CRÓNICA DE ALGUNAS COSAS VISTAS y NO VISTAS. LA SEXTA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Cuando este domingo 16 de diciembre de 2013, llegué a ocupar mi lugar de costumbre en los tendidos de la plaza monumental “México”, la desolación cubría aquel triste escenario, al punto de que la entrada fue precisamente parte de un efecto, respuesta contundente de miles que prefieron o ir o ver un partido de futbol que mantuvo en vilo a otros tantos millones de mexicanos, ansiosos de perderse, ansiosos de diluir las penas ocasionadas por un reciente e indigno capítulo en la política nacional como fue la aprobación de la Reforma energética y la artera modificación a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución Política, con lo que se deja a México y sus recursos con las puertas abiertas para que el capital y los intereses extranjeros hagan y deshagan ante la complacencia de sus mal habidos políticos, que ni el aliento dejaron para este país, el cual sigue desmoronándose.

   En esas estábamos cuando un manojo de asistentes a esta plaza emblemática nos dispusimos a desentrañar una vez más el ofensivo y grosero proceder de la empresa, así en minúsculas, que ya concluyó con el hecho de no querer seguir mostrando parte de su responsabilidad al ocultar sistemáticamente la materia prima, es decir, en lo que basa la integración fundamental de su negocio. La gente, los aficionados ya no se chupan el dedo y prefieren otros asuntos que someterse al engaño vil. Bien lo decía y sigue diciendo aquel viejo adagio: “Fraile Mostén, tú lo quisiste… tú te lo ten”.

   Los Cues es una ganadería propiedad de personas ligadas desde hace muchos años con la crianza del toro bravo. Lo que seleccionaron y enviaron a la plaza “México” fue un conjunto de ejemplares que, en presentación cumplieron en lo justo, aunque en pinta y cornamenta hubiese una especie de desequilibrio, lo cual indica procedían de diversas líneas o “reatas” como puede apreciarse en las siguientes imágenes:

LOS CUES_16.12 El Programa coleccionable. México, D.F., año 27, N° 932. Programa de mano para el festejo del 16 de diciembre de 2013 (páginas centrales).

    En cuanto al juego este fue inestable como extraño, en el que sólo el cuarto fue el encargado de salvar de la debacle aquel rotundo fracaso. Criados en Querétaro, donde la diferencia de altitud con respecto a la ciudad de México no es muy notoria, el hecho es que en su comportamiento parecía haber altos grados de congestionamiento, aunque también podría tratarse de algo que en lo personal etiquetaría como un “salto pa´tras”, estimado que no peyorativo de aquella segmentación social del virreinato, constituida de 40 diferentes castas, una de las cuales, el “salta para atrás” o “torna atrás”, fue resultado de que se juntaran o “arrejuntaran” un “no te entiendo” y una india, los que a su vez vendrían de un “tente en el aire” y una mulata… hasta que el origen de todo este mestizaje se produjo en el encuentro del padre español y la madre india. Con el tiempo, tal designación cobró otros significados, con el que ahora pretendo explicar el resultado de un esfuerzo que no fructificó, pues no es otra cosa de aquello que en genética podría entenderse como una degeneración. Esos toros no embestían a las claras, hicieron extraños durante la lidia. De pronto pegaban arreones, de pronto echaban las manitas por delante. Rascaban la arena, reburdeaban y sus embestidas eran descompuestas, incompletas, sin entregarse al engaño, sin humillar. Otros hacían asco al capote o a la muleta en el insistente llamado al que no acudían, por supuesto.

   Antes de elaborar estas notas para compartirlas con ustedes, me tomé la precaución de platicar con un entrañable y buen amigo, que tiene de convivir con los toros, creo yo, toda la vida, así que eso permitió que me explicara, desde su sentir personal qué fue lo que percibió sobre el inestable juego de los pupilos que procedían de Los Cues.

   Se parte del hecho de que el semental no “ligó” con la o las vacas, aún a pesar de que uno o varios ciclos atrás esa misma fuente hubiese dado “bueno”. Es posible que diversos factores externos, como en todo ser viviente, afecten el destino, y en este caso –apunto a título personal-, el carácter que nos define, y que define a los toros para mostrar esas virtudes que los aficionados anhelamos: bravura, nobleza, casta.

