ALGUNAS PROSPECTIVAS DEL TOREO EN MÉXICO.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

     Próximos a vivir la excitante aventura en el tiempo, como testigos presenciales del tránsito secular y milenario, volvemos a hacernos la pregunta permanente de si un espectáculo como el de los toros, con su fuerte carga de anacronismos soportará la fuerza venidera de un nuevo tiempo, abundante en circunstancias invadidas de modernidad y confort. Es que al espectáculo entonces le toca sufrir las incongruencias y tribulaciones propias de su entorno, de su condición prehistórica a la que se atiene, pero también de la que nos detiene para contemplarla y gozarla a plenitud.

   Si perspectiva debemos entenderla como un razonamiento de contemplación, para admirar el escenario donde se mueve y se ha movido la fiesta de toros al paso de los siglos, prospectiva es lo que tenemos delante, lo que apresuramos a empujar por el tobogán de las consideraciones, y pronosticar su porvenir, el futuro inmediato, la pronta puesta en escena del arte taurino que ha llegado a expresiones que probablemente no pudieron prever ni siquiera los mismos encauzadores y tratadistas, quienes establecieron esquemas técnicos y estéticos de gran solidez. Es decir, las TAUROMAQUIAS de José Delgado o de Francisco Montes, que se adelantaron a su tiempo, son, probablemente incapaces ya de dar cabida al conjunto de expresiones con que se fortalece la gran estructura tauromáquica, reforzada día a día con atinados aciertos, y también con algunos desaciertos, en donde por supuesto ha habido lugar para las rectificaciones.

 MANOLO ESCUDERO

La “gracia” en una media verónica por Manolo Escudero. Col. del autor.

    Ningún torero, que yo sepa, ha arribado al espectáculo para atentar contra esas normas. Antes al contrario, las ha enriquecido y mejorado.

   Planteando los extremos: de las cuevas donde quedaron inscritas las primeras manifestaciones del contacto del hombre con el toro, hasta estos tiempos donde el toreo pende y depende en gran medida de expresiones digamos, sofisticadas, al borde del ballet (o como apuntara José Cueli: de la danza del fuego, al lago de los cisnes), van de por medio siglos y siglos de evolución, si es que evolución es llamar a la forma que arriesga el toreo frente a los tiempos modernos planteando su bandera anacrónica, dispuesta a alinearse con el pulso que manda el presente, pero dejando, sin poderlo ocultar, sus pinceladas de pasado.

   ¿Son estas, meras justificaciones para otorgarle al toreo la posibilidad de un pasaporte que le permita ingresar por la senda de los tiempos modernos que vive la humanidad?

   De una cosa estamos seguros: el toreo, como especie en extinción, morirá un día, su eternidad no está garantizada. Puede que sea inmortal, pero una fosa en el cementerio de la historia le esperará un día. Por ahora, queda preguntarnos: ¿Qué sigue hoy? ¿Qué sigue después? Al paso que lleva el espectáculo, seguramente una expresión mucho más depurada, exquisita, sublime, alterada por factores que ya no formarán parte esencial de su proyección. Me refiero a las condiciones violentas en grado de crudeza. Mucho de esto ha desaparecido al cabo de los años, lo vemos detallado en la importante cantidad de reseñas de otros tiempos, que nos dan, bajo elocuente signo de admiración, el efecto de lucha sostenida entre los enemigos, cuando los toros recibían fuertes dosis de varas matando cantidades de caballos que hoy nos parecen fuera de toda realidad. O esos mismos toros hiriendo grave o mortalmente a multitud de héroes que sucumbieron en sus guadañas, para elevarse como los mártires del toreo.

SILVERIO PÉREZ

Silverio Pérez al “natural” en el “natural”. Col. del autor.

    Hoy en día, por lo menos esto último no deja de ocurrir, pero son otras las escenografías por donde deambula el toreo, y parece que seguirá ocurriendo. El peligro sigue ahí, causando sobresaltos y temores, que por eso sigue teniendo su cariz trágico que le caracteriza. ¿Cómo es que pueden morir todavía esos personajes…? ¿El circo romano redivivo?

   Dirán muchos que eso se quedó en el pasado, y solo son los libros de historia que se ocupa -en este caso- de la antigüedad, los que nos dan testimonio y alientan a la memoria para recrearlos. Otros, como muchos aficionados, siguen atestiguando esa condición de remotos pasados en cada tarde torera que estalla rotunda y mágica; misteriosa y enérgica para darnos motivos y alas y exaltar así, un Dios, una creencia, un ciclo de condiciones que terminan con la muerte en la plaza, con la consiguiente expresión de manifestaciones efímeras con que suele abrirse de capa el conjunto todo de situaciones técnicas y estéticas, propias de una diversión popular tan anacrónica y moderna al mismo tiempo.

   Eso es, parece resolverse el conflicto donde ciertos enunciados matemáticos que nos dicen: más por más, da menos; más por menos, da más o viceversa (según el grado de dificultad algebraica con que se quiera iluminar esta condición) le dan la razón al toreo. Esto no es cuestión de ciencia, sino de gusto, y si me apuran un poco, también de sensibilidad. En la medida en que el toreo siga siendo una fuerza atrayente, en esa misma medida tendrá a su vera aficionados y públicos impacientes de gozar de “su” espectáculo favorito (he dicho espectáculo, no deporte), un espectáculo cuya escala de valores que acumula hoy no tiene lugar más que en las secciones deportivas, en tanto alejamiento de aquellas donde su lugar como complejo y suma de expresiones técnicas y estéticas, le tenían garantizada sección aparte (que hasta con un poco de riesgo, lo tendría en la de arte y espectáculos).

   Así de misterioso y caprichoso es este último reducto de los viejos sistemas donde la lucha abierta y declarada entre la razón humana y la fuerza bruta animal, tiene en el ruedo su espacio y su declaración más adecuadas.

   Reiterando la pregunta: ¿cuál es la prospectiva del toreo en los tiempos por venir?

   Desde mi muy personal punto de vista terminaría diciendo que, aunque se le asegura su ingreso al siglo XXI y al tercer milenio respectivamente, su condición inestable ya no le garantiza continuidad. Ojalá me equivoque, pero es que también ese paso se le redobla cuando el intríngulis, o como llamó José Bergamín: El arte del birlibirloque. O para decirlo de manera más cruda, la forma en que suele manejársele, para provecho de unos y perjuicio de los demás, hace que la credibilidad vaya a la baja, el público se desaliente y deje de ir a la plaza, solo, para vivir de sus recuerdos o rumiando sus amarguras entre un pasado utópico que deviene modelo y quimera al mismo tiempo.

   Otras serán las generaciones que den cuenta puntual de lo que prevemos. Quizá atinen a darle razón o no a nuestra prospectiva que aquí, circunstancialmente termina, cuando debe comenzar, apenas.

 Octubre, 2000.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo A TORO PASADO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s