Archivo mensual: julio 2014

 LA HISTORIA, SU HISTORIA DEL TOREO CONTADA POR ELLOS MISMOS. (V).

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Surge ante nosotros el inconfundible Renato Leduc, dueño de una recia personalidad, con una lengua y una pluma que destilaban palabras con olor a pólvora. Vio toros casi desde que comenzó el siglo XX, con lo cual se formó una idea que iba de la descalificación más visceral, cercana a la de aquel viejo periódico que dirigiera Carlos Quiroz, el cual llevaba el sugerente título de “Ratas y Mamarrachos”. Que nadie lo sorprendiera con preguntas o afirmaciones “fuera de cacho” pues era tanto como sentenciarse a muerte oyendo cáusticas afirmaciones del autor de “Historia de lo inmediato”. En este caso, Javier Esquivel, responsable de esta serie de reportajes, lo hizo con la prudencia del caso.

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Los Toros. Semanario del Buen Aficionado. México, N° 11, febrero 22 de 1965. Colección “Roberto Mendoza Torres”.

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 BERNARDO GAVIÑO PORTÓ ANTEOJOS EN ALGÚN MOMENTO PARA TOREAR…

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Ahora que veo publicada una fotografía que recoge la figura de Juan Luis Silis, lo que llama poderosamente la atención en el momento del paseíllo es que el joven torero lleva colocados una “goggles”, como medida de seguridad después del duro percance que sufriera el pasado 13 de octubre de 2013 en Pachuca. La convalecencia ha sido dura, pero la ha resistido con entereza. Por estos días que corren, se anuncia que ya tiene firmados un buen número de contratos. Enhorabuena.

JUAN LUIS SILIS LLEVANDO ANTEOJOS

Juan Luis Silis. Disponible, julio 30, 2014 en:

http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=19871

    Un antecedente de tal “curiosidad”, la del uso de ese material protector para la vista, me permite recrear la presente colaboración con los siguientes datos:

    Para 1879, Bernardo Gaviño centraba su atención como empresario, que lo hizo en Puebla o Cuautitlán, donde toreaba en algunas tardes, pues pasó largas temporadas, sobre todo en territorio poblano Dice Carlos Cuesta Baquero que “probablemente ya le temía a los viajes largos y abundantes en molestias, porque aún estaban las vías de comunicación entre nuestras diversas ciudades con iguales defectuosidades que en años atrás a éste respecto no habíamos progresado, sino permanecido estacionados, retrasados”. De ahí que pronto se diera una nueva etapa en su ya largo historial: Gaviño ya era considerado un “maestro” y como tal, gozaba del privilegio de dar consejos. Por lo tanto, ese fue el momento en que comenzó a darse una apertura, cierto margen de libertad -de su parte- para que surgieran nuevos “adalides” de la tauromaquia en México.

   Incluso, hay un detalle poco conocido: Bernardo comenzaba a acusar, a sus 66 años problemas de la vista, que ya debilitada, lo obligaba al uso de “espejuelos para hacer la faena con la muleta y luego dar la estocada”. Aunque ya viejo, todavía tuvo fuerza para enfrentarse con Lázaro Sánchez, coterráneo suyo, que huyó a Cuba con la amante de Gaviño, luego de que éste le hizo la vida difícil al no dejarlo torear a sus anchas.

FOTO Nº 15

Probablemente, este retrato “Carte de visite” que Bernardo Gaviño se realizó en el gabinete de los “Hermanos Valleto” más o menos a principios de la octava década del siglo XIX, nos pueda dar una idea sobre los signos de decadencia en que ya venía cayendo el diestro portorealeño, quien ya realizaba esfuerzos por demás sobrehumanos para presentarse y actuar con alguna dignidad en las plazas donde fuese contratado. Como se sabe, en uno de esos compromisos, firmó contrato para actuar en Texcoco la tarde del 31 de enero de 1886. El documento quedó estipulado por $30.00 que cobraría el diestro luego de la misma, cosa que no pudo ser, pues el tercero de la tarde, “Chicharrón” de la ganadería de Ayala, le asestó una tremenda cornada, la cual causó tremendos daños y complicaciones, lo que devino en su muerte, ocurrida el 11 de febrero siguiente.

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ES EL TIEMPO EN QUE EL ARTE ES UN CONCEPTO INCOMPRENDIDO.

EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Es el tiempo en que el arte es un concepto incomprendido. Eso pasa frecuentemente en el toreo con seres humanos que habiendo decidido tan dura profesión, terminan devaluados no solo por las grandes masas, sino también por minorías elitistas de aficionados dogmáticos que se aferran a no aceptar esa condición en medio de los niveles industriales donde suele moverse el toreo, como factor de producción, pero no de inspiración.

RELOJ ASTRONÓMICO_1410

Reloj astronómico construido en 1410 en Marthew Kïrkland (Holanda), que sigue funcionando, como si no pasara el tiempo…

    Son dos cosas muy diferentes. Puede haber toreros muy artistas, aunque en su haber pocas corridas. Por otro lado allí están los toreros dueños de una capacidad envidiable y con los contratos siempre en la mesa. Estos últimos tienen asegurada una publicidad mediática y el afecto de sus seguidores, que cuando escalan las cimas más elevadas, tienen garantizada –además-, la gloria y la pervivencia. Probablemente no la eternidad. Estos son toreros que, por su dimensión sean equiparables al quehacer sinfónico de Bruckner, Tchaikosvky o Malher. Pero también existe la música de cámara, y las piezas para instrumento solo que se reducen a un espacio íntimo y pequeño para su interpretación. Qué razón tenía Stefan Sweig cuando apuntó que “…los artistas y los poetas y todos los verdaderos creadores están a veces meses enteros sin producir nada. Porque toda tensión espiritual, todo acto creador, necesita un tiempo de gestación. Antes de manifestarse, la fuerza poética precisa ser atesorada. El momento propicio para la creación no puede durar, ni en un hombre ni en una nación, eternamente, es decir, no puede convertirse en algo normal y duradero; por esto, sería absurdo pedir que la historia, esta misteriosa obra de Dios, como Goethe le llama, fuera una ininterrumpida serie de hechos extraordinarios”.

