Archivo mensual: enero 2014

NUEVOS DATOS SOBRE MARÍA AGUIRRE “LA CHARRITA MEXICANA”.

MUSEO-GALERÍA TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

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José Guadalupe Posada. María Aguirre “La Charrita Mexicana”. Grabado en relieve de plomo.

Fuente: Carlos Haces y Marco Antonio Pulido. LOS TOROS de JOSÉ GUADALUPE POSADA. México, SEP-CULTURA, Ediciones del Ermitaño, 1985.

   No encontrando de pronto, un perfil biográfico sobre nuestra protagonista, y buscando por aquí y por allá, di con una interesante publicación que fue un suplemento del desaparecido diario capitalino El Heraldo de México. Tal ejemplar dedicado a los charros mexicanos en su día, que por cierto se celebra el 14 de septiembre de cada año, salió a la luz el 14 de septiembre de 1966, por lo que habiendo transcurrido casi 50 años de su aparición, me parece oportuno aquí un par de asuntos, que pongo a la consideración de todos los lectores de este blog. Por un lado, la agradable sorpresa de haber encontrado en su interior algunos datos que refieren la vida y las hazañas, así como las tribulaciones de María Aguirre “La Charrita Mexicana”, mismo que incluiré a continuación. Y lo segundo es que, como un obsequio de las APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS, adjunto también un archivo  (en extensión PDF)  que incluye la totalidad de la reproducción digital de ese ejemplar, del que he venido dando cuenta y que, por su contenido, me parece que pondrá a la comunidad de charros en este país, y en el extranjero a “relamerse los bigotes”. Fue un suplemento producido por Leovigildo Frías Escárcega y R. García Bravo y O., con la supervisión de Agustín Barrios Gómez.

   ¡Vaya pues por ustedes, “en homenaje de admiración a su recia figura y a lo que simboliza!” 

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LA CHARRERÍA EN MÉXICO

 LA CHARRERÍA EN MÉXICO

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 HOY, EL TOREO ES SUMMA DE TODAS AQUELLAS EXPERIENCIAS FORJADAS EN SIGLOS DE ANDAR Y ANDAR.

    Las presentes notas fueron escritas en 2003. Sin embargo, al releerlas, siguen sin perder actualidad, de ahí que convenga ponerlo a la consideración de los lectores de este blog.

    Recién he leído un artículo de José Carlos Arévalo, que demuestra ser una visión actualizada, una interpretación inteligente también del anquilosado y esclerótico argumento de la tauromaquia, como principio de las reglas del toreo de a pie que se dan la mano con el arte, así sin más.

   Dice Arévalo:

 El toreo de brega, o el de lidia, pues también la suerte de varas es toreo, es un medio, mientras que el toreo del matador en un fin. (…) Hoy la lidia tiene por objeto que el diestro cuaje al toro, se funda con su embestida y, como colofón, lo mate cuando el animal ha dicho todo lo que tenía que decir. Y, por supuesto, también su matador.

   Todos los miembros de la cuadrilla están a las órdenes del matador, median con el toro para que se preste, gracias a la brega, al toreo. Hacen un toreo que al buscar la eficacia se puede encontrar con el lucimiento…

    Y aquí lo destacado

 Toda la técnica taurómaca está en el toreo de brega: la colocación en el cite, la altura en la presentación del engaño, la distancia, el toque de la tela o de la voz, e incluso la quietud cuando el toro es bravo y hay que poderle o acostumbrarle a ir toreado (6TOROS6 Nº 383, 30 de octubre de 2001, p. 3).

    De pronto resultaba difícil entender que el toreo, tal y como lo apreciamos hoy día no empezara a tener válvulas por donde escapar y peor aún que no se le pudiera identificar, como ya ocurre, afortunadamente. Pero no solo es su identificación, se trataba de encontrar una explicación lógica, para intentar separarse de su razón convencional bajo la égida de Pepe Hillo y Paquiro, cuyos tratados han sido desde que surgieron dogma y principio con los cuales infinidad de diestros han logrado lo mejor de su expresión.

   ¿En qué medida la TAUROMAQUIA entendida como tal, permanecía o permanece estática en cuanto a su necesaria evolución respecto a los tiempos que han corrido, desde que surgió como un ejercicio de técnica y arte hasta hoy?

   Cualquiera me diría, entonces ¿no han valido de nada las aportaciones y enriquecimientos hechos por multitud de toreros vistiendo con su técnica y su arte las diferentes propuestas que hacen crecer nuevos ramajes en el árbol imponente de este ejercicio?

   Vayamos por partes. Lo primero que debo reconocer es que no ha sido en balde el papel desempeñado por distintas generaciones. Pero a donde quiero llegar es a la explicación de si siguen siendo útiles los tratados de 1796 y 1836 o ya se ha manifestado una natural separación de los mismos para depositarse en una nueva versión, o en aquellas nada más que corregidas y aumentadas.

