CARTELERÍA TAURINA EN GUANAJUATO. (1873-1923).

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Comparto con ustedes una primicia más. Se trata de una “probadita” de:

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   De hecho, ya había dado un adelanto, que hoy amplío en https://ahtm.wordpress.com/2013/08/27/carteleria-taurina-en-guanajuato-1873-1923/. Sin embargo, no desmerece tal circunstancia, pues aquí podrán ustedes enterarse de que tratándose de una novedad, es un libro que ya se encuentra listo para la imprenta.

INTRODUCCIÓN.-

I

    Diversos archivos históricos del país, tienen el privilegio de custodiar una caudalosa información que se convierte, en rica fuente para investigadores e interesados en el devenir histórico de México, desde tiempos inmemoriales y hasta nuestros días. Uno de ellos es el Archivo Histórico Municipal de la ciudad de Guanajuato.

   Antes de todo, debo agradecer el apoyo que proporcionó para esta consulta el responsable del mismo, el Lic. Luis Ignacio Vázquez Lugo, Jefe de Biblioteca en este Archivo, así como de las Sras. Yolanda Murrieta Barrón, Encargada de Hemeroteca, y de Alma Leticia Rodríguez Palafox, Encargada de Mapoteca, quienes pusieron a mi alcance la mencionada colección, motivo del presente trabajo.

   En la muy particular línea de investigación que trabajo desde hace muchos años, la cual se ocupa de las diversiones públicas y en particular las corridas de toros, el archivo antes citado me proporcionó la grata satisfacción de contar con el fondo documental “Agustín Lanuza”,[1] el cual está integrado por 205 carteles publicitarios de festejos taurinos celebrados (según fechas extremas) entre 1873 y 1923, siendo abundantísimas las muestras que van del último lustro del siglo XIX a los primeros dos del XX. En dichos documentos puede observarse la elevada actividad taurina que se registraba y que hoy sigue registrándose en el estado de Guanajuato. Gracias a ellos puede uno enterarse que la concentración de tal dinámica se daba en plazas como León, Celaya, Irapuato (La Constancia y de la Estación), Silao, Valle de Santiago, Moroleón, Salvatierra, San Francisco del Rincón, Cortázar, Chamacuero de Comonfort, San Luis de la Paz, Salamanca, Ciudad Porfirio Díaz, sin faltar aquellos festejos celebrados en la plaza de “Gavira”, la propia de Guanajuato, del Jaral y del Cantador. También aparece un cartel de la plaza de toros “Colón” de Querétaro, fechado el 27 de enero de 1901 y otro de la de “Paseo” en San Luis Potosí, que trae impresa la fecha del 16 de noviembre de 1903.

   Reitero, la cantidad de festejos da una idea de la intensa actividad que poseían estos espacios, ya fuese por razones de festividades cívicas o religiosas. Incluso de aquellas otras que se organizaban con fines altruistas. Del mismo modo, el grupo documental nos deja ver que en esas ciudades y poblados se encontraban establecidas diversas imprentas en las que a su interior, habría un rico despliegue de elementos tipográficos no solo tradicionales o convencionales, sino también la presencia de los que la modernidad de la época puso al servicio de los impresores. Tal es el caso de la fototipia o impresión fotomecánica, misma que dejaba ver por primera vez las imágenes de los toreros, tomadas muchas veces de las “tarjetas de visita” que fueron común denominador por aquellas épocas. Desde luego que estos trabajos dejan ver los defectos técnicos propios del momento. Sin embargo, reflejan el esfuerzo habido para compaginarse con los adelantos de las impresiones.

   En las tiras de mano o carteles impresos, todos ellos presentados en diversas medidas, se puede colegir que, aunque se trate de copias fotostáticas, el soporte original pudo ser el papel de “china”, el “couché” y otros ofrecidos por los impresores mismos. Los diseños gráficos son diversos. Hay un uso pertinente de orlas, capitulares, dibujos, grabados y hasta elementos fototipográficos. De estos ejemplos sobresalen maravillosas expresiones logradas por Manuel Manilla y José Guadalupe Posada (así como de sus imitadores). Otros trabajos pertenecen a firmas o iniciales como J. M. Ledo o Villaplana. Pueden observarse desde cabezas de toros muy bien proporcionadas, hasta de aquellos denominados “xaltianguis” o de escasa cornamenta. Toros embistiendo, suertes del toreo tanto mexicanas como españolas y un innumerable contingente de nombres de participantes, nacionales y extranjeros, sin faltar los de aficionados. Destaca la participación de mujeres toreras y otros elementos considerados como “parataurinos”. Tal es el caso de toros embolados, payasos, jaripeos, fuegos de artificio, etc.

