía una elevada Perspectiva de orden jónico, en que se encendieron quantas candilejas se pudo, y en su mucho trabajo, buena pintura, y versos alusivos a la solemnidad del día, se conoció muy bien la lixendad y zelo de quien lo dedicaba.

La del Alférez Real presentaba un objeto tan agradable, que arrastró en su favor el aplauso público. Estaba primorosamente pintada, y a mas de tres mil y doscientas luces que la hermoseaban, tenía crecido número de achas de cera en todos sus balcones, especialmente en los del medio, de donde se voló el tablado que sirvió para el tercer acto de Jura, y en donde estaban los Retratos de SS.

MM. Sus colgaduras eran de damasco carmesí; y como las paredes se cubrían con espejos y otras diversas invenciones formadas de cornucopias de cristal, todas cubiertas de candilejas, presentaban una multiplicación de luces, que así por la materia como por la configuración, formaban un todo que llenaba la pública expectación.

Tenía a más de esto una hermosa Perspectiva, que excedía la altura de la casa, en que estaban doce columnas de orden compuesto sobre correspondientes pedestales. En el intercolumpio que correspondía a su medio se abrió un hermoso arco, y en las enjutas se colocaron dos figuras que se representaban la Agricultura y el Comercio. Las quatro columnas del centro estaban abrazadas por un frontispicio, en que se puso esta Inscripción:

A CARLOS IIII

Y LUISA DE BORBÓN

JOSEPH BERNARDO DE FONCERRADA

En el cuerpo que cargaba sobre las columnas se pusieron dos estatuas que representaban el Amor y la Gratitud. En el medio y coronándolo todo estaban otras dos, que representaban a SS. MM.

En los intercolumpios laterales estaban dos puertas, y encima dos medallas de baxo relieve. En la una se figuró la Jura de Artaxerxes, y en la otra la de Asuero poniendo a Ester en su trono. Sobre los macizos de los dos ángulos estaban a la mano derecha las estatuas de Asia y África, y a la izquierda la de Europa y América. Sobresalía a la Perspectiva un competente tablado rodeado de un hermoso barandal, desde donde se hizo el tercer acto de la Proclamación. En el arco que estaba abierto en el intercolumnio de en medio se pusieron los dos Retratos de SS. MM. en dosel de terciopelo carmesí galoneado de oro, y cubiertos con una cortina de tisú del mismo metal, y delante de esos Soberanos objetos estaban colgado tres hermosas arañas de plata encendidas de cera, y que haciendo cuerpo con las achas, se mantuvieron las tres noches de iluminación. Pendían de las azoteas hermosos y bien pintados gallardetes, y en medio de ellos una bandera de damasco carmesí con el Escudo de Armas Reales. En fin nada se ahorró al obsequio con que querías tributar a sus Soberanos los fieles deseos del Dueño.

En la tarde del día 12, después de haberse congregado en el Ayuntamiento, se separó este del señor Intendente, dexandolo acompañado con los Ministros principales, Repúblicanos, Gefes de Oficitivas y Cuerpo de Oficialidad, y paso baxo de mazas a la Casa de Alférez Real. Este salió servido de ocho Lacayos con el Real Estandarte, fabricado a todo costo y a sus expensas, y los Reyes de Armas, y se incorporó entre los dos Alcaldes Ordinarios, volviéndose con él el Ayuntamiento, llevando delante a los Gobernadores de Naturales de esta República, y un buen piquete de Dragones; y a la retaguardia un excelente golpe de música de instrumentos bélicos, otro de la misma Tropa, y cerrando el coche del Alférez Real tirado de seis caballos con otros enjaezados que llevaba de respecto.

Desmontándose todos frente a las Casas de Ayuntamiento, subieron por su escalera principal hasta la entrada del Tablado, donde estaba el Señor Intendente, y allí habiéndole entregado el Alférez Real el Estandarte, lo introduxo en el Tablado, y puso en el lugar correspondiente. En él se executó el primer acto de la Real Alférez Real Don Joseph Bernardo de Foncerrada, que desde allí arrojó porción de monedas acuñadas, y una fuente de plata, hecho todo a sus propias expensas. Pasado este acto se descubrieron los Reales Retratos, con cuya vista deshogó el Pueblo sus efectos con infinitos vivas y aclamaciones. El público regocijo se aumentó con el general repique de campanas de todas las Iglesias, las descargas de la Tropa y pedreros de la Ciudad, sin que la multitud de gentes, así de moradores como de forasteros, hubiese causado el más leve desorden, pues toda estuvo atenta a las zelosas providencias de quien la mandaba.

