LA IMPORTANCIA y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XI).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 LA LUZ, D.F., del 20.09.1900, p. 5: Un escritor católico, recalcitrante como el que más, se expresó de esta manera respecto al culto externo de la Iglesia Romana.

   “El pueblo poco instruido en el fondo de la religión hace consistir ésta en gran parte en la pompa del culto; como carece de otras diversiones se le proporcionan las funciones religiosas, en las que se representan en multiplicadas ceremonias y procesiones los misterios más venerables de la Redención. Las fiestas de la iglesia, que debían ser todas espirituales, están, pues, convertidas en vanidad: hay muchos cohetes, danzas, toros y juegos de todas clases. Así se celebran las solemnidades de los santos patronos de los pueblos. Esta pompa profana, con poca piedad, es lo que hace decir a muchos que en el romanismo todo era exterioridad, viviendo poseídos de los vicios, y les parece que trayendo el rosario al cuello y besando la mano a un sacerdote, son católicos, y los diez mandamientos no sé si los conviertan en ceremonias”.

 EL KIKIRIKÍ, D.F., del 11.10.1903, p. 7:

 La temporada taurina…

 La temporada taurina

Anuncia Don Ramón López

Con un bombo exagerado

Y con grandes cartelones.

Verán ustedes que pasa

Después de tanto derroche

De anuncios y de promesas:

Que los toros son ratones

Y los diestros, mamarrachos

Que por mor de los frijoles

Se exponen, no a una cogida,

Porque esos toros no cogen;

Mas sí a sacar la cabeza,

Con veinticinco chichones,

Producto de proyectiles

Que el público les arroje.

EL KIKIRIKÍ, D.F., del 01.11.1903, p. 6:

Los Toros!!

 

“Valiente diversión de papanatas!

El arte de torear! Qué retroceso!

Unos monos con boinas y alpargatas

Y un torito que apenas es travieso.

Y celebran muy serios las contratas,

Y anuncian de los siglos el suceso,

Para darnos al fin las grandes latas!

Qué lunar en el rostro del progreso!”

Así habla Don José de Labastida,

Protector de animales, gente honrada;

Mas ¡ay! que llega el día de la corrida

Y a su mujer, que se halla embarazada,

La deja dando a luz comprometida

Y se larga a aplaudir una estocada!

 OTHÓN LÓPEZ M.

DSC06322

Ratas y Mamarrachos, Año I, N° 12, del 27 de diciembre de 1903, p. 4.

 JUAN DIEGO, D.F., del 25.03.1873, p. 3:

 CHARADAS

 (. . . . . . . . . .)

 VII

 Prima y segunda verás

Si se descarrila el tren,

Y preposición también

En ellas encontrarás.

Tercia y cuarta en hombres fieros

Que antiguamente lidiaban

Y con ella se libraban

De matadores aceros.

Si reunieres con primor

Prima y cuarta, habrás logrado

Un pájaro que guisado

Tiene excelente sabor.

Tercia y segunda serán

Un fruto, y si no lo aciertas

Te lo darán en sus huertas

San Ángel y Coyoacán

Con los toros cuarta y prima

Hizo Gaviño famoso

Y no es caso prodigioso

Verlo aún causando grima.

El todo ventaja inmensa

Da a las huestes enemigas,

Si lo sabes no le digas

Y si no lo sabes piensa.

 J. Gómez V.

    Y es que el gran Bernardo Gaviño por esos días, andaba haciendo temporada en la Habana, Cuba, lo que lleva a convertirlo en blanco de burlas y críticas como la “Charada” que le compuso J. Gómez V.

 EL HIJO DEL AHUIZOTE (1912-1914), D.F., del 20.12.1913, p. 3:

 CARTAS TAURINAS DE CARAMELO A V. LETO.

SOBRE BELMONTE.

 Tu casa, Diciembre quince

del presente año. Mi bueno

y nunca bien ponderado

cual lo mereces, V. Leto:

 

Al requerir hoy los chismes

propios del “periodiquero”

-para mí tan conocidos

como te consta-, deseo

no supongas que lo hago

con mala intención: mi objeto

al hilvanar estas líneas,

es aquilatar los méritos

que adornan a Juan Belmonte

como estrella del toreo.

Soy, caro amigo, ante todo,

imparcial y justiciero:

al que merece mis palmas

con gusto se las ofrezco:

mas si es digno de censura

así se lo manifiesto,

que no es ni leal ni honrado

el que se anda con rodeos.

Sentado este precedente

me voy al grano y… comienzo

pidiéndote mil perdones

si por franco, te molesto.

Con franqueza te diré

que para mí el fenómeno

-o fenómeno Belmonte,

pues al fin escribo en verso (¿?)

y en verso está permitido

poner y quitar acentos-,

no es la santísima Virgen,

ni fenómeno, ni un diestro

de la talla proclamada

con bombo, a los cuatro vientos,

en la coronada Villa

por el parcial don Modesto,

quien por antífrasis lleva

tal seudónimo; el soberbio

que se juzga, já já já,

el rey de los revisteros…!

