FOTOGRAFÍA TAURINA EN MÉXICO: DE 1857 A NUESTROS DÍAS…

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. COMPARTIENDO UNA PRIMICIA: FOTOGRAFÍA TAURINA EN MÉXICO: 1857 – 2004. UN RECORRIDO LLENO DE VISTAS

    Evidentemente es un trabajo que, como puede apreciarse, dejó de tener alguna concentración desde hace casi una década. Aún así, no fue cancelado de los diversos proyectos de investigación que me corresponden, pero que el necesario acopio de información y su respectiva interpretación, requieren del conocimiento histórico y técnico relacionado con el proceso que fue adquiriendo la fotografía en este país para poder tener, como consecuencia, una mirada más objetiva y precisa. Nuevas publicaciones y otros tantos estudios, han permitido impulsar dicha tarea, y espero que en un futuro no muy lejano, pueda tener oportunidad de compartir otros tantos asuntos relacionados con el tema, del que ya cuento con varios capítulos que integran este mismo trabajo. Por ahora, un adelanto.

 UN RETRATO… (A MANERA DE INTRODUCCIÓN).

    Fugaces y sorpresivos nos parecen hoy los avances tecnológicos cuya ocurrencia sigue causando revuelo, admiración, quizá no tanto como el de aquellos otros descubrimientos, en el que la fotografía se convierte no solo en punta de lanza. También en sustento que concita entre otras cosas, nuevos conceptos en el curso de la vida cotidiana, pues una de las primeras reacciones que provocó fue la de un enfrentamiento con el arte pictórico, donde sus genuinos creadores, además de ver en esto un atentado, se convirtió en amenaza que potenció la desaparición parcial de muchos pintores; pero no de los grandes artistas que ya vemos, dejaron lo mejor de su creación, incrementando el peso de la gran obra universal.

   Pero con la fotografía sucede un fenómeno que cambia mentalidades, pues ante la primera impresión que produce admirar la naturaleza tal cual –aún y cuando fuera en blanco y negro-, o el verse retratados así mismos, aquellas sociedades decimonónicas aceptaron, hicieron suyo tan novedoso como cotidiano elemento que, al cabo de los años se incorporó a los medios informativos luego de formar parte de algo tan entrañable, porque aquellos primeros instrumentos fueron operados en estudios ad hoc, bajo una publicidad fascinante, como por ejemplo la que Emanuel von Friedrichsthal empleó en 1841 en estos términos:

 M. F. tiene el honor de participar al respetable público de esta ciudad (Yucatán) que por medio de la célebre invención del Daguerrotipo, sacará retratos de medio cuerpo y cuerpo entero al moderado precio de 6 pesos los unos, y 8 pesos los otros. Abonándose por separado el cuadro que importará un peso. Las horas de trabajo serán de las 7 a las 9 de la mañana, y de las 4 a las 6 de la tarde. Los medios colores son los más propios para retratarse en esta máquina, y los Señores y Señoras que gusten, pueden evitar el amarillo, negro y blanco. Las flores no perjudicarán el dibujo, sino que saldrán con más perfección. Irá a casa de las Señoras que no quieran molestarse en salir siempre que reúnan tres o cuatro a la vez.[1]

Incluso, no faltó quien lo hiciera con el toque sutil de unos versos, que proclamaban en Toluca, el trabajo de Daniel Alva, el retratista:

 NUEVA FOTOGRAFÍA

 Daniel Alva el retratista,

El fotógrafo excelente,

Abrió un atelier decente

Y está la cámara lista

Para hacer reproducciones,

Ambrotipos y figuras

De hermosas o feas criaturas,

Por módicas condiciones.

-¡Oh, lectores! El cohetero

que os retratéis quisiera,

y hasta obtener, si pudiera,

vuestro retrato hechicero.[2]

    Cambiando de tercio, y para comenzar a identificarnos con el tema que ahora nos convoca, pasemos a la plaza de toros.