Pasado este acto salió el Ayuntamiento y toda la comitiva, que se componía de cuarenta y seis Caballeros a caballo ricamente enjaezados, (sin incluir los Gobernantes de Naturales de esta República) precedida de un piquete de Dragones, y siguiendo todos los demás en el orden que ya está dicho, y fueron hasta el Tablado, que se formó por parte de la N. C. frente al Palacio del Illmo. Señor Obispo, adornado como correspondía.

En él se verificó el segundo acto de la Real Proclamación, y concluido, volvió el Alférez a tirar porción de monedas y otra fuente de plata, en cuyo tiempo el Illmo. Señor Obispo echó desde sus balcones muchas monedas corrientes. Se descubrieron allí los retratos de SS. MM. con cuya vista repitió el Pueblo la manifestación de su regocijo con reiterados vivas y nuevas aclamaciones.

Concluido este acto se ordenó el Paseo hasta la casa del Alférez Real, donde fue la tercera Proclamación, y allí volvió a esparcir otra porción considerable de monedas y otra fuente de plata. Se descubrieron los Retratos de SS. MM. y al ver estos soberanos y amables objetos el Pueblo, reiteró sus inmensos vivas, y manifestó su sensible regocijo con sus repetidas encarecidas expresiones de júbilo. Volvióse a ordenar el Paseo, y por las calles que estaban señaladas se regresó hasta las Casas de Cabildo, donde se desmontaron y entraron todos, entregando a la entrada el Tablado el Alférez Real el Estandarte al Señor Intendente, quien lo puso allí en un pedestal de plata, y duró hasta concluirse los tres días de la iluminación, del mismo modo que había estado antes en el Tablado de la Casa del Alférez Real. Fenecidos de esta manera los tres actos de Proclamación, volvió el Ayuntamiento con los demás Convidados a dexar al Alférez Real en su Casa.

Este ya tenía dispuestos dos hermosos salones, tirando varias paredes de su Casa, para que la mucha gente del concurso hallase capacidad bastante, y pudiese disfrutar de las demostraciones con que quería manifestar su lealtad y regocijo de los Soberanos. En el uno, que estaba magníficamente adornado con cornucopias, arañas y deseres de plata, dio un exquisito y explendido refresco al Ayuntamiento y demás Cuerpos que concurrieron, y en él hubo tanta opulencia, delicadeza y abundancia, que nada tuvo que extrañar el buen gusto.

Concluido el refresco se trasladaron las Damas y todos los concurrentes al otro salon, en el que resplandecía el más fino gusto y primor, pues a mas de sus hermosas columnas y tapices finos, lo hacia brillar el crecido número de luces, teniendo a más de varias cornucopias nueve arañas, todas de cristal. Siguió el bayle, que duró hasta la media noche, con la seriedad y decoro correspondiente, alegrándolo todo una numerosa y bien acogida orquestra de instrumentos bélicos y de cuerda, que vinieron algunos aún de Lugares bastante distantes de esta Ciudad.

El día 13, a las nueve de la mañana, después de haberse congregado la N. C. en las Casas Reales, mandó una Diputación y el Escribano por el Alférez Real, los que se incorporaron en el Ayuntamiento, y se ordenó su salida para la Santa Iglesia Catedral.

Verificóla presidido por el Alférez Real, y luego que llegó a las puertas de la Iglesia lo recibieron dos Señores Capitulares y dos Capellanes de Coro, y lo condujeron hasta dejarlo en sus asientos acostumbrados. Comenzó la función, en la que predicó el Señor Magistral Dr. D. Ildefonso Gómez, Sugeto cuya literatura lució completamente en este lance por su eloqüente, juicioso y erudito Sermón. Toda la función tuvo una magnificencia que jamás se ha visto, pues sin embargo del conocido esplendor de esta Santa Iglesia, para este día se pintó de nuevo, y no contentándose con su propia y lucida orquestra, hizo que se solicitaran de otras partes y a toda costa voces e instrumentos sobresalientes de toda clase, de modo, que de justicia se le debe conferir que echó el resto en esta función, y que en ella nada tuvo que (envidiar) ni el buen gusto ni el esplendor. Acabada la función se retiró el Ayuntamiento acompañado de los mismos Señores Capitulares y Capellanes, hasta las puertas de la Santa Iglesia, y luego que llegó a sus Casas Reales, retiradas las Mazas, volvió a dexar a su Casa al Alférez Real.