Perdona, mi buen amigo

de franca risa este acceso:

mas la pretensión del hombre

merece tal devaneo!

¿Cómo pensar otra cosa

del zorro de Don Modesto

si para él todos son astros

-Rodolfo Gaona excepto-,

de primera magnitud

que lucen con brillo intenso?

¡Qué otra cosa suponerse

del crítico de toreros

que a Bomba llamó pontífice

sin razón ni fundamento?

porque si bien es verdad

que Bombita era un buen diestro,

le faltaron escalones

para llegar al cielo…

 

Mas estoy ya divagando

por más que ofrecí, V. Leto,

expresarte mi opinión,

-humildísima por cierto-,

sobre Juanito Belmonte

hoy por hoy, el gran (¿?) torero.

Así pues, hablaré claro,

sin ambajes ni rodeos.

El “fenómeno” Belmonte

que deslumbró a los iberos

por su arrojo y valentía

ante una fiera con cuernos,

no sabe lo que se carga

señor mío, en los traseros,

pues fuera de sus verónicas,

de sus recortes y arrestos,

es un cerito a la izquierda

en cualquiera de los ruedos.

Lo dicho, dicho se queda,

donde gusten, lo sostengo!

Que es valiente? No lo dudo,

por el contrario, lo creo;

ya verás si yo soy justo

confesando lo que siento.

Pero que Don Juan Belmonte

sea fenómeno en toreo…

hay tanta distancia, hermano,

como de la tierra al cielo,

porque Juanito, no sabe…

¡vaya! pisar sus terrenos;

figurándose el buen chico

que pulpa es igual a peco.

Coge a los toros en tablas,

aculados o en los medios

y arrea adelante, sin ver

si han juntado o no los remos;

recorta al salir, al toro,

de manos de los piqueros,

cosa que está prohibida

aunque lo nieguen los necios;

y para evitar percances

significativos, cruentos,

se pega invariablemente

de la fiera, en el pescuezo.

Así, cualquiera lo pesca,

o dime si no, V. Leto?

En total, como decíamos

allá en nuestros años tiernos,

Belmonte, apenas si mata

al quince o veinte barrenos:

no banderilla, ni “pisa”,

porque no sabe, el terreno,

que le corresponde; y siempre

pirueteando ante los cuernos,

proporcionará ilusiones

de arrojadísimo diestro,

valiente, como muy pocos

pero nunca buen estético.

Tengo en cartera otras cosas

de suma importancia; pero

los guardo para la próxima,

mi caro amigo V. Leto.

Entre tanto, como siempre

te saluda

Pág. 1 Portada de El Universal Taurino, T. I., N° 12, del 2 de enero de 1922. Col. del autor.

 EL GABINETE MEXICANO, D.F., del 01.03.1841, p. 7-9:

EL GABINETE MEXICANO Imagen reproducida a través del portal: Hemeroteca Nacional Digital de México.

 OCURRENCIA RIDÍCULA. LID DE UN TORO MEXICANO CON UN TIGRE FORMIDABLE DE LA INDIA.

    Ciertos vagabundos extranjeros de los que pasan la vida en la holganza divirtiendo a los pueblos con vagatelas y chucherías, para chuparles el dinero, abusando de su sandez y bobería general;[1] fijaron carteles ofreciendo presentar en la plaza de toros a un tigre muy feroz de Bengala con un toro mexicano. La reunión para este espectáculo no visto, fue numerosísima y la presidió D. Anastasio Bustamante. Al ver salir de la jaula aquella enorme bestia los aspectos de los concurrentes se demudaron, y todos temieron por la suerte del toro, tanto más que las llaves de sus astas estaban algo despuntadas, circunstancia que hacía muy desigual la lucha, y más que se le había escaseado el alimento para debilitarlo. El tigre se lanzó sobre el cerviguillo del toro, le hincó los dientes y oprimió por largo rato; pero el toro logró sacudirlo y arrojarlo de sí, y comenzó a hacer uso de sus astas, atacándolo contra la balla, y dándole sendos golpes. El tigre no se acobardaba; tirado boca arriba hacia del mortecino para lanzarse con doble astucia y furor, y volvía a la carga. Repitióse hasta por tres veces el combate, y en todas salió victorioso y puso en fuga a su adversario.

   No es dable explicar el entusiasmo con que la concurrencia celebró este triunfo. Poblóse la plaza de mascadas de diversos colores: esparciéronse muchas flores sobre el toro victorioso cual si fuera un atleta del antiguo circo de Roma, o el combate singular de los Horacios y Curacios de que pendía la suerte futura de la ciudad eterna; perdonósele la vida al toro, pues no merecía morir un bruto tan valiente, y todos, desde el presidente, quisieron comprarlo al asentista. La imaginación viva y ardiente de los mexicanos se figuró ver en aquel animal simbolizada a la América que sostenía con valor y decoro el honor nacional, comprometido en la lid extranjera que se le preparaba. Si se reflexiona que los hombres naturalmente propenden a la superstición, y que cuando la imaginación está afectada de un objeto, y la voluntad desea su consecución (causa de los augurios y adivinaciones de los antiguos pueblos y achaque de que aun todavía adolecen los que se llaman cultos) fácilmente dispensaremos a los mexicanos de esta aprensión censurada y ridiculizada en los periódicos franceses. Muera, decían unos, Deffaudis, muera, gritaban otros, Bazoche, que amenazaba a Veracruz con un bloqueo. Finalmente, el tigre, mal herido, ya no volvió a presentarse en la lid, y lo mismo el toro, que a pocos días murió, no obstante las diligencias que se pusieron por el presidente para curarlo.