   La Declaración de los Derechos del Hombre, surgida a fines del siglo XVIII, pretendía en sus contemplaciones originales la justicia del equilibrio, el respeto mutuo fuesen hombres o mujeres quienes desempeñaran en la sociedad actividades propias de su sexo. Esto, al cabo de los años sigue siendo algo que no ha sabido interpretarse, pues existen de por medio infinidad de prejuicios que han originado o provocado un repliegue de la mujer, misma que ha luchado a contrapelo para ubicarse en un lugar que le corresponde y aún así, todavía se tienen que enfrentar a la oscuridad de ciertos malsanos pensamientos.

   Viene el ejemplo como muestra de que lo convertido en principio elemental para cumplirlo como lo hacen los cristianos con los 10 mandamientos, no se cumplen a cabalidad. Podría haber leyes que son infranqueables, que sin ellas muchos principios simplemente no se cumplen. Esto posiblemente no pase en los toros. Los tratados, junto con los reglamentos han procurado normar y controlar el relajamiento propio de la fiesta y como tal, la de toros –en su concepto de a pie- sea la más vigilada. Aún así hay fugas.

   Pero estamos con el aspecto técnico, y debe reconocerse que se ha avanzado. Aquello que indicaron José Delgado y Francisco Montes, junto con otros diestros se ha puesto en práctica para corregir, y el acto correctivo es, en estos casos como aprovechar la embestida del toro para después entregarse a la plenitud que la técnica y el arte juntos son capaces de proyectar.

   Recuerdo una maravillosa frase aprendida en mi Facultad de Filosofía y Letras que dice: “La inteligencia y la profundidad no siempre van juntas”. La traigo a colación porque es muy probable que la inteligencia de la técnica y la profundidad del arte no siempre vayan juntas, aunque la condicionante “no siempre van juntas”, puede desaparecer en el éxtasis, en la cumbre, en el orgasmo maravilloso de una faena memorable, convirtiéndose aquella obra efímera, en piedra angular, en paradigma que fue capaz de romper con la norma y el principio.

   Es un hecho que la aportación de tantos toreros ha sido el resultado de cumplir con esos principios que, de tan asimilados parecen elementales, pero de tal complejidad que son asombran. Y ese hecho seguirá tan ligado a las viejas tauromaquias que ellos ponen al día, o la que resulte en los tiempos que nos toca vivir.

   El futuro nos atiza no una advertencia, sí la realidad que habrá de recibir y por eso la preocupación. Hoy, el toreo es summa de todas aquellas experiencias forjadas en siglos de andar y andar (más de algún traspiés se ha dado también). Y si todo este entorno lo establecemos en función de la técnica, porque el arte viene por añadidura, es debido a las etapas que sigue, luego de una exacta y precisa adecuación conforme a los diferentes periodos por donde ha transitado este maravilloso y fascinante ejercicio, adecuándose a estilos de torear, a embestidas diversas que provienen de tantas razas y castas, hasta llegar a conseguir dos cosas: pureza o comodidad. La economía de movimientos se une y hace alianza con el toreo. Hace un siglo la escenografía en el ruedo respecto a la de nuestro tiempo ha cambiado en la forma, no en el fondo. Un primer tercio demasiado largo, cuyo soporte era el exceso de capotazos, muchos quites e infinidad de puyazos con bajas en las cuadras era el tenor principal. Hoy, la sutileza de lances exactos, medidos, un recorte significativo en el castigo de los hulanos, sin faltar algunos quites, es la tónica.

   Ayer, el tercer tercio se limitaba nada más a preparar al toro para la estocada –entonces llamada suerte suprema-, con el toque de algunos pases sin ningún propósito de lucimiento. En nuestros días, la faena es larga, pródiga en series caudalosas de muletazos, donde la técnica se pone al servicio del torero, responsable de la continuidad y del arte que por sí mismo pretende desbordar.

   He aquí una puntual opinión que surge precisamente en los momentos en que el siglo XXI se ha puesto en marcha. Quizá sea con el tiempo uno más de los argumentos que aficionados o historiadores de las próximas generaciones tomen como referencia para encontrar un equilibrio, pero también un argumento para explicarse el fin o la continuidad del toreo como espectáculo en ese futuro que tanto me inquieta, tanto me desconcierta.

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DE LAS SUERTES QUE REALIZABA IGNACIO GADEA, ANTECESOR DE PONCIANO DÍAZ.

ILUSTRADOR TAURINO. SOBRE SUERTES TAURINAS MEXICANAS EN DESUSO. (VIII).

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Encuentro en El Siglo Diez y Nueve fechado el 11 de abril de 1853, p. 4 la siguiente nota:

EL SIGLO XIX_11.04.1853_p. 4

    Seguramente por aquella época, Ignacio Gadea era célebre por sus oportunas y valientes intervenciones en los ruedos, de ahí que el redactor sugiriese al personaje de a caballo como el apropiado para ser incluido en aquella cuadrilla, la que finalmente no fue integrada como era de esperarse. No pasó de ser un rumor.

