TORO ESPAÑOL y TORO MEXICANO. 200 AÑOS DE DIFERENCIA.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 UNA IDEA COINCIDENTE SOBRE EL TORO AMERICANO: PEDRO ROMERO Y JOSÉ CUELI, UNO ESPAÑOL, EL OTRO MEXICANO Y 200 AÑOS DE DIFERENCIA.

    A continuación presento mis conclusiones sobre el hecho de cómo explicar la asociación que existe entre las tauromaquias española y mexicana, partiendo de la presencia e influencia del toro mexicano en ambas visiones.

    Hace cierto tiempo, con diferencia de algunos días, me encontré en dos distintas interpretaciones, separadas por 200 años de diferencia, una curiosa semejanza que ahora comparto con ustedes.

   Vayamos por partes. La primera de ellas apareció luego de leer un abundante material inédito del Dr. Carlos Cuesta Baquero quien escribió lo siguiente:

 Fue el Señor