   Luego de que las primeras evidencias del territorio fotográfico mexicano se dieron en 1839, tuvieron que pasar 20 años para que se conozca el que parece ser el primer retrato taurino, que obtuvo Désiré Charnay allá por 1857, cuando un picador de toros es la primera evidencia. Por aquel entonces, uno de los más famosos era Magdaleno Vera, celebridad que quedó truncada para Juan Corona, quien se convierte -durante varias temporadas-, en el varilarguero de confianza del torero español Bernardo Gaviño, para quien tuvo muestras de apoyo y cariño. Lamentablemente la tarde del 23 de mayo de 1853, sufrió una terrible cogida, por un toro de Queréndaro, cuya asta entró por la pierna derecha, y atravesando el asta, salió hasta la planta de la llave, por el hígado (según el parte facultativo).

   Como consecuencia de tan espantosa herida, Corona duró enfermo casi un año, siendo durante este tiempo asistido con extremo por el Dr. Mallet.

   Repuesto Corona un tanto y habiendo gastado durante su enfermedad casi todos sus ahorros, tuvo necesidad de trabajar, logrando reunir una suma que, aunque insignificante, fue bastante para que Juan pudiera establecer una zapatería y comprar algunas vacas.

   Sea lo que fuere, el hecho es que contamos ya con esa imagen, donde el personaje, Magdaleno Vera o Serapio Henríquez, vestido a la usanza del charro mexicano se colocó de pie, llevando en la mano izquierda la vara de detener, estando detrás de él una anquera, esa cubierta protectora que se colocaba en las ancas de los caballos, con lo que se evitaban momentáneamente percances peligrosos, y donde los hombres de vara larga demostraban sus capacidades y habilidades al mismo tiempo.

   Esta es hasta ahora una de las primeras imágenes taurinas mexicanas (y en lo cual también he hecho las consultas respectivas con otra especialista del tema fotográfico. Me refiero a Georgina Rodríguez, coincidiendo en algunos aspectos relacionados con esta imagen, aunque en otra, que también será motivo de análisis, existen sus diferencias). Así pues, estamos ante un maravilloso documento el que Charnay reunió en “Mis descubrimientos en México y en la América Central”, información que se confirma luego de serias investigaciones realizadas por Arturo Aguilar Ochoa, el cual anota que, desde el jueves 8 de abril de 1858 se da a conocer en el Diario de avisos el Álbum Fotográfico Mexicano, realizado por Désiré Charnay y editado por Julio Michaud. El álbum está compuesto por veinticuatro fotografías impresas en papel salado, una de las cuales es la ya mencionada sobre nuestro personaje taurino.

FOTO Nº 53 He aquí la imagen de que se viene realizando su análisis correspondiente.

DIARIO DE AVISOS_08.04.1858_p. 3

Diario de Avisos. México, D.F., 8 de abril de 1858, p. 3. Fuente de consulta: Hemeroteca Nacional Digital de México.

    Siete años más tarde contamos con otro registro, precisamente en la

 PLAZA DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 25 de diciembre. El palco de SS. MM. estará adornado por una cortina de tela de galón de plata, trabajada como la de oro. Cuadrilla de Bernardo Gaviño (misma que será retratada por los fotógrafos Sres. Galini y Cía). Cinco toros de Atenco[3].

    Con la publicidad estilada en esa época, Galini y Cía (o Galina, ubicado en la calle del Sr. Refugio núm. 15 –hoy 16 de septiembre-) anunció que, en seguida de la partición de la plaza por parte de las cuadrillas, haría algunos retratos que, lamentablemente y luego de persistente búsqueda en diversas fuentes y archivos públicos y privados, no ha sido posible su localización.