   Un caso extraordinario viene a ser el de Alfonso Ramírez “Calesero”, a quien, luego de intensas lecturas en su más amplio sentido, hemos entendido un poco más –porque hay un profundo misterio que nos separa de su realidad más íntima como torero-, de ahí que ese grado de dificultad se nos presente bajo el manto de situaciones indefinidas dispuestas a ser explicadas, en tanto se tengan los elementos precisos para hacerlo. El quehacer de este extraordinario torero que vemos bajo la mirada ajena de un enorme tiempo que nos separa de su paso por los ruedos, es ya un primer conflicto. Bien habría dicho, como lo comentó en su momento el genial Gustav Malher –de nuevo Malher-, que “cuando los perros comienzan a ladrar, sabemos que estamos en el camino correcto”. Y vaya que no estaban equivocados, ni uno ni otro.

CALESERO CON LA CAPA

Calesero, al capote…

    Pues bien, Alfonso Ramírez “Calesero” fue uno de esos toreros tocados por el arte entendido como una expresión consagrada a unos cuantos, a ese pequeño grupo de elegidos destinados a formar parte de esa unidad capaz de causar profundas conmociones. Capaces –insisto- no solo de conmover la condición del arte efímero del toreo, sino que además esa misma condición debe tener la virtud de que queden guardadas en la retina y en la memoria de los aficionados y por muchos años, el recuerdo quizá de un solo momento –como la larga cordobesa que trazó “Calesero” la tarde del 10 de enero de 1954-. Casi cincuenta años después sigue siendo motivo de polémica y emoción entre quienes tuvieron el privilegio de verla y de quienes hemos corroborado esa circunstancia gracias a las imágenes cinematográficas allí recogidas.

ALFONSO RAMÍREZ_CALESERO

Calesero, con la muleta…

   No cabe duda, que los artistas no han podido imponerse en medio de tremenda parafernalia que somete a los aficionados siempre dispuestos a seguir ciegamente ciertos dogmas que les limita tener un panorama más amplio, más universal del significado que posee el toreo, porque no bastan los grandes toreros que han llenado épocas representativas en los varios siglos de recorrido. Allí están otros importantes protagonistas de este quehacer, padeciendo tales indiferencias, pero que cuando ascienden hasta la gloria es cuando vuelven a acordarse de ellos. “Calesero”puso en práctica un medio muy particular, que consistió en prodigar su arte en pequeñas dosis, perfectamente aplicadas para causar desequilibrios entre aficionados poco convencidos de que el arte en su más pura expresión también existe. Esas pequeñas dosis, al paso del tiempo, se convirtieron en la summa de todo su legado, convirtiéndose en un capítulo particular de manifestaciones estéticas perfectamente compendiadas en esa genial piedra de toque. No bastan los números impresionantes que arrojan las trayectorias de otros tantos toreros, tan importantes como el propio “Calesero”, pero es que “Calesero” tuvo muy claro el compromiso de su profesión, convirtiendo su paso por la tauromaquia en una galería selecta de faenas memorables, imborrables que siguen siendo capaces de causar conmoción, discusión y el gozoso e imperecedero recuerdo de sus faenas, como cuentas de un collar cotizadísimo.

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SOBRE CIRCOS, MOJIGANGAS y TOROS EMBOLADOS.

ILUSTRADOR TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

  Casamiento de Indios.

 (Mojiganga)[1]

 La mojiganga el gentío

Pide ya impaciente a coro

Después del último toro

Que mató Pepe Machío.

Al público daba envidia

y hasta al mismo toro asombra

Oir gritar en la sombra

Al regente de La Lidia.

Las palmas de Echeverría

Anuncian que ya los novios,

Traviesos como microbios

Llegan con la chirimía.

La novia es la vieja “Voz

de México”, y Victoriano

Agüeros, el novio: ufano

Muestra su facha feroz.

Tras ellos viene el padrino

Enteco, flaco sombrío…

¡Todititito a don Darío

Se parece el muy indino!

Toda la plaza se fija

En la madrina, la Theo,

Muy maestra en el toreo

De la gente lagartija.

Con sus indígenas trazas

Y en medio de grita inmensa

Siguen los suegros: “La Prensa”

Y José Joaquín Terrazas.

Testigos, “Juan Panadero”.

Y Gregorio Jardón

Que salió de su prisión

Alegre como un pandero

Es alcalde el “Socialista”

Mozo, el “Hijo del Trabajo”,

Que apenas se ve debajo

De la cazuela, ya lista.

Con su facha estereotípica

El cura, el buen Gabilondo,

Viene luego muy orondo

Con la música, la Típica.

Piden la venia los vales

Y de la plaza en el centro

Siéntanse gritando ¡adentro

Al mole y a los tomales!

Mas suena el clarín agudo

Que corta la bendición

Del cura, y el atracón

De mole, y brama el carnudo.

Del Chiquero el embolado

Sale listo y juguetón:

Por aquí coge a Jardón

y lo mete al estofado;

A la enronquecida Voz

De las enaguas levanta;

Agüeros ¡pobre! se espanta

Y corre más que veloz.

