SOBRE UN CARTEL TAURINO FECHADO EN 1821.

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En mi reciente viaje a Guadalajara, y gracias a las gestiones del buen amigo Óskar Ruizesparza, hubo oportunidad de visitar a don Manuel, “Manolo” Barbosa, quien tiene una muy buena colección de objetos y documentos taurinos, entre los cuales uno en especial llamó poderosamente mi atención. Se trata de un cartel en papel de trapo, elaborado en la ciudad de México en 1821. Hasta esos momentos, el Sr. Barbosa tenía la enorme duda sobre su procedencia, por lo que de inmediato le argumenté que dicho documento daba cuenta de la celebración de tan curioso como extraño festejo taurino en nuestro país. Sobre el mismo mencionaré y decodificaré su contenido.

   El cartel anunciador, refiere un festejo habido en la “Plaza Nacional de Toros”, la tarde del domingo 25 de febrero de 1921.

 En la tarde de este día, a la hora de costumbre, se lidiarán ocho escogidos Toros de la aplaudida raza de la Nueva Vizcaya.

   Cuando se presente el tercero, montará cuatro diestrísimos Ginetes en otros tantos Potros cerreros, compitiendo su habilidad, para proporcionar al respetable Público esta aunque ligera interesante diversión que tanto le complace.

   El quinto Toro, que será el embolado, saldrá del coso con la artificiosa travesura de muy copioso fuego, esparciendo a sus tiempos diversas aves para que los aficionados cojan; presentándose el Loco encoetado (sic) también para banderillarlo y matarlo, escoltado de dos Dominguejos de fuego en Potros, que harán en entretenimiento agradable. 

PLAZA NACIONAL DE TOROS

    Las lumbreras arrendadas al precio de cinco pesos, se expenderán en la calle del Refugio núm. 10, desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde, y de esta hora en adelante en la puerta principal de la Plaza.

    Hasta aquí su contenido. Veamos y entendamos ahora su discurso publicitario, pero también el de esa parte histórica que requiere para su exacto entendimiento.

    Esta plaza, fue construida en la plaza mayor, la cual y con los años, se conocería como “Plaza de la Constitución”, justo donde ahora se encuentra el asta bandera monumental, funcionó desde ese año de 1821 y por lo menos hasta 1826 o 1827. Sólo conocía un cartel, del que ya he dado cuenta en alguna otra colaboración. Sin embargo, el presente viene a reafirmar las naturales dudas respecto a la celebración de otros tantos festejos, uno de los cuales es el presente. La lidia de ocho escogidos Toros de la aplaudida raza de la Nueva Vizcaya, da elementos para pensar que ese y otros encierros fueron trasladados desde sitios tan lejanos como los que conforman los actuales estados de: Sonora, parte de Chihuahua, Sinaloa, Durango y Zacatecas. Por ahora, el único dato sobre una hacienda ganadera dedicada, en este caso a la “crianza” de ganado para enviarlos a las plazas de toros, podría ser “El Salitre”, “El Lobo” o “Cruces”, cuyos nombres fueron apareciendo en otros tantos festejos durante el curso del siglo XIX. La primera duda que surge en este caso, es saber ¿por qué tuvo que adquirirse ganado de haciendas tan distantes a la ciudad de México misma? ¿Cuál fue la ruta y cuánto duró el trayecto, así como en qué condiciones pudieron haber llegado tras largas jornadas de caminar y caminar? Evidentemente ello pudo haber tomado varios días, haciéndolos descansar y reponerse en sitios a propósito mientras se reiniciaba el camino. Lo curioso es que habiendo otras haciendas cercanas a la capital del nuevo estado-nación, como Atenco, La Goleta (en Querétaro), Enyegé, Tlahuelilpan o Tenango no se dispusiera de sus toros para adquirirlos en otras condiciones más favorables. Habrá que entender si en esto tuvo que ver la presencia de algún o algunos personajes con influencias suficientes para que tal situación sucediera.

028_BOCETO DE WILLIAM BULLOCK PARA EL PANORAMA DE JOHN Y ROBERT BUFORD_1824

Boceto de William Bullock para el “Panorama” de de John y Robert Buford, en 1824.

    En cuanto a las ocurrencias, se anuncia que con el tercero, “montarán diestrísimos Ginetes en otros tantos Potros cerreros”, se convertía tal representación en efímera circunstancia, sin embargo el hecho de que tales personajes aparecieran en la escena, montando potros cerreros, hace notar el dominio que tendrían tales jinetes sobre caballos indomables, lo que significaba aumentar el grado de riesgo, pero también la posibilidad de que presenciar el dominio de hábiles jinetes –acaso los mismos que trasladaron a los toros desde tan lejanas tierras-, y acostumbrados como estaban a dichas labores en el campo.

   Al salir el quinto, el cual se anunció como el “embolado”, no sólo cumplía con aquella extraña representación parataurina, sino que se le magnificaba con el hecho de que habría en algún momento, y a través de algún dispositivo especial un “copioso fuego esparciendo a sus tiempos aves para que los aficionados cojan,,,” de ahí que el “embolado” se tornaba toda una figuración de extrañas composiciones que luego variarían con el tiempo, hasta estabilizarse en la razón que habría para su pervivencia. Pero ahí no terminaba el asunto, pues aparecía “El Loco” quien asumiría el papel de “matador de toros”, con la posibilidad de que ese “embolado” lo banderillaría y pasaportaría, “escoltado de dos Dominguejos de fuego en Potros…”. No me imagino cómo concebirían a tales figuras, las cuales además pasaron a ser montadas en potros, lo cual le daba ya un significado de rotunda expresión tan cercana como fuera posible al caos. Representación iconoclasta de aquel entonces, en que los empresarios, junto a los toreros o protagonistas, buscaban darle al espectáculo tintes novedosos, nunca antes vistos y que además, fueran capaces de llamar poderosamente la atención de un público que, con el cartel ante su vista, quedaban más que invitados a presenciar semejantes puestas en escena.

   Mientras tanto, y para el resto del festejo el entretenimiento sería agradable.

   Puede saberse el cobro, ya en sombra, ya en sol de las entradas, para una plaza que no tendría un aforo mayor a los 7000 asientos, según se puede comprobar en la ya famosa ilustración del boceto de William Bullock para el Panorama de John y Robert Buford, en 1824, el cual nos deja ver las dimensiones de aquel fantástico coso taurino.

IMAGEN COMPARATIVA ZÓCALO

He aquí casi la misma perspectiva, sólo que desplegada –casi en tercera dimensión-, por Google earth, cuya consulta he realizado para la comparación del caso, tomando en cuenta que es la más reciente imagen obtenida, lo que nos permite aclarar muchas dudas al respecto.

    Si ha sido de interés el presente cartel, y desea acudir al festejo, ocurra a la calle del Refugio núm. 10 para obtener boletines de a cuatro o dos reales, mismos que se entregarán en las puertas, a la hora en que usted decida llegar a la plaza.

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