EN EL INVIERNO DE 1863 A 1864: DIEZ ACTUACIONES SEGUIDAS DE GAVIÑO EN LA CIUDAD DE MÉXICO.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Todo era miel sobre hojuelas. El gaditano y mexicano a la vez, actuaba cada ocho días, con llenos casi todas las tardes y con la garantía de estar toreando los toros de su predilección: de Atenco, ni más ni menos.

   La plaza del Paseo Nuevo fue escenario al menos, de 10 actuaciones seguidas de Gaviño, contadas desde el 29 de noviembre de 1863 hasta el 7 de febrero de 1864. El “reparto”, “demostración” o simplemente las ganancias fueron jugosísimas. El beneficio al que se hicieron acreedores tres personajes: el conde de Santiago de Calimaya, don José Juan Cervantes; el Sr. Sotero Groso (¿el capitalista o empresario en aquel momento?) y el propio Bernardo Gaviño fue de $5,615.20 que, repartido entre tres arroja un monto de $1,871.06. Dicha cantidad ganada en 10 domingos debe haber sido una auténtica fortuna.

   Inesperadamente, Gaviño tiene un compromiso que cumplir, mismo que lo obliga a encaminarse hasta Tenango del Valle. Hoy en día, el recorrido de la ciudad de México a Tenango toma poco más de dos horas para llegar al mismo, sin problema. Sin embargo, el diestro acudió a la siguiente instancia:

 Prefectura de Policía

México

   Recibí del Sr. D. Bernardo Gaviño quince pesos por derechos de una autorización para salir armado a Tenango del Valle, camino de catorce individuos.

   Méjico enero 13/1864

   El oficial 2º de la Prefa

   M. del Valle (Rúbrica)

 (UNAM.BN.FR.FCSC 5(7/60.14))

    A caballo, seguramente tomaba de 10 a 12 horas de recorrido (o quizás más tiempo), mismo que probablemente debe haberse realizado en medio de sobresaltos, obligando a Gaviño a “salir armado”. Si los 14 individuos son los reseñados en este otro papel:

Espada Fernando Hernández, 2a. espada Andrés Chávez, banderillero Joaquín López, Antonio Cartagena, Pancho “El Ratón”, Pancho “El Poblano”, 2 chulos, cachetero, 2 lazadores y 2 locos (UNAM.BN.FR.FCSC (3.11/13)). Entonces, junto con don Bernardo primer espada, y Fernando Hernández o Andrés Chávez, cualquiera de los dos como segundo en el cartel, junto con el otro conjunto de personajes, constituyen una “compañía de gladiadores” completita.

   De seguro, los pobladores de Tenango del Valle tuvieron ese día 13 o 14 de enero -para reponerse del viaje- la presencia torera de Bernardo Gaviño que, con sus 51 años a cuestas era simplemente el “mandón”. De ese modo concluimos que los contratos surgían aquí y allá. Y claro, el “maestro” no podía negarse porque toreaba donde quería y ganaba como el mejor.

   De hecho, el último punto de reflexión es la cerrada competencia que impuso el gaditano desde 1851 cuando aparecieron sus propios paisanos “El Chiclanero” y “el Cúchares” que así se hacían llamar Francisco Torregosa y Antonio Duarte, a quienes definitivamente no les permitió moverse a sus anchas en nuestro país, mismo bloqueo que impuso en las personas de Antonio Díaz Labi y de Lázaro Sánchez años más tarde. Bernardo supo atraerse un ambiente que hizo suyo convirtiéndose en indispensable (en “mandón” como ya dije líneas atrás). Pero más aún, presenciamos la defensa a ultranza de los terrenos dominados, donde, como señor feudal obtuvo ganancias muy atractivas junto con otros personajes cuya jerarquía ya conocimos, tanto en el conde de Santiago como en el desconocido señor Sotero Groso.

   Tal situación, la de cumplir contratos que incluyeron diversas actuaciones seguidas, se repitieron al menos durante varios años, tal el caso de la temporada del 29 de noviembre de 1863 al 7 de febrero de 1864; del 7 de agosto al 16 de septiembre de 1864; del 12 de febrero al 5 de marzo y del 15 de octubre al 31 de diciembre de 1865: del 7 de enero al 1 de abril y del 16 de septiembre al 23 de diciembre de 1866.

 AL RELANCE…

    De los “Datos de la ganadería de san Diego de los Padres de la propiedad de los señores Rafael Barbabosa Sucesores, vecinos de Toluca, Edo. de México” escritos en Toluca hacia el 30 de mayo de 1912 por Manuel Barbabosa Saldaña, bajo el preciso testimonio de la historia oral, recogemos algunos párrafos relacionados con los toros de san Diego de los Padres que lidió Bernardo Gaviño. La única omisión, no por ello grave, es que no indica, en algunos casos ni la fecha, ni la plaza donde ocurrieron los acontecimientos reseñados.

