LA IMPORTANCIA y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (X).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Toca el turno a la selección de notas y pequeños pasajes que fueron tomados de diversas publicaciones conforme fui realizando mis investigaciones, así como el acopio de material, esto en varios repositorios y hemerotecas que, por fortuna, conservan una buena parte de los documentos originales, y de los que hoy me valgo para sustentar este o aquel trabajo; esa o aquella aclaración

 EL NACIONAL, D.F., del 19.04.1887, p. 3: Toros. Es buena la siguiente descripción que hace El Monitor de la concurrencia que asiste ahora a las corridas de toros.

   Héla aquí:

   “Los apreciables taurómanos van armados hasta los dientes, pistolas, espadas, verduguillos, gruesas cuartas de caballos, descomunales bastones con puño de hacha o de martillo. Cualquiera diría que cada uno de ellos se declara en estado de sitio para ir a los toros.

   Los charros y los charritos que van a caballo, llevan una gran reata en los tientos, la espada colgada de la silla, la pistola asomando bajo la chaqueta, la cuarta con mango de plomo en la mano, y en la corbata por alfiler un puñal o una espada o un pequeño revólver de nácar; como dije de reloj, la moda ha adoptado un cañoncito Bauge, y por chapetas en el jarano, dos ametralladoras.

   En el sol, las navajas, las chavetas, las puntas, las dagas y los puñales bien afilados.

   El público está sobre las armas.

   ¿Qué se entiende por toros?…

EL NACIONAL_EJEMPLAR DE MAYO DE 1887

El Nacional, ejemplar de mayo de 1887.

 EL NACIONAL, D.F., del 27.06.1888, p. 2: Ponciano en la alberca.-Ponciano Díaz, este Ponciano, el mismísimo espada mexicano tan querido y tan popular, se le fue a meter el diablo, y a las once de la mañana se presentó en la Alberca Pane el día de San Juan.

   Verlo el populacho y lanzarse a él para prodigarle abrazos y ovaciones fue todo uno. Lo alzaron en peso, lo bajaban, lo volvían a subir, lo volvían a bajar, le pisaron los callos y hasta lo querían bañar.

   El pueblo nuestro, que todo lo toma a guasa, no sabe ni hacer cariños.

   A Ponciano le tocaba decir a sus admiradores: “Compadres, no me quieran tanto o quiéranme con talento”.

 EL MONITOR CONSTITUCIONAL, D.F., del 06.05.1845, p. 1 y 2:

Secretaría del Exmo. Ayuntamiento de México.-En sesión ordinaria de ayer, se dio cuenta al Exmo. Ayuntamiento, con la siguiente exposición que fue aprobada.

   “En los pueblos civilizados y cultos, las diversiones públicas, son uno de los objetos que fijan la atención del gobierno y autoridades subalternas, porque en cierto modo, sirven como de termómetro de la ilustración; así es que, al paso que por buen gusto y brillantez de los teatros se forman ideas favorables a la sociedad que los mantiene, el espectáculo de los combates de gallos, maromas, y otros de esta clase, producen desventajosos conceptos de los pueblos que aun los conservan; mas nada pugna tanto con la ilustración y con la filantropía,  como el juego de los toros, indicio seguro de la barbarie.

   En ese juego se presenta el espectáculo infame de una lid entre hombres y bestias feroces, de modo tan degradante, que para significarlo bastará decir, que cada aplauso que arranca al pueblo un lance feliz, o el murmullo que excita otro desgraciado, ha costado la sangre de una bestia inocente, o la de un hombre.

   Como si no fuera bastante la autoridad común de esa diversión, el refinamiento agrega otras, que solo son apreciadas cuando son más peligrosos.

   Triste idea se formará de nosotros el extranjero que palpe, que en la capital de la república, y a mediados del siglo XIX, se ofrece aun al pueblo, por lo menos, un combate de toros cada semana, sin que pueda justificarse este absurdo con los ejemplos de otras naciones, porque es un crimen no remediar el mal, cuando es conocido, y nunca pueden servir los ajenos errores para disculpar los propios.

   Al Exmo. Ayuntamiento que con su ilustrado celo ataca toda clase de abusos, pertenece iniciar las reformas que la mejora de los tiempos exige en las costumbres; en consecuencia, pedimos a la Exma. corporación se sirva acordar la proposición siguiente:

   Se exitará a la Exma. asamblea departamental, para que S.E. se sirva por un decreto, prohibir los combates de toros en la municipalidad de México”

   Y tengo el honor de trasmitirla a VV. por acuerdo de la corporación, a fin de que se sirvan insertarla en el periódico que redactan, en cumplimiento del mismo acuerdo.

   Protesto a vdes. mi distinguida consideración.