Muy cerca el toro le atiza,

Da un encontrón a la Theo[2]

Y viene a caer el neo

De hocicos en la ceniza.

Síguele el toro porfiado;

“La Prensa” en tanto batalla,

Pero atrapa al fin la valla

Y sale de su cuidado…

Terrazas o te rasuras,

A quien ha cogido el toro,

Grita, cual gritaba el loro

Del cuento, ¡pobres criaturas!

En medio de este alboroto

Asoma “Juan Panadero”

Cubriendo con el sombrero

Lo que muestra el calzón roto.

Llama al toro, lo trastea

Y le arroja el chilapeño,

Le mira frunciendo el ceño,

Arrogante, cual Gadea;

Mas el toro, sin misterio,

A la Típica acomete,

Un cuerno embolado mete

Al bandolón y al salterio;

Sálvase solo el del bajo,

“El Valedor”, don Darío,

Y temblando, y no de frío,

Huye el “Hijo del Trabajo”.

Aulla el pueblo en las gradas

Y hace crecer el jaleo

Y que empiece el naranjeo

Y acaben las bufonadas.

La mojiganga, maltrecha,

Sale al fin del redondel

Y el toro pasea por él

Su mirada satisfecha.

 

GIROFLE-GIROFLA.[3]

    Y es que las imágenes acompañantes son en esta ocasión, una auténtica delicia. Al observarlas, se recrea perfectamente la narración en verso que un asistente anónimo, pero que firmó su crónica con el acostumbrado seudónimo que se utilizaba por entonces, nos deja ver y entender en qué consistía no sólo la mojiganga, sino otros elementos complementarios, como el toro embolado. De esta escena, hay dos instantes que me parece oportuno agregar para apreciar de mejor manera su circunstancia.

   La primera de ellas, corresponde a una publicación llamada El Tecolote, T. I, N° 20, del 29 de octubre de 1876,[4] y es de la autoría de Santiago Hernández:

EL TECOLOTE_ESTE ES EL DE LOS MUCHACHOS...

De la misma, apunta “El Fisgón”:

 Porfirio Díaz es retratado como un toro manso en cuyos cuernos se han colocado para restarles filos, dos bolas enormes que dicen “Revolución”. El toro es lanzado a un ruedo, en las tribunas, sólo le aplauden las viejas señoritas conservadoras del periódico Regeneración y, para significar que no representa ningún peligro, se anuncia que este es el novillo con el que pueden jugar los muchachos.[5]

COLEO Y EL EMBOLADO

“Toro embolado”, por Ernesto de Icaza. (Ca. 1900).

 Esta otra, procede de una interesante publicación, la que realizan –y así se llama- Los aficionados de los Ángeles (E.U.A.), en cuyo número, el de junio y julio de 2012, p. 27 se incluye (en blanco y negro) uno más de esos inimitables trabajos de este artista mexicano de lo popular, tan importante como los del propio José Guadalupe Posada, contemporáneos los dos, y que ambos se encargaron junto a otra pléyade importante, limitada pero importante insisto, en destacar “lo mexicano” a partir de sus registros sobre diversos acontecimientos ocurridos en la vida cotidiana, donde las diversiones públicas pasaron a formar parte de sus catálogos y expresiones. En ese sentido, también no puedo dejar de pasar por alto un acontecimiento que hoy es motivo y centro de discusión. Me refiero a las medidas que viene aplicando una ley, todavía no aprobada, que restringe el uso de los animales en los circos. Por tal motivo y a continuación, dedicaré algunas notas al respecto.

 II

   Con la reciente medida que pretende prohibir el empleo de especies animales en circos, misma que aún no ha sido aprobada, el circo en cuanto espectáculo, se encuentra amenazado de restringir sus funciones a la sola presencia de acróbatas, maromeros, payasos y otras evoluciones, donde los animales como elefantes, caballos, caballos percherones, osos, tigres y demás especies que han sido empleadas para dar forma a la representación.  Sabemos que desde 1802 hay registros de actividades circenses en nuestro país, justo a la llegada del caballista inglés Philip Lailson, el cual incluyó en su gira que había iniciado en E.U.A. algunas ciudades mexicanas. Más tarde, el circo de Giuseppe Chiarini también se constituyó en un atractivo importante, sobre todo en el Distrito Federal. Con los años, se constituyó el circo “Atayde” que hasta la fecha sigue ofreciendo funciones.

CIRCO ATAYDE_2014

Programa de sus funciones que van del 11 de julio al 31 de agosto de 2014.

    Desde hace unos días, diversas “compañías” de cirqueros vienen organizándose, y en tal circunstancia, sus movilizaciones de protesta, constituyen un acto de defensa y justicia, no sólo por lo que representa la medida que, de llegar a aprobarse, los sentenciará a diversas limitaciones, sino al hecho de que su materia de trabajo queda en riesgo. Sobre todo en la de aquellos circos marginales que sostienen familias y generaciones, pero que no han alcanzado la fama del “Atayde” o el “Fuentes”, aunque también merecedoras, como estos últimos, de preservar una costumbre.

   Apenas el martes 22 de julio, estos últimos tuvieron el detalle de montar una función de obsequio a cuanta persona pasara por la plaza de la Constitución, sitio en el que fijaron un pequeño redondel, y allí se dieron a realizar una megafunción, la cual consistió espectaculares actos de acrobacia, ejecución de maromas “que alcanzaban varios metros de altura”, y el acto de acróbatas sobre caballos percherones.

   Sabemos, según la nota que publicó La Jornada del miércoles 23 de julio de 2014, p. 31, que cerca de 40 circos se ampararon contra le ley y (que) posteriormente recurrirán a la Suprema Corte de Justicia de la nación, “para que sean ellos (los ministros” quienes tomen la decisión final”.