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 El diestro poblano Ignacio Gadea banderilleando a caballo a dos manos, en el apogeo de su carrera. (Litografía que ilustra un programa de la época).

Fuente: Armando de María y Campos. Los toros en México en el siglo XIX, 1810-1863. Reportazgo retrospectivo de exploración y aventura. México, 1938.

   Si el poblano gozaba de ciertas virtudes, estas se concentraban en un dominio perfecto del caballo, mando en las riendas, control en los pies a la hora de picar espuelas, con lo que tenía ganado un gran terreno, además de lucir escalofriantes escenas en que se atrevía a colocar esos pares de banderillas, que luego quedaron recreados en diversos carteles en la época de su mejor esplendor, así como un legado del que, seguramente Ponciano y otros, como Lino Zamora, Pedro Nolasco Acosta o Arcadio Reyes también supieron recoger en aquella extensión que alcanzaba la tauromaquia montada a caballo.

   En el siglo XX, los ejemplos sobran.

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Charros mexicanos. Carlos Ruano Llópis.

   Cuando Gadea había tocado las fronteras de la decadencia, unos versos recuerdan no tanto sus hazañas, sino los riesgos que, para la edad avanzada con la que seguía actuando, dejan notar los sobresaltos de su aparición en escena. Esto, allá por 1885:

(……….)

 Ya la cuadrilla deja las capas,

A banderillas toca el clarín,

Nacho Gadea toma las suyas

Caballero en la yegua “SOMBRILLA”,

Briosa y gentil.

 

Váse a la fiera, mal refrenando

Sus muchos bríos y su temor.

Tras él, el toro corre furioso

Y alcanzando a la yegua, le hunde

El asta feroz.

 

¡Bárbaro! ¡Bárbaro! grita indignada

De sol a sombra la multitud

Llueven epítetos sobre el vejete

Y retira sangrando la yegua

El muy avestruz.

 (……….)

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CRÓNICA SOBRE ALGUNAS COSAS VISTAS y NO VISTAS. LA NOVENA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Habiéndome ocupado de las ausencias de tres grandes: Gelman, Fonz y José Emilio Pacheco, no quise mezclar tan profunda como delicada circunstancia con la de otras ausencias, las que percibimos ayer, en la plaza de toros “México”, precisamente cuando debe mencionarse el hecho de esa ausencia de bravura, casta y codicia de parte de un encierro disparejo en presentación que fue enviado desde las dehesas de Villa Carmela. Ausencia, también la de Rodolfo Rodríguez “El Pana” que, con despedida anunciada, todo quedó en “correr un tupido velo…” ante la discreta, discretísima, desafortunada comparecencia del tlaxcalteca, quien habiendo llegado a la plaza en olor de santidad, salió de la misma bajo el manto de un silencio cargado de penas. De un José Antonio Camacho “Morante de la Puebla” que dio la impresión de haber acudido a la plaza más a fuerzas que de ganas y apenas cubrir el expediente con este o aquel detalle, sin ir más lejos, con un lote que adoleció de casta y presencia. No merece más apunte que su aparición con nombre y apellido en el cartel, que no se correspondieron con la expectación habida hacia su persona y su quehacer como torero artista, ausente también en la plaza.

   Quien demostró sus amplias capacidades fue “Joselito” Adame.

   Personalmente no me quedo con la idea de que su primer ejemplar, de Villa Carmela se hubiese estrellado en el burladero, habiendo quedado inútil para la lidia, bastando para ello un derrote que no era suficiente motivo para tan lamentable desenlace. Desde su salida, que se vio precedida de un sospechoso movimiento en el callejón, y donde los dos subalternos colocados en el burladero a la izquierda del de “Matadores”, parecían recibir la orden precisa de algo que parecía venir de un mensaje cifrado, culminaron con aquella pretensión de hacerle daño al segundo de la tarde. Pero desde que salió, su cornamenta ya era motivo de sospecha. Se trataba del N° 149, “Siempre alegre” de nombre, ejemplar cuya imagen no apareció por lo menos en el Programa de mano. Al encontrarse en el ruedo, una oleada de extrañas reacciones llevó a este ejemplar, que por cierto “se comía” el capote de “Joselito” Adame, el cual tuvo que lancear a la verónica con cierta rapidez, lo que redujo el rango de posibilidades en ser él quien atenuara aquellas ciegas embestidas, rematando dignamente su primer saludo en la tarde. De ahí que plantee la siguiente pregunta: ¿Podría pensarse que ese “toro” ya había rematado en el cajón, en los pasillos o en el “Calentadero” de tal forma que hubo un primer amago, lo cual causó la primera “fractura? Cambiado con la rapidez del caso, vino a sustituirlo un ejemplar de “Montecristo”, que terminaría rajándose y haciendo cosas de manso, fue el elemento para que de nuevo, “Joselito” se prodigara con el capote, ahora para afirmar su posicionamiento en el lugar que viene ocupando, hasta el punto de rematar con un intento de “larga cordobesa”. Lástima por lo poquito que le faltó para culminarla como marcan los cánones. En ese sentido, la que desplegó José Antonio Ramírez “El Capitán” en 1977 sigue siendo la última aquí representada, siguiendo al pie de la letra de lo dispuesto por los dictados que impusieron su padre, “El Calesero” y de ahí hasta Rafael Molina “Lagartijo”, uno de los primeros en ejecutar lance tan singular, del que también se unió al prodigio Rodolfo Gaona.