   Dios y libertad. México, Abril 30 de 1845.-

   Lic. Leandro Estrada, oficial mayor.-Sres. editores del Diario del supremo  gobierno.

 LAZO DE UNIÓN,D.F., del 28.11.1901, p. 4: Los toros..-Todos los pueblos que permiten las corridas de toros son los pueblos más infelices, pues en vez de preocupar su imaginación en el trabajo, en la ciencia y en las artes, solo se les vá el tiempo en pensar como ha de portarse un torero en la próxima corrida y de allegar recursos para presenciar esa parte.

   Los toros no engendran en el pueblo más que mala intención o ignorancia.

 –: Cálculo exacto.-Un aficionado a los toros juzga que a la corrida verificada el domingo 24 de este mes, asistieron 14,000 personas. Unos boletos a $5.00 y otros a $2.00 cálculo medio a $2.50 cada uno, dan la suma de $35,000 aproximadamente. Estima el gasto total de la corrida en $16,000, dejando una ganancia de $19,000.

   En cambio, las compañías de óperas que han actuado en México, si han sacado el gasto de papeleta, ha sido un milagro.

   ¡Oh, el espectáculo de los toros!

EL MONITOR CONSTITUCIONAL_06.05.1845 El Monitor Constitucional del 6 de mayo de 1845.

 LAZO DE UNIÓN, D.F., del 28.11.1901, p. 1 y 2: LOS TOROS.

   Este espectáculo que a fines del siglo pasado –casi ayer- fue censurado ácremente por todos los hombres de algún valer y que creó disposiciones sabias prohibiendo, en varias ocasiones las corridas de toros, ha vuelto en el presente siglo a ser el ídolo de todos los pueblos.

   Naciones como Italia, Francia, Portugal y los Estados Unidos, que sólo llegaron a conceder corridas SIN MATAR, hoy priva el entusiasmo y conceden lo que España y México, dos pueblos a porfía entusiastas por esa bárbara diversión.

   En México ¿son los toros espectáculo útil al pueblo? Indudablemente que no, pero es necesarísimo ese espectáculo, pues en él se halla cierta parte de la Sociedad algo que la distrae y halaga; algo que le recuerda su condición y su inteligencia.

   Decimos su condición e inteligencia; porque en las plazas cree encontrar algo que le recuerda su tradición a la vez que paga lo que no merece por ver moverse a diestros de fama extraña que la mayor parte de las veces resultan nulidades mayores que las que poseemos en esa faena que, hasta un joven rey, acaba de prestigiar en una plaza de una nación amiga.

   Los americanos que siempre se han distinguido por su humanidad para los animales y que han sido los primeros en creer que el buey y el caballo eran los animales privilegiados por la Naturaleza, para servir al hombre, rey de la Creación, son a la vez, hoy por hoy, los primeros en entusiasmo para presenciar cómo ese hombre, desagradecido, inmola, con alevosía, traición y ventaja al infeliz caballo que después de haberle sido útil por muchos años, le paga con la infame acción de sacrificarlo por inútil ante un corzo, a donde al acudirse, se pierden todos los sentimientos de humanidad.

   Son también los primeros en ver como el hombre se convierte en fiera frente a otra, con la especialidad de que el primero está armado y tiene inteligencia y el segundo inerme; sin más carácter que su propia fuerza y su instinto.

   Y lo que los americanos, franceses, italianos y portugueses.

   El espectáculo de los Toros, podrá ser muy bueno, sublime e ideal; pero en él se pierde hasta la dignidad. Las plazas se nos figuras Carnavales sin careta, en el que hasta la persona más honorable puede convertirse en un loco o en un borracho, sin taza alguna, proferir las injurias más soeces y ejecutar los actos más escandalosos, que una hora después lo avergüenzan al reflexionar.

   Para los toros, no importa dejar el hogar sin lumbre, a los niños sin pan, ni propietario sin el alquiler de la casa, al amigo sin pagarle lo que se debe.

   Para los toros todos somos toreros y sabemos más que los que lidian y entramos al Circo, circunspectos y salimos de él hechos unos energúmenos.

   La corrida del Domingo fue un lleno para… la Empresa que sabía y conocedora, hizo pagar al monstruo inteligente cinco pesos por entrada por presenciar una corrida que al decir de conocedores, en España la apedrean: resumen una ganancia fabulosa y al día siguiente una inmensa cantidad de apuros en el hogar.

   ¡Vivan los toros y los toreros!

 EL LUNES, D.F., del 08.07.1883, p. 3:

PLAZA DE TOROS. GRAN CORRIDA PARA HOY. A LAS CUATRO DE LA TARDE. Cuatro toros de muerte y embolado, para los aficionados, con adjudicación de un regalo a estos últimos.