   Sería deseable la reproducción de todos y cada uno de ellos. Su elevado número es una razón que impediría por ahora ese anhelo. Sin embargo, además de que no queden al margen, aprovecharé el propio catálogo para enriquecerlo, de ahí que convenga una selección donde sea posible apreciar su calidad de trabajo impreso, la confección aplicada por los empresarios y luego –de ser posible- por poblaciones, con objeto de que no escape ninguna de las que integran la colección, entendiendo así toda la dinámica de festejos en esta ubicada región del estado.

   Un aspecto más es la confección de estos documentos, mismos que fueron el resultado de varias condiciones, a saber:

1.-Su apego a días festivos (cívicos o religiosos), situaciones extraordinarias como el pago de la “deuda americana”[2] o por inundaciones.

2.-Organización de festejos por y para aficionados habiendo para ello diversos pretextos.

3.-Presencia de toreros nacionales o extranjeros cuya trayectoria o temporada en desarrollo les permitiera firmar el contrato o comprometerse a torear, dando para ello motivo para que operara el discurso publicitario que derivaba en estos valiosos documentos.

4.-La repetición de algún “triunfador” que obligara a un cierre de temporada excepcional.

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 José Francisco Coello Ugalde: CARTELERÍA TAURINA EN GUANAJUATO (1873-1923). México, Centro de Estudios Taurinos de México, 2013. 135 p. Ils., facs., tablas. (APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS N° 133. Serie: Curiosidades taurinas de antaño exhumadas hogaño y otras notas de nuestros días N° 57).

   Con el tiempo, más de un siglo en la mayoría de los casos, se puede apreciar que aunque la fiesta de toros sobreviva hasta nuestros días, aquella otra poseía componentes que ya desaparecieron o entraron en desuso. Como apuntaba párrafos atrás, tal es el caso de los toros embolados, las mojigangas, los convites (que aún perviven, aunque modificados), presencia de reinas y demás circunstancias decorativas.

   Antes de pasar a la siguiente sección, merece lugar aparte D. Agustín Lanuza. En la Guía General del Archivo Histórico[3] aparecen los siguientes e interesantes datos que nos dan una idea sobre el perfil del personaje.

 COLECCIÓN AGUSTÍN LANUZA D.

 PROCEDENCIA INSTITUCIONAL.

    La colección documental histórica del Lic. Agustín Lanuza D fue adquirida por el Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato en el año de 1996, integrada por 136 documentos (originales y copias), en su mayoría procedentes de instituciones públicas, privadas y familiares, con temáticas variadas. Es importante señalar que el recopilador de la mayor parte de estos documentos fue el Lic. Agustín Lanuza Romero, padre del anterior, por lo que se darán algunos datos biográficos de este personaje guanajuatense.

   Agustín Lanuza Romero nació el 22 de julio de 1870 en la ciudad de Guanajuato; distinguido escritor e historiador costumbrista, estudiante y maestro del Colegio del Estado de Guanajuato, realizó una intensa labor como investigador de la historia de la Entidad. Como estudiante del Colegio del Estado fue sobresaliente, cursó las carreras de abogado y maestro simultáneamente. Impartió en este Colegio las cátedras de sociología, filosofía del derecho, literatura, etc. En la Escuela Normal del Estado profesó: lecturas literarias, castellano y literatura preceptiva y castellana, además fue autor de artículos, ensayos y poemas, muchos de ellos publicados en el periódico Guanajuato Libre.

   En 1922 y 1925 se publicaron dos de sus obras principales: Guanajuato Gráfico e Histórico e Historia del Colegio del Estado de Guanajuato, en esta última narra la trayectoria de una importante institución educativa. Para la realización de esta obra se procuró de documentos de primera mano y toda una riqueza de dibujos y planos curiosos, grabados antiguos, retratos de personajes célebres y fotografías regionales de mérito indiscutible. Muere en la ciudad de México el 16 de noviembre de 1936.[4]

    Y en efecto, en “Hemeroteca”[5] aparece la descripción del fondo que ahora es motivo de consulta:

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II

   La comparecencia de “Capitanes de la cuadrilla tauromáquica”, como Abraham Parra “El Borrego” en 1873, o de un sinfín de toreros, nos permite entender que si bien, el centralismo los acaparaba, sobre todo muchos diestros españoles que “hacían la América”, lejos ya de sus compromisos durante la larga temporada hispana, estos contaban con un tiempo holgado para cumplir con sus compromisos, tanto en diversas plazas mexicanas como algunas otras de Sudamérica. Allí están nombres como los de Antonio Fuentes, Antonio Montes, Antonio Reverte, Ricardo Torres “Bombita”, Antonio Montes, Enrique Vargas “Minuto”, Francisco Bonal “Bonarillo”, Rafael González “Machaquito”, Manuel Jiménez “Chicuelo”, Castor Jaureguibeitia Ibarra “Cocherito de Bilbao”, Joaquín Hernández “Parrao”, Manuel Lara “Jerezano”, Manuel Corzo “Corcito”, Fermín Muñoz “Corchaito”, Sebastián Chávez “Chano”, José Villegas “Potoco”, Joaquín Navarro “Quinito”, Francisco González “Faico”, Luis Mazzantini, Nicanor Villa “Villita”, Diego Rodríguez “Silverio Chico”, Manuel Cervera Prieto, Juan José Durán “El Pipa”, Antonio Ortiz “Morito”, Manuel Díaz “Agualimpia”, Leopoldo Camaleño, José y Francisco Palomar “Caro Grande” y “Caro Chico” respectivamente, entre otros.

   Respecto a los diestros nacionales, nos encontramos con nombres como los que siguen:

Félix Velasco, Arcadio Ramírez “Reverte Mexicano”, Abraham Parra, Manuel Macías “El Papelero” (diestro aficionado guanajuatense), Agustín Velasco “Fuentes Mexicano”, Antonio Vargas “Negrito”, Eligio Hernández “El Serio”, Alberto Zayas “Zayitas”, Octavio Torres (aplaudido banderillero guanajuatense), Arcadio Reyes “El Zarco”, Antonio Villa, Pedro López, Carlos Laus “El Mojino”, de Orizaba. Existe además un cartel publicitario relacionado con la cuadrilla que organizó de manera más que perfecta Saturnino Frutos “Ojitos” en León de los Aldamas, estando al frente de la misma los entonces prospectos Rodolfo Gaona y Samuel Solís, que con el tiempo se convertirían en toreros muy importantes. Pero quien destacó en forma por demás notable fue Gaona, el que luego, se convirtió en gran figura del toreo mexicano, al grado de que hoy en día sigue siendo referente indispensable, modelo para toreros y tema de muchas conversaciones, gracias al elevado nivel de calidad que imprimió en su trayectoria que cubrió los años de 1905 a 1925.

   Llama la atención el caso de José Marrero “Cheché”, diestro cubano que se avecindó en México entre la última década del siglo XIX y los primeros años del XX, siendo requerido constantemente por las empresas. El mismo caso recae en el español Leopoldo Camaleño quien incluso, estableció su residencia por algunos años en Celaya, lo cual sirvió para que consolidara sus propósitos también como empresario taurino. No pudo faltar en todo ese abanico de posibilidades, la presencia de las Señoritas toreras” cuadrilla cuyas actuaciones se extendieron por varios años, entre 1895 y 1905 aproximadamente, lo cual además de convertirse para entonces en curiosa representación, no dejó de levantar polémica, sobre todo por el hecho de que en tanto género, la sociedad de la época manifestaba su rechazo a través de varios síntomas de discriminación, habida cuenta de la fuerte carga machista que reaccionaba con duras señales de intolerancia. Tal es el caso de Ángela Pagés Angelita y Emilia Herrero Herrerita, anunciadas en Irapuato, la tarde del domingo 25 de febrero de 1906 como “Heroinas del toreo”, y además “Consideradas por todos los públicos de España, Francia, Portugal, México, Habana, Buenos Aires, etc”, quienes para entonces y en el lapso de once años, “llevan toreadas más de 550 CORRIDAS DE TOROS”. Además de Angelita y Herrerita, encontramos nombres como el de Juanita, Mariquita, Rita y María Rosario La Morenita.

   Indudablemente el ganado se convierte en otro tema de gran interés, pues deja ver cómo están presentes no solo aquellas haciendas reconocidas ya en su actividad; destinadas, entre otras cosas –como unidad de producción agrícola y ganadera-, a la crianza de toros de lidia. Evidentemente aparecen aquí los nombres de otras tantas que habrán tenido en sus tierras o potreros, los toros apropiados para la lidia, aunque es probable también que una buena parte de ese ganado también fuese criollo, lo cual no era una garantía absoluta ni en presentación ni en el juego que habrían de dar en los ruedos. Eran tiempos en que la fiesta, y en ese sector primordial de materia prima se encontraba en una recomposición fundamental, o que significaba dar con la condición más apropiada para afianzar su propio mercado, pero sobre todo el que aquellos toros fuesen aptos para el tipo de lidia que imperaba por entonces.

   Entre los múltiples nombres de dichas haciendas se encuentran los siguientes:

 El Paraíso, cuyo propietario era el Sr. Simeón Guerrero;

El Venadero, cruza española;

El Copal (divisa azul y blanco);

Tupátaro (divisa rojo y negro, propiedad de la Sra. Josefa Ocejo Vda. de Ruiz);

Tepechitlan;

Mezquite Gordo;

Cerro Gordo, toros trasladados desde Guadalajara con divisa blanco y rojo;

San Antonio De Carano (Puruándiro, propiedad del Sr. Don Genaro G. Arce);

San Antonio de las Alazanas;

La Loma de Zempoala;

Atenco, del estado de México;

San Diego de los Padres, del estado de México;

Maravillas;

Hacienda de la Concepción;

Ortega, del estado de Guanajuato, divisa azul y roja;

La Labor;

La Loma;

El Cubo;

La Calerilla;

Marijo [toros] garantizados por el propietario y con divisa, procedentes de Jalisco;

San Clemente;

Tepeyahualco;

Parangueo, divisa azul y blanco;

San Cristóbal, propiedad del Sr. Francisco Ederra, y pertenecientes al Estado de Guanajuato;

Santa Ana del Conde;

Hacienda de Merino;

El Salitre de Frías;

Cuaracurio, propiedad del Sr. Don Pablo Guzmán;

El Fuerte, divisa amarillo y rojo;

Cuchicuato, divisa negro y rojo;

Hacienda de San Juan;

La Joya;

Tres Villas;

Santa Bárbara, propiedad del Sr. José Ana Casillas, estado de Jalisco;

Puertas de Palmillas;

Concepción de Maravillas;

Jalpa;

California;

Sarabia;

Ojo Zarco;

Cañada de Caracheo;

Bachimba, estado de Chihuahua;

Hacienda de Pastores;

Espíritu Santo, cruza española, vecina de San Luis Potosí;

Hacienda del Cubo;

Peñuelas, de Aguascalientes;

Guadalupe;

Sardina, propiedad del Sr. D. Gregorio Guerrero, de esta ciudad de León;

Pabellón, estado de Zacatecas;

Santa Teresa, propiedad del Señor J. Trinidad García, vecino de esta ciudad de Salvatierra;

Mirandillas;

Corralejo;

La Noria;

San Antonio Viachuelo;

Sandía;

Frías, divisa rojo y gualda;

Tateposco, divisa rojo y azul;

Santín, del estado de México;

La Sauceda, estado de Jalisco;

San Nicolás;

Santa Bárbara;

Noria de Charcas, estado de Guanajuato;

Bocas, San Luis Potosí;

Cazadero, de cartel en México y cruza española del Exmo. Sr. D. Eduardo Miura, con divisa amarilla y roja;

Cuisillos;

La Vega, y

Cañada de Negros.

    Como puede observarse, la cantidad de haciendas y otras unidades ganaderas era notable, mismas que durante un buen número de años deben haber surtido de toros a plazas que no sólo son las del estado de Guanajuato. Muchos de estos nombres aparecen también registrados en otros sitios del país donde se celebraban con cierta frecuencia festejos taurinos. Si bien, el legajo que ordenó Agustín Lanuza Romero solo nos deja contemplar lo sucedido entre los años de 1873 y 1923, lo que significan 40 años de actividad, no quiere decir por un lado que sea el concentrado de todos los festejos, pues sólo en el caso de Celaya, espacio que he estudiado en otro trabajo,[6] aparece, entre esos años, un destacado cúmulo de datos que, para tener una cierta idea del mismo, me gustaría traer hasta aquí, aquellos que cubren el periodo comprendido en las fechas extremas del grupo documental organizado por el Sr. Lanuza Romero. Cabe aclarar que, aprovechando la existencia de algunas de las evidencias que corresponden precisamente al caso de Celaya, estas se han incorporado en los puntos cronológicos que así ha sido preciso para dar con una mayor certeza de los datos y las noticias recogidas previamente.

   Tema no menos importante es el de las imprentas locales, de las cuales salieron todos los impresos aquí revisados, y que dan una idea de los nombres de aquellos talleres que en su momento tuvieron intensa actividad. Tal es el caso de la “Tipografía de EL BARRETERO”, J. Palencia o G. Bravo Imp. (Silao). Tip. de F. Rodríguez de Silva, Imprenta Vargas o Imprenta Moderna (Irapuato). Imprenta Moderna y la Imp. Por S. Salas, “Plaza de la Reforma” (Gavira). J. M. Zamudio. Imprenta de Teodomiro Ginori (Celaya). Imprenta “La Propaganda Literaria” o Imp. Moderna (Guanajuato). Tip. Guadalupana y Taller de Rayados de Camilo Segura, Tip. F. Verdayes o la Tip. De J. Rodríguez e Hijo (León). Tip. Franco & Cía. (Pueblo del Jaral, Gto.). No faltaba la elaboración de estos mismos impresos, encargo que se hacía directamente a las imprentas de la ciudad de México. Tal es el caso de la Tip. de José del Rivero, Talleres de la Tipografía Artística, 3ª de Revillagigedo 2, México, los Talleres de Lozano –D. DE A.- en Monterrey, N. L., o la Imprenta Popular, calle del Rosario Letra E. de Garay y de la Rosa, en S.L.P., por ejemplo.

(. . . . . . . . . .)


[1] Además, autor entre otras obras de: Romances tradiciones y leyendas guanajuatenses. Por (…). México, E. Gómez de la Fuente, 1908. 329 p. Ils., fots., dibujos.

[2] Se trata de la deuda contraída con el gobierno de los Estados Unidos de América, conforme á la convención de 4 de Julio de 1868, misma que pudo satisfacerse, “sin necesidad de recurrir á arbitrios extraordinarios, si bien, sí, aceptando el concurso patriótico de los mexicanos y principalmente de los empleados civiles y militares, quienes depositaron y continúan depositando en las arcas públicas el producto de subscripciones voluntarias destinadas á aquel objeto”. Estas declaraciones, forma parte del discurso de Porfirio Díaz al inaugurar el último periodo de sesiones del octavo Congreso. Abril 1, 1878. Y discurso al abrir el primer periodo del primer año de sesiones del noveno Congreso. Septiembre 16, 1878.

[3] Guía General del Archivo Histórico. Guanajuato, Archivo General del Gobierno del Estado, Talleres Gráficos del Gobierno del estado de Guanajuato, 2001. 298 p. Ils., fots., facs., maps.

[4] Op. Cit., p. 243-4.

[5] Ibidem, p. 265.

[6] José Francisco Coello Ugalde: Celaya: Rincón de la provincia y su fiesta de toros durante cuatro siglos. Celaya, Gto., Instituto Tecnológico de Celaya, Centro Cultural “Casa del Diezmo”, y Bibliófilos Taurinos de México, A.C., 2002. 168 p. Ils., fots., retrs., maps. Presentado el 16 de diciembre de 2002 en el “Panteón Taurino” de Celaya, Gto. Si bien esta es la primera edición, muchos de los datos aquí mostrados, ya corresponden a la segunda edición, corregida y aumentada que, hasta estos momentos se mantiene inédita.

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