PABLO y BENITO MENDOZA: TAUROMAQUIA DEL XIX MEXICANO (1 de 2).

MUSEO-GALERÍA TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 PABLO Y BENITO MENDOZA. TOMÁS Y JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ, TOREROS DEL XIX QUE NO SE PERDIERON GRACIAS A LAS SIGUIENTES HAZAÑAS POR CONTAR. 

I

    Pablo y Benito Mendoza. Tomás y José María Hernández fuera del espacio taurino decimonónico, serían cuatro ilustres desconocidos. Pasada la segunda mitad del siglo 19 surgieron estos protagonistas que parecen ocupar papeles secundarios y por eso la historia, junto a la escasez de testimonios no los valora en su exacta dimensión. Pero los cuatro, cada quien en su propio espacio, supieron forjar hazañas que buscaremos contar, a partir de diversos documentos que nos dan idea cabal de su existencia.

   Tengo ante mi vista un cartel que corresponde a la tarde del domingo 6 de septiembre de 1857. Aquella jornada, ocurrida en la plaza principal de toros, “en la de San Pablo”, se presentó Pablo Mendoza con su cuadrilla, en estos términos:

PLAZA PRINCIPAL

DE TOROS

EN LA DE SAN PABLO.

Domingo 6 de septiembre de 1857

 La empresa de esta plaza, que sólo anhela á proporcionar al respetable público de esta capital, el que en los espectáculos que en ella tengan lugar, sean variados y desempeñados por las personas más inteligentes en el arte de torear, no ha omitido sacrificios ni gastos para formar una compañía de lo más escogido: al efecto, la que el día enunciado dará principio á sus tareas será comandada por el hábil cuanto diestro mexicano

 PABLO MENDOZA,

el que infinitamente ha adelantado en tan arriesgada profesión, la ha formado con acuerdo de la empresa con los individuos que abajo se expresan para conocimiento de los aficionados á esta diversión, que tan bondadosamente la honra en la plaza.

   La empresa, pues, espera que tanto los españoles residentes en esta capital, que están acostumbrados a ver en su país las selectas y hábiles cuadrillas de lidiadores de toros, así como muchos mexicanos que en el espresado país también las han visto, y todos los que en las diversas ocasiones han presenciado en esta capital y en las de los Estados de la República el trabajo de variadas compañías, darán por sin duda su calificación favorable á la presente, la que á más de su diestra habilidad, está resuelta a desempeñar sus tareas con gusto, actividad y esmero.

SEIS FAMOSOS TOROS

de la estancia de Cerro-Bravo serán los que se presenten á la lid la tarde de este día; y como no habían visto gente hasta el tiempo que fueron á cogerlos en la estancia espresada, costó infinito trabajo para reunirlos; de manera que han dado mucho quehacer en el camino á sus conductores, y por lo mismo están tan soberbios y arrogantes, que merecen en sus juegos los aplausos debidos a su valentía.

TRES TOROS

para el coleadero cubrirán los intermedios, dando fin la función con el TORO EMBOLADO de costumbre, para los aficionados.

PERSONAL DE LA CUADRILLA

CAPITÁN Y PRIMERA ESPADA

PABLO MENDOZA

 PRIMEROS PICADORES

Serapio Enriquez                    Caralampio Acosta

SEGUNDOS PICADORES

Teodoro Villaseñor                Diego Olvera

Joaquín Carretero                  Antonio Rea.

SEGUNDA ESPADA Y BANDERILLERO,

Pedro Córdova.

BANDERILLEROS

Victoriano Guevara               Francisco Contreras

Silverio Cuenca                      Félix Castillo

CHULILLO

Eugenio Friact.

LOCOS

José María Vargas                 Tranquilino Fernández

CACHETERO

Víctor Reyes

LAZADORES

Antonio Leiva.-Amado Guzmán.-Estanislao Franco

    Pablo Mendoza repitió en la misma plaza ocho días después (con la salvedad que dicha corrida “no se dió el día que anuncia este programa sino el día 20…”).

