ENSAYO MAYOR SOBRE EL ORIGEN DE LA GANADERÍA EN MÉXICO. 1 DE 2.

MUSEO GALERÍA TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En la insistente búsqueda por aclarar orígenes del toreo en México -es decir, en la Nueva España- un tema personal y obsesivo es el de la ganadería. Hasta hoy, veo que ha sido muy difícil conmover la idea generalizada de los aficionados, en el sentido de que Atenco, como primer hacienda ganadera establecida en estas tierras contuvo desde su génesis misma una raza específica: la navarra.

   Con el ensayo que a continuación presentaré, intento poner en claro un amplio conjunto de ideas cuyo razonamiento está basado en dos importantes fuentes de exploración. Me refiero a “Los orígenes de la ganadería en México” de Narciso Barrera Bassols, aparecido en CIENCIAS Nº. 44, revista de difusión de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, octubre-diciembre de 1996 (pp. 14-27). Asimismo del español Pedro Romero de Solís se tiene el ensayo “Cultura bovina y consumo de carne en los orígenes de la América Latina” (pp. 231-55) publicado en CULTURA ALIMENTARIA ANDALUCÍA-AMERICA cuyo compilador es Antonio Garrido Aranda. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, Programa universitario de alimentos. (Historia General, 17). 255 pp.

   Barrera Bassols nos dice en un primer acercamiento acerca de lo que significó el proceso de la conquista y su tránsito a la colonia:

 La conquista europea de América, la instauración de un sistema colonial en la Nueva España y el arribo de nuevos mamíferos (vacas, caballos, cerdos, asnos, mulas, cabras y borregos) han tenido profundas consecuencias en la historia de los últimos 500 años de esta porción de Mesoamérica. De acuerdo con los trabajos de Crosby, podemos decir que una de las más importantes fue el derrumbe demográfico de las sociedades del “nuevo continente” como resultado de la pérdida de un enorme número de vidas humanas por las enfermedades importadas del Viejo Mundo, las guerras emprendidas contra los indios mesoamericanos y el maltrato y esclavismo a que fueron sujetos los pobladores originales de estas tierras.

   El súbito despoblamiento trajo consigo la oportunidad de repartir y colonizar los nuevos territorios “vaciados” para el usufructo de los nuevos actores sociales, bajo un nuevo sistema económico: el colonial. Durante la Colonia, la ganadería bovina -con una densa historia tanto ibérica como africana- constituyó el eje central del repoblamiento y conformación del Golfo mediante las mercedes y las encomiendas, el despojo de las tierras indias y el arribo de esclavos africanos.

    Este fenómeno ocasionó un giro muy importante para las condiciones de vida en nuestro continente, dada la agresividad con que se presentó, tomando a muchos naturales totalmente desprevenidos ante las enfermedades y/o epidemias, y peor aún, bajo el sistema de explotación con el que llegaron imponiéndose los hispanos. Así también, este grupo conquistador y colonizador a la vez, con ese doble objetivo por permanecer en estas tierras tuvo la necesidad de los complementos de vida cotidiana, por lo que la incorporación del ganado (en sus diversas modalidades) pronto se desarrolló y extendió en buena parte del territorio novohispano, mismo que quedó condicionado al reparto, mercedes y encomiendas que surgieron tan pronto concluyó la conquista.

   Frente a este fenómeno, los naturales no supieron como actuar, terminando por ser sometidos, despojados y desplazados de sus medios de producción, mismo que empezaron a absorber, aparte de los españoles, un buen grupo de esclavos africanos. Pero no solo ocurrió esto, el mismo ganado en general creció y se desarrolló de tal manera que afectó radicalmente las formas de vida de muchos grupos indígenas que no tuvieron otro remedio que emigrar a sitios distintos, padeciendo consecuencias muy graves.

   Un apartado nos refiere la condición que tuvo que darse para el desarrollo y la extensión masivos de la ganadería “bovina”, es decir

a)se manifestó una reducción de la población mesoamericana entre los años 1521 a1621 a causa de la conquista, pero sobre todo, de epidemias.

b)Congregación de indios por encomienda.

c)El lento repoblamiento de los territorios nuevos por parte de españoles (fundamentalmente por efecto de las “mercedes”).

 AHT24RF1637

 Archivo General de la Nación: Ramo: VÍNCULOS. Vol. 276, exp. Nº 4: “Autos fechos a Pedimento de D.a Catalina Pizarro hija natural de D.n Hernán Cortés Marqués del Valle contra D.a Juana de Zúñiga marquesa del Valle sobre ciertas escrituras y donación” (1557). Selección de diversas fojas, donde se realiza un interrogatorio a diversos habitantes de la zona del valle de Toluca, quienes afirman que, desde 1528, el Lic. Juan Gutiérrez Altamirano se había posesionado de tierras pertenecientes entonces al Marquesado del Valle de Oaxaca, y que luego fueron modificadas al entorno del que surge la encomienda –más tarde hacienda- de Atenco.

    Todo esto permitió que la reproducción del ganado fuera masiva, y por ende, hasta peligrosa, puesto que no habiendo zonas limitadas se replegó a sitios que no eran su origen mismo, tornándose mostrenco, montaraz, cerrero o “cimarrón”; salvaje en consecuencia por encontrarse fuera de control.

    Fue a la Vera Cruz adonde arribaron las primeras reses a la Nueva España, e inclusive se conoce el nombre del primer y aventurado propietario que desembarcó sus ungulados: Gregorio de Villalobos. Éstos se convirtieron en los ancestros de los hatos que pacieron en las tierras altas y centrales de la Nueva España durante la Colonia, en un periodo de casi 300 años, mas no así de los bovinos que llegaron a la región del Pánuco.

