CULTO Y SACRIFICIO DEL TORO… (CUARTA DE CINCO PARTES).

RECOMENDACIONES Y LITERATURA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 CULTO Y SACRIFICIO DEL TORO VS. IGNORANCIA, RECHAZO Y REPUGNANCIA. Otras interpretaciones. Ángel Álvarez de Miranda, Francisco J. Flores Arroyuelo y Ramón Grande del Brío, con las acotaciones de quien suscribe.

IV

LA OBRA DE RAMÓN GRANDE DEL BRÍO: EL CULTO AL TORO. RITOS Y SÍMBOLOS DE LA TAUROMAQUIA.[1]

 Páginas 14-15: De otra parte, la carencia de principios y el nefasto relativismo conceptual, propio, por lo demás, de sociedades inmersas en un proceso de cierta decadencia, dificulta, muchas veces, el pensar, serena y profundamente, en los temas principales, instaurando la Duda como reina de la Dialéctica, cuando en realidad, aquélla es hija de la imprecisión y la inseguridad, en la búsqueda del Conocimiento. En efecto, siendo la duda una suspensión de juicio, no puede, obviamente, conducir a la determinación de nada. Tampoco pueden hacerlo las ideas preconcebidas, de las cuales están bien provistos todos los detractores de la Fiesta, desconocedores del rico simbolismo que rodea la relación lúdico-sacrificial entre el hombre y el toro. Para descalificar las posturas y opiniones de aquéllos, me bastará con apuntar el hecho de que los países que más se han distinguido por su fobia antitaurina son, también, los que han inducido los más serios trastornos ecológicos en su propio medio ambiente.

   Resulta sintomático el que la degradación ecológica vaya unida a una defensa, a veces desaforada, de los “derechos de los animales”. Así, es de ver que las primeras Sociedades Protectoras de Animales surgieran en determinados lugares, como la propia Gran Bretana, en donde el exterminio de la fauna salvaje y la mixtificación de la flora, así como la artificialización generalizada del entorno, constituyen ejemplos de cómo no hay que comportarse con la Naturaleza. El refinamiento, inherente a la desvirtuación, es algo que cualquier etólogo es capaz de detectar y reconocer, sin más investigadores.

   Diré una y otra vez y cuantas sean necesarias, que sólo hay casualidades… en la medida en que existan leyes. Ningún país establece disposiciones para conservar el medio ambiente sino cuando ya éste ha experimentado un cierto grado de depauperación. Del mismo modo que a los organismos sanos no se les prodigan tantos cuidados y atenciones especiales como a aquellos otros que padezcan alguna enfermedad. Lógica elemental. La misma lógica que se desprende de la estrecha relación entre la fobia antitaurina y la burda creencia de que el toro sea, poco menos, un espécimen torturado en el transcurso de la lidia.

 Página 17: La mayoría de los “opinólogos” cree que el mundo del toro, en cuanto referido al arte de Cúchares, constituya un compendio de convencionalismos. Y en absoluto es así. Una cosa es que, debido a la progresiva mercantilización de la Fiesta, se haya ido perdiendo el sentido del rito, y otra, muy diferente, es que todo cuanto gira alrededor de éste haya nacido del libre albedrío. Tendré que insistir en que los aspectos fundamentales de las corridas de toros enraízan en lo trascendente, aun cuando, a través de los tiempos, esto último haya quedado sofocado por la masificación y la profanación, y, también, por el excesivo realce de lo que constituye el mero espectáculo, esto es, la mera puesta en escena. No quiero decir con ello, de ninguna manera, que ya por sí misma una corrida de toros no constituya un bello y emocionante concierto estético; lo único que deseo es resaltar es que la contribución que lo mistérico y lo simbólico han tenido en la “creación” y perpetuación de las corridas es mucho mayor de lo que generalmente se piensa.

 Página 18: La práctica secular –tradicional- de los ritos táuricos acabó por convertirse en una Fiesta, cuyo carácter de espectáculo popular se halla, hoy, fuera de toda duda, y en la que la actitud mecánica, adoptada por un amplio sector de los taurófilos, va en detrimento de la asimilación de la condición sacra del ritual.

(…)no es la mera tradición popular donde hay que apoyarse para sancionar la legitimidad de las corridas de toros.

(…)en cualquier debate sobre la razón de ser de la Fiesta, se atienda más a legitimar o deslegitimar ésta, que a considerar sus valores intrínsecos, que son, ciertamente, los que le confieren autenticidad.

 Página 19: uno de los males que aquejan a las sociedades modernas es la devaluación de los símbolos primordiales, cuando no la grosera sustitución de éstos por otros símbolos pedestres, producto de la regeneración de lo auténtico, a favor de lo sucedáneo. La misma degeneración (que no evolución) de la Lengua, revela, ni más ni menos, esa falta de cabalidad y de sindéresis que se advierte, también, en los restantes órdenes de la vida. La pérdida del sentido de las cosas es la causa principal de que, con alguna razón, los detractores de la Fiesta hablen de mecanicismo y de inercia, en la celebración de las corridas de toros; aunque bien es verdad que sus argumentos denotan, asimismo, una absoluta carencia de referentes fundamentales.

 Página 22: me estoy refiriendo al origen, a la significación, al sentido de la fiesta, al por qué, a lo largo de los siglos, hay cosas que no han cambiado (no han podido cambiar); en definitiva, me estoy refiriendo a la necesidad de conservar los rasgos tauromáquicos más genuinos. Pues, mal que pese a los alegres distorsionadores del lenguaje, pureza y contaminación son cosas diferentes, contrapuestas. Digo esto porque la manipulación del concepto de progresismo, pretendiendo asimilarlo a algo que pudiera ser capaz de suplantar, o eliminar, o sustituir al concepto de purismo, en aras de la “modernidad”, no sólo carece del más mínimo respaldo epistémico, sino que se revela como un intento por orillar, solapadamente, la solera de las cosas. Cualquier intento de introducir avances, en el orden que fuere, prescindiendo de lo esencial, denota un absoluto desconocimiento de los patrones por los que se rige la propia naturaleza.

 Página 24: (…) el daño que algunos irreflexivos taurófilos están haciendo a la tauromaquia es equivalente al que, en otras materias, vienen induciendo pedagogos estultos, que preconizan la eliminación de sufrimientos y esfuerzos en la educación de los niños, a los que se enseña a aborrecer el sacrificio y las dificultades. Como si todo esto último no perteneciera, por ley natural, a la esencia misma de la vida. El resultado de tan falsas teorías pedagógicas se traduce en una proliferación de individuos pusilánimes, cuyo principal objetivo, en la vida, es el de procurar que no se le presenten obstáculos que les impidan satisfacer sus propios caprichos.


[1] GRANDE DEL BRÍO, Ramón: EL CULTO AL TORO. RITOS Y SÍMBOLOS DE LA TAUROMAQUIA. Madrid, Ediciones Tutor, S.A., 1999. 159 pp. (Colección Tutor).

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