¡CUIDADO CON LAS OBSESIONES DE LA AUTORREGULACIÓN! CRÓNICA DE LA CORRIDA DEL 29 DE OCTUBRE DE 2000.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   He leído algunas de las crónicas que nos dan el testimonio sobre lo que fue el desarrollo de la corrida inaugural de la temporada 2000-2001 en la plaza de toros “México”. Los apuntes nos dan idea del futuro incierto, del desastre que se avecina en tanto puedan seguir ocurriendo hechos lamentables como el de la tarde del 29 de octubre de 2000. Quiero destacar que también hice acto de presencia, pero tal parece haber ocurrido en medio de una ausencia, en virtud de la larga, infumable y tediosa tarde-noche en que tuvo que desmenuzarse un festejo que, ausente de la trascendencia, no pasará a la historia.

   Me llama la atención el hecho de un persistente afán impulsado por el empresario Rafael Herrerías en seguir imponiendo sus caprichos ante la imposibilidad de autoridades por aplicar un freno a estas obsesiones de autorregulación por encima de la ley, y un paciente “laissez faire” de la afición, conforme con lo presentado.

   Los programas anunciaban dos ejemplares de Manuel Martínez para Andrés Cartagena (rejoneador), quien al enfrentarse a su primero, un utrero indigno que apenas despertó algunas protestas aisladas, presagiaba con el segundo algo peor, por lo que los hilos herrerianos se movieron a toda velocidad, saliendo en quinto lugar otro del mismo talante, ahora de las dehesas de Teófilo Gómez el cual respondió con un juego fatal de toda fatalidad.

   En cuanto al ganado tlaxcalteca de Rancho Seco, teníamos buenas referencias, se publicaron cromos con los que nos dimos cuenta de que se trataba de una corrida con todas las de la ley. Independientemente de su juego “aplomado” en lo general, donde solo el segundo y más aún el sexto evitaron la hecatombe, salvaron el honro apenas con una calificación mínima aprobatoria. En el ruedo parecía otro encierro. Jesús Dávila me confesaba que él tenía que valorar tres distintas versiones, una al llegar el lote de los toros a los corrales de la plaza. Otra, cuando se realiza el sorteo y una más cuando van saliendo uno a uno los seis ejemplares al ruedo.

   En este caso, Salvador Ochoa pasó por el mismo proceso, agregándole una cuarta versión, la de la reseña del encierro en la ganadería, justo en los momentos previos para ser embarcado con rumbo a la plaza. De la primera a la cuarta etapa se deben haber visto notables cambios, pues no solo pierden peso, sino hasta la apariencia en la edad (opinión, la mía, muy subjetiva) pero el hecho es que conforme fue saliendo el encierro al redondel, este ya no aparentaba aquella edad manifiesta a la vista del primer balance, por lo que ya resultaba una sospecha. Eso, habrá de confirmarse con el examen post-mortem.

   Ese mozuelo que es Andrés Cartagena, a pesar de haberse enfrentado a dos indignos ejemplares, dejó un buen sabor de boca, pues ha sido capaz de demostrarnos que también puede estar a la altura del ejercicio puesto en práctica por el navarro Pablo Hermoso de Mendoza. Ambos han remontado el arte del rejoneo a sitios de privilegio, ocupados en su momento por Antonio Cañero, Simao Da Veiga, Álvaro Domecq Joao Moura. De mantener ese tenor habremos de presenciar una permanencia de nuevos esplendores, mientras no se deteriores con lo que la autorreguladora empresa capitalina en rebeldía pretenda seguir imponiendo.

   Cartagena es un perfecto receptor del gusto popular pues se sabe manejar con soltura y desahogo en la escena. Superó con creces la incertidumbre del principio, cuando un encuentro entre ajenos deviene conversación gozosa o silencio desperdiciado. Apostó por lo primero y se encontró con una respuesta popular inmediata, misma que le tributó su admiración y su aplauso. Y no fue para menos. La cuadra de caballos toreros le viene muy bien, a pesar de que con el que abrió plaza tuvo que declararse en medio de una arena polvorosa y viajera con todas sus habilidades, adornándose entre piruetas, cabriolas, toques a la grupa y al estribo. En ambos colocó: un par de banderillas a dos manos, banderillas cortas al relance, una bajo la suerte del “violín”, espectaculares a cual más, ganándose ovaciones entregadas y sinceras de la afición que hizo más de media entrada.