   Ahora bien, todo parece indicar que el balance de lo que vimos y presenciamos el domingo fue que de estos toros todo, o casi todo, “salió pa´mal”, pues fallaron en el resultado, aunque no en el trabajo y el esfuerzo invertido, no sólo el de la ganadera sino el de toda su gente, lo que significa un golpe muy duro, un fracaso. Si él o los sementales. Si la o las vacas elegidas en esta ocasión no ligaron como era de esperarse, ello debe llevar a un profundo análisis, a una reposada reflexión, evitando en lo futuro que vuelvan a repetirse este tipo de fenómenos o ciclos indeseables que la genética, independientemente de que es genética quizá no permita prever, conservando para sí ese misterioso secreto del que por ahora, no se produjo ninguna cosa extraordinaria. Hubo incluso toro que, haciendo cosas de manso en el tercio de varas, se le picó hasta con ganas de hacerlo pasar como un “manso” de solemnidad. Tal escena ocurría en contraquerencia. De haberse sabido hacer las cosas como indicarían ciertos procedimientos, la orden, venida del palco de la presidencia hubiese sido: “píquese en la querencia”. Esto en consecuencia, habría sido elemento suficiente para demostrar que el astado era o no manso, como para entonces proceder a su devolución. Pero lo desordenado del tercio mismo lo impidió todo.

   Pues bien, con tales galimatías fue que Rafael Ortega, Juan José Padilla y Salvador López en verdad, se las entendieron, batallaron y contendieron para ofrecer lo mejor de sus voluntades.

   Rafael venía a despedirse luego de dos décadas como matador de alternativa y algún tiempo más como novillero. Es cierto, el tiempo no pasa en balde ya que con 43 años de edad, en plenitud de facultades, aún así no dejó de ocultar ciertas y limitadas condiciones en que ya es notorio más la fibra de madurez que la fibra de juventud, la cual hizo falta a la hora de resolver el conflicto en el segundo tercio, del que salió airoso, a pesar de esos pequeños detalles, los que terminó perdonándole el público, sabedor de que se despedía, con lo incluso, iniciaba aquel capítulo de considerárselo todo. Recursos, los tiene de sobra y con desparpajo resolvió una y otra faena. Rafael es de los toreros que han tenido que enfrentar toros a “contraestilo” o todo aquello que no quieren las figuras. Por eso se sabe absolutamente capaz del papel que jugó en esta tarde significativa para él y sus correligionarios, que fueron legión.

   Justas eran ya de por sí ese par de orejas que se concedieron por su honrosa labor en el cuarto, pero esas concesiones a destiempo, “fuera de cacho” que suceden con frecuencia, terminaron doblegando al juez, o este terminó doblegado ante alguna orden venida de ya sabemos donde, por lo que a poco ondeaba el pañuelo verde que concedía el rabo. El desencanto de los escasos aficionados vino a reafirmarse con tan desacertada como inoportuna concesión. Por fortuna, Rafael que “no se cuece al primer hervor” tuvo el detalle de agradecer tal exceso, pero devolvió en un tris al alguacilillo aquel apéndice de más, y en alarde triunfal exhibió en el momento preciso las dos orejas que eran, eso sí, el justo homenaje a la despedida, que no terminó en demagógica demostración de ironías mal habidas.

   Por su parte, Juan José Padilla, sobrado de recursos vino a reafirmar sus grandes capacidades, aunque quedara en el aire esa falta de equilibrio. Con todo y que terminara resolviendo la papeleta, hubo momentos en que simplemente no era necesario “gastar pólvora en infiernitos”, con alardes innecesarios, pero tan indispensables en su puesta en escena, que por eso lo llaman el “Ciclón de Jerez”. A oreja por toro obtuvo también la merecida salida en hombros, junto con Rafael Ortega.

   Y si algo hay que decir de Salvador López, quien confirmó esta tarde, es que todo lo realizó con esa pulcritud en la que cada movimiento parecía estudiado previamente, pero sin alma. A su primero, con el que debió realizar un trasteo de mando muy al principio de la faena, se concretó en repetir la misma faena, la que ponen en práctica la mayoría de los diestros que en ese afán de “pegapases”, imponen un toreo que seduce a las masas; tiene forma pero no fondo.

   Y así, en medio de ese panorama, que da para pensar en muchos aspectos, salimos de la plaza, iluminada esta vez por una farola más, la luna, que lucía en verdad imponente.

17 de diciembre de 2013.

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