EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Mientras el país se nos deshace en las manos. Mientras el país es un auténtico polvorín. Mientras México sigue siendo blanco de las peores desgracias –y aquí varias “perlas” al respecto-:

-México, sexto lugar con más desempleados entre países de la OCDE (con 2 millones 547 mil desempleados);

-Recortó el Banco de México entre 0.9 y 1.4% la expectativa de crecimiento para 2013;

-México, estado fallido;

-El narcotráfico metido en todos los rincones del país;

-Recorte presupuestal a la cultura, drama nacional;

-Ausencia de la autoridad de la autoridad y del estado de derecho…

   Así podríamos integrar una larga lista de cargas que diversas expresiones políticas no han podido resolver, a pesar de sus maravillosos discursos de campaña o ya metidos en el ejercicio pragmático desde las curules del senado o la cámara de diputados.

   Ante la suma de compromisos de esa naturaleza y la poca credibilidad entre los representantes que fueron elegidos por vía de la democracia ejercida en el voto. Cuando después de ser testigos de ciertas acciones de incompetencia luego del ataque natural por parte de los huracanes “Ingrid” y “Manuel”, y el aprovechamiento patético por parte de ciertos personajes e instancias que divulgaron su “apoyo” como si se tratase de comerciales donde se vende un producto, en este caso aprovechando la desgracia de ciertos sectores vulnerables de la sociedad, que enfrentaron la terrible violencia de estos fenómenos de la naturaleza…

   Es decir, cuando los políticos en este país deberían estar ocupados y comprometidos en resolver tales conflictos, mejorar la situación económica, social, y demás bondades en pro de sus habitantes, hay un sector, específicamente en San Luis Potosí, encabezado por integrantes del Partido de la Revolución Democrática -¡qué lejos están dichos correligionarios de dicha bancada de la teoría, la praxis y demás condiciones que dieron espíritu a un partido hoy venido a menos, gracias a sus devaneos, especulaciones y arreglos o maridajes con otros partidos para congeniar los intereses de ellos, no los de la sociedad!-. Pues bien, este partido se quiere pronunciar en contra de las corridas de toros en dicha entidad federativa. En las declaraciones de otro “representante”, este del Partido Acción Nacional, que también no le va a la zaga a aquel, Miguel Maza ha dicho en apresurada declaración:

   “El tema de lo de las corridas de toros es un tema polémica y más que aquí en San Luis Potosí ha sido un estado con una tradición muy fuerte. San Luis Potosí ciudad es de las cinco ciudades (sic) a nivel nacional con más tradición taurina, entonces realmente este es un tema polémica porque hay mucha gente a favor de los toros, hay muchas ganaderías aquí en San Luis Potosí, hay escuelas taurinas y varios de los matadores de toros que andan ahorita en el medio son de San Luis Potosí”.

   ¡Ufff. Vaya declaración de un político!

   Lo grave de todo lo anterior es que, en una postura contundente, estos señores irían en contra de una tradición, y más aún de todas las fuentes de trabajo que se encuentran alrededor de dicho “mercado”, el cual tiene una dinámica perfectamente articulada, no sólo a nivel laboral. También ecológico, con todo y que hace un año San Luis Potosí fue uno de los estados más afectados por una de las más terribles sequías de que se tenga memoria, y de la que algunas de las unidades de producción agrícola y ganadera han salido adelante. Desde hace un tiempo relativamente corto, no sólo en tal estado, sino en otros de la república, los representantes políticos se han ensoberbecido en función de que gracias a su posicionamiento sería posible el exterminio de tal expresión de la cultura popular. Dicha situación está siendo alimentada por un discurso ideológico que proviene de sectores de la sociedad que no congenian con una tradición dueña de unos componentes cuyas condiciones están creando reacciones y rechazos que no van de acuerdo con su forma de pensar, asunto que respetamos pero no compartimos.

   De igual forma, una importante labor de difusión a través de internet y las redes sociales va permeando a aquellos que manifiestan su desacuerdo, al punto de que son muy pocos con quienes se puede entrar en diálogo, habiendo también una buena cantidad que prefiere –tras el anonimato-, generar el ataque virulento de palabras ofensivas, como si de lo que se tratara fuera poner en el banquillo de los acusados a los taurinos y sentenciarlos, sin más.

   Lamentablemente, los ideales y consignas de una cultura como la que predomina en estos momentos, atizada también por todos aquellos otros elementos que dominan el panorama mundial, junto al neoliberalismo, la globalización y otros fenómenos políticos, sociales o culturales, han creado un cambio radical en la forma de ser y de pensar de muchas sociedades. Es cierto, por ejemplo el cambio climático es uno de los causantes directos de estas condiciones, pero no se ha comprendido la verdadera dimensión en la que el hombre, como auténtico e inconsciente depredador sigue causando un daño irreversible a la naturaleza, luego de que todos los ciclos naturales prácticamente están vulnerados gracias a esa acción irremediable de sus veleidosas actitudes. Ese asunto, en todo caso, debería ser una de las razones, con suficiente peso de responsabilidad para que sean atendidas como prioridad aquí y allá. Pero si su composición trae consigo, con la fuerza de un “tsunami” el deseo de extirpar o abolir una expresión de la cultura popular, que nuestros antepasados hicieron suya luego del proceso de conquista, colonización y asimilación entre dos grandes imperios que terminaron comprendiéndose en un maridaje y un mestizaje claro y contundente, mismo que siguió manifestándose tras el proceso emancipador y luego se definió en una condición absoluta e independiente que permitió a México mostrarse, ante el concierto de las naciones como un país prodigioso, aunque inestable en un siglo que, como el XIX, fue el recipiente de una inestabilidad política, económica y social de la que fue recuperándose lentamente. Así continuó a lo largo del XX, con revolución social de por medio a partir de 1910 y de ahí, hasta nuestros días, sigue procurando su estabilización como un país que quedó condenado al subdesarrollo, a ocupar un lugar entre aquellas naciones del tercer mundo y que hoy, en pleno siglo XXI pareciera perderse entre toda esa serie de agresiones que provienen de la postmodernidad, a la que nos adaptamos o nos adaptamos.

   Como planteaba Andrés Molina Enríquez en su obra “Los grandes problemas nacionales”, estos, como aquellos lo son. En la medida en que se atiendan como prioridad máxima de todos aquellos que son políticos y representantes de la sociedad, en esa medida creeremos en sus actos y sus decisiones. Por ahora, lo que les pasa por la cabeza, es producto de esas cuestiones menores que no vienen a mejorar en nada la situación ni el destino de este país.

   De verdad, reflexiónenlo antes de que acometan con sus acciones y medidas en contra de las corridas de toros, que es, en su conjunto, un problema menor ante la gravedad reflejada en todas partes del país. Tomar decisiones de esa naturaleza distrae definitivamente el verdadero camino de México, mientras son aquellos grandes problemas los que deben encarar como posibilidad y esperanza para una mejor nación.

 Mi solidaridad con los aficionados taurinos en San Luis Potosí. Ojalá que una voz más sirva para unirse a todas las voces que defienden este patrimonio, este legado de cultura inmaterial.

13 de noviembre de 2013.

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