DECHADO DE MANSEDUMBRE…

CRÓNICA SOBRE ALGUNAS COSAS VISTA y NO VISTAS. LA TERCERA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Y siguen “bastos” en todos sentidos. Malos “toros”, los toreros, al tono de aquella sosería, con un público arrastrado por ese mismo torrente de irregularidades, que hasta hubo ejemplar que, durante el arrastre recibió palmas… Cómo se nota que la gente quería aplaudir, y salió aplaudiendo lo que fuera. Sin embargo, de lo demás, tengo muchas cosas que apuntar, como un aficionado más a los toros en esta capital de la república, luego de que se han venido cometiendo una serie de violaciones sistemáticas, tanto al Reglamento Taurino para el Distrito Federal en vigor, así como a la Ley de Espectáculos Públicos del Distrito Federal, y todo por parte de la empresa de la plaza de toros “México”, misma que se ha apoderado del control del espectáculo, bajo el principio de una autorregulación que impide la observancia de ambos instrumentos jurídicos, en consonancia con los intereses del público.

   Creo que uno de los problemas más graves que afectan precisamente nuestros intereses es el hecho de que como materia prima para la presente temporada de toros, anunciada con “bombo y platillo”, lo único que estamos viendo, es un desfile de “toros” cuya sospecha en la edad reglamentaria es pública y notoria. Ante ese hecho, y luego de los desagradables acontecimientos ocurridos el domingo 3 de noviembre pasado, y donde por cierto los representantes de la autoridad autorizaron todo, en automático se convirtieron en cómplices de tal maniobra que incomodó a cerca de 20 mil espectadores que pagamos por un espectáculo en el que no se cumplió con lo ofrecido. Es decir, la presencia de toros.

   Sin embargo, ni ese domingo ni en otros que han transcurrido desde hace muchos años, se aplicó y ni se ha aplicado, por parte del Reglamento Taurino su Art. 9, fracc. IV que, correspondiendo a los médicos veterinarios dice:

 Practicar el examen post mortem, a petición del juez de plaza a las reses lidiadas, en el lugar adecuado que para tal efecto proporcione la empresa dentro de las instalaciones de la plaza.

Para efectos del párrafo anterior, el médico veterinario asegurará las reses inmediatamente después de haberse lidiado, y practicará el examen ante representantes de la autoridad, ganadería y empresa, entregando resultados de los mismos a la Delegación, a la Comisión y copias a la empresa y al ganadero.

Durante la práctica del examen post mortem, el médico veterinario deberá comprobar que sus astas no hayan sido objeto de alteración artificial o que las reses no hayan sido sometidas a tratamiento o maniobra que hubiera disminuido su poder o vigor y hacer constar su dictamen por escrito, anexando las astas de los toros que se presuma fueron manipuladas (…);

 Lamentablemente tal párrafo omite comprobar la edad, aunque creo que en estudios de esta naturaleza, deben sumarse a los resultados mismos tales elementos comprobatorios.

    Ante la gravedad del caso, pero sobre todo, ante el sistemático empeño en que se produzcan estas maniobras que levantan fuertes sospechas, es preciso que levantemos nuestra voz de protesta. Ya se ve que las autoridades nombradas por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal quedan sujetas a las condiciones que pudiera establecer la empresa, por un lado, e indefensas por parte de la propia Jefatura de Gobierno, e incluso de la Delegación correspondiente por otro; pues en la realidad se hace manifiesto un ambiente de ambigüedad que los lleva a convertirse en figuras con voz pero sin voto. Y lo que es peor, a que en sus funciones como máximas autoridades se haga notar la ausencia de la autoridad de la autoridad, circunstancia gravísima si se pretende que un espectáculo como el taurino transcurra en medio de la prudente o pertinente aplicación del reglamento, y por otro lado que los “usos y costumbres” que son como un mecanismo misterioso, los cuales se unen al desarrollo mismo del espectáculo, hagan su parte. Y es que, en buena medida, dicha representación escénica (la corrida de toros como tal) depende de ciertos valores técnicos o estéticos que pueden producir exaltaciones populares en distintos niveles o grados de emoción, e incluso de decepción o repudio, como si se tratara de una reacción inesperada y voluble.