    Este Gregorio de Villalobos, uno de los primeros en arribar a nuestras tierras traía consigo el hato ya indicado, procediendo a su conducción y establecimiento, como ya se dijo, entre las tierras altas y centrales de la Nueva España así como del Pánuco.

   Algunos estudiosos -como Simpson- estiman que para 1620 pastaban alrededor de 1,300,000 cabezas de ganado vacuno y 8,100,000 borregos y cabras concentrados en una superficie de 77,000 Km2 contra 1,800,000 habitantes (indios en su mayoría). Por su parte Butzer estima que de 10,000 mercedes pastaban de 1,5 a 2 millones de cabezas en un área estimada de 150,000 km2 “con un índice de agostadero promedio de una cabeza por hectárea”.

   Sin embargo, uno de los datos más importantes se fundamenta en un estudio de Jordan donde

 se reconocen tres importantes centros de desarrollo cultural ganadero que, a la luz de intensas investigaciones etno-históricas, resultan los nodos de origen de la ganadería bovina en las Américas. Dos de ellos se encuentran en el occidente de Europa: las tierras altas de las islas Británicas y el oeste y sur de la península ibérica. El tercero se localiza en las estepas subsaharianas del occidente de África.

    En principio, este supuesto o afirmación deriva de un profundo análisis donde es importante ubicar las zonas donde proceden las raíces ganaderas de América.

   El grupo de conquistadores llegó acompañado de esclavos africanos con quienes reforzaron los lazos económicos y culturales que atendían a las ganaderías en su conjunto, demostrando ser los primeros administradores.

   Viene a continuación el punto central de estas observaciones. Narciso Barrera Bassols remonta a la ganadería hispana “desde mucho antes de la época medieval” gracias a la presencia de godos, árabes y bereberes, quienes contaban con amplios conocimientos alrededor de la crianza del ganado sin más. De esto, tres son los principales núcleos de desarrollo ganadero en la península:

 La Media Luna Húmeda en el norte y noroeste, incluyendo la mayor parte de Portugal, Asturias, Galicia, Euskadi y Cataluña. Aquí se desarrollan ganaderías lecheras de montaña en combinación con complejos agrícolas. Las ganaderías de borregos, cabras y reses de las tierras altas, en Extremadura y fundamentalmente de Andalucía. Estos últimos núcleos íntimamente articulados se constituían por complejos ganaderos especializados en la producción de carne a partir del manejo extensivo de los hatos y la producción lechera no era importante. Estas dos últimas regiones constituyen los verdaderos centros de origen de las ganaderías latinoamericanas.

    Específicamente, el “nodo central de origen” lo localizan diversos autores en las costas andaluzas, extremeñas y portuguesas denominadas marismas, especialmente en la de mayor extensión y de gran tradición ganadera: las marismas del río Guadalquivir, cercana a la ciudad andaluza de Sevilla, en donde en el momento del descubrimiento de América el desarrollo bovino, en palabras de Jordan, mantenía las siguientes peculiaridades: “El sistema andaluz de ganadería en Marismas, entonces, representó una adaptación particular a un ambiente físico singular. En la época del descubrimiento de América, los sistemas usados en las tierras bajas eran de capital y trabajo extensivos, caracterizados por manadas grandes de animales sin castrar dirigidas por vaqueros a caballo no experimentados: por una gran proporción de ganado vacuno y una baja de ganado menor; por una mesta municipal reguladora, por un desplazamiento local y de temporada del ganado; por la ausencia de pobladores en las marismas, esto es, los dueños del ganado no cultivaban en las inmediaciones de los terrenos ocupados por el ganado; por un alto grado de comercialización y una creciente competencia por la pastura, con un significativo reemplazo por la agricultura. Aquí, propiamente, se encuentra la semilla de la ganadería en América Latina”.

   Las afirmaciones del autor no deben considerarse rotundas, definitivas, pero sí esenciales para explicar los puntos de origen de una ganadería que se trasladó a América en los tiempos de descubrimiento y conquista fundamentalmente. Cuanto haya ocurrido en el periodo colonial lo dejaré para un apunte posterior.

 AHT24RF1638

Archivo General de la Nación: Ramo: VÍNCULOS. Vol. 276, exp. Nº 4: “Autos fechos a Pedimento de D.a Catalina Pizarro hija natural de D.n Hernán Cortés Marqués del Valle contra D.a Juana de Zúñiga marquesa del Valle sobre ciertas escrituras y donación” (1557). Selección de diversas fojas, donde se realiza un interrogatorio a diversos habitantes de la zona del valle de Toluca, quienes afirman que, desde 1528, el Lic. Juan Gutiérrez Altamirano se había posesionado de tierras pertenecientes entonces al Marquesado del Valle de Oaxaca, y que luego fueron modificadas al entorno del que surge la encomienda –más tarde hacienda- de Atenco.

    Descubro en un plano de la península española que la provincia de Navarra se localiza al norte del punto de donde fueron enviados los principales elementos con que se garantizaba la continuidad de vida para el español en América con todos sus espectros comunes.

   Así que Extremadura y Andalucía son las provincias que nutren a la ganadería latinoamericana misma que debe haber seguido el sistema de “manadas grandes sin castrar” que otros caballeros se encargaron administrar, aun y con la gran tasa de sobrepoblación de cabezas de ganado, distribuidos por aquí y por allá, sin orden ni concierto. Estos caballeros fueron los vaqueros, o mejor dicho, las raíces del charro mexicano que aprovechará esta nueva circunstancia. Entre todas esas condiciones surgen las primeras ganaderías, una de ellas, Atenco, de la que este apunte busca plantear un origen distinto pero tan afín a realidades que se vienen proponiendo con bases sólidas e históricas.

CONTINUARÁ.

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