¿MAZZANTINI VS. PONCIANO? / (1 de 2).

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

I

   Dícese que Ponciano no veía con buenos ojos la llegada de Mazzantini al país, que siendo él discípulo de Bernardo Gaviño, le bebía los alientos en todo, hasta en aquello del mete y saca, que era la estupenda especialidad del diestro gaditano.

   Dicha declaración aparece en el libro Diez lustros de Tauromaquia de Pedro de Cervantes y de los Ríos quien, a su vez, entrevistó en largas jornadas al viejo Ramón López, personaje fundamental que vivió los momentos claves de la reanudación taurina en México y concretamente, en el Distrito Federal, lugar que, por más de 19 años se vio privado de dicha diversión popular.

   La llegada de Mazzantini a Puebla ocurrió el 25 de febrero de 1887, y desde su primera corrida el 27 del mismo mes sufrió el ataque artero y cobarde de un grupo de rijosos enviados por no se sabe quién y cuyo afán fue apedrear y agredir de palabra a picadores y banderilleros del güipuzcoano sin motivo alguno. En la plaza, la respuesta fue efusiva y agradable.

F1013

“Una posada en el Callejón de los Seis Monos”.

Fuente: Biblioteca “Miguel Lerdo de Tejada”. Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Fondo Reservado. Hemeroteca. El Monosabio, T. I, 1887-1888.

    Pues bien, la teoría de diferencias construida para causar las confusiones de rigor, no tiene, a nuestro buen entender, peso en ninguna de sus dos balanzas: ni en la que se propone mostrar a un Ponciano Díaz envidioso, ególatra, dueño y señor de sus principios, ni en aquella otra donde se palpa a un Ponciano Díaz consciente, amable, capaz de permitir la lucha sin oponer resistencia. No. Eso simplemente es acercarse a los extremos. Claro, es difícil conjeturar cuando los hechos han transcurrido después de 125 años.

   Si debemos ver un panorama de diferencias lógicas, cuyos principios se basan en la desmedida y ciega pasión que mostraba el público de aquellas épocas. Luego entonces, se abre la hipótesis sobre si Ponciano Díaz y Luis Mazzantini torearon juntos. Ambos toreros sólo fraternizaron en un jaripeo ocurrido en BUCARELI justo el 20 de enero de 1888, acto que se celebró de forma privada.

   Ahora bien, las dos primeras contratas que en nuestra República tuvo Mazzantini, especialmente la segunda, la de “Colón”, pusieron en relieve la personalidad torera de Ponciano Díaz, porque dichos compromisos dieron causa para que fueran manifiestos el inmenso partido que tenía el espada indígena, la adhesión ferviente, casi idolátrica, de sus partidarios, la impugnación severa que hacía el bando contrario, evolucionista, y la deficiencia así como los esfuerzos del torero para ajustarse al nuevo molde que ya agradaba a numerosos aficionados.

   Estuve en aquella contienda (nos dice Cuesta Baquero). Tomé participación sin parcialidad porque ambos contendientes, los dos bandos, tenían mis simpatías. Si el evolucionista satisfacía a mis ideales formados por la lectura de tratados de Tauromaquia, en el del toreo anticuado estaban mis amigos y con ellos la añoranza de múltiples corridas que presencié durante mi niñez.

   Al respecto de la “Gran Temporada” en “Colón”, en la cual participó Mazzantini, a Ponciano -y para luchar contra el güipuzcoano-, sólo le hacía falta una plaza de toros en que poder actuar. Y dicho y hecho, buscó para tener el capital necesario dos socios,

 que vieran en el nuevo coso un buen negocio, de pingüe y seguro rendimiento. Halló los asociados en el General don José Ceballos, Gobernador del Distrito Federal, y en don Quintín Gutiérrez, conocido y acaudalado comerciante de nacionalidad española.

   A continuación los hechos ocurridos el infausto 16 de marzo de 1887, fecha en la que se presenta el torero de Elgoibar Luis Mazzantini en la plaza “San Rafael” de nuestra ciudad de México.

   Para comenzar, la empresa de “San Rafael” cedió a la de Puebla la plaza para la corrida de Mazzantini, por ello es que llegaron a los corrales de dicho coso 4 toros de Santa Ana la Presa, desechados de la corrida del 13 de marzo en Puebla. Se agregaron: un viejo semental y otros tantos animales del mismísimo rastro.

   Los toros -apunta Heriberto Lanfranchi- infames, ocasionaron una bronca de proporciones incalculables y el sexto ya ni siquiera salió al redondel pues una lluvia de proyectiles desahogaba la ira de los defraudados espectadores. Tras su salida del coso (luego de que la lidia de los supuestos toros resultó un fracaso) Mazzantini fue agredido verbal y físicamente por enardecidos pero ajenos públicos que ni por casualidad acudieron a la corrida, pues los precios de las localidades en esos momentos eran estratosféricos. De la estación del ferrocarril salió con rumbo a Veracruz y de allí a Nueva York para embarcarse hacia España.

CONTINUARÁ.

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