   Regresó a la capital del país el domingo 25 de octubre del mismo año, lidiando

CINCO SOBRESALIENTES TOROS. 

Después de recibir la muerte el segundo toro, se echarán a volar para dentro de la plaza, del alto de las cuatro puertas del circo de ellas,

DIEZ Y SEIS PALOMAS

adornadas con listones y monedas de ORO Y PLATA cada una, para que las tomen las personas adonde ellas vayan á parar en su vuelo.

   Los demás intermedios serán cubiertos por

DOS TOROS PARA EL COLEADERO;

dando fin la función con

UN SOBERBIO TORO EMBOLADO

de costumbre para los aficionados.

CARTEL_06.09.1857_S. PABLO_P. MENDOZA_CERRO-BRAVO

Reproducción del cartel. Copia digital. Col. del autor.

   Continuando con la nómina de actuaciones donde aparece Pablo Mendoza, encuentro que durante varias tardes de aquel año de 1857 tuvo sí, sus primeras incursiones en la lidia de toros bravos. Ese año también fue crucial en el sentido de que fueron expedidas las Leyes de Reforma, divididas en los siguientes rubros:

Ley Juárez (1856), que fue el primer intento de igualdad civil, suprimiendo tribunales especiales. Siguieron subsistiendo los militares y eclesiásticos, pero sin meterse con asuntos civiles.

Ley Lerdo, que consideró la desamortización de los bienes de las corporaciones civiles y eclesiásticas.

Ley Lafragua, que reglamentó la libertad de prensa, eliminando las restricciones existentes desde la época de Santa Anna.

Ley Orgánica del Registro Civil, con lo que se le da cuerpo al registro civil y se le quitan dichas funciones a la Iglesia.

Ley Iglesias, ley sobre obvenciones parroquiales donde se suprime el pago obligatorio de derechos sobre los sacramentos (bautismos, casamientos, entierros, etc.)

   Pero el domingo 1º de noviembre del referido año 1857, Pablo Mendoza y su cuadrilla se presentan en la plaza principal de toros en San Pablo, donde además se incluyó la ”jocosa pantomima compuesta de dos Chinanecas, las muertes, o los Amantes de Teruel, a picar y banderillar al TORO NAHUAL”.

   Luego, en la misma plaza y el 22 de noviembre de 1857 se presentó un espectáculo harto interesante, variado y que, por su extensión me es imposible reproducir. Después de una ascensión en globo aerostático por parte del “joven mexicano Manuel M. de la Barrera y Valenzuela”, se efectuó una corrida de toros, bajo la dirección del hábil tauromáquico PABLO MENDOZA.

   Las tardes del domingo 29 de noviembre, 6 y 13 de diciembre de 1857 también se agregan seguramente, a la larga nómina de actuaciones que acumuló Pablo Mendoza.

   Armando de María y Campos nos cuenta un capítulo más de los Mendoza.

 DEBUTAN LOS NIÑOS TOREROS HIJOS DE PABLO MENDOZA (11 de enero de 1858)

    El domingo 11 de enero de 1858 (aclaro, el día correcto es el 10, tengo ante mi vista la mencionada “tira”. N. del A.), se celebró en la plaza principal de San Pablo, una corrida mixta con el concurso del entonces diestro mexicano Pablo Mendoza y con el aliciente de la presentación de una Cuadrilla de Niños, en la que figuraban dos hijos del célebre lidiador aborigen.

   Un programa de esa fecha me proporciona preciosos datos del espectáculo, ya que de ese festejo no publicaron reseñas los diarios metropolitanos al día siguiente.

   “Los toros de Cazadero -dice la tira- que justamente han tenido nombradía, y que el público ya los ha visto, harán que nadie deja de concurrir a la plaza; por ser los toros de una raza que ha dejado mucha fama en la de Querétaro, en donde los jugó el inteligente Pablo Mendoza, quien habiéndolos elogiado, tanto por su hermosa presencia, como por su bravísima condición, no se dudó un momento de mandarlos traer; y se lidiarán la tarde citada, por primera vez en la presente temporada, asegurando los que los han escogido, que desde luego no tendrán competidores.