    CAPULÍN NEGRO, que se había familiarizado con el vaquero que lo cuidaba, que dormía cerca de su choza y lo acariciaba. En su lidia fue muy bravo y Bernardo Gaviño que lo lidiaba hizo salir al vaquero, el toro se le arrancó acometiéndolo y este (el vaquero) lo llamó por su nombre y al oírlo el toro cambió de dirección. Volvieron a citarle los picadores a los que hizo cisco y el público en masa pidió que se le perdonara la vida, muriendo al poco tiempo en la hacienda a consecuencia de las heridas.

   GENDARME y FLECHA lidiados en Tlalnepantla resultando superiores y uno de ellos causó tal entusiasmo al ministro de España que asistía a la corrida, que llamó a Bernardo Gaviño, regalándole una petaquilla y le dijo: “Con estos toros no se echan de menos los de España.

    Asimismo menciona la amistad de Bernardo Gaviño con Rafael Barbabosa Arzate. El gaditano “le hablaba de las ganaderías españolas, de sus hierros, divisas y entre las ganaderías que le ponderaba como notables, era la del Exmo. Sr. Duque de Veragua y por simpatía a las narraciones que le hacía de ella quiso que sus toros fueran distinguidos por los colores rojo y blanco, mismos que usaba el Sr. Duque y a instancias de un buen amigo del Sr. Barbabosa, don Manuel Rodríguez, sevillano, se picaron unas vacas en el año de 1885, con lo que adquirió mayores conocimientos del modo como en España se calificaba a los toros; hasta que desgraciadamente murió el fundador de la ganadería en marzo de 1887, pasando a sus hijos que la han seguido fomentando con todo empeño y escrupulosidad”.

   Como vemos, la influencia de Gaviño también determinó algunos factores en la entonces recién formada ganadería de san Diego de los Padres. Sabíamos de su amistad, pero no de sus opiniones que definieron cierto sentido, al menos genérico a la futura ganadería de toros bravos, misma que ganó reconocimiento con el paso de los años.

   He ahí otro testimonio con que se forjó la ganadería de toros bravos de México, gracias a los buenos propósitos del torero español Bernardo Gaviño, cuya integración al esquema taurino nacional fue absoluta, al grado de decidir -para siempre- su residencia en estas tierras.

    Y OTRO RELANCE MÁS.

    Afortunadamente la información se confirma, y es posible saber que dichos toros Gendarme y Flecha fueron lidiados en la PLAZA DE TOROS DE TLALNEPANTLA, EDO. DE MÉXICO. Domingo 11 de junio de 1876. Toros de San Diego de los Padres. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

   De las páginas gloriosas en el libro de los recuerdos para San Diego de los Padres, aparecen los toros GENDARME y FLECHA, lidiados en Tlalnepantla el domingo 11 de junio de 1876, cuando visitaba nuestro país don Carlos VII de Borbón.

   Clementina Díaz y de Ovando, en su libro Carlos VII EL PRIMER BORBÓN EN MÉXICO, relata el acontecimiento.

    El domingo 11 (de junio de 1876) don Carlos asistió en Tlalnepantla a una corrida de toros. Muy príncipe, pero llegó a su palco como cualquier plebeyo, entre pisotones y empujones. La gente de sol lo ovacionó a su manera gritándole indistintamente; ¡don Carlos! O ¡don Borbón! Los bichos resultaron bravos, un picador y un banderillero se lucieron, y “un chulillo hábil y valiente manejó la capa como el barón Gostkowski el claque”.

   Don Carlos estuvo muy cordial con los que le ofrecieron la fiesta, llamó a su palco al banderillero y al picador (y como veremos después, al propio Gaviño), y los premió con esplendidez. El picador bien lo merecía ya que realizó toda una proeza, según reseñó La Revista Universal el 13 de junio:

La hazaña del picador merece contarse: embistió el toro y resistió el de a caballo bravamente; ni él se cansaba de arremeter; ni el hombre de resistir; al fin, desmontándose hábilmente sin separar la pica de la testuz, el picador se deslizó del caballo, se precipitó entre las astas del toro, soltó la púa, se aferró con los brazos y las piernas de la cabeza del animal, y mantuvo todavía algunos minutos completamente dominado y sujeto contra el suelo por un asta. El de la hazaña fue objeto de grandes ovaciones: ¡si al menos el mérito de la lucha hubiera salvado al mísero animal![1]

    Pero faltaba que Enrique María de Borbón llamara a su palco a Bernardo Gaviño a quien regaló una petaquilla y le dijo: “Con estos toros no se echan de menos los de España”.[2]

050_2012


[1] Clementina Díaz y de Ovando: Carlos VII. EL PRIMER BORBÓN EN MÉXICO. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978. 138 pp. Ils., p. 64.

[2] Información que proviene de mi libro: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

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