 EL LUNES, D.F., del 09.09.1883, p. 2:

   Dicen que los gatos tienen siete vidas. Créelo así: gatos he visto, tan invulnerables, como el Aquiles de Homero; pero como donde hay bueno hay mejor, hé aquí que Felícitos Mejía, que pertenece a la raza humana y no a la felina, tiene más de siete vidas, supuesto que, como los gladiadores romanos, cuenta tantas cicatrices de heridas mortales, como bichos  ha despachado…

   E pur si mouve.

   Ese capote y esa tizona, son capaces de hacer pases de muletaa la misma pelona….. Este Felicitos sería capaz de clavar una banderilla de fuego hasta a un prestamista, que es cuanto hay que decir…

   El domingo último, inmensa concurrencia invadió el Huisachal, ávida de penetrar en la plaza, para saludar a este atrevido lidiador. Se presentó, en efecto, con los siniestros signos de la convalecencia. Los concurrentes revelaron la ansiedad que tenían por verle de nuevo y saludarlo. No trabajó; pero sí recibió una honorífica banda, obsequio de la Empresa y gran número de regalos de parte de los entusiastas espectadores.

   Su sustituto, Moreno, no pudo matar los toros que le estaban destinados y, que fueron descabellados después de la aplicación del lazo.

   No entro en detalles de la corrida, por ignorar hasta el tecnicismo del arte de Cúchares y el Chiclanero; sólo sí, diré que una grada vino abajo por la aglomeración de la gente que había en ella, lo que produjo el consiguiente desorden.

 EL LUNES, D.F., del 16.09.1883, p. 2: Varios jóvenes estudiantes de medicina, van a dar una corrida de toros en la plaza del Huisachal, destinando sus productos al Hospital “Juárez”.

   ¡No hagáis tal cosa, presuntos Galenos! Ved que vais a familiarizaros con la tauromaquia, y más tarde, querréis tratar a los enfermos a pase de muleta y estocada limpia.

   ¡Ay! ¡Pobre humanidad! ¡Lo que te espera…!

    Los jóvenes aficionados que formaron la cuadrilla, fueron los siguientes:

Capitán: Guillermo Senisson.

Banderilleros: José Larrañaga, Ángel Nieto, José Carbajal y Luis Lugo.

Capas: Roberto Cañedo, Francisco Armendariz y Francisco López Carbajal.

Picadores: Cresencio Viveros, Vicente Estrada y Jesús Ochoa.

Lazadores: Ambrosio Olivares e Ignacio Ocampo.

Muleros: Teodomiro Negrete, Ignacio Bustos, Manuel Leal y Alfonso Castillo.

Coceros: Manuel Aguilar, Celerino González, José María Mendoza, Catalina Bernal y Francisco Ballesteros.

   El festejo se celebró el 30 de septiembre de 1883.

 EL LUNES, D.F., del 02.02.1885, p. 3: CORRIDAS DE TOROS. Hasta nocturnas las habrá en Toluca, a juzgar por los anuncios que se han publicado.

   Si las corridas de toros probasen la ilustración y los adelantos de un pueblo, los habitantes de Toluca figurarían en las primeras filas de la ilustración y del progreso.

   ¡Adelante!

 EL LUNES, D.F., del 09.03.1885, p. 3: UN NUEVO HOSPITAL. Varios vecinos de Cuautitlán tratan de establecer un hospital en esa población.

   Al efecto una compañía de aficionados ha dado una corrida de toros y seguirá dando otras para realizar, con sus productos, aquella elogiable obra de beneficencia.

 EL LUNES, D.F., del 01.11.1886, p. 3: Escolta. Se ha dispuesto que los trenes que salen de esta capital los domingos para Tlalnepantla conduciendo al numeroso público que acude a los toros, sean custodiados por una escolta que evite los desórdenes y preste seguridad a los pasajeros.

 LA LUZ, D.F., del 21.06.1900, p. 3: Las corridas de toros. Son una pelea entre hombre y animal, o con más exactitud, entre animal y animal, entre humano y cuadrúpedo; el uno es llamado ser racional. El primero abjura de su razón a nombre de torero o espectador, y el segundo hace uso de sus naturales fuerzas y defensas para mantener incólumes sus inalienables derechos. Y cuando al daño que se hace a un animal se agrega la idea del goce, se comete lo que está designado con el nombre de crueldad. Es evidente que en las corridas de toros al daño se une la idea del goce. Por consiguiente, en las corridas de toros hay una injusticia en atormentar a un animal, y hay crueldad en gozarse en esos tormentos.

 NOTA: las dos portadas que aquí fueron reproducidas, están tomadas de la página: Hemeroteca Nacional Digital de México (http://www.hndm.unam.mx/#)

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