   Si queremos que, como aficionados se nos respete, pues somos nosotros consumidores de ese producto, de menos es que se pueda llamar al orden tanto a jueces (de palco y callejón), asesores técnicos, inspector autoridad (fijo y auxiliar) así como a los veterinarios y químicos-bacteriólogos exhortándolos a hacer mejor su trabajo, pero también con la posibilidad de que tal demanda también se extienda para evitar cualquier acto de abuso de autoridad, así como de exceso de confianza de la persona física o moral que ofrezca espectáculos taurinos.

   Hoy día, los instrumentos legales de que dispone la corrida de toros como tal: Reglamento Taurino y Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos en el Distrito Federal, parecieran no existir, y con esto, los aficionados nos sentimos en el desamparo total, mientras los abusos siguen cometiéndose a diestra y siniestra.

   Deseo recordar por ejemplo que, de conformidad a lo que establece el Art. N° 4 del Reglamento Taurino en vigor

 Corresponde a la Delegación:

 I. Expedir los permisos para la celebración de espectáculos taurinos en su respectiva demarcación territorial;

II. Autorizar, previa solicitud de la empresa, los horarios a que se sujetará la celebración de espectáculos taurinos;

III. Imponer las sanciones previstas en el presente Reglamento;

IV. Nombrar al Inspector Autoridad, a los veterinarios, a los inspectores autoridad auxiliares y a los químicos-bacteriólogos. Tanto los químicos-bacteriólogos como los inspectores autoridad auxiliares necesariamente serán profesionistas especializados en el espectáculo taurino;

V. Autorizar, de conformidad con lo previsto en las disposiciones legales y reglamentarias en materia de construcciones y protección civil correspondientes, la construcción e instalación de nuevos cosos, las modificaciones a los existentes o la adaptación de algún local para la celebración de espectáculos taurinos, así como el aforo de las plazas;

VI. Revisar los documentos en que conste el nombre del tenedor del derecho de apartado y cancelar éste cuando se compruebe su transferencia ilegal;

VII. Fijar la fianza que debe cubrir la empresa a favor de la Tesorería por cada temporada, serie de corridas, de novilladas y de festejos o cualquiera de ellos que se celebre en forma aislada, a efecto de garantizar el cumplimiento de las obligaciones que aquélla contraiga;

VIII. Dictar las disposiciones específicas a que se sujetarán los espectáculos taurinos que se celebren de manera aislada;

IX. Autorizar el número de taquillas por empresa, de acuerdo con el aforo de las plazas de toros;

X. Precintar el cajón de curas de la plaza, y

XI. Vigilar la observancia de las disposiciones que se señalan en este Reglamento.

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Aunque también por estos días, nos hacen faltan periodistas cuyas “plumas” sean verdaderos referentes… Por tanto, tengo que remitirme a un ejemplo que sigue siendo inalcanzable…

    Finalmente debo apuntar que, de unos años para acá, se vienen haciendo enormes esfuerzos para demostrar en términos lo suficientemente sustentables, que la tauromaquia es nuestro país es un patrimonio, un legado y una expresión profundamente arraigada a nuestra cultura, a nuestro modo de ser y de pensar como sociedad. Con lo anterior, esto daría por resultado obtener en algún momento una anhelada declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial. Deseamos evitar que hechos como los referidos aquí, sigan empañando u obstruyendo tales propósitos, pues demeritan en forma notoria aspiraciones legítimas por conservar o proteger una más de las manifestaciones de cultura universal.

   O hacemos un frente común o de plano… nos lleva el tren… por decir lo menos.

17 de noviembre de 2013.

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