   Y “Joselito”, en el sitio en que se encuentra, demostró sus amplias capacidades, en donde se metió a la bolsa a esa media plaza que habitaba en tales momentos. Acaso, si hay que reprocharle algún punto sin corregir, pueden estar en sus afanes los de pulir su colocación entre pase y pase, evitando “pasos entre los pases”, o hacer de las series de pases de muleta collares caudalosos capaces de conmocionar a cualquier afición. “Joselito” gozó con la fortuna de concebir una faena construida bajo el equilibrio de las condiciones que iba ofreciendo el sustituto, quien poco a poco encontraba en las tablas su mejor refugio. Hasta allí fue Adame y, con la capacidad de su torería en plenitud, citó con una espada bien templada, esperó la embestida del bovino y mató “recibiendo”. La espada quedó un “pelín” más abajo, aunque con la suficiente dosis para entregarse en breve. En los tendidos, estalló la emoción, ondearon los pañuelos y desde el palco, renuente y caprichoso al principio (vicio que deberá evitarse), se otorgaron dos orejas bien, muy bien merecidas, aunque no el arrastre lento, pues no hubo acumulación de condiciones notorias con que premiar aquella su lidia.

   En el sexto de la tarde, y no en un quite, que los quites se realizan en caso de que la cabalgadura y el varilarguero se expongan a un peligro o un tumbo, simple y sencillamente realizó un lance que hacía mucho tiempo también se encontraba ausente. Me refiero al “quite de oro”, ese que Pepe Ortiz le dio vida justo en una época en que realizar el quite, era cosa común, de ahí el lucimiento implícito que se ejercía en suertes cuya exposición obligara a los matadores no sólo a participar, sino a enriquecer el bagaje de lances taurinos.

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Joselito Adame, el “Quite de oro” interpretado en la plaza de toros de Logroño el 21 de septiembre de 2013. Fotografía de: Emilio Méndez.

    Y mientras contemplaba un paradigma de la belleza, mientras se encontraba prácticamente junto a mí la mujer más hermosa que estuvo ayer en la plaza (en mi vida he tenido el encuentro -cerca del paraíso- con otros dos paradigmas, uno en Salamanca, España y otro en la persona de Rosana Fautsch), esto consolaba de alguna manera mis tribulaciones mientras llegaban rumores de las tristes palabras con que se anunciaba esa otra ausencia, la tremenda ausencia de José Emilio Pacheco, en tanto “Joselito” se iba de la plaza en andas por una masa humana ajena de aquel dolor. Mientras Rodolfo Rodríguez y “Morante de la Puebla” también se iban ausentes del coso capitalino…

27 de enero de 2014.

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CRÓNICA SOBRE ALGUNAS COSAS VISTAS y NO VISTAS. LA OCTAVA. GELMAN, FONZ y J. E. PACHECO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

IN MEMORIAM.

POR JUAN GELMAN, MARCO FONZ  y JOSÉ EMILIO PACHECO.

ODA PÓSTUMA “A TRES”.

    Este es el recuento para tres irreparables ausencias: la de Juan Gelman, Marco Fonz y José Emilio Pacheco.

   La muerte de un poeta no sólo convoca silencios, también la devastación del espíritu. Con ellos precisamente el espíritu es capaz de mantenerse en estado de gracia, de asumir la insurrección del pensamiento o situarse al borde de la tragedia.

   Con frecuencia, sus palabras atadas en versos, suelen coquetear y juguetear juntas, hasta abrazarnos en un generoso saludo con aroma y gracia.

   Eso eran, y cada quien en su estilo. Juan, Marco y José Emilio. Además, los tres al desbordarse en sus creativas jornadas, legaron a lo infinito de la poesía, en su genuina y caudalosa producción los encantos, las maldiciones, el vituperio y la orfandad que ponen a un poeta al rojo vivo, cumpliéndose en precavida lectura de los encantos y hostilidades; inconformidades y desolaciones sobre lo que resulta digerir poesía.

   Ese privilegio les es dado a unos cuantos que, para no varias pasan a convertirse en incomprendidos personajes de un mundo que a veces no es el suyo, a pesar de buscar vivir y pervivir entre los mortales, que hoy les rendimos sentido homenaje, no por su ausencia, sino por lo que dejan.