Este obsequió al Ayuntamiento y demás Convidados con un exquisito y espléndido refresco en la misma sala y mesas, y con no inferior gusto y delicadeza que el día anterior.

En la tarde del mismo día manifestaron varios de los Gremios su amor y fidelidad a nuestro Soberano sacando un lucido Carro con invenciones hermosas y alusivas al plausible asunto que causaba sus alegrias, y llevando dentro de él Personas vestidas con mucha oportunidad, y entre ellas una que representó una bien ordenada Loa, así enfrente de las Casas Reales como en las demás partes donde estaban los Retratos de SS. MM. Entre los Gremios que salieron este día se distinguió mucho el de los Sastres, pues todos escoltaron el Carro montados en caballos de brazos bien enjaezados y con ricos aderezos, de modo que manifestaban su particular regocijo, presentando al Público un delicioso Paseo.

En el día siguiente comenzó la Corrida de toros en un famoso Anfiteatro erigido por la N. C. la que continuó hasta el Sábado 5 de este, que fue el último día, alternándose en los que no eran de toros doce Comedias, que duraron hasta el día de Carnestolendas.

En la noche del día 14 repitió el alférez Real en su Casa un magnifico refresco, a que continuo el sarao, que solo se interrumpió el tiempo de la cena (que se sirvió con abundancia y simetría) y duró hasta otro día a las once de la mañana. En este sarao brilló todo quanto puede desear el buen gusto, concurriendo ochenta y seis Damas ricamente vestidas, y se bailaron contradanzas hasta de veinte y seis parejas. La orquestra se componía de quantos instrumentos caben en un eficaz y costosa diligencia; pero sobre todo lo que hizo esta función más plausible fue los incesantes vivas al Rey, que llenarán para siempre de gloria a la Casa en que se tributaron.

En la noche del día 11 hubo a expensas del Alférez Real unos lucidísimos fuegos compuestos de quatro árboles, varios gigantes navíos, armados, corredizos, y otros artificios, que dieron aquella noche mucha diversión al Público.

En la siguiente se quemó un gran castillo por parte de la Santa Iglesia Catedral, y en la sucesiva costeó los fuegos la N. C. que se compusieron de quatro excelentes árboles, diversas ruedas, armados, y muchos voladores, con los que tuvo el Pueblo un agradable espectáculo, sin que hubiese la menor desgracia.

En la tarde y noche del Domingo 20 sacaron los otros Gremios un vistosísimo Carro con ideas y alusiones muy propias, representando Loas en los parages ya mencionados, todas llenas de encomios muy propios y debidos a SS. MM. Los Plateros y Pintores, los Obrageros, Silleros y otros Artesanos fueron los que costearon esta obra, ayudándolos libremente el Alférez Real, y sacaron Paseo como el antecedente, que excedió a lo que pudiera esperar el Público atendida la cortedad de sus proposiciones.

No satisfecho el Alférez Real con sus anteriores y costosas demostraciones en honor y aplauso de nuestro Católico Monarca, proyectó otras que cediesen en obsequio y justa celebridad de la Reyna

nuestra Señora.

Estas fueron formar quatro quadrillas de los Sujetos de la primera distinción y brillantes de esta Ciudad, cada una de ocho individuos y con diversa vanda que le sirviese de distintivo. Una llevaba vanda blanca, otra amarilla, otra verde, y otra encarnada; y como iban guiados de dos Capitanes, que lo fueron el Regidor perpetuo Joseph Joaquín de Iturbide y el Honorario D. Joseph María Sagazola, llevaban cada uno de estos la suya compuesta de los dos colores que eran distintivos de sus quadrillas. El Alférez Real hizo de Padrino de todas, y como tal su vanda se componía de los quatro colores, con los que se presentó al Público una vista muy agradable Formadas las quadrillas, y guiadas por el Alférez Real, entraron en la Plaza de toros las tardes de los días 26 y 27, y en ella corrieron cañas, e hicieron otras varias figuras y evoluciones con tanta destreza y lucimiento, que no hubieran salido mejores aun con muchos meses de exercicio. En la primera tarde, en una formación en batalla, gritó el Alférez Real un Viva al Rey, al que correspondieron todas las quadrillas, y después del inmenso número de los expectadores. En la segunda gritó un Viva la Reyna, a que se correspondió en los mismos términos, llenando con esto a la Plaza de tal alegría, que se hubiera tenido por singular gloria poderla poner delante de los preciosos ojos de nuestra Augusta Reyna. Los palmeteos y vivas fueron infinitos; y aunque con ellos se encendía el fuego de los caballos, no se erró alguna evolución, y sólo sirvió para aumentar hermosura a las parejas, y dar más lucimiento a la destreza de los que gobernaban.

