SOBRE LA PRENSA TAURINA HACE 110 AÑOS.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

ALMANAQUE_LA FIESTA NACIONAL_1904_1 ALMANAQUE_LA FIESTA NACIONAL_1904_2

   Van por delante estas dos páginas, incluidas en el Almanaque de La Fiesta Nacional, publicación semanal ubicada en la Biblioteca Nacional de España, lo cual permite entender ya, la amplia cobertura que, desde la internet, pero sobre todo desde las instituciones públicas que están conscientes de que, en la medida en que estén a disposición de los interesados materiales de esta naturaleza, será posible alcanzar un mejor grado de comprensión. De ahí que, al localizar la presente, el contenido de las dos imágenes aquí recogidas, posee una serie de elementos cuyo contenido es motivo para las siguientes notas.

   Por cuanto puede leerse, el contenido posee elementos de valor con los que se entiende el estado de cosas que se mantenía no solo en la fiesta misma, sino entre aquellos integrantes de la misma dedicados a dar razón de diversos acontecimientos, y siempre al amparo de las tribunas periodísticas. El nombre de Manuel E. Icaza, el cual firmaba sus notas como Festivo viene a resultar una novedad en medio de aquel despliegue de otras tantas firmas, como las de Julio Bonilla, José del Rivero o Carlos Quiroz que eran las dominantes en aquella época.

   Icaza se sincera en las primeras líneas de su apunte argumentando que

 Enemigo soy de todo lo confuso o de difícil estructura, tanto porque creo que no se deben cubrir con falso oropel las deficiencias del entendimiento, como porque nunca he logrado sobresalir en lo que llaman vulgarmente lenguaje sonoro y retumbante; por lo tanto será enterarse de mi opinión sobre la inteligencia y afición de este público.

    Estas primeras ideas, recuerdan aquella visión que del mismo ejercicio periodístico tuvo Carlos M. López “Carolus” más o menos por la misma época, y tratado aquí en estos mismos espacios virtuales de APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS.[1]

 Para saber juzgar de toros, se necesita aparte de los conocimientos necesarios, la imparcialidad y la afición, sin lo cual sería bien fastidioso asistir a las corridas, ya que siempre ha sido desagradable para mí, el público apasionado.

    De hecho, Festivo líneas atrás había dado un severo juicio de valor contra los villamelones, en medio de aquella condición tradicional que asume el aficionado el cual se considera no solo un taurino más, sino un ente crítico con voz y voto, en el que si se es más imparcial, mejor aún.

   Eso sí

 (…) No es raro ver en las corridas formales (que algunas veces salen peor que novilladas) a pobres hombres que para ir a su diversión favorita, dejan de comer el domingo y se deshacen de sus más útiles objeto para poder hacerlo el lunes.

    Sin embargo esa opinión se debe al hecho que desde entonces, los altos precios en las entradas provocaba –en muchos- esa situación, la cual sólo privilegiaba a los “coletas” que venían de ultramar y a quienes parece estar dirigida la opinión en cuanto a sus elevadas tarifas, a las que se plegaban los empresarios. Ya vemos: Hoy como ayer…

   ¿Y sobre la prensa?

    No me parece inoportuno decir que los escritores mexicanos (me refiero por supuesto a los escritores taurinos) son en su mayoría poco notables; ¡pero esto no quiere decir que no los haya de valer!; los hay, sí señor; pero aparte de que no son muchos, algunos de ellos, y no los menos inteligentes, se han retirado del periodismo.

   La prensa taurina se compone en su mayoría de periodiquitos que salen poco después de la corrida y alguno de los cuales están escritos con imparcialidad y buen criterio, a pesar de que cuando escribo estas líneas se dice que verán la luz, semanarios taurinos ilustrados, de valía.

    En efecto, ese síntoma deja ver a las claras que, independientemente del notable número de publicaciones de la época, no exista la suficiente confianza como para dar lectura y conocer los hechos de la mejor manera posible. Sin embargo, hoy a más de un siglo vista, las pocas fuentes hemerográficas que sobreviven en México permiten entender el tipo, el estilo, la “línea” que seguían algunos de aquellos redactores. Pero sobre todo la parcialidad o imparcialidad de sus plumas con lo que se beneficiaba o perjudicaba también la opinión de los aficionados.

   Por aquel entonces, estaba de moda en nuestro país el torero Antonio Reverte quien, a lo que se vé, tuvo mayor acogida que la alcanzada por Antonio Montes, por ejemplo.

   Y vaya asunto con que nos sorprende Festivo, pues tal pareciera que describe, en perspectiva una apreciación que en 1904, era tan similar a la que hoy, 2014 parecen tener los mismos efectos. Veamos.

    Si de algo se le puede tachar (al público) es de ser demasiado benévolo con las empresas, pues cree que la corrida venidera será buena, aunque la anterior haya sido indigna de un villorrio, pagando a la empresa su mal comportamiento, concurriendo en masa a los espectáculos que le proporciona. Mucho y malo necesitan hacer las empresas para disgustar al público.

MANUEL E. ICAZA

    Es una lástima que su apreciación, con la que cierra sus apuntes, y se cierran estos, es una delicia cargada de nostalgias y que parecen arrancadas del viejo celuloide…

    Ver en un domingo de toros la Calzada de la Piedad (camino de nuestra principal plaza) es un espectáculo digno de ser admirado por propios y extraños. Millares de elegantísimos carruajes, en los que se ven a mujeres fascinadoras (¡cuidado que hay mujeres guapas entre mis paisanas!) capaces de derretir con sus miradas al hombre más invulnerable, transitan en medio de una multitud ebria de gozo y entusiasmo al dirigirse a la preferida de sus diversiones.

(…)

   Este espectáculo de sin igual encanto, tiene por final las más de las veces… Seis bueyes de carreta, lidiados (¿?) por Jindama[2] y Compañía. 

   Un apunte final a manera de precisión: Manuel era hermano mayor de Alfonso de Icaza quien, con el tiempo se convertiría en periodista así como en coeditor de El Redondel. El periódico de los domingos.

BENITO SUÁREZ ARGÜELLES

    En el caso de Benito Suárez Argüelles corresponsal gráfico, también hay encontramos tela de donde cortar, pues es otro personaje del que se conoce cualquier dato, en unos momentos en que la fotografía taurina comenzó a tener a algunos representantes como los Valleto, E. A. Tostado, D. Pesado, J. R. Toquero, José Tagle y Aguilar, F, Lavillete, Malvaez, un señor Rugama y hasta el propio Carlos Quiroz, todos ellos anteriores a esa generación emergente encabezada por los Casasola, Lupercio, Melhado, Urbina, Sosa y en fin… la mar de buenos fotógrafos.


[2] la jindama es una enfermedad de todas las épocas, infiltrada de padres a hijos en el género humano desde Adán hasta nuestros días.

   Nadie está exento de ella en mayor o menor escala.

   Nadie está ajeno de ser víctima de sus ataques.

   Todos tienen jindama, en fin, en este pícaro mundo…

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