    De Juan Gelman son estos tres poemas inéditos, próximos a ser publicados en amaramara, su obra póstuma que editará La Otra Ediciones.

Amortecer

 El uso del querer enfría

la salvación del rubor. Números
cuentan que parentelas duras
anuncian muerte y se pierden
en verdores de la cama caliente.
Tesoros invisibles caen
de las desgracias del amor crecido.
Brotan en la unidad de su pasión
y anuncian campos de donde vela
lo que agoniza para dar
su rosa otra que no muere.
Los bloques de la noche recorren
lo que siempre recorren y
el mundo es errancia del mundo
en el ser como paja liviana
que el instante devora.

 Lo que cava

 La sangre corcovea

en todos los rincones, en
el alma superior, en su orgullo,
en los perros con olor a furia.
El ser amado convierte
la humillación en asombro y vengo aquí
para decir que te amo.
La emoción contra la pared
espera que la fusilen.
Nuestros cuerpos conocen esa pared.
Es una atadura del sol
que cavamos, cavamos.

 Puertos

 De las cortadas de la vida

hay una que no se puede abrir.
Verano es ese día
que adora los pasados del odio.
Cuando soplan los vientos,
abriga y Eros
festeja el triunfo de su llama.
Palabra y muerte no se juntan.
Cae a pedazos la mirada restante
y todo se une menos
los sonidos del hambre.
[1]

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Imagen tomada de la edición digital de La Jornada Semanal. Domingo 26 de enero de 2013

    Este otro poema, pertenece al escritor Marco Fonz, quien previo a su suicidio solía sentenciar “que al final estoy tan solo como un verso”.

Estudio N° 1 de cráneo con luna llena

 a Iliana Vargas

 

Bajo ese discreto arco de luz: respiración nocturna de alguien en retorno:
sucede la voz y sus criaturas
en un jardín fantástico de invención reciente
con su paciencia creadora.

 

Todo existe porque regresa / algunos árboles con su calle oceánica
alguna ventana con su lumbrera nostálgica
algún hombre sombra que se recarga en el infinito paisaje:

 

Todo existe porque se aleja / alguna ola humana
algún vocablo lunático con su melena romántica
alguna mujer con su luz propia sobre el papel de sus símbolos:

 

respiración y humo en el viaje existencial de todas las formas hechas de astillas /
mira tus manos
claro de luna con movimiento de estrella marina
mira / el encanto nos ha nacido terrible

MARCO FONZ (1965-2014)_ILIANA VARGAS

Marco Fonz. Fotografía de Iliana Vargas.

¿y si todo fuera renuncia?

 

No tendríamos más ciudad que recorrer
pero guardaríamos su nombre en lo más quieto de nuestros propios nombres:
aún lo desconocido ya lo conocemos
aún la intuición del otro
viaja al final de cuentas en nuestras más cercanas miradas /
el cigarro se consume como si la noche siguiera sus huellas de antiguas fogatas
y ya hubiéramos probado esos labios de ceniza
en alguna lejana madrugada de este país marino /
(que es tan tuyo por todos sus peces del aire)

 

Bajo esa noche: pertenencia de algún tipo de epifanía / esa noche
contemplamos juntos la respiración radiante: aunque no lo vimos:
de aquel fosforescente cráneo
que competía con su leve rumor de encanto
con la más fugaz y alta luna llena.
 

Viña del Mar enero 2014[2]

    Y desde luego, no podía faltar el genial José Emilio Pacheco, de quien, circunstancialmente he localizado un par de poemas suyos que refieren en forma directa o indirecta el tema de la tauromaquia, asunto que trajo a colación en el anuncio de su retiro voluntario de las letras, apostillando que “Soy como esos toreros que dicen que se van, pero siempre vuelven…” 

ÚLTIMO AMOR DE DON JUAN.

 Después de amar como el rey David a la Venus de Botticelli,

vivir entre cuchillos con la Maja Desnuda,

cegar al Minotauro para llevarle a Ariadna,

su último amor es la mujer de Lot.

 

Y entre ruinas llameantes de las ciudades,

concentra su pasión en una inocente

perversidad de niño o toro de lidia:

lamer la sal que encona sus heridas.[3]

 

EXCAVACIONES.

 

Como señal de furia el toro escarba la tierra.

Prepara una embestida, tal vez la última.

Hace lo mismo en busca de lombrices

la gallina espectral color de cieno.

El gato pulcro oculta su excremento.

El perro entierra huesos.

No hay en su acto

necrofilia ni necromancia.

Tan sólo desconfianza en lo que vendrá.

El niño quiere hallar el pasadizo

que lo conduzca a China del otro lado del mundo.

Y ese viejo que excava, excava, excava

con sus últimas fuerzas

lo hace en procura de algo que ignoramos.

