¿MAZZANTINI VS. PONCIANO? / (2 de 2).

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En los párrafos anteriores comencé a tratar uno de los casos que, por interesantes, acumuló Ponciano Díaz en su vida de torero. Se trata, como ya se sabe, del enfrentamiento entre nuestro paisano y el torero español Luis Mazzantini, de quien se dijo habían tenido oportunidad de encontrarse en la plaza, frente a frente. Tal, no tuvo verificativo, en virtud de que entre sus actuaciones no hubo coincidencia, sólo la que conocemos del jaripeo ocurrido el 20 de enero de 1888 en la plaza de Bucareli. Hubo después otra ocasión en que la afición pudo enfrentarlos: precisamente a raíz de que Juan A. Mateos escribiera en 1888 la zarzuela PONCIANO Y MAZZANTINI, con música del maestro José Austri. Nuevos estudios, me han llevado a encontrar que, en otro momento, el propio Juan A. Mateos no pudo lograr otra promesa literaria en loor de Ponciano. En El Monitor Republicano del 20 de febrero de 1891, p. 2, se daban a conocer los pormenores:

EL MONITOR REPUBLICANO_20.02.1891_p. 2

  Debido a la gran pasión despertada por estos dos espadas. Incluso

 (varias) veces hubo que se llegó a las manos por dilucidar cuál de los diestros toreaba mejor.

   Los actores vistieron trajes de luces pertenecientes a los espadas y el Teatro Arbeu fue insuficiente para dar cabida a tanto número de espectadores llegando aquello al paroxismo total.

   A Mazzantini aquella idea de verse representado en un escenario le gustó y aceptó la sugerencia de presentarse como actor en el Teatro Nacional en una función de beneficencia a la que asistió don Porfirio Díaz. El buen éxito alcanzado animó al diestro a presentarse dos veces más en diferentes obras. Y como el público le aplaudió más que a los otros actores, el matador seguramente creyó que era tan buen autor como buen torero.

    Al ampliar esta información se sabe que entre el 25 y el 31 de diciembre de 1888 hubo un asunto que fue tema de conversación. Algunos aficionados llegaron al extremo de alquilar el Gran Teatro Nacional para arreglarlo de tal modo que pudieran darse en él algunas corridas de toros en las noches, toreando las cuadrillas de Luis Mazzantini y Ponciano Díaz. Hoy, esa especie provoca estruendosa carcajada, pero entonces se la acogió como verosímil y aun hubo quien hiciera proyectos de reventa de boletos. Ese notición fue publicado en el periódico taurómaco EL ARTE DE LA LIDIA.

   Pero nos quedamos relatando los acontecimientos del 16 de marzo de 1887, fecha en la que el motín había alcanzado proporciones excesivas y el robo a tiendas de ultramarinos y el insulto a los españoles radicados en México no cesaba. Dicha situación que se adjudicaba a Ponciano Díaz nunca fue probada y además él la desmintió en estos términos:

 Con motivo de las manifestaciones ruidosas hechas por el público en la corrida de toros verificada en la plaza de la calzada de San Rafael día 16 del actual, no han faltado quienes aseguren que tuve alguna injerencia en el alboroto popular, de que tanto se ha ocupado la prensa.

   Fuera de que en ese día estuve enfermo y no salí de casa, y haciendo a un lado la consideración de que por carácter y por costumbre, estimo y trato con respeto y afabilidad a los que ejercen el arte del toreo, pues conozco las dificultades que dicho ejercicio ofrece en todas partes, debo hacer constar lo siguiente:

   No sólo no fuí hostil al Sr. D. Luis Mazzantini y su cuadrilla, sino que tuve la satisfacción casualmente en Puebla, de asistir a una corrida dada por ellos, de la cual en lo particular hablé al Dr. Donaciano Morales y a usted, Sr. D. Juan de Dios Peza, en los términos cariñosos que ustedes fueron los primeros en aplaudirme, felicitándome por mi manera de pensar en ese sentido.

   Además, mis compromisos de trabajo, no me permiten nunca descender a pequeñeces impropias de mi carácter.

F1384

“Fígaro” vuelve a ilustrar un interesante acontecimiento, en el que fue célebre el famoso abrazo que se dieron Luis Mazzantini y Ponciano Díaz en la plaza de toros de Colón, y que, calculado por Zúñiga y Miranda, y cronometrado por Cantolla y Rico resultó largo, muy largo. LO DE MODA.-CRÓNICA DE REDONDEL. El abrazo fenomenal de Ponciano y Mazzantini. DURACIÓN: 2 horas, 400 minutos, 25 segundos y un milésimo de segundo. (Cálculo de Zúñiga y Miranda; cronómetro de Cantolla).

Fuente: El Hijo del Ahuizote. Tomo III. Ciudad de México, domingo 15 de enero de 1888. Nº 106.

    Si el afecto popular de algunos, los obliga en un grito de entusiasmo a mezclar mi nombre con un arranque de alegría ¿querrá esto significar que yo tomo parte alguna en ello?

   Nunca olvido que un torero español, muy aplaudido y muy querido por el público mexicano, el inolvidable Bernardo Gaviño, fue mi buen amigo y siempre él vio mi patria como la suya, por lo que yo respetaré con su memoria la tierra donde nació y a sus compatriotas que con éxito siguen su mismo ejercicio.

   No es cierto como se ha dicho que la policía me haya buscado ni hay motivo para inquietarla, pues ni gusto ni quiero hacerme cómplice en nada que altere la paz pública. Trabajo para vivir y usted sabe que nunca me he mezclado en reparar aplausos propios ni disgustos ajenos.

   Agradeciendo a usted, señor Peza, la publicación de estas líneas, me repito suyo Affmo. servidor.

 El presente texto termina con la siguiente rúbrica:

Ponciano Díaz.

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