LA JORNADA_23.07.2014_p. 31bis

   En otra imagen que da testimonio de dicho acontecimiento, se indica en su pie de foto lo que sigue:

LA JORNADA_23.07.2014_p. 36bis3

…pie que corresponde con este semblante:

LA JORNADA_23.07.2014_p. 36bis

Es decir, conscientes del riesgo que enfrentan, cuestionan el hecho de que “Ya empezaron las novilladas en la Plaza México, acaban de inaugurar un gran acuario en Polanco, siguen las carreras de caballos en el Hipódromo de las Américas y nadie dice nada”. La Ley que se quiere aplicar “es privativa y atenta contra cientos de familias”, concluyeron.

   Sepan todos ustedes que desde aquí, encontrarán mi apoyo, marginal si cabe por la cobertura que tiene el presente blog, pero que significa la forma de comprender de manera imparcial, y sin la carga de significados sobre ese discurso atentatorio que viene atacando no solo a los circos, las carreras de caballos o las corridas de toros. Ustedes se han convertido o pueden convertirse en la “primera víctima” de algo que puede culminar con esos otros espectáculos que se ya son blanco de propósitos impulsados por un sólido sector de la sociedad que se niega a aceptar el enorme peso de las costumbres, los usos y costumbres, e incluso, para decirlo de una vez, de aquella enorme configuración de lo ritual, que ya no se corresponden con el tiempo presente. Menos con el futuro. Estas representaciones que caen en el terreno de las diversiones públicas son cada vez menos aceptadas por determinados segmentos sociales cuyo pensamiento se ha venido forjando en función de nuevas maneras de pensar que respeto, pero que no comparto pues sin el uso debido de una mejor reflexión, sólo intentan mutilar tales circunstancias, sin entender todo lo que está detrás de ellas, como ese complejo conjunto de componentes que las han constituido a lo largo de siglos. Es lícito, es legítimo el que circos, hipódromos, plazas de toros y otros espacios donde son utilizados, como parte de la representación diversas especies animales, hoy tengan que enfrentar tamaña sentencia. También es probable que la domesticación a que son sujetos los animales en estos espectáculos sea revisada para tratarla y adecuarla en las leyes y reglamentos que las regulan, con objeto de encontrar un trato más racional, y donde se apliquen responsabilidades compartidas entre quienes organizan y quienes participan, para con ello encontrar el equilibrio deseable, con lo que, a final de cuentas, puede ser el remate de toda esta campaña opositora.


[1] José Francisco Coello Ugalde: Las Mojigangas: Aderezos imprescindibles y otros divertimentos de gran atractivo en las corridas de toros en el mexicano siglo XIX. Aportaciones Histórico Taurinas Mexicanas Nº 29. México, 1998-2001. 201 p. Ils., fots., retrs. (Inédito), p. 5-6.

Mojiganga: Como una constante, el conjunto de manifestaciones festivas, producto de la imaginaria popular, o de la incorporación del teatro a la plaza, comúnmente llamadas “mojigangas” (que en un principio fueron una forma de protesta social), despertaron intensas con el movimiento de emancipación de 1810. Si bien, desde los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX ya constituían en sí mismas un reflejo de la sociedad y búsqueda por algo que no fuera necesariamente lo cotidiano, se consolidan en el desarrollo del nuevo país, aumentando paulatinamente hasta llegar a formar un abigarrado conjunto de invenciones o recreaciones, que no alcanzaba una tarde para conocerlos. Eran necesarias muchas, como fue el caso durante el siglo pasado, y cada ocasión representaba la oportunidad de ver un programa diferente, variado, enriquecido por “sorprendentes novedades” que de tan extraordinarias, se acercaban a la expresión del circo lo cual desequilibraba en cierta forma el desarrollo de la corrida de toros misma; pues los carteles nos indican, a veces, una balanceada presencia taurina junto al entretenimiento que la empresa, o la compañía en cuestión se comprometían ofrecer. Aunque la plaza de toros se destinara para el espectáculo taurino, este de pronto, pasaba a un segundo término por la razón de que era tan vasto el catálogo de mojigangas y de manifestaciones complementarias al toreo, -lo cual ocurría durante muchas tardes-, lo que para la propia tauromaquia no significaba peligro alguno de verse en cierta media relegada. O para mejor entenderlo, los toros lidiados bajo circunstancias normales se reducían a veces a dos como mínimo, en tanto que el resto de la función corría a cargo de quienes se proponían divertir al respetable.

   Desde el siglo XVIII este síntoma se deja ver, producto del relajamiento social, pero producto también de un estado de cosas que avizora el destino de libertad que comenzaron pretendiendo los novohispanos y consolidaron los nuevos mexicanos con la cuota de un cúmulo de muertes que terminaron, de alguna manera, al consumarse aquel propósito.

 [2] Se refiere a Mme. Theo, una artista y cantante de la época, que hizo varias apariciones en el Teatro Nacional.

[3] El arte de la Lidia, Año I, 4 de enero de 1885, Nº 11, p. 2.

[4] Rafael Barajas Durán “El Fisgón”: El país de “El Ahuizote”. La caricatura mexicana de oposición durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876). México, Fondo de Cultura Económica, 2005. 324 p. Ils., facs. (Colección Tezontle), p. 240.

[5] Op. Cit., p. 303.

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CRÓNICA. ¡UN BANDOLERO INDULTADO!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

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Cartel del festejo inaugural.