Le pregunto qué se propone

y me mira a los ojos y en silencio

vuelve a la excavación,

me da respuesta.[4]

OFRENDA DE JEP A JUAN GELMAN

Disponible enero 27, 2014 en: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/01/26/mas-si-alguien-vive-yo-estare-despierto-jose-emilio-pacheco

    Maestros, poetas mayores que lo fueron, a ustedes dos, en compañía de Marco Fonz mi sentido homenaje, mientras contemplo la hermosa fotografía de Sebastião Salgado, y que da título a uno de los libros emblemáticos de sus ya muy conocidas exposiciones que andan itinerando por aquí y por allá. Me refiero a: Génesis, espacio donde aparece tan hermoso como inasible Valle… que es el de los muertos, a donde reposan tres almas atormentadas y profundamente agradecidas también con la poesía…, con la vida… A pesar de todo.

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 Disponible enero 27, 2014 en: http://www.taschen.com/pages/es/catalogue/photography/all/02622/facts.sebastio_salgado_genesis_art_edition_a.htm


[3] José Emilio Pacheco: Tarde o temprano. [1958-2000]. LOS ELEMENTOS DE LA NOCHE / EL REPOSO DEL FUEGO / NO ME PREGUNTES CÓMO PASA EL TIEMPO / IRÁS Y NO VOLVERÁS / ISLAS A LA DERIVA / DESDE ENTONCES / LOS TRABAJOS DEL MAR / MIRO LA TIERRA / CIUDAD DE LA MEMORIA / EL SILENCIO DE LA LUNA / LA ARENA ERRANTE / SIGLO PASADO. Edición de ANA CLAVEL. México, Fondo de Cultura Económica, 2ª reimpr. 2004. 655 p. (letras mexicanas), p. 398-9.

[4] Op. Cit., p. 565-6.

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CÓMO VA PASANDO EL TOREO MEXICANO DEL CAOS AL ORDEN DURANTE EL CURSO DEL SIGLO XIX.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Interesante a cual más, resulta la lectura de “Comunicados”, que emitieron “Los amantes de la policía”, ejercicio de fino encubrimiento en el que, ciertos personajes de la sociedad mexicana del primer tercio del siglo XIX enviaban a las diversas redacciones de las publicaciones periódicas que, por alguna circunstancia, seguían de cerca los acontecimientos de la vida cotidiana ocurridos en la ciudad de México, pero sobre todo en un país que ya emancipado para entonces, no pudo demostrar su capacidad, preparación ni madurez para emprender el difícil camino de la independencia. En todo caso, quedó sometido a los caprichos e intereses de potencias que, como los Estados Unidos de Norteamérica, veían en esa condición, un auténtico caldo de cultivo para crear ambientes de confusión, gracias, entre otras cosas, a la presencia del incómodo pero a la vez interesante personaje que fue, en esos momentos Joel R. Poinsett.

   En 1830, año en que funcionaban en la capital del país plazas como la de Necatitlán y la de la Alameda, permite observar las condiciones que privan en el espectáculo taurino, sometido al caos, al desorden, a una condición de desorden, aunque en el fondo es posible apreciar que existen condiciones para poner en marcha un proceso de afirmación, misma que se afianzaría pocos años después con la presencia de Bernardo Gaviño, quien gracias a la participación del portorealeño en importante número de festejos, ocurridos tanto en la Real Plaza de San Pablo como en la del Paseo Nuevo, tal circunstancia permitió que el toreo en México adquiriera matices profesionales más sólidos. El gaditano logró crear un estado de cosas en el que las expresiones más clásicas del toreo en su versión española, cohabitaran con los quehaceres y las prácticas del toreo que se practicaba en nuestro territorio, como vivo reflejo de un permanente diálogo habido entre los espacios urbano y rural. Esa comunicación entre el campo y la ciudad fueron de tal magnitud que el discurso taurino mexicano del XIX se elevó a cotas nunca antes concebidas.

   El siguiente texto, nos ayuda a entender parte de ese proceso, sobre todo en su etapa inicial.

 EL GLADIADOR, D.F., del 17 de junio de 1830, p. 2-4:

 COMUNICADOS

 Sres. Gladiadores. Muy sres. nuestros. Apenas nos hicimos independientes y adoptó la nación el sistema republicano, cuando las personas más insignificantes e inciviles comenzaron a blasonar de republicanas, como si poseyesen en grado heroico las virtudes cívicas y la ilustración que forman el carácter de un verdadero hombre libre, despreocupado y que sabe los respetos y consideraciones que debe a cada uno de los miembros que forman la sociedad a que pertenecen. Pero si entonces había un motivo para no creerlas, y dispensarles a muchos su grosero trato, hoy a los 10 años de independientes, y a los 6 de republicanos, debemos confesar que el tiempo se ha perdido, y que lo que ciertas gentes llaman ilustración, no es sino una refinada prostitución, un vivir desmoralizado que a cada paso ofende la moral pública, tanto en lo político, como en lo sagrado. La publicidad del portal de Agustinos y la de ciertas calles en que se hace de noche el más escandaloso tráfico, prueban demostrativamente el estrago lamentable de nuestras costumbres. Las concurrencias más públicas que se presentan con el fin de tener decorosas distracciones, abundan de espectáculos desagradables, y no faltan en ellas ilustrados, que perturben el orden e insulten a quien les da gana, desconociendo el respeto de una autoridad, la circunspección de un pueblo en su mayoría moderado, y por último la vida arriesgada de unos infelices que se ofrecen a los espectadores, y se exponen a la bravura de unas fieras, por divertir, en cambio de acudir a sus necesidades. Hablamos de los paseos públicos especialmente del de Santa Anita, y de la diversión de los toros. Pero sobre esos basta esta insinuación para despertar el celo de las autoridades, cuyos deberes están muy afectos a las ocurrencias de tales paseos, cuyas impúdicas faltas, callamos por no lastimar el pudor público que deseamos conservar.

   De la diversión de los toros diremos que el domingo último concurrimos a la plaza, cuyo numeroso concurso manifiesta la tranquilidad de un pueblo que escaseaba en la triste época de la administración pasada en la que los mexicanos solo se daban lugar para sentir los males de la patria. Hoy se divierten todos, seguros de que viven bajo la religiosidad de un gobierno que cuida de los pueblos, y antes parecerá que hacerles traición en su confianza. Inalterable era la quietud de la concurrencia, sin que sonase descompasada una voz siquiera, ni aun en aquella gente infeliz que es la más abundante y la que más expuesta está al desorden por su desgraciada educación, y hábitos inveterados. Mas por la parte opuesta en la que sí debemos presumir ilustración y finura, se alteró el orden por dos o tres paisanos que blasonan de ilustrados, bien educados, y visten como caballeros, aunque sus acciones les niegan abiertamente esta cualidad, pues todo el mundo vio en este último domingo, que como locos gritaban insultando con palabras bien groseras a Simón, porque no daba los toques de clarín cuando estos malcreados y descomedidos lo mandaban. Insultaban también con apodos y palabras ofensivas a algunos toreros, porque se desgraciaban en los lances, sin advertir que no es lo mismo charlar groseramente, que ponerse al frente de los toros; que estos eran muy bravos, y malísimos los caballos que no querían entrar o esperar el bote del toro, en lo cual no tiene culpa el picador que se ve precisado a sujetarse al capricho de un bruto, antes que exponerse a una desgracia con el toro, esperándolo contra todas las reglas del arte o la costumbre; que estos miserables amenazados de un gran peligro de perder la vida, se indisponen por cólera o vergüenza con esos insultos y provocaciones, y menos pueden cumplir en esos actos.

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Y bien, el pueblo se divierte que para eso no falta pretexto.

Aunque cuando se trataba de elegir la diversión era mucha la inquietud que se palpaba.

   ¿A dónde vamos hoy? se preguntaban.

   Y la respuesta fue: “¡Vamos a Necatitlán ¡Vamos a los toros!”

Fuente: CANCIONERO DE LA INTERVENCIÓN FRANCESA. Disco LP. México-INAH, 1986.

    ¿Pero quién ha autorizado a estos chachalacas sin educación a faltarle a nadie por infeliz que sea? ¿El lugar? No porque allí está un público reunido que demanda respeto y consideración en cualquier parte. ¿La diversión? No, porque esta solo lleva el fin de distraer y complacer a ese público. ¿La autoridad que allí manda en jefe? No, porque esa va a sostener el orden público y a escarmentar al que lo altere. ¿Los miserables toreros? No, porque estos en su clase y condición demandan el respeto que cualquier otro en la suya, y aún con respeto a la sociedad el pacto es mutuo, y por esto deberían ser reprendidos estos pobres, que suelen descuidarse y llamar o espantar al toro con palabras que ofenden la delicadeza y falta al respeto. ¿En qué consiste pues, la conducta de los que dan lugar a nuestra crítica? En su grosería, que vé como un zoquete a aquel magistrado que allí preside; al pueblo como a cualquier cosa y a los toreros como impedidos de responderles en aquel puesto.

   Lo mismo decimos de cierto capitán de granaderos que nombra a Guerrero el Dios de los pueblos, y llama en esa plaza la atención, no solo por usar de su uniforme y divisas con sombrero de petate, sino por sus descompasados gritos y descomedida conducta en una publicidad como esa, en que debía lucir la moderación militar y circunspección que tanto recomienda la ordenanza para que se haga apreciable un oficial.

