LA EXALTACIÓN DEL TORO BRAVO EN LOS CARTELES DURANTE EL SIGLO XIX EN MÉXICO.

MUSEO-GALERÍA TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En una revisión exhaustiva a infinidad de documentos relacionados con Bernardo Gaviño, Ponciano Díaz y la hacienda de Atenco -tres temas de investigación paralela- encuentro un interesante detalle: el anuncio de los toros.

   Durante el siglo XIX, el cartel jugó un papel de comunicación que permitió un acercamiento entre los protagonistas: empresa, ganaderos y toreros, cuya sociedad siempre ha dirigido sus propósitos para beneplácito del público. Este, se enteraba en detalle de todos los prodigios de que iba a ser testigo en cualquiera de esas tardes fascinantes, salpicadas de invenciones. Y los toros no pierden el peso de su papel. Antes al contrario, lo ganan gracias a un discurso en el que los toreros -actores principales- elevaban las virtudes al mencionar cosas como las que a continuación leeréis:

PLAZA NACIONAL DE TOROS, domingo 15 de agosto de 1824: ocho escogidos toros de la acreditada raza de Atenco, incluso el embolado, con que dará fin.

 –PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, domingo 18 de enero de 1857: SEIS TOROS del cercado de ATENCO, de la misma tan buena calidad como los que se jugaron en la corrida anterior, y de cuya bravura no hay necesidad de hacer ninguna recomendación, por ser tan conocida de los espectadores.

 –PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, domingo 8 de febrero 1857: ARROGANTES Y BRAVOS TOROS DE LA ACREDITADA RAZA DEL CERCADO DE ATENCO. 

GRABADO EN UN CARTEL TAURINO_08.12.1850_PUEBLA

Grabado en un cartel taurino, celebrado en la ciudad de Puebla,

el 8 de diciembre de 1850. Col. del autor.

 -PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, domingo 10 de enero de 1858: OCHO O DIEZ TOROS DE LAS ACREDITADAS RAZAS DE ATENCO Y EL CAZADERO ($1,000.00 PARA EL QUE GANE). (Competencia).

 -PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, domingo 4 de abril de 1858: SEIS ARROGANTES TOROS DE LA RAZA DEL CAZADERO.

 –PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, jueves 3 de junio de 1858: SEIS VALIENTES TOROS de la muy conocida RAZA DEL CERCADO DE ATENCO, que personalmente he escogido (comenta Bernardo Gaviño) entre todo lo mejor que hoy se encuentra en dicho cercado.

PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, domingo 20 de enero de 1864: SEIS BRAVÍSIMOS TOROS de la muy acreditada raza de ATENCO.

 -PLAZA DE TOROS EN NUEVO LAREDO, MÉX., domingo 11 de febrero de 1894: Toros de la nunca bien ponderada ganadería de ATENCO, estado de México.

    Al traer todas estas descripciones no es con el solo objeto de recoger simplemente testimonios para apreciar esa carga de adjetivos calificativos con que se describía al ganado para la lidia, sino la valiosa oportunidad de entender la forma en que se interpretaba la casta o bravura del toro en el siglo que nos convoca. De esa manera se tiene oportunidad de interpretar la misión de los señores de ganado (etapa anterior a la del ganadero profesional) y los propósitos que buscaron para darle a la casta o a la bravura las condiciones esenciales para orientarlas a la plaza de toros como fin último de sus pretensiones.

   Ahora bien, se entiende con todo esto un sentido que poco a poco se va acercando a la realidad que pretendieron los “señores de ganados” al aplicar un criterio de selección acorde con los tiempos modernos mismos que se presentarán para la fiesta de toros en México a finales del siglo XIX. Considero que durante buena parte de aquellos años estuvo en funcionamiento la “selección autóctona del ganado”, misma que basaba su propósito más que en encontrar la base de la bravura, a elegir aquellos toros que por sus características cumplieran con ciertos requisitos establecidos por enviar a la plaza lo mejor de los cercados y así, satisfacer el gusto popular.

   Llama la atención que en su gran mayoría se lidiaran permanentemente toros de la hacienda de Atenco. Dicha propiedad, con aproximadamente 3,000 hectáreas llegó a tener una producción abundante en cabezas de ganado. Así por ejemplo, en 1856, se reporta el

ESTADO GRAL. ATENCO EN 1856

    Es curioso que en los reportes o balances como el anterior, se registre al ganado de casta como “cerrero”, denominación de todos aquellos toros cuyo modus vivendi se desarrolla al pie de un cerro, lejos del contacto directo con el hombre, si acaso para las tareas de escogerlos para su envío correspondiente a las plazas de toros. Evidentemente existían personajes cercanos al dueño de la hacienda, cuya experiencia en el toreo se reflejaba en dichas labores de selección, donde el criterio debe haberse basado en razones esenciales como las de la presentación, encornadura, tipo, y desde luego, alguna bravura que se encargaban de descubrir los más allegados al hacendado.

