EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Espero que muchos de los lectores que amablemente pasan por aquí, coincidan conmigo y es que a  estas alturas, el conjunto de balances emitidos por la prensa taurina al respecto de la temporada taurina 2013-2014 en la ciudad de México es, en lo general, un conjunto optimista de números, junto con una que otra insinuante anotación de disgusto por malos resultados.

   Allá ellos. Lo que aquí interesa es esa otra realidad, la que se han negado a mirar, y es que a lo largo de 21 festejos, salvo dos muy identificados por lo que significó la presencia de toros en el ruedo, con Barralva y los de de Haro, el resto fue un triste reflejo de la realidad que se vive en el campo bravo mexicano, donde evidentemente tienen toros (nada es casual), pero cuando las condiciones son indiscutibles, no queda otro remedio que plegarse a los dictados de un poder que termina siendo el que manda. Iniciada esa cadena del subdesarrollo taurino, este alcanza sus mejores notas en la plaza, justo cuando tienen que ser avalados –simbolicamente- por jueces de plaza a quienes toca presidir, casi siempre en situación limitada, porque no teniendo otro remedio, también se someten a esos poderes fácticos que terminan imponiéndose, y les es imposible que apliquen un reglamento taurino, porque además de que por ahora es imposible que se haga cumplir, la delegación en turno –que ha sido la “Benito Juárez”-, simplemente brilla por su ausencia en términos de apoyo. Y no se diga la Jefatura de Gobierno.

   Hace poco, la ganadería de “Jaral de Peñas” fue vetada en Guadalajara por haberse comprobado en exámenes post morten que varios de esos ejemplares fueron manipulados en sus astas. Bien, esa misma sospecha fue una constante en muchos festejos aquí, en la capital, y es la hora en que en lo que duró la temporada, nunca se ordenó, por falta de las autoridades, solicitar un examen de esta naturaleza, no sólo para comprobar tal sospecha, sino para conocer con mayor certeza la edad de muchos de los ejemplares que, habiendo sido pasados por toros, la presencia de buen número de ellos apenas daba para considerarlos como novillos. ¿Y qué me dicen del peso? ¿Sospechoso, verdad?

   ¿Grandes faenas, grandes hazañas?

   No, no me vengan con cuentos. No las hubo, en resumidas cuentas, y no las hubo por falta de elementos extraordinarios como la capacidad de asombro, lo insólito, lo increíble en una faena. Muchas de ellas vinieron a ser el corte perfecto, con tijera del molde con que nos intentan “vender” la idea de “faenas de época” cuando, en bastantes ocasiones no se trata más que de pega-pases que intentan, sin el planteamiento requerido, bordar lances o tejer muletazos que pierden sustancia porque escasea en su bagaje ese principio elemental de conocer el toro hasta la médula, y descifrar, decodificar después ese misterio en labores correctas, en apego a la caudalosa riqueza de una tauromaquia que cuenta con decenas de lances y otros tantos pases de muleta, reafirmados con el conocimiento previo en las condiciones del toro, lo cual daría por resultado una interesante propuesta. Pero si en estos casos priva el minimalismo y todo queda reducido a verónicas y chicuelinas; naturales y derechazos… estamos fritos de verdad.

   Otro efecto que incomodaría a cualquier empresario atrevido en estos tiempos es esa constante “a la baja” de las entradas en día de corrida. Ciudad de México: con una población cercana a los 10 millones de habitantes, más la zona conurbada da, en estos tiempos la posibilidad de que 20 millones concentrados en un territorio como el del altiplano encuentren, entre las muchas opciones, un verdadero abanico de posibilidades para la diversión o el entretenimiento. Sin embargo, en el caso de la fiesta brava, el fenómeno que no es nuevo, viene siendo cada vez más notorio y, una empresa que confiaba en que el “5 de febrero” se llenaría la plaza, se volvió a topar con pared. Si el “5 de febrero” era la “tablita de salvación” en estos casos, se ve, a las claras que ya no. ¿Qué pasa ahí? ¿Cuál es la falla que provoca semejante problema? ¿Cómo resolver ese conflicto y esperar que los aficionados vuelvan a los tendidos de la plaza?

   Creo que la primera pregunta que debería hacerse el empresario es: ¿por qué no va gente a la plaza? Imaginará, como cualquiera de nosotros que, con semejantes carteles, la plaza de toros “México” y sus poco más de 42 mil localidades sería insuficiente para dar cabida a entusiastas aficionados, ávidos de acudir a un festejo más, pero con ganado de esa especie como la referida líneas atrás, y con jueces sin autoridad, con precios elevados, y muy pocas garantías de que el espectáculo resulte atractivo para muchos, el único resultado es el de entradas como las que pudieron apreciar en bastantes ocasiones. Pero el problema no para ahí. ¿Qué capacidad económica se requiere para mantener un negocio que linda con la bancarrota? ¿Se imaginan ustedes las pérdidas y los números rojos en un asunto condenado al fracaso, en donde lo único que queda es cerrar, poner el candado y colgar el letrero de “Se Vende” o “Se Renta”?

   Sin embargo, ante semejante circunstancia, pasan ya más de 10 años (quizá un poco más) en que la empresa que hoy día regentea el coso de Insurgentes sigue encarando esos problemas. ¿Qué capacidad económica tan poderosa se necesita para mantener un negocio en el que la pérdida es un factor de riesgo tarde con tarde?

   En ese secreto a voces, sabemos que detrás de todo esto se encuentra TELEVISA, y supongo que las finanzas de dicho consorcio darán para salvar del fracaso a ese ámbito que, por otro lado, lo tienen bastante descuidado, y que con desgano no falta quien declara en forma insolente e indolente también: “Al que le gusten los toros que vaya a la plaza, y al que no le gusten, que no vaya”.

   En fin, que tenemos el espectáculo de toros que nos merecemos gracias a un poder que sigue empeñado en mantener en su “cartelera”, por ejemplo a gente del nivel más bajo y que se encarga de alentar los “Reality shows”, uno más de los muchos ingredientes de programación de dicha empresa que tanto daño ha ocasionado a la EDUCACIÓN y a la CULTURA de este país.

   ¿Recuperaremos en algún momento esos puntos de esplendor que tuvo algún día la fiesta brava en México?

28 de febrero de 2014.

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