   Concluiremos con observar el desorden que hay en los toreros, mezclándose los de a pie con los de a caballo, sin esperar el tiempo que corresponde a unos y otros, y que debe señalarse por el toque  del clarín cuando lo mande el jefe de la plaza. Mas este regidor que de todo se desentiende, parece que sólo va a divertirse, y entonces sería mejor que no ocupase el lugar que les está destinado, porque su abandono le pone en ridículo, supuesto que a todo, sea bueno o malo, se queda alabando el prodigio, y demostrando con esto su ineptitud.-Los amantes de la policía.

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FESTEJOS TAURINOS DEL PASADO EN CUERNAVACA, MORELOS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Ahora que Pablo Hermoso de Mendoza toreará en la “Monumental de Morelos”, Cuernavaca, justo el 15 de febrero, alternando con Diego Lecumberri y Emiliano Gamero, con ejemplares de los Encinos y la Joya, conviene recordar que en el pasado, por lo menos en los años de 1868, 1869 y 1887, se cuenta con estos tres registros de otras tantas actividades taurinas, las cuales considero, no son las únicas. Una primera búsqueda de dichos datos me ha llevado a incluirlos en este boceto que recuerda que un espacio de tierra caliente ha sido escenario, desde entonces para dar continuidad a festejos taurinos que fueron frecuentes –y lo siguen siendo-, en lugares como Cuautla de Amilpas, Yautepec, o metidos en espacios más cercanos al actual estado de Guerrero, pero colindantes entonces con el que es hoy el espacio territorial de Morelos, se encontraban haciendas como la de San Marcos, la cual contaba entre otros elementos de toros de lidia. En este caso, los datos recabados, corresponden a la dinámica que presentó la hacienda de Atenco entre los años de 1815 a 1915, donde según los últimos datos del trabajo hecho a propósito, se dispone de 1161 participaciones de dicho ganado, lo que habla de su elevada importancia en ese espacio cronológico.

PABLO HERMOSO DE MENDOZA EN CUERNAVACA

   A continuación, tres datos históricos de gran valía:

1868. PLAZA DE TOROS DE CUERNAVACA, MORELOS.

 Biblioteca Nacional. Fondo Reservado. Fondo: Condes Santiago de Calimaya, CAJA Nº 40

 127)s/n Cuernavaca, septiembre 14 de 1868

   Sr. Dn. José Juan Cervantes

   Apreciable Sr. respecto de lo que habló con D. Antonio Camacho respecto del ganado para jugarlo en Cuernavaca respecto a ello estoy en esta y solo deseo saber a qué precio me puede U. dar una corrida de toros puestos en esta pues me he arreglado con la empresa y solo deseo me considere U. comodida que U. considere proporcionándomelo respecto del dinero que importe el ganado lo haré como U. me contestó con mi compadre Camacho dicho dinero lo tendrá U. después de jugado a los ocho días por no tener un conducto más biolento cuanto antes será puesto en casa de U. Suplico a U. indique por quien es dirigirme sus letras a la panadería del Vapor.

   Soy y Sr. grato

Rafael Alvarrán (Rúbrica)

1868. PLAZA DE TOROS EN CUERNAVACA, MORELOS. Del 6 al 13 de diciembre de 1868. Toros de Atenco. Se darán ocho corridas de la acreditada ganadería de Atenco, los que serán lidiados por una de las mejores cuadrillas de la capital de México. Véase: La Iberia, D.F., del 21 de noviembre de 1868, p. 4. Es muy probable que el “Capitán de gladiadores” en aquella incursión haya sido Pablo Mendoza, puesto que, junto a Fernando Hernández, estaban realizando campañas por diversas ciudades cercanas a la capital del país.

CUERNAVACA1

 1869. GRAN FERIA EN LA CIUDAD DE CUERNAVACA. (…) TOROS DE ATENCO.-Se darán cuatro corridas de la acreditada ganadería de Atenco, los que serán lidiados por el célebre espada Bernardo Gaviño y su cuadrilla (del 23 al 29 de diciembre), quienes han tomado con decidido empeño a su cargo la empresa. (El siglo Diez y Nueve, del 26 de diciembre de 1869, p. 4).

CUERNAVACA2

1867. PLAZA DE TOROS DE CUERNAVACA, MOR.

    Además, en “El Nacional”, D.F., del 8 de julio de 1887, p. 6, es el propio Ponciano Díaz quien confirma este dato, en los siguientes términos:

    Como por el año de 80 a 81 (no estoy seguro del año) jugué en las plazas de Amecameca y Cuernavaca varios toros de Atenco. Algunos de ellos salieron de tan buena ley, que a petición del público fueron indultados, dejándoselos a los ganaderos para que sirviesen de toros-padres.

Datos que provienen de mi trabajo inédito:

 José Francisco Coello Ugalde: APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS N° 103. “PARTICIPACIÓN DEL GANADO BRAVO DE ATENCO DURANTE EL SIGLO XIX MEXICANO Y LOS PRIMEROS AÑOS DEL XX. (1815 – 1915)”. 786 p. Ils., fots., planos.

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