LA IMPORTANCIA y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XVII).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO. 

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

LAS SIGUIENTES NOTAS REMEMORAN, EN DIVERSAS ÉPOCAS A JULIO BONILLA.

    Antes que otra cosa, debo destacar la figura de Julio Bonilla, para identificarlo plenamente.

  En 1884 surge el primer periódico taurino permanente: El arte de la lidia, cuya publicación supera los inicios del siglo XX. Sin embargo, para poder entender cómo se integró la crítica, de qué forma se hizo y quienes constituyeron ese sector aislado de opinión antes de la aparición de ese semanario, es obligada una minuciosa revisión que se analizará en los antecedentes. Noticias y registros sobre acontecimientos en torno a esta diversión pública ya los tenemos desde los años que siguieron a la conquista de México-Tenochtitlán, y durante todo el virreinato. Por lo tanto, conviene tener una visión de conjunto, misma que formará parte del disco que pone marcha a este proyecto.

   Con El arte de la Lidia encontramos el primer vocero que emitió en forma pública la circunstancia de una tauromaquia eminentemente nacionalista, puesta en práctica lo mismo en el ámbito rural que en el urbano. Solo que en sus páginas no hay claridad en cuanto a la decadencia, ese síntoma que registra de modo intermitente el toreo, debido a tres causas fundamentales:

1.-El fin de una época detentado por el longevo torero español Bernardo Gaviño, quien monopolizó el espectáculo durante el tiempo que se mantuvo vigente, lo que no fue poca cosa. Al contrario, el suyo fue un período de larga duración que va de 1829 a 1886 en nuestro país, con algunos lapsos fuera de él.

2.-La asunción de Ponciano Díaz quien se colocó entre 1880 y 1890 en lugar de privilegio, factor que favoreció El Arte de la Lidia por el sólo hecho de que su representante o apoderado, el Sr. Julio Bonilla fue el director de la publicación referida.

3.-El toreo de esa época perdió fuerza debido a un agotamiento natural, pero también al trillado y peligroso reciclaje al que fue sometido por toreros y cuadrillas que, descuidaron la puesta al día o renovación de suertes tauromáquicas.

   Un comportamiento así sólo apresuraba la desaparición de aquellas expresiones, por lo que de menos a más un frente de diestros hispanos entendió la necesidad de poner en marcha la reestructuración del espectáculo, misma que se convirtió en caldo de cultivo poniéndose en marcha el amanecer y en forma más correcta del toreo de a pie en México, sólo que a la usanza española en versión moderna. Si esto no fue capaz de vislumbrarlo el cuerpo de colaboradores de El Arte de la Lidia, si se verá logrado en publicaciones como La Muleta (1887-1889) primero; El Toreo Ilustrado (1895-1898), y El Noticioso (entre 1890 y 1900) después. Esto quiere decir que la prensa taurina tuvo, a partir de 1887 varios frentes con inclinaciones hispanistas unos y nacionalistas otros. Incluso, los hubo que cayeron en una patriotería recalcitrante. Todo esto ocurría con intensidad a partir de 1887, año que adquiere uno de los niveles más significativos para la historia del toreo en México, asunto que veremos en detalle más adelante.

   Los integrantes de aquel sector intelectual, al margen de sus personales inclinaciones, debieron contar con un sustento y una información de cultura general lo suficientemente básica para dedicar espacio y tiempo a una materia que resultaba nueva en el horizonte de un asunto que significaba la preparación de la que sería la primera generación de aficionados establecida en nuestro país. Con esto, no quiero decir que no los hubiera. En todo caso, lo que se trata de afianzar con el presente planteamiento es que quienes vieron toros, hasta antes de 1887, lo hicieron sin tener una idea cabal del significado técnico y estético que suponía su representación en las plazas de toros, a donde se desarrolló un espectáculo caótico, acompañado de un intento por demostrar que la tauromaquia, como soporte estructural existía de alguna manera.