   “La valiente Cuadrilla de Pablo Mendoza -sigue diciendo la tira, impresa en la Tipografía de M. Murguía-, lidiará, banderilleará y dará muerte a los toros que la luz de la tarde le permita”. “Para amenizar más esta famosa corrida, se presentará también a picar, a banderillear y a dar muerte bravos toretes, una Cuadrilla de Niños, adiestrada y ensayada por el experto capitán Pablo Mendoza, en cuya cuadrilla trabajarán dos de sus hijos, los que con tantos aplausos y gusto del respetable público, ejecutarán los lances de la tauromaquia”.

   Por el texto copiado nos enteramos de que por aquellos días se podían organizar festejos taurinos sin prevenir cuántos toros se lidiarán “mientras la luz lo permitiera”. No aclara la tira si la cuadrilla de Niños Toreros lidiaba sus toretes antes o después que lo hiciera el matador encargado de la lidia formal, o en algunos de los intermedios de los muchos que había durante el festejo, como lo demuestra la “nota” que trae el programa que uso para redactar esta efemérides. Dice la “nota” que “habrá también dos toros para Coleadero, que cubrirán los intermedios, terminando la función con un excelente toro embolado para los aficionados”.

   El programa contiene otra interesante “nota” que permite al lector imaginar el espectáculo. “La entrada a la media sombra, será por la puerta que ve al Paseo de la Viga, y la venta de estos boletos por una ventana de la Administración y los demás boletos y lumbreras se expenderán en la Administración de esta plaza, desde las doce del día anterior a la función, hasta la hora que comience, que será a las cuatro de la tarde”.

   Dos toros para Pablo Mendoza, dos para coleadero, uno, el embolado, para el pueblo, y diez toretes para la Cuadrilla de Niños debió haber alcanzado éxito porque continuó toreando muchos domingos seguidos; bien pronto tuvo imitadores -lo que se ve se imita-, y los grupos de “chamacos” toreros se multiplicaron en toda la República, llegando a constituir una epidemia, hasta que una Ley expedida por el Ayuntamiento de México, en 1887, vino a prohibir la actuación de los “Niños Toreros” en las plazas de toros del Distrito Federal, y qué, imitada por casi todos los Mandatarios de los Estados, puso coto a la muy legítima ambición de muchos excuincles (sic), de hacerse toreros en la infancia.[1]

   El 18 de abril siguiente, según el cartel localizado, vuelve a presentarse en San Pablo, destacando “un dominguejo fulminante”.

   Ya en la plaza del Paseo Nuevo se presentó nuestro personaje el domingo 1º de diciembre de 1861, con toros de Atenco, junto a una mojiganga denominada LAS CRINOLINAS Y ARGELINOS, los que picarán en caballos de palo…” Domingo 14 y martes 16 de febrero de 1863 en San Pablo y del 26 de julio del mismo año, Pablo Mendoza vuelve a aparecer en escena, como ocurrió también la tarde de  11 de octubre de ese año cuando se anunció la “CUADRILLA MENDOZA con toros de Atenco, en la que también salieron DOS CABALLOS RELAJOS (sic) CON SUS GINETES ENCOHETADOS, echaron UNOS VALIENTES PERROS CON SUS GINETES, los que trabarán una SANGRIENTA LUCHA, y de la cual han de salir victoriosos. Otro intermedio lo cubrirán Dos Toros para el Coleadero y terminado que sea presentaré (dice Mendoza) un hermoso LEON TEHUANTEPECANO, el cual en una de las próximas corridas luchará con un bravo y arrogante toro…”

   Por su parte Heriberto Lanfranchi esboza dos perfiles biográficos concretos sobre Pablo y Benito Mendoza, como sigue:

 PABLO MENDOZA. Popular “capitán de cuadrilla” mexicano, que tuvo su mejor época a mediados del siglo XIX. Toreó a menudo en la capital de México, sobre todo en la plaza de “San Pablo”, aunque también algunas veces en la del “Paseo Nuevo”, cada vez que Bernardo Gaviño lo dejaba. Ya viejo, en 1880, aún seguía en activo, ayudando en lo que podía a su hijo Benito.