   Esta escena fue asunto de las conversaciones de aquellos días, y de algunos artículos de los periódicos, que leídos en Francia, dieron también materia para que se nos tratase como a un pueblo estúpido y ligero, sin reflexionar que esta última cualidad es la que caracteriza a aquella nación, donde comen a sus expensas no pocas viejas agoreras, con quienes consultan sobre su buena ventura hombres que la echan de ilustrados, y como si ignorásemos que Napoleón el Grande era fatalista y tenía pre manibus el libro de los destinos, que consultaba en sus empresas. Mosqueados los franceses con la zumba popular, se preparaban para presentar el domingo siguiente la lid de una leona africana con otro toro; pero el gobierno lo impidió temiendo resultados por haberse manifestado el espíritu público, y tanto, que la policía tuvo que rondar el lugar donde se encerraban las demás fieras, porque los léperos del barrio de San Pablo querían matarlas. Este suceso ocurrió la tarde del domingo 29 de mayo de 1838. Volvamos a las facultades extraordinarias pedidas por el gobierno. Negadas las primeras volvió a la carga haciendo nueva iniciativa, aunque cambiando en alguna manera la redacción de la primera. Pidió, pues, que se le autorizase para levantar un ejército, arreglar el sistema de hacienda, y para proporcionarse recursos con que pudiera llenar estos objetos. En este último miembro estaba todo el veneno, porque autorizado para ello podría impunemente ocupar los bienes eclesiásticos, y aún los de particulares, y hacer cuanto le viniese en gana. Con este ardid, y suponiendo demasiado dormidos a los mexicanos inclusas las cámaras en su totalidad, y dando por otorgado cuanto pedía, ya se iba a extender el acuerdo cuando por accidente comenzaron a apagarse las velas de la secretaría, porque la sesión se tuvo de noche, y así es que se suspendió la providencia. Durante ella, como el silencio hace a los hombres reflexivos, no faltó quien meditase sobre este negocio y sus consecuencias; desarrollóselas a sus compañeros, al día siguiente, que volviendo sobre sus pasos se negaron a esta encubierta pretensión.

    Finalmente agrego aquí una nota publicada en 1912. A lo que se ve, don José Julio Barbabosa lo caracterizaba una personalidad muy especial. Extrovertido como el que más, polémico también, y que donde hubiese motivo para defender territorio, honor o cuanto tuviese que ver con su persona, era más que suficiente para que pusiera en marcha estrategias que, en muchas ocasiones le funcionaron de maravilla, como es la que se aprecia a continuación:

 EL GRITO DEL PUEBLO, ORIZABA. VER., del 04.02.1912, p. 3:

CARGOS CONTRA UN JUEZ.

 Toluca, 3 de Febrero.-Ha causado grandísima impresión en esta ciudad la publicación de un folleto que se está repartiendo con gran profusión, en el cual su autor, Don José Julio Barbabosa, hace cargos concretos y duras censuras contra el proceder del Juez de Distrito, don Roberto Otáñez, en asunto judicial, radicado en este Juzgado, y en el que era interesado el señor Barbabosa.

   Circulan rumores muy insistentes que otros litigantes en un asunto de importancia de este Estado y en el que también interviene el señor Otáñez, han elevado a la Superioridad repetidas quejas contra el proceder del referido Juez, quien desde que tuvo el choque con el cuerpo escolar de esta ciudad, que originó su cese en el profesorado de la Escuela de Jurisprudencia, se ha creado numerosas antipatías.

JOSÉ JULIO BARBABOSA DANDO LA VUELTA AL RUEDO

José Julio Barbabosa dando la vuelta al ruedo en la plaza de toros “El Toreo” de la Condesa. Ca. 1910.

[1] México se va convirtiendo en teatro de monos, pues hoy hasta escoberas extranjeras tenemos que nos cantan por un real en alemán o griego. Entre ellas hay distribución de trabajos, y algunos hacen su semana de mula, porque cargan un armatoste bien pesado o sea cilindro con la misma ligereza que una mula liviana nueve arrobas. Seguramente no tienen amor propio, pues no hacen el menos aprecio de la rechifla de los muchachos que las siguen… Denier, denier es su palabra favorita, y no quieren otra cosa porque a eso son venidas. He aquí la patria de Wauthon, no en escritura, sino real y verdadera. Todo entra en el progreso de nuestros bolsillos: progresan los que están llenos para vaciarse y dejarnos más miserables de lo que estamos.

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