   Es por eso que pudiéramos estar frente a una prensa marginal a la que no se le dio la misma atención que sí tuvieron otros títulos de la hemerografía no sólo capitalina. También nacional, por tratarse quizá, del sector noticioso que se encargaba de la cobertura de un espectáculo seriamente cuestionado por su naturaleza misma, la de la barbarie que no era afín a los principios de progreso que empezaban a aflorar durante el porfiriato, régimen que por otro lado estuvo de acuerdo en el impulso de la fiesta brava. Sin embargo, quienes integraban el cuerpo de colaboradores fueron personajes de alta escala literaria. Allí están los casos de Juan de Dios Peza, Rafael López de Mendoza, Eduardo Noriega, Pedro Pablo Rangel, Carlos Cuesta Baquero, Pedro González Morúa, Rafael Medina y otros de igual importancia. Sus ilustradores también contaron con el mismo nivel de importancia y sólo mencionaría a tres de ellos: P. P. García, réplica exacta del trabajo que Daniel Perea estaba haciendo en España, como colaborador de La Lidia, así como José Guadalupe Posada y Manuel Manilla.

    Ahora bien, en una primera apreciación, puedo adelantar que Julio Bonilla nació en Jalapa, Veracruz el 31 de marzo de 1855. Cursó estudios de Comercio, aunque su verdadera vocación estaba en las letras, hecho que quedó demostrado en un importante número de semanarios y publicaciones de aquel entonces.

   Poeta dilecto, en su obra quedó reflejada la bondad de su carácter, la penetración de su ingenio y la grandeza de sus pensamientos. Lamentablemente hay muy pocas evidencias de ese quehacer literario, lo que por ahora no me permiten tener una visión de su estilo.

   Abrazó también la carrera militar, para lo cual en 1880 ya era Subteniente. En 1885, Capitán y, en 1909, año de su muerte, se desempeñaba en el Departamento de Ingenieros de la Secretaría de Guerra y Marina, cumpliendo el alto puesto de Oficial Primero Jefe de una Sección con el grado de Mayor de nuestro ejército.

   El Diario, D.F., del 9 de marzo de 1909, al hacer reseña de la muerte de Julio Bonilla -ocurrida un día antes-, comentaba que: “En cuanto a los servicios prestados por el señor Bonilla a la Secretaría de Guerra y Marina, debemos decir que sí llegó a ocupar el grado de Mayor y a desempeñar el Despacho de una Sección del Departamento de Ingenieros de la propia oficina, fue debido a su constante trabajo e irreprochable comportamiento, mereciendo la estimación de sus jefes y compañeros”.

APUNTES HISTÓRICOS_JULIO BONILLA Julio Bonilla: Apuntes históricos sobre el origen del Colegio Militar de la República Mexicana. México, Secretaría de Guerra, 1884. Obra oficial, una de las pocas monografías sobre el tema. Listas de personal y alumnos. (Portada).

    A continuación incluyo una serie de notas que lo citan y que, por diversas circunstancias nos van permitiendo entender a este personaje con todo su perfil, no solo el del militar, sino como periodista, el quien enfrentó un lamentable desenlace.

 EL MONITOR REPUBLICANO, D.F., del 22.06.1880, p. 3: Julio Bonilla, Subteniente

 EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 01.09.1885, p. 2: Capitán Julio Bonilla.

 EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 25.04.1886, p. 1: En las plazas de Veracruz, Durango, Orizaba, Guanajuato, Toluca y Puebla hay el mismo furor taurino y los taurófilos se entregan a esa diversión azuzados por la elocuencia flamenca de Julio Bonilla, el Director del El Arte de la Lidia.

 EL CONTEMPORÁNEO, SAN LUIS POTOSÍ, del 01.03.1909, p. 2: México. Marzo 1º de 1909. Ayer, el Mayor Dr. Julio Bonilla, al estar disponiéndose a tomar el tren para asistir a la corrida de toros a beneficio de Vicente Segura, fue arrollado, cayendo bajo las ruedas y resultando con una pierna amputada. El herido fue trasladado al Hospital Militar, donde fue inmediatamente operado.

 EL DIARIO, D.F., del 01.03.1909, p. 2: FUE ARROLLADO POR UN ELÉCTRICO EL MAYOR DON JULIO M. BONILLA. EL ACCIDENTE SE DEBIÓ A LA AVARICIA DE LA EMPRESA DE TRANVÍAS.

   Ayer, en los momentos en que se disponía a tomar un tranvía para asistir a la corrida a beneficio de Vicente Segura, fue arroyado a las dos y media de la tarde, el señor Mayor don Julio M. Bonilla, Jefe de sección del Departamento de Ingenieros de la Secretaría de Guerra.

   Vivía en la Calle del Arco de San Agustín, 2.

 EL DIARIO, D.F., del 09.03.1909, p. 1: MURIÓ AYER D. JULIO BONILLA VÍCTIMA DE UN TRANVÍA.

   Ayer, a las dos y cuarenta minutos de la mañana, falleció el conocido revistero taurino señor Don Julio Bonilla, quien desempeñaba en el Departamento de Ingenieros de la Secretaría de Guerra y Marina, el alto puesto de Oficial Primero Jefe de una Sección con el grado de Mayor de nuestro ejército. (…)

   En cuanto a los servicios prestados por el señor Bonilla a la Secretaría de Guerra y Marina, debemos decir que sí llegó a ocupar el grado de Mayor y a desempeñar el Despacho de una Sección del Departamento de Ingenieros de la propia oficina, fue debido a su constante trabajo e irreprochable comportamiento, mereciendo la estimación de sus jefes y compañeros.

   Mañana, a las nueve de la mañana, se hará la inhumación, partiendo el cortejo fúnebre de la casa número 2 de la calle del Arco de San Agustín, siguiendo hasta el Panteón Francés.

 EL DISLOQUE, PUEBLA, PUE., del 16.03.1909, p. 1:

    D. Julio Bonilla, oficialmente ocupó importante puesto en la Secretaría de Guerra y Marina, adonde, por más de veinte años y con hoja de servicios sin mancha desempeñó varios puestos hasta llegar a Oficial 1º del Departamento de Ingenieros.

   En sus labores privadas se ocupó de asuntos de arte y taurinos, fue Director y fundador del semanario “El Arte de la Lidia” que vivió algunos años siendo muy estimado y leído en México, España y las Repúblicas Sud Americanas. Tuvo intervención en los negocios taurinos que se realizaron de mayor importancia, representó a diestros de renombre, y fue Secretario de D. Isidoro Pastor en la época de su apogeo. En diversas ocasiones regentenó las empresas de Burón, y fue Director de la única Agencia Taurina de la Capital, cuyo prestigio fue bien conocido.

 EL DISLOQUE, PUEBLA, PUE., del 06.04.1909, p. 3: La tarde del viernes 2 se verificó la corrida que generosamente fue organizada por los señores Alfonso E. Bravo y el Dr. Carlos Cuesta, a beneficio de la señora viuda e hijos del infortunado escritor taurino, querido compañero nuestro D. Julio Bonilla.

   Con un desinterés digno de todo elogio prestaron su valioso concurso los valientes matadores José Casanave “Morenito de Valencia” y Manuel Corzo “Corcito” este último allanó cuanta dificultad se presentaba demostrando el deseo que lo animaba de pagar este último tributo a su finado amigo. El mexicano Samuel Solís también se ofreció expontáneamente y las cuadrillas de los tres espadas también dieron evidente prueba de sus nobles y altruistas sentimientos. Los señores Barbabosa y el aplaudido aficionado y ganadero Romárico González contribuyeron a esta magna obra de fraternidad y de consuelo.

   El resultado del beneficio fue desgraciadamente desastroso, en lo que se refiere a la parte pecuniaria, pues no vamos a hacer crítica de los toreros que tan noble como desinteresadamente expusieron su vida con tan benéfico fin.

   La corrida no tuvo lucimiento porque ya se sabe que para ello no se presta el ganado de Atlanga, sin embargo merece decirse que José Casanave “Morenito de Valencia” se llevó las ovaciones de la tarde, que “Corcito” toreó con valentía y lucimiento, y con buena voluntad los novilleros Solís y “Machaquito de Valencia” y las cuadrillas; no obstante lo lluvioso de la tarde no decayeron los ánimos en la brava gente que había en el ruedo.

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