50 RAZONES PARA DEFENDER LA CORRIDA DE TOROS.

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   He leído con atención 50 razones para defender la corrida de toros. Su autor, Francis Wolff, filósofo y catedrático francés, que ha impartido cátedra en diversas universidades francesas y americanas, es un taurino convencido que sabe utilizar sus conocimientos para expandir la defensa de la fiesta de los toros misma que alcanza, en este libro de poco menos de 100 páginas, una recolección de 50 razones repartidas en nueve grandes rubros. A saber:

 -¿Son tortura las corridas de toros?

-El sufrimiento del toro.

-La muerte del toro.

-Los toros y el medio ambiente.

-La corrida como espectáculo.

-La fiesta de los toros en la cultura y en la historia.

-La corrida y los valores humanistas.

-La fiesta de los toros es creadora de inestimables valores estéticos, y

-Los peligros del animalismo.

50 RAZONES PARA DEFENDER...

Francis Wolff: 50 razones para defender la corrida de toros. 2ª ed. Córdoba, España, Taurología, editorial Almuzara 94 p.

   Con una capacidad de síntesis que sombra, pero sobre todo con una congruencia luminosa y equilibrada, plantea pros y contras para ponerlos en la balanza desde la cual se ventilan los mejores planteamientos que puede ofrecer el taurino pensante.

   El hecho de su formación no se refleja en desarrollo teóricos de complicada manufactura a la que podría unirse un lenguaje inentendible. Pero no es así. En todo momento la lectura y comprensión son claras, comprendiendo, si así lo pretenden del mismo modo taurinos que antitaurinos. Por los valores que expone, de principio a fin pondera la composición alcanzada por este peculiar espectáculo el cual, el calificarlo de arcaico, lo ubica como una manifestación que, al cabo de los dos últimos siglos ha alcanzado su condición de madurez profesional, la de una representación profana, escénica, cargada de rituales y que también está sujeta a una normatividad, a un orden que le ha sido instaurado para mantener principios de legitimidad que justifican a plenitud, el centro de todo el origen ante su polémica presencia. Me refiero al sacrificio y muerte del toro, componente fundamental del espectáculo. Ese difícil trance para muchos es un llamado a la crueldad, sentido e intención que no se corresponde con la crueldad –o más aún, la tortura- que aduce una mayoría oponente, por venir de un significado cuya fuente originaria era y sigue siendo el ritual. Esa expresión, a lo largo de los tiempos probablemente ha sufrido los cambios en su forma, pero no en su fondo.

   El propio Wolff justifica ese punto como sigue:

    La tortura tiene como objetivo hacer sufrir. Que las corridas de toros impliquen la muerte del toro y consecuentemente sus heridas forma parte innegablemente de su definición. Pero eso no significa que el sufrimiento del toro sea el objetivo –de hecho no más que la pesca con caña, la caza deportiva, el consumo de langosta, el sacrificio del cordero en la fiesta grande musulmana o en cualquier otro rito religioso-. Estas prácticas no tienen como objetivo hacer sufrir a un animal, aunque puedan tener ese efecto. Si se prohibieran todas las actividades humanas que pudieran tener como efecto el sufrimiento de un animal, habría que prohibir un importante número de ritos religiosos, de actividades de ocio, y hasta de prácticas gastronómicas, incluyendo el consumo normal de pescado y carne, que implica generalmente estrés, dolor e incomodidad para las especies afectadas.

   Las corridas de toros no son más tortura que la pesca con caña. Se pescan los peces por desafío, diversión, pasión y para comérselos. Se torean los toros por desafío, diversión, pasión y para comérselos (obra citada, p. 20-1).

    Pero especialmente hoy, la globalización, el neoliberalismo, la modernidad, el totalitarismo y todas las ideas o posturas adoptadas por las sociedades modernas rechazan expresiones de esta dimensión, lo que resultan complicado pues los cimientos que mueven todo esto, se encuentran orientados hacia la modernidad, al futuro por lo que esa prospectiva les impide mirar todo aquello que nos constituye en tanto seres humanos (por eso humanidad y animalidad no pueden  ir juntos, aunque lo pretendan) y que se encuentra con fuerte carga de concentración en el pasado. Si ese segmento temporal lo omiten o pretenden omitirlo deliberadamente, se enfrentan al natural conjunto de razones que fundamental al ser humano y los complejos mecanismos integrales a los que se ha asociado hasta llegar a ser lo que hoy somos. Pero esa articulación ha tomado siglos de fundir sociedades, de unirlas o dispersarlas. Entre todo ese andamiaje no debe faltar la presencia de la naturaleza, la de su uso conveniente o no. La de la domesticación, lo mismo de plantas que de animales y ahí precisamente en ese punto, cabe su convivencia con el toro.

   Lo demás, nos lo cuenta Francis Wolff con ameno y claro lenguaje, en su esfuerzo inteligente por darnos una auténtica lección que de seguro así podría ser como se experimenta en el aula, espacio educativo, académico con el que, como muchos maestros, cumplen con el compromiso de desplegar sus experiencias con los estudiantes futuros profesionales en potencia; quienes al ingresar a territorios como el de esta formación sensata e inteligente, terminen por compartir el conocimiento; como el que en 50 razones… se vuelve una auténtica lección de vida.

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