 BENITO MENDOZA. Hijo de Pablo Mendoza, estuvo en una cuadrilla infantil que organizó su padre en 1852 (sic) (el año correcto es 1858). Años después, ya por su cuenta, toreó con frecuencia por toda la república. Mucho tiempo estuvo en activo y aunque nunca se presentó en el Distrito Federal, sí lo hizo en la plaza de “El Huisachal”, Edo. de México, el 3 de diciembre de 1882.[2]

    También en la Biblioteca Nacional, de la Universidad Nacional Autónoma de México encontré informes que enriquecen el perfil de Pablo Mendoza, a sabiendas que predominan más los datos de sus actuaciones que de su propio hijo Benito. Por ejemplo el primer documento que lo menciona dice:

 Recibí de Dn. Pablo Mendoza la cantidad de doscientos pesos ($200) que pagó importe de cuatro toros brabos cuya cantidad dejo cargada en la cuenta del Sr. Dn. José Juan Cervantes y es correspondiente al deudo de los abonos vencidos. Y para seguridad del interesado le doy el presente en Toluca a 2 de mayo de 1869. Rafael Jaime (Rúbrica).[3]

    Esto nos señala que tanto Mendoza como Gaviño en su momento, iban hasta la hacienda de Atenco a escoger el ganado -probablemente de su predilección-, liquidándolo allí mismo, para garantizar que el negocio se realizara sin ningún contratiempo.

   De nueva cuenta, don Pablo, ahora con la venia por parte de Bernardo Gaviño que se convirtió en enorme “obstruccionista”, le deja torear sin ningún tipo de condición, e incluso hasta alterna con el propio gaditano, por lo menos en la corrida del domingo 4 de noviembre de 1866, junto con Mariano González “La Monja”, quienes lidiaron un encierro de Atenco.

   En los dos documentos siguientes tenemos un panorama crítico

    “…ayer (Toluca 22 de noviembre de 1862) recibí una carta de Pablo Mendoza que verás y ya los toros estavan en camino, por este otro incidente de que el mismo domingo me pidió una corrida para mañana jueves en esta ciudad para el Hospital de Sangre lo que estava ya temiendo mucho por el datil, mas aguardando el comunicado para afectarnos voy sabiendo que las horas son de Dce Rosa (?) con tal ocurrencia dispuse que ya no vinieran los de la hacienda pues para que la salida de los de Méjico que salen siempre el jueves y este día venían para esta ciudad, mandé que hoy salieran y no unos ni otros tanto que tube de venirme para (…) pero vayan el sábado porque se cayó esta venta, que en partes me alegro porque según supe querían toros a 20 pesos para la sangre de nuestros prójimos resultado que no hay para rayas y no hay recurso porque nadie compra nada, pues el que quería más lo quiere dado a 3 p.s por supuesto dije que no”.

 Y la situación en que quedaba ajustada la venta de los toros, junto con caballos que seguramente utilizaban para el arreo del ganado, a pesar de que éste sólo fue conducido a la plaza de toros de Toluca y no a la ciudad de México, como era la costumbre, pues la empresa capitalina, junto a Bernardo Gaviño eran los compradores potenciales más seguros en tal negocio.

CONTINUARÁ.


[1] Armando de María y Campos, en su libro Imagen del mexicano en los toros. México, “Al sonar el clarín”, 1953. 268 pp., ils., p. 179-182.

[2] Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots. Vol. 2, p. 658.

[3] Reservado: Condes Santiago de Calimaya [B.N./F.R./C.S.C.] CAJA Nº. 6/18.8

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