   Si esta crónica pretende ser imparcial, diría en primera instancia que, BANDOLERO, sexto novillo de Xajay, lidiado el 20 de julio de 2014, en el festejo inaugural de la temporada chica en la plaza de toros “México”, en rigor no merecía el indulto. Salió galopando y con fijeza, embistió bien a los capotes, fue a la cabalgadura con casta (como casi todos sus hermanos). Pero un cambio radical de actitud en la lidia lo llevó a establecerse en tablas, prácticamente en la querencia natural y ahí se desarrolló buena parte de la faena que planteó en términos afortunados Antonio Mendoza. Un hábil intento por llevárselo entre el tercio y los medios prosperó felizmente culminando este quehacer muleteril entre la gritería y entrega popular la que, a su vez, ya demandaba el indulto. BANDOLERO iba y venía, “planeando” en sus embestidas, con el hocico cerrado, signo de resistencia y también de nobleza. La bravura (y he aquí el trasfondo del asunto), que es esa forma constante de sostenerse en pie de guerra, manteniendo sus virtudes no fue un denominador común. Sería interesante incluso, saber cuál es la “reata”, y las notas que destinó a su calificación en el ruedo su criador, Javier Rojo Madaleno para entender, si BANDOLERO ya librado de la sentencia final y ahora libre de ella, será un prospecto favorable para padrear. El hecho es que permitió a un desinhibido Antonio Mendoza desplegar sus primeros pasos en este camino cargado de incertidumbres y cruzados destinos. Salvo un conjunto de verónicas, donde se aprecia mano de la salida arriba, codilleando un poco y sin el debido temple, que estoy seguro mejorará en cuanto se lo corrijan y lo corrija debidamente, también lo hizo por chicuelinas y luego por lances afarolados de pie. Y lo dicho, mejoran sus procedimientos al aparecer armado de muleta y estoque, con respecto a su opaca comparecencia con CAMPIRANO que fue su primero. Aquí mis apreciaciones:

   Antonio lucía un traje radiante y diría que recién salido de la sastrería, azul pavo y oro, mismo que engalanó a un novillero que lanceó a la verónica sin mayor fortuna. Este tercero acomete como un bendito, aunque son notorios los escasos avances del novillero capitalino para el cual hace hoy se produce su presentación. Mendoza simplemente estuvo voluntarioso. Pases y más pases sin llegar a los tendidos. Con una estocada casi entera, caída puso fin a este capítulo.

   Sus alternantes, Diego Emilio y Juan Pablo Llaguno también merecen las siguientes impresiones.

   Diego Emilio se enfrentó a ANTEQUERANO, el cual salió con muchos pies, pero aquella acometida duró nada. Un infortunado espontáneo apareció y desapareció por ahí. De Diego Emilio diría que tiene oficio pero no transmite. Así se le vio con la capa, y luego en labor muleteril sin demasiadas notas buenas que destacar. Estocada caída, tendida y desprendida. RANCHERO fue el cuarto de la tarde y también fue el más pequeño del encierro. Cuando es demasiado el abuso de confianza frente al silencio cómplice, es decir que no se escuchó protesta alguna por la insignificancia, todos nos quedamos con una esperanza llevada a su mínima expresión.

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El Programa. Plaza México. Año 27, N° 944, del 20 de julio de 2014, p. 8-9 y detalle.

   Mientras tanto, la venta de todo producto que se comercializa al interior de la plaza parece un reflejo de lo que viene sucediendo en el “Metro”: descarada y fuera de control, pues los vendedores realizan su actividad incluso durante los tiempos de la lidia, por lo cual sería deseable la presencia de inspectores, pues tanto vendedores como empresa han omitido lo que indica el Art. 56 del reglamento en vigor desde el 25 de octubre de 2004. Aquí su contenido:

ARTÍCULO 56. A la hora anunciada en los programas para el inicio del festejo, el Juez de Plaza dará orden de que suenen clarines y timbales y la función comience. En ese momento suspenderán sus actividades los vendedores en los tendidos y los alquiladores de cojines y ni unos ni otros podrán ejercer su comercio, sino en el lapso que va del apuntillamiento del toro al toque que ordene la salida del siguiente.

La empresa y los vendedores serán directamente responsables del cumplimiento de este artículo.

   De Juan Pablo Llaguno debo expresar mi asombro, el que produjo su afortunada presencia, sobre todo cuando tuvo en frente a COLEADOR, con el cual vino a mostrarnos todos aquellos nuevos adelantos. Por verónicas y chicuelinas primero. Se hizo de él con un preámbulo de maestro, lidiando por abajo. Luego se dio a torear por ambos lados, dejando que se desvelaran esas maravillosas virtudes al citar, templar, mandar y ligar, animando al cotarro. Estocada hasta el pelo, que tarda poco más de lo debido en hacer estragos. El balance: una oreja. Con MEXICANO que fue áspero e incómodo y no permitió lucimientos gratuitos, llegó al punto de producir un susto mayúsculo. De tanto invadir los terrenos del morlaco, Juan Pablo Llaguno perdió distancia y terreno. El novillo se lo llevó por delante, lo levantó de fea manera, y cuando parecía que el percance era serio, Llaguno se “desató” de las asistencias y volvió a encararse con el de Xajay. Con alardes y valentía remató el trasteo. Pinchazo hondo y tres descabellos. Aún con un resultado no previsto, se desgrana la ovación y hasta lo obligan a salir al tercio.

   Un buen comienzo de temporada, esperando que sea el detonante apropiado para que vaya tomando color y calor, que tanto se necesita en estos momentos.

23 de julio de 2014.