Pasados estos dos apreciables actos, y con la misma dedicación a la Reyna nuestra Señora, dio el Alférez Real otro excelente sarao, que sólo se interrumpió el rato de la cena, en el hubo la misma abundancia de viandas y delicadeza que en las funciones antecedentes. A esto precedió un abundante refresco, y duró el sarao hasta las quatro de la mañana. Fueron incesantes los vivas al Rey nuestro Señor y su Real Familia; pero como esta funcion se dedicó en aplauso de la Reyna nuestra Señora, se terminó tocando la orquestra un excelente Viva, que estaba compuesto a este fin.

El regocijo del Público se aumentó con las orquestras que se pusieron en los tablados de las Casas del Ayuntamiento y las del Alférez Real, con la singularidad de que sin embargo de ser tan numeroso el concurso de la Plebe, parece que toda estaba llena de ideas de honor y dedicada únicamente a celebrar la Proclamación de nuestro Augusto Soberano, pues no hubo en estos días la menor desgracia ni desorden que turbase el juicio y tranquilidad, que en todo sirvió como de evidente señal de su regocijo y leal complacencia.

Pareciendo pocas todas estas demostraciones, así el Ayuntamiento como al Alférez Real, en comparación de las que quisieran hacer en obsequio de nuestro Soberano, y para inmortalizar la memoria de día tan feliz, tratarán luego que se desembarazen las Plazas de erigir Monumentos públicos en que se perpetúe la Real Proclamación; que aunque perecederos, por ser, materiales deleznables, les procurará añadir duración el costo, la diligencia y los fieles deseos de los que sacrifican.

El primero será una espaciosa Fuente, cuyo dibuxo se consiguió de México por el zelo del Señor Intendente, quitando la antigua que ha estado sirviendo en la Plaza mayor de esta Ciudad. Su diámetro es de diez y seis varas; sus juegos de agua varios y exquisitos; su arquitectura del mejor gusto; y encima de la columna, de los módulos correspondientes a la obra, se pondrá una Estatua que represente al Rey nuestro Señor, con una inscripción sencilla que acuerde siempre a los posteriores el día de su dichosa Proclamación Este es el Monumento que dedica el Ayuntamiento, con expresión tan encarecida, que quando trató este asunto, el Alguacil mayor D. Matías Antonio de los Ríos dixo, hablando por los ausentes, que si algunos no pudiesen contribuir a una obra tan gloriosa, estaba pronto a dar de su caudal la parte que tocase a los otros. Este es en fin el Monumento que consagra el Ayuntamiento al Rey nuestro Señor, a quien quisiera poner más allá de la jurisdicción de los siglos, y en el que presenta al Público el licor más hermoso de la naturaleza, creyendo que le serán para siempre favorables sus aguas, como bebidas en la que puede llamarse Fuente de la Fidelidad.

El segundo será otra Fuente, que asimismo tributa a los Reyes nuestros Señores el Alférez Real D. Joseph Bernardo de Foncerrada, y se pondrá en la plazuela de San Juan de Dios. Esta tendrá ocho varas de diámetro, según el dibujo que también consiguió de México el Señor Intendente con proporción a los tamaños de la plazuela: su arquitectura será fina; diversos sus juegos de agua; y la columna de su medio rematará con una Medalla que lleve en el anverso los Bustos del Rey y la Reyna nuestros Señores, y en el reverso las Armas Reales, poniendo en uno y otro lado unas inscripciones propias, así para perpetuar la memoria de la feliz y Real Proclamación, como para inmortalizar el que la dedica la gloria que tiene de ser su Vasallo.

Nada bastaría a sus fieles deseos para demostrar a los Soberanos su justísima fidelidad, y el inexplicable honor que ha tenido en proclama al Rey nuestro Señor, y por último desahogo quisiera que se gravara en este Monumento el glorioso renombre de Fuente del Amor y la Gratitud.

Estas son las leales expresiones que los Vasallos Vallisoletanos han dedicado a los Reyes nuestros Señores, cuyas Reales Personas miran como un benéfico rasgo de la hermosa Naturaleza. Su Soberano autor detenga la Historia de tan feliz Reinado, como que será señal de su duración: y haga que se multipliquen más y más las ideas, cuya sucesión es inevitable medida del tiempo, para que los futuros vean prolongadas por siglos las vidas preciosas de los mejores Reyes CARLOS QUARTO y LUISA DE BORBÓN.

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