GRABADO EN UN CARTEL TAURINO_15.12.1850_PUEBLA

Grabado en un cartel taurino, celebrado en la ciudad de Puebla,

el 15 de diciembre de 1850. Col. del autor.

    Caben aquí algunas opiniones emitidas por el Dr. Carlos Cuesta Baquero acerca de los procedimientos aplicados en las haciendas para seleccionar o escoger al ganado que destinaban a las plazas de toros.

   En aquellas épocas no había en las “haciendas” que tenían toros destinados a la lidia, la costumbre de hacer la operación que nombran “tienta” y actualmente es reputada indispensable en las ganaderías bravas. En Atenco a pesar de ser ganadería antigua y prestigiada tampoco se conocía el recurso, pero si había la precaución de “calar” a los toros que habían de ser vendidos para las plazas de toros, cercanas o lejanas porque hasta la ciudad de Puebla enviaban partidas de veinte y treinta toros, que eran distribuidos en varios domingos.

   Don Rafael Barbabosa Arzate, propietario de la ganadería a partir de 1879 cuidadoso del prestigio de la ganadería y desconfiado del conocimiento taurino que él poseía, siempre que era hecha la “cala” de los toros, la dirigían y eran autoridades arbitrales dos hermanos toreros, domiciliados en la ciudad de Toluca. Eran José María y Felipe Hernández, lidiadores de toros -respectivamente espada y banderillero- muy estimados en toda la región del Estado de México.

   El modo de “calar” consistía en hacer que los toros embistieran a un dominguillo “dominguejo”, zarandeándolo repetidamente. Toro que hacía tal, era reputado apto para la lidia en la plaza de toros. A veces para apartar al toro de junto al destrozado pelele, había que torear dando algunos lances. Entonces era cuando entraban en actividad los dos toreros Hernández y también tomaba participación el futuro gran diestro Ponciano Díaz.

   Personajes cercanos a José Juan Cervantes, último conde de Santiago de Calimaya, propietario de Atenco (antes, en 1820 aprox. fue administrador el Teniente Coronel D. Martín Angel de Michaus; en 1833, el Sr. José María González de Pliego y tres años más tarde, el Sr. Coronel D. Antonio Ycasa). Entre otros está el hombre que definió un estilo, una circunstancia y un destino concretos para la hacienda atenqueña. Me refiero a Bernardo Gaviño, quien acudió frecuentemente a las labores propias de selección, y donde él mismo anuncia en esos carteles “que personalmente he escogido entre todo lo mejor que hoy se encuentra en dicho cercado”.Asimismo, en 1874, aparece un reporte de los

 Chilcualones de la hacienda de Atenco los cuales eran:

 Caudillo:        Felipe Hernández

Vaquero:       Luis Díaz

       ”               José Díaz

       ”               Jesús Bernal

       ”               Toribio Díaz

       ”               Aniceto Montes de Oca

Caballego:      Quirino López

Carrocero:     José María Hernández

       ”               Tomás Hernández.

    Las connotaciones a términos poco comunes como los que hemos visto, deben estar cimentadas en la experiencia de los hombres cercanos al dueño de la hacienda, mismo que dejó en todos ellos la confianza por encontrar lo mejor en el ganado que se criaba en Atenco. Cabe hacer una observación: Tomás Hernández junto con sus hijos Felipe y José María estaban muy ligados a la tauromaquia, puesto que Tomás “El Brujo” y José María “El Toluqueño” eran matadores que destacaron hacia los años 60 y 70 del siglo antepasado, particularmente en los rumbos del valle de Toluca, bajo el típico modelo de “toreros feudales”. Su experiencia quedó reflejada en estas actividades, porque todo torero busca un toro acorde a la lidia según el momento histórico que se registra. Para esos años la conciencia del quehacer taurino impuesto por Gaviño contaba con sustentos bastante sólidos y ya no era nada más la improvisación. Estaban de por medio otros factores que con toda seguridad encontraron conviviendo en una hacienda con cuyos toros realizaron la mayoría de sus hazañas.

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