   Fallidos desenlaces no le permitieron más que una salida al tercio en su segundo, luego de recibir dos avisos desde el palco presidencial. Ojalá que en próxima actuación las cosas mejoren en todos sentidos, deseando por nuestra cuenta que lo haga con ganado más digno de su prestancia.

   De Federico Pizarro y Jorge Mora no puedo apuntar sino una intrascendencia y un desagradable panorama de virtudes que se quedaron apagadas. No más.

   Juan Bautista, aunque francés de origen, tiene metida en la entraña sangre torera que lo eleva pues posee maneras, escuela e idea de lo que es el ejercicio de la tauromaquia. Confieso haberlo visto solo en el de la confirmación y no puedo decir otra cosa que no sea que hay escuela. En el del cierre del largo, muy largo festejo, cuando un buen sector de los asistentes iniciamos el éxodo en plena noche, y quienes decidieron quedarse, disfrutaron de sus virtudes a la luz de las lámparas, convenciendo, no de manera absoluta, que eso ya será en otra ocasión. Pudo alzarse con un triunfo traducido por lo menos en una oreja, pero la espada fue traidora, quedando reducida esa hazaña al tributo de la ovación popular.[1]

 POST SCRIPTUM

    En sesión ordinaria de la Comisión Taurina del Gobierno del Distrito Federal, efectuada el 31 de octubre de 2000, he podido enterarme de los resultados del examen post mortem, cuyo balance es, de suyo, desalentador.

 BEBETO (Manolo Martínez) 4/2 ¿?

JABATO (Rancho Seco) 2/10

APOSTADOR (Rancho Seco) 4/3

CARTUJO (Rancho Seco) 3/7

BETO (Teófilo Gómez) 2/10

TROVADOR (Rancho Seco) 3/10

HORTELANO (Rancho Seco) 3/10

CAPELLÁN (Rancho Seco) 3/10

    Es decir, que, a excepción –dudosa- del de Manuel Martínez, ninguno de los toros jugados en la primera corrida de la temporada cumplió cabalmente con lo indicado en el reglamento taurino vigente, en cuyo

 ARTÍCULO 36. Las reses que se lidien en corridas de toros deberán reunir los requisitos siguientes:

 I          Proceder de ganaderías de cartel o de aquellas que deseen adquirirlo;

II         Haber cumplido cuatro años de edad, no pasar de seis y estar inscritas en el Registro Obligatorio de Edades de los Astados;

III       Pesar como mínimo cuatrocientos cincuenta kilos en pie a su llegada a la plaza, si ésta es de primera categoría, o cuatrocientos kilos en pie a su llegada a la plaza, tratándose de plazas de segunda y tercera categorías;

IV       Presentar las condiciones de trapío indispensables en el toro de lidia;

V         Tener sus astas íntegras y reunir las condiciones de sanidad necesarias para ser lidiadas, y

VI       No ostentar defectos de encornadura que les resten peligro o trapío.

    Todos estos requisitos deberán ser comprobados a la luz del día por los médicos veterinarios, el Juez de Plaza y el Inspector Autoridad.

   La fracción II ha sido absurdamente violentada. Tenemos perfecta idea de lo que tendrá que ocurrir en lo sucesivo, a pesar de que en carta enviada por parte de la Delegación “Benito Juárez” se ha pedido un sospechoso “sigilo” que nos limita a convertirnos en cómplices de tan descarada actitud, por parte del ganadero que, amparándose en el registro obligatorio de edades, pero sobre todo en aquel testimonio que, bajo protesta de decir verdad, argumentan presentar un ganado digno para la plaza más importante del país. No ha sido el caso, pero tampoco pueden permitirse más abusos de quienes se sintieron ofendidos en su momento y hasta retiraron -como medida de protesta- el medio de seguir ofreciendo festejos, faltándoles a estos su principal materia prima: el toro.

   Ya vemos, no solo se ofendieron, sino que siguen violentando y burlando su propia palabra: la de cumplir cabalmente con algo con lo que precisamente no pueden cumplir. Solo espero que se nos permita desahogar las pruebas pertinentes para aplicar y sancionar debidamente a quienes atentan contra el espectáculo de ese modo tan desagradable y mezquino.

BRAVÍO

Lo único que pedimos los aficionados es que salga al ruedo un toro con la presencia que se encuentra representada en un ejemplar como el de la imagen. Desde luego que se trata de un toro idealizado, pero que es posible encontrarlo en la medida en que las partes logren o pretendan cumplir con sus propósitos. De otra forma, será imposible, y asimismo continuarán consumándose los fraudes a la vista de aficionados y autoridades.


[1] Notas elaboradas por el autor el 3 de noviembre de 2000.

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