EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Señora Empresa:

   Usted no tiene la culpa de que la manejen así, pero lamentablemente en su honesta condición, se vienen escudando una serie de oscuros personajes, que la administran, e incluso hay otros que ya en pleno desarrollo de los festejos que ocurren en su plaza, se dicen representantes de la autoridad. De plano, no sirven para maldita la cosa. Todos están coludidos para hacerla como quieren, para enseñarse en usted que sigue empeñada en demostrar que la fiesta de toros en México tiene futuro, siempre y cuando se permita la lidia de toros con la edad reglamentaria. Siempre y cuando existan empresarios honestos y transparentes en su ejercicio. Siempre y cuando las autoridades con conocimiento de causa, y no meros objetos decorativos en el palco del “Juez” o del callejón, sirvan para ejercer el derecho y no la obsequiosa y consecuente alcahuetería, con lo que una vez más queda demostrado, que la justicia no existen en este país. Incluso en el espectáculo de los toros.

   Habemos un amplio sector de aficionados que nos preocupamos por su salud y su futuro, el que lamentablemente no puede pronosticarse como bueno hasta en tanto no se depure el viciado monopolio en que han caído algunas plazas, pero sobre todo la de la capital del país, víctima de ese afán de hacer las cosas sin respetarla en nada. Quisiéramos ver la plaza llena de “bote en bote” cada domingo o tarde de toros, y la única respuesta es una asistencia que en nada se corresponde con el aforo de su plaza. Las causas pueden ser muchas: el costo de las entradas, la calidad sospechosa que se ofrece en carteles que siendo buenos varios de ellos, en lo que va de esta temporada 2013-2014, apenas si han tenido capacidad de respuesta. Estos tiempos ya no están para hacer de la fiesta una “juerga” o un bacanal en que su desarrollo está sujeto a los caprichos de unos señores con mucho dinero, y otros con un abierto y descarado gesto de prepotencia que espantan y ofenden. Esos dineros –que espero sean honestos-, vienen de empresas muy poderosas, aunque se teme que sus finanzas estén empañadas con números y balances que no responden al destino con que fueron aplicados. Por más valiente que sea una empresa por defender el patrimonio de su administración, no se explica cómo ante una escalada de pérdidas siga tan campante la que se encuentra instalada en la plaza “México”.

   ¡Cuántas, cuántas cosas malas suceden a sus espaldas!

   Son muchas y están a simple vista, hasta de aquellos que no suelen acudir con frecuencia a la plaza de toros “México” o que se encuentran en proceso de convertirse en aficionados para toda la vida.

   Pero también podríamos hablar de las cosas buenas. Podríamos, pero son tan pocas, como el reciente acontecimiento del que fuimos testigos apenas el domingo pasado, 1° de diciembre, en que se lidiaron toros, que esa es, en esencia, la principal materia prima, pero que vemos tan de vez en vez. Quisiéramos que ese fuera un denominador común, aunque parece que les incomoda por el enorme peso de intereses que privan en el medio, y que someten a cualquiera, al punto de que lo que terminamos viendo es la fiesta que nos merecemos, y ya no son tiempos para tamaña mediocridad.

   Que la fiesta es grandeza, por supuesto. Que la fiesta es un negocio, si se le sabe administrar correcta y debidamente, también. Pero para que eso suceda deben estar al frente personas con alto grado de responsabilidad, cuyo digno trabajo se vea reflejado en el pleno convencimiento de que nos ofrecen un espectáculo de calidad. No es casual por tanto que, en los siete festejos ya presentados, no se haya experimentado un solo lleno en los tendidos, a pesar de que los carteles tienen el suficiente peso específico de atracción. Por eso es que se insiste tanto en términos de una calidad que no encontramos, por lo que muchos aficionados terminan por no acudir, en espera de tiempos mejores.

   La acumulación de esos defectos tiene un límite, y si debemos ayudarla a que recupere su digna presencia, lo haremos en el entendido de que no podemos seguir tolerando lo que simple y sencillamente se considera como “abuso de confianza”. Lamentablemente las voces que deberían estar al “alba” en estas circunstancias son muy pocas, mientras el resto calla en una lastimosa complicidad que solo conviene a sus intereses.

   Hacemos un llamado para recuperar su imagen, su digna presencia evitando, de igual forma, que motivos como los aquí planteados, se conviertan en suficientes razones de peso para los que desde trincheras contrarias, sigan contraatacando con el fin de denostar un espectáculo anacrónico metido en plena modernidad, complicada ecuación que es, en estos tiempos, la principal bandera para su desaparición. El toreo, como patrimonio o como legado debe ser nutrido y estimulado permanentemente para garantizarle permanencia, aún en los tiempos que corren.

5 de diciembre de 2013.

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