EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Justo El día de antier, 10 de abril, cuando debí participar en un evento académico en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, el mismo tuvo que ser cancelado por el hecho de que existieron condiciones de seguridad ante la apretadísima actitud de opositores que desataron sus comentarios en redes sociales, lo que obligó a las autoridades de dicha facultad a suspender el evento. Los síntomas parecen ser los mismos: una presencia ideológica cada vez más poderosa que está procurando inducir, sobre todo a jóvenes o a políticos a condescender con los principios establecidos en esa supuesta cultura que plantea el hecho de que los animales, como el hombre deben gozar de los mismos derechos. En ética o en metafísica esta consideración no cabe, pues humanidad y animalidad son dos cosas absolutamente distintas. Que el hombre, a lo largo de los siglos alcanzara un grado de conciencia muy elevado con respecto a la raza animal, ello le permitió domesticar muchas de ellas, así como lo hizo con otros tantos componentes naturales. Para ello, un proceso muy complejo como el ritual en sus distintas expresiones, se incorporó para darle significados que hoy ya son difíciles de entender. La modernidad, la globalización, el neoliberalismo han terminado por causar ambientes de confusión en el ámbito de las ideas que se manifiesta en otras tantas sociedades de nuestro tiempo. Esos cambios, radicalizados a partir de la presencia de la internet y me atrevo a intuir, también del cambio climático con todos los fenómenos que están por venir debido a reacciones que se producirán en tiempos muy cortos, obliga a que el ser humano actúe en estos términos. Si dicha actuación fuese del todo convencida, e incluso comprometida ante un fenómeno negativo, estoy de acuerdo en avalarla, en apoyarla. Pero si ese cambio se produce sin tener los fundamentos de rigor, nos enfrentamos a un hecho en el que la confusión será la parte ganadora.

   En fin, que el tema da para mucho y la tauromaquia se encuentra “entrampada” en ese conflicto ideológico y de intereses que, si contamos con elementos para defenderla, seguiremos en ese frente de batalla.

   Por ejemplo, el día de hoy he leído con profundo interés el comentario que emite el Lic. en Comunicación por la Universidad Latinoamericana Jorge Raúl Nacif cuyas observaciones me parecen muy precisas, puntuales, al respecto de la reacción que sobrevino tan luego fue cancelado el evento en el que, por circunstancias muy especiales, yo estaba incluido para impartir una ponencia (Véase: “Espectro Taurino Intolerancia de los “tolerantes”: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=18828) . “Indignación” es el término más propicio para hacer manifiesta mi desilusión al respecto de una falsa expectativa en torno a esa creencia sobre los significados que una Universidad debería mostrar a la hora de manifestar su apertura, su tolerancia, no sólo en cuanto a lo que signifique la presencia del magisterio, sino de la cátedra y las ideas que se discuten al interior de la misma. Lamentablemente el extremismo, lo radical de una supuesta conciencia que no va de la mano con los principios universales de la institución quedó rebasada ante el impacto del fenómeno de las redes sociales, entorno del que surgió la demanda para que no sólo se “desataran los demonios” de los que rechazan una expresión como la tauromaquia, sino para que la autoridad de la misma Facultad decidiera llegar hasta ese punto de cancelación.

   Lamento profundamente que un sector muy localizado o focalizado de intolerantes hayan mostrado una cerrada y frontal actitud de no querer hacer incluyente un tema de suyo, polémico, es verdad. Sin embargo, tema que –como el taurino- posee elementos de justificación y explicación desde las cuatro perspectivas que se pretendía abordarlo, a saber:

-La literatura taurina, cultura y sociología taurina, léxico taurino y periodismo así como historia del periodismo taurino en México. Estos cuatro asuntos no pretendían convertirse en detonante de un conflicto, sino informar, compartir las experiencias que cada uno de los ponentes ha venido poniendo en sus diversos oficios en tanto universitarios que somos quienes ahora nos vimos sujetos a tamaña represión respecto a nuestra libertad de expresión. Es precisamente ese punto el que nos tiene sorprendidos, indignados, ya que habernos encontrado ese rechazo en el punto nodal de un espacio universitario, es que mueve a reflexión. Esa es una prolongada tarea de análisis donde deben observarse ciertas “patologías” en cuanto al tipo de ideologías, mentalidades, actitudes y demás síntomas se pueden apreciar en tan reconocido territorio intelectual. Sin embargo, uno de los aspectos que se perciben nada más se ingresa a la Universidad es el la “absoluta” libertad que en ella se respira. Pero ya vemos, tal asunto no ocurre como se tendría previsto. Antonio de Solís y Rivadeneyra “Cronista mayor de las Indias” pensaba que “la verdad era el alma de la historia”. Lamentablemente su ideal quedó hecho añicos con este capítulo en el que habiéndose ofrecido condiciones de alimento espiritual y cultural, no se llegó al culmen de sus aspiraciones por el sólo comportamiento de un sector que se opuso a tales intenciones.

   Si al sólo pronunciamiento de la expresión “Tauromaquia” se pueden generar tan encontradas reacciones, nosotros los taurinos estamos en la mejor disposición de explicar en estos precisos momentos su presencia, su influencia y sus “discutibles” elementos que la constituyen, porque no es una representación surgida por obra de la casualidad. Acumula miles de años, en algunos casos; centenas en otros, pero que por sus circunstancias muy particulares, requiere la paciente, equilibrada y razonada condición de ser desvelada ante quien, en tolerante actitud desee entenderla y comprenderla mejor.

 12 de abril de 2014.

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