REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Sin alejarnos demasiado en tiempo, estamos una vez más en “El Toreo”, para observar varias imágenes del festejo ocurrido el 11 de octubre de 1908, cuyo cartel anunciador daba cuenta de los siguientes alternantes:

EL IMPARCIAL_10.10.1908_p. 7

 Hemeroteca Nacional Digital de México. El Imparcial, D.F., del 10 de octubre de 1908, p. 7.

    Y es que desde ocho días antes, en la propia prensa ya se hacía una intensa difusión de la temporada que había arrancado el 4 de octubre anterior, por lo que, para entender el grado de importancia desplegado por los medios impresos de comunicación, traigo hasta aquí la siguiente portada:

EL IMPARCIAL_04.10.1908

Hemeroteca Nacional Digital de México. El Imparcial, D.F., del 4 de octubre de 1908, segunda parte.

En el festejo del día 11 comparecieron las siguientes cuadrillas:

EL IMPARCIAL_11.10.1908_p. 5

 Hemeroteca Nacional Digital de México. El Imparcial, D.F., del 11 de octubre de 1908, p. 5.

    Entre las principales incidencias, se recogen cinco de ellas, que provienen de El Mundo Ilustrado.

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Una pica de “Chicorro” o “Chicorrito”.

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Es Julio Gómez “Relampaguito” quien realiza un valeroso recorte al tercer santineño de la tarde.

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“Relampaguito” consiguió redondear su actuación con dicho ejemplar y, por la notable faena que consumó, tras la estocada de rigor, el público asistente demandó la oreja misma que fue concedida por la autoridad. Aquí lo vemos llevando en la mano la oreja del toro que le fue concedida por su gran faena.

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Toca el turno a Diego Rodas “Morenito de Algeciras” el que espera que su enemigo doble luego de la estocada que propinó al que fue primero de la tarde. Es de hacer notar la presencia, el número de otros tantos integrantes de las cuadrillas, entre sus propios alternantes, así como de peones y banderilleros lo que significa, por un lado, el alto grado de dificultad y peligro que suponía aquel momento de la lidia, cuando el toro llegaba al tercio final en condiciones de fuerza que no coinciden con las de los ejemplares de nuestro tiempo. Aunque el tercio de varas implicaba un castigo elevado en el número de varas, y las crónicas podrían registrar de cuantas se trataban, así como del número de bajas en los caballos, aquellas picas se convertían en pellizcos o refilonazos, que evidentemente conseguían su objetivo, pero que no rebajaban, en muchos casos, el poder que los toros podrían demostrar en el ruedo. Y no solo era esto. También en breves momentos, su comportamiento en la lidia podría haber cambiado radicalmente, con lo que muchas veces o terminaban defendiéndose o demostrando su bravura a cabalidad.

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Julio Gómez “Relampaguito” cita al burel para ejecutar un pase al natural. Puede apreciarse la catadura del pupilo de D. José Julio Barbabosa, uno de aquellos famosos “Toros Nacionales” por su procedencia eminentemente criolla, y que distinguía a dichos astados de otras tantas ganaderías que, para entonces, ya habían entrado en un proceso de aprovechamiento de los encastes españoles que estuvieron presentes en nuestro país desde 1887, pero que llegada la primera década del siglo XX, se alcanzaba una primera gran etapa de consolidación.

Por todas las imágenes: El Mundo Ilustrado, año XV, T. II, N° 16, del domingo 18 de octubre de 1908.

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