   Sin embargo, se convierte, eso sí, en el antecedente primordial de un género como el fotográfico cuyo vínculo con la tauromaquia, ha permitido entender, gracias a esos testimonios, un elemento complementario que deja comprender mejor cómo se dieron aquellas puestas en escena, cuyos telones de fondo conceden una visión más completa. De ese modo, podemos apreciar escenarios, públicos, etapas o suertes de la lidia, el ganado que se lidiaba y en qué condiciones (si para ello, las condiciones que apreciamos son las de su trapío o la del empleo de la técnica y arte de torear vigentes en cada una de las épocas visualizadas), no sin dejar de mencionar también, la diversas etapas evolutivas que fue adquiriendo el empleo de unos equipos que empezaron siendo demasiado voluminosos, lentos y que hoy, son bastante sofisticados, pequeños y de gran rapidez en sus resultados.

   Pero Galini no contaba con el hecho de que otro fotógrafo de gran peso terminaría por opacarlo durante los escasos años del segundo imperio y algunos otros posteriores. Se trata de François Aubert quien dejó una importante producción, cuyo legado si bien se relaciona con los personajes de la corte de Maximiliano, no se ha detectado alguno otro en relación al tema de este trabajo.

   El recorrido de esta propuesta se acerca al conjunto de fotografías donde podemos apreciar diversas cuadrillas de toreros, plazas de toros, dos fotografías que se remontan a 1870,[4] como las imágenes primitivas que soportan la investigación, hasta los materiales que en nuestros días han logrado gente como Sergio Rivero, Armando Rosales “El Saltillense”, Mónica Villa, Arturo Guerra, Guillermo García Navarro y otros, sin dejar de mencionar a un conjunto de notables como C. B. Waite, Winfield Scott, los Casasola, Lupercio, Tinoco, Melhado, Reynoso, Sosa, los hermanos Mayo, Carlos González, los Ávila –padre e hijo-, Alfredo Flores. Para ello, ha sido necesario pensar en el soporte de colecciones públicas y privadas, como las que concentra el Instituto Nacional de Antropología e Historia (Archivo Casasola, Archivo de ex Culhuacán, reunidos, entre otros, en el Módulo de Consulta, localizado en el Distrito Federal). También se tiene al Centro de la Imagen, Archivo General de la Nación, Museo Franz Mayer En cuanto a los de carácter privado, están el de Ricardo Pérez Escamilla, Julio Téllez García, Diego Carmona Ortega, Francisco D. Montellano Ballesteros, Guillermo Tovar de Teresa, Luis y Humberto Ruiz Quiroz, Miguel Luna Parra, Raúl Humberto Montes Ramírez, Marco Antonio Ramírez, José Rodríguez, la del autor mismo entre otras más.

   En próximas entregas, seguiré ocupándome del tema, al menos en su etapa inicial.


[1] Rosa Casanova-Olivier Debroise: Sobre la superficie bruñida de un espejo. Fotógrafos del siglo XIX. México, Fondo de Cultura Económica, 1989. 111 pp. Ils, retrs. (pp. 24).

[2] EL COHETE. PERIÓDICO OMNISCIO, CHARLATÁN, BURLÓN Y QUE DIRÁ LA VERDAD AL PINTO DE LA PALOMA. T. II, Toluca, Jueves 15 de enero de 1874, Nº 1.

[3] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España. 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. T. I., p. 170.

[4] José Francisco Coello Ugalde: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS Nº 24: “Registro Fotográfico”. COLECCIÓN DE IMÁGENES ALREDEDOR DEL TOREO, DESDE EL SIGLO XVI Y HASTA NUESTROS DÍAS.

Foto Nº 35.-La plaza de EL PASEO NUEVO, como se ve, ya solo es una ruina, sitio que se ocupó -luego de la prohibición de 1867- para funciones de circo y acrobacia. Fue derribada en 1873.

Foto estereoscópica (ca. 1870).

Fuente: Archivo General de la Nación [A.G.N.] Fondo: Felipe Teixidor.

Foto Nº 238.-En 1870, cuando Ponciano estaba metido en aprender un pial o una mangana, estas “figuras” divertían a la afición michoacana.

Fuente: “Revista de Revistas” Nº 1394, del 7 de febrero de 1937.

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