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LA IMPORTANCIA Y LA ESENCIA DE CIERTAS “MINUCIAS” TAURINAS (XX).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El Hijo del Ahuizote (1885-1902), publicación en la cual tanto Daniel Cabrera como Jesús Martínez Carrión estuvieron al frente de dicho semanario cuyos propósitos fueron exhibir y ventilar las flaquezas de los “científicos”. En el cambio de estafeta, tomaron la misma en 1902 los hermanos Flores Magón, junto con Evaristo Guillén y Federico Pérez Hernández. Lamentablemente, al hacer uso de una libertad de expresión no acorde con los tiempos que corrían dicha publicación acabó siendo clausurada, incautada la imprenta y, desde luego, los redactores terminaron, como era habitual por entonces en la cárcel de Belen.

EL HIJO DEL AHUIZOTE1a

RUIZ CASTAÑEDA, María del Carmen (Coordinadora): LA PRENSA. PASADO Y PRESENTE DE MEXICO (Catálogo selectivo de publicaciones periódicas). Coordinadora: María del Carmen Ruiz Castañeda. Investigadoras: Irma Lombardo García y María Teresa Camarillo C. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1987. 237 p., p. 148.

   Pues bien, en EL HIJO DEL AHUIZOTE. SEMANARIO FEROZ, AUNQUE DE NOBLES INSTINTOS, POLÍTICO Y SIN SUBVENCIÓN COMO SU PADRE, Y COMO SU PADRE, MATRERO Y CALAVERÓN (NO TIENE MADRE). T. I., Ciudad de México, Domingo 20 de diciembre de 1885, Nº 18, aparece al centro del ejemplar una caricatura firmada por “Fígaro” la cual dice: CORRIDAS DE TOROS. POR LA COMPAÑÍA TUXTEPECANA. PRESENTACIÓN DE LA CUADRILLA: El primer espada, “El Chiclanero”, “Cerito” el Capeador, “Frascuelo” el de acá, con otro nombre “Karakés el Banderillero”, “Cerote” el picador, primera garrocha, Carlos Rabia el Baldío, segunda garrocha y primera reata, “El Diplomático”. Al final del mismo número, hay otra caricatura, también firmada por el mismo “Fígaro” que representa “El Rasgadero”. Gran acto de sensación inventado por los capitanes gonzalistas. Corridas de toros por la compañía tuxtepecana.

EL TORO EN SUS GIROS GUAPOS…

El toro en sus giros guapos

Desgarra, y van los toreros

Agarrándose los trapos

De los que quedan en cueros.

EL HIJO DEL AHUIZOTE2a

María del Carmen Ruiz Castañeda, op. Cit., p. 149.

Es la representación de una suerte que podría ser la de montar el toro, mismo que ya embistió a un individuo, a la nación, y que lleva en el pitón derecho el gorro frigio que ya arrancó a alguien. Montado va uno de los integrantes de aquella “compañía tuxtepecana”.

   Al centro del ejemplar una caricatura firmada por “Fígaro” la cual dice:

TRES SAINETES EN SEIS CUADROS (Suplemento a la pantomima de las corridas de toros).

1.-EL PLAN DE TUXTEPEC

Cómo llegó

Y como se transformó para el pueblo.

2.-LA DEUDA INGLESA

Man-ko-zafar la presentó y el pueblo le hizo una ovación a pedradas, los ingleses se quedaron chatos. Pero D. Porfi que lo entiende la tomó a cuestas; le dio una envueltita; inventó la psicología y… ¡a ver quién me tose a mí!

3.-LAS CUENTAS DEL COMPADRE

¡Quítenmelo que lo mato! fue el grito del Petatero.

-Compadre si no me agacho…, respondió Man-ko-zafar.

COMO ACABARON

Pero al fin como hermanitos encontraron que los tres cabían bajo la misma sábana… ¡qué tres!

   Entre 1867 y 1880, aproximadamente –nos dice el Dr. Juan Felipe Leal-, la dependencia que vive el Estado mexicano opera a través de la deuda pública –que sirviera de pretexto a tantas presiones diplomáticas e intervenciones militares-, y por medio del comercio exterior, esencialmente. En aquel entonces México exporta moneda acuñada y metales preciosos, grana cochinilla, vainilla, tabaco, café y henequén; e importa tejidos de algodón, lino y lana, seda en rama, vinos y licores, loza y cristalería, azogue y alguna maquinaria. Las operaciones comerciales que permiten la introducción de esas mercancías están controladas por unas cuantas casas extranjeras –inglesas, francesas, norteamericanas-, que disponen de capitales, crédito y asistencia de sus respectivos consulados. Estas mismas casas frecuentemente monopolizan el comercio y la venta, en el interior del país, de los bienes importados; y ejercen funciones de cambio y de préstamo; por lo que se quedan con la mayor parte de la acumulación comercial.[1]

   Dicha condición al prevalecer frente a un México dependiente en muchos sentidos, ocasiona el crecimiento de la inversión extranjera directa, para la extracción y exportación de productos primarios bajo la forma de enclaves imperialistas, lo que da en consecuencia con la generación de deudas, de ahí que este síntoma fuese común entre la séptima y octava década del siglo XIX, lo cual, y para decirlo de una vez, representó un fuerte dolor de cabeza en la economía nacional, misma que se vio comprometida a un pago de diversas deudas, por lo que fue común, entre otras cosas, realizar festejos taurinos con el fin de recabar fondos. Desde luego que el discurso caricaturesco aparecido en El Hijo del Ahuizote, no es otro asunto que el reflejo de la cosa pública, la cual se interpretaba hasta con mensajes taurinos, como fue el caso aquí reseñado.

EL HIJO DEL AHUIZOTE3a

Ibidem, p. 150.

   En EL HIJO DEL AHUIZOTE. SEMANARIO FEROZ, AUNQUE DE NOBLES INSTINTOS, POLÍTICO Y SIN SUBVENCIÓN COMO SU PADRE, Y COMO SU PADRE, MATRERO Y CALAVERÓN (NO TIENE MADRE). T. I., Ciudad de México, Domingo 27 de diciembre de 1885, Nº 19, aparece al centro del ejemplar una caricatura firmada por “Fígaro” la cual dice:

CORRIDA DE TOROS POR… LOS AMIGOS AQUELLOS. EL COLEADERO (En este cuadro casi todas son vacas).

Acompañado de algunos versos, la caricatura se muestra en la siguiente forma:

LOS AMIGOS AQUELLOS.

EL COLEADERO.

…Ya no le suelto la cola…

Para aquestos coleaderos

Son buenos los chiclaneros

(Aplausos en la claque).

 

Montando buenos caballos

Se luce Pepe Ceballos

(Aplausos entre los amigos).

 

En jalones y en colear

No hay otro Man-ko-zafar

(Silbidos en la Nación).

 

Como no da alcance al toro

Dublancito pierde el oro

(Silbidos en el público).

La última página de este ejemplar, muestra otra caricatura, firmada por “Fígaro” que dice:

EL PALO ENCEBADO Y LOS TOROS EMBOLADOS. Juguete para presupuestívoros.

EL PALO ENCEBADO…

Decía Don Serafín (que es un empleado)

En triste confidencia estando a solas:

-De este juego no es grave lo encebado

Sino la caída entre las duras bolas.

 

Terminará la función con una pantomima.

EL HIJO DEL AHUIZOTE4a

María del Carmen Ruiz Castañeda, op. Cit., p. 151.

   En EL HIJO DEL AHUIZOTE. SEMANARIO FEROZ, AUNQUE DE NOBLES INSTINTOS, POLÍTICO Y SIN SUBVENCIÓN COMO SU PADRE, Y COMO SU PADRE, MATRERO Y CALAVERÓN (NO TIENE MADRE). T. II., Ciudad de México, Domingo 17 de octubre de 1886, Nº 7, aparece al final del ejemplar una caricatura firmada por “Fígaro” la cual dice: A LOS TOROS DE TOLUCA.

La gente de la capital entusiasmada fue a tomar el tren de Toluca, en el cual se colocaron como sardinas aprensadas, porque el tren fue chiquito.

El tren partió como alma que lleva el Diablo!

Como Toluca es chico no había que comer y la gente ladraba de hambre y los perros ladraban a la gente.

La concurrencia no vio los toros porque la plaza también fue chiquita.

Y para remate de fiesta partió el tren de regreso dejando a la mitad de los pasajeros porque el tren fue chiquito, y durmieron a la luz de la blanca luna… para saborear el gregorito que les dio la empresa.

   En EL HIJO DEL AHUIZOTE. SEMANARIO FEROZ, AUNQUE DE NOBLES INSTINTOS, POLÍTICO Y SIN SUBVENCIÓN COMO SU PADRE, Y COMO SU PADRE, MATRERO Y CALAVERÓN (NO TIENE MADRE). T. II., Ciudad de México, Domingo 12 de diciembre de 1886, Nº 15, p. 6 y 7 aparecen los siguientes versos:

¡¡TOROOOOO!!

¡Ahora Ponciano!

 

El Congreso quiere toros,

Quiere divertirse el niño

Y en la tumba de Gaviño

Una estatua se va a alzar,

Y se harán pronto las plazas

Porque el pueblo fatigado

Quiero luego el embolado,

Tiene ganas de torear.

 

Una ilustración lo ha dicho,

La diversión inocente

Hará al pueblo muy valiente

Como en Roma sucedió;

Vamos pues, a ver la fiera

Destripar a las sardinas,

Estas cosas son divinas

Y de mucha sensación.

 

Será cosa divertida

Ver a muchos diputados

Caballeros denodados

La garrocha manejar,

O provistos de su trenza

Defenderse las costillas

Al prender dos banderillas

Con destreza singular.

 

En esta época de sangre

Todo debe ser sangriento,

Porque nadie está contento

Sin matar o ver morir,

Y es preciso ver la muerte

Con la cara más risueña,

Porque el arte así lo enseña

Y en ello hay que convenir.

 

Cuando el caso lo requiera

Yo propongo por maestro

Al sublime y grande diestro

De la Estación de Guzmán;

No hay ninguno que lo iguale,

No hay seguro que lo venza

En su falta de vergüenza

Y en instintos de chacal.

 

Ya verá pues el Congreso

Que no faltan cacheteros

Y pro mulas y toreros

No hay tampoco que parar;

Vengan pues pronto las caras

Hagan todos valla y coro,

Saquen pronto el primer toro

Y a capear que es tarde ya.

NETZAHUALCÓYOTL.

   En EL HIJO DEL AHUIZOTE. SEMANARIO FEROZ, AUNQUE DE NOBLES INSTINTOS, POLÍTICO Y SIN SUBVENCIÓN COMO SU PADRE, Y COMO SU PADRE, MATRERO Y CALAVERÓN (NO TIENE MADRE). T. II., Ciudad de México, Domingo 19 de diciembre de 1886, Nº 16, p. 2 y 3 aparecen los siguientes versos:

UNA CORRIDA DE TOROS TUXTEPECANA.

PRESENTACIÓN DE LA CUADRILLA.

El redondel está lleno

Y al comenzar la función,

Se presenta como bueno

Primeramente el Pelón;

Le sirve de muletilla

Un cabo de Palo Blanco

Y enseña luego una silla

En que ha de torear el Manco:

Este Manco, gran torero,

Viene seguido después

De Peña el famoso austero

Y de Yamond Karakés.

Todas son figuras raras,

Pero ya frente del toro,

Ninguno moja unas varas

Como lo hace Telésforo;

Y en los quiebros y el piquete

Con el bicho más matrero,

Ni Rebujina se mete

Como se mete Romero.

Todos son hombres de aguante,

Muy valientes y muy listos,

Muy echaos pa adelante

Y que pican a ojos vistos;

Mas para que nada falte

A tan famosa corrida,

Harán que en ella resalte,

Toda la prensa vendida,

Don Atenógenes Llamas,

Cachetero de ex profeso,

Unas bellas oriflamas

Y las mulas del Congreso.

El primer toro.

Sale luego el primer bicho

Y en su buen penco alazán

Le da una pica al capricho

Don Luis Mier y Terán;

Fue el picador más templado

De cuantos hubo después

Y el primero que montado

Miró caída a la res;

Lo aplaudió mucho la prensa,

Se dio su retrato a luz

Y le regaló una trenza

La ciudad de Veracruz.

A señal de banderillas,

Se alejan los picadores

Y vestidos de estampillas

Salen veinte capeadores;

Hubo muchos de entre ellos

Que les dio el toro cogidas

Pero fue por los cabellos

Y de pocas sacudidas;

El que, colgó los tres pares

Y cuarteando como él juega

Del bragado en los ijares,

Fue D. Remigio Noriega,

Y después de este dechado

En el arte del toreo,

Muere el bicho estando echado

Y entra luego el gonzaleo.

El segundo toro.

Manko-zafar es valiente,

No se le puede negar:

Es un torero que siente

Vocación para lidiar;

El bicho salió furioso

Pero el Manko se adelanta,

Saliendo a la pica airoso,

En cuantas varillas planta,

El Nikel lleva por mote

El bicho negro, albardado,

Y es listo para el capote

Como un gato enamorado;

Pero en las suertes de capa

Una austeridad sencilla

La cola del bicho atrapa

Y el Manco lo banderilla;

El Nikel cayó ferido

Con un mete y saca bajo

Y el puntillero concluido

Dejó por fin el trabajo;

Recibió mil ovaciones

Manko-zafar de la Empresa,

Y algunas ilustraciones

Anuncian la Deuda Inglesa.

El tercer toro.

Este toro, muy traqueado

Por la prensa y el gobierno,

Hay que pincharle de lado

Y con vueltas al trascuerno,

Todos lo esperan temblando

Y hasta el más bravo torero

Apenas vé al bicho, cuando

Se esconce en el burladero;

Para salir del apuro

Fue preciso una algazara,

Que el Diestro gritara duro

Y Pancho Bulnes hablara;

Y el tal toro no se lidia,

Sino después de una espera,

Porque hasta que habló la envidia

Ninguno pide que muera.

Con esto el terrible Diestro,

Lleno de rabia mohina,

A pesar de ser maestro

Hizo del bicho cecina;

Y las mulitas famosas

Arrastran al basurero

Las carnes aún temblorosas

Del cornúpeto tercero.

El cuarto toro.

El Sétimo Reformado

Es el animal postrero

Y es toro tan afamado

Que no hay para él un torero,

Llevaba moña dorada

Y en su frente se leía

Con letra muy bien marcada:

“La brava psicología”.

Todos huyen a la vista

De un bicho tan bien armado

Porque no hay quien lo resista

Ni se quede ante él parado.

Huyó a la valla Carrillo,

Ante tan bravo animal,

Y al arrimarle un zarcillo

Cogió al paso a Juvenal.

“El Hijo del Ahuizote”

Le quiso colgar los palos

Y se expuso en el mitote

Como bueno entre los malos;

Fue el único que no diera

Nunca la espalda al picar

Y que se armó a la postrera

Como los chismes de matar.

Mas el Señor Juez no quiso

Ver a este toro morir

Y lazarlo fue preciso

Y encerrarlo en el toril. 

El Embolado.

El pueblo hizo del embolado

Y manso como un cordero

Lo dejaron bien toreado

Sin moñas y sin dinero.

La fiesta estuvo lucida,

Karakés siempre muy tranco

Y ganando en la corrida

Dinero y puros, el Manco.

 

Terán y el amigo Llamas

En terrible competencia,

Las reinas muy bellas damas

Y aplausos la concurrencia.

El Güero echando el cabestro

Al terminar la función

Y nadie en matar tan diestro

Como el famoso Pelón.

NETZAHUALCÓYOTL

[1] Juan Felipe Leal: México: estado, burocracia y sindicatos. México, Ediciones “El Caballito”, 1976. 146 p. Cuadros., p. 15.

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LA HISTORIA, SU HISTORIA DEL TOREO CONTADA POR ELLOS MISMOS. (IV).

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Toca el turno a Cutberto Pérez “Tapabocas”, seudónimo que adoptó luego de presenciar una de las mayores proezas de Fermín Espinosa “Armillita”. Esto ocurrió la tarde del 20 de marzo de 1937 en “El Toreo” de la Condesa. “Tapabocas” fue un toro español de la ganadería de Coquilla.

   Cutberto Pérez, escribió sus primeras colaboraciones en “El Redondel”. A partir del 15 de agosto de 1952 y en forma ininterrumpida y hasta su muerte, el 25 de noviembre de 1988. En el breve recuento que leeremos a continuación, se encuentra parte del desarrollo que, como cronista tuvo en el medio taurino.

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Los Toros. Semanario del Buen Aficionado. México, N° 10, febrero 15 de 1964. Colección “Roberto Mendoza Torres”.

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