GUILLERMO TOVAR DE TERESA. IN MEMORIAM.

MATERIAL RECOLECTADO POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Cada miércoles, en forma hebdomadaria a muchos de los internautas nos llega puntualmente el gozoso envío que desborda la pluma de uno de los escritores más reconocidos de nuestros tiempos: Jorge F. Hernández. Autor, entre otras obras emblemáticas de La emperatriz de Lavapiés, novela que personalmente me causó grata impresión por todas sus andanzas y remembranzas (lectura que por otro lado recomiendo ampliamente), es también un aficionado a los toros. Pero como buen hombre de letras, y puesto al día en todas sus circunstancias, no pudo dejar escapar uno de los acontecimientos recientes más dolorosos: la pérdida de Guillermo Tovar de Teresa, personaje en muchos sentidos y del que el propio Jorge F. Hernández ha logrado en la última de sus “aguas de azar” que son, precisamente esas lecturas de puntual arribo a nuestros espíritus, un reconocido homenaje a ese hombre luminoso… Y no lanzo más adjetivos porque él propio Tovar de Teresa los detestaba. Tenía razón, mucha gente no terminó comprendiendo aquel caudal de sabiduría y era difícil comprenderlo de buenas a primeras.

Por todas estas razones, y habiendo sido “tocado” por el “Agua de azar” más reciente, me permito -con el permiso que pueda concederme mi amigo Jorge F. Hernández-, para extender, como él ya lo hizo su dolor ante la irreparable pérdida de quien han considerado como El último novohispano.

   Nunca tuve claro si Guillermo Tovar de Teresa habría tenido en lo personal afecto o gusto por los toros. Sin embargo, lo único que me queda claro es que en la intensa lectura que hizo del virreinato con todas sus circunstancias, así como del arte mexicano en su conjunto, no habrán escapado a su mirada ni a su ávida lectura temas de tal naturaleza.

AGUA DE AZAR. EL ÚLTIMO NOVOHISPANO.

HOMENAJE IN MEMORIAN A GUILLERMO TOVAR DE TERESA.

 POR: JORGE F. HERNÁNDEZ.

14.11.2013 / Agua de azar / El último novohispano.

Duele mucho escribir aquí que el genio de Guillermo Tovar de Teresa se ha extinguido a los cincuenta y siete años, con tantos libros que le quedaban por escribir, con tanta sabia savia que esparcía en cada conferencia y conversación, con tantas batallas que le quedaban por librar en defensa del patrimonio cultural y artístico de México… y dejando ya imposible una larga sobremesa que nos debíamos ambos. Fui como todos un lector asombrado por la lucidez concisa y la precisión erudita de un sabio que parecía llevar paso a paso al lector de sus hallazgos por los laberintos de un pretérito desconocido: Tovar revelaba fachadas de templos delante de los ojos del espectador en el atrio mismo y dibujaba con descripciones inteligentes los motivos del barroco, sus sentidos enrevesados, los engaños a la vista, los juegos de palabras. Fui además su amigo y entre 1991-1995 se me honró con ejercer el cargo de Secretario General del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, órgano colegiado (ahora multiplicado y redinamizado bajo la batuta de Ángeles González Gamio) producto de una generosa alternativa del propio Tovar de Teresa al ser nombrado en 1986 Cronista de la Ciudad de México. Sucede que ese título, instituido inicialmente por Carlos V en el siglo XVI había visto una notable transformación sustancial en su ejercicio: para Tovar la ciudad más grande del mundo ya no podría ser únicamente pasto para crónica de un solo historiador y se había vuelto páramo inmarcesible que exige el concierto colectivo de más de una veintena de plumas que se preocupen por su preservación y la constancia de su memoria.

GUILLERMO TOVAR DE TERESA1

Guillermo Tovar de Teresa nació el 23 de agosto de 1956, aunque no es hipérbole afirmar que nació en el siglo XVI y fue testigo de la primera destrucción de la antigua capital de Mexico-Tenochtitlan, y visor esmerado de cada una de las sucesivas destrucciones que ha sufrido y padecido esta ciudad utopía del Nuevo Mundo, encarnación del sueño del arquitecto Alberti (irrealizable en Europa), soñado por el Virrey de Mendoza y, según Miguel de Cervantes Saavedra, Venecia de América “espanto del Nuevo Mundo”.

GUILLERMO TOVAR DE TERESA2

Así como ideó la fórmula colectiva de la crónica, así también no dejó nunca de ser en realidad el solitario batallador, caballero desfacedor de entuertos culturales donde partía una lanza no sólo por descubrir la autoría verídica de un cuadro renacentista, sino por paleografiar la diminuta letra de un pretérito que parecía esconderse en un mapa de biblioteca empolvada. Diría que Tovar fue de veras era el último novohispano, si no constara la ferviente preocupación que transpiraba todos los días en defensa de monumentos, edificios… memoria mexicana de hoy. Contra toda forma de la amnesia, contra todo abuso de la imbecilidad, Tovar de Teresa movilizaba intelectos e incluso fortunas en abono de la conservación de los tesoros del pasado, preservación de la memoria que sudan los muros de tezontle y cantera… y recientemente el oprobioso baño de esmalte innecesario con el que mancillaron el célebre Caballito de Tolsá, consciente de que su batalla era no sólo en contra de la negligencia o el aisevá de quien tomó la decisión de lavarle la pátina del pasado a una valiosa estatua, sino consciente de que blandía la batalla en un país donde la mayoría de los ciudadanos desconocen quién es el jinete y de dónde a dónde ha cabalgado ese caballito anónimo para la memoria colectiva que lo volvió entrañable. En este país donde una inmensa masa de gente no entiende que no entiende, se apaga ahora una luz que nos ayudaba a entender por lo menos que no entendemos, pero que podríamos entender mejor si leyésemos la realidad guiados por gambusinos de archivos, aventureros de bibliotecas y faros de reflexión como lo son sus libros.

Hace apenas un mes se presentaba el minucioso y detallado bosquejo biobibliográfico de Guillermo Tovar de Teresa, firmado por Xavier Guzmán Urbiola y finamente editado por Diego García Elío en su sello Equilibrista. Si no constara a quienes lo conocimos, diríase que se trata de la biografía novelada de un personaje fantástico, el relato irreal de un niño incansable que a los cinco años se declaraba independiente en su propio hogar, ya habitante de las bibliotecas de su abuelo y tertulias de los mayores. El niño incandescente que impresionó al presidente López Mateos, quien lo condecora con una medalla de oro que sería antecedente del pago puntual que recibiría como sueldo, a partir de los doce años edad, como asesor en historia colonial del presidente Díaz Ordaz. Es la biografía bibliográfica y la bibliografía biográfica entrelazada, difícil de desenmarañar del hombre que vivía veintiocho horas al día (cuatro o incluso cinco horas más que los demás) leyendo las partituras del pretérito con la misma obsesionada pasión con la que se sabía de memoria sinfonías enteras de Mozart y Haydn, con la delicada minucia con la que podía silbar tres o cuatro instrumentos diferentes de cada uno de los seis conciertos de Brandenburgo de Bach (con una técnica asombrosa donde inhalaba y exhalaba sin dejar de silbar) y en particular, con la decidida pasión con la que era capaz de entramar al pasado, mirarlo como quien mira una pantalla de computadora en el aire invisible y dividir los temas en el perfecto teatro de su memoria (como si fuesen eso que ahora llaman hipertexto) y contextualizar el discurso del devenir del tiempo mexicano, novohispano, hispanoamericano e incluso mundial al derivar por ejemplo un trinomio donde se despejan lo Bello, lo Bueno y lo Verdadero en este mundo donde impera precisamente lo Horrendo, lo Malo y lo Falso.

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Allí donde hubo un edifico barroco invaluable se ha erguido un adefesio revolucionario institucional, acá donde hubo un templo de fachada churrigueresca han abierto un estacionamiento donde venden churros, allá donde florecía la memoria lúcida de un cronista intemporal parece acercarse la nefanda neblina de la amnesia y nos hallamos al borde del olvido, en el desamparo de oscuridad donde la memoria parece exigir que hoy mismo urge leer cualquiera de los libros que nos deja el sabio luminoso Guillermo Tovar de Teresa que hasta hoy descansa en paz.

GUILLERMO TOVAR DE TERESA_09.11

Jorge F. Hernández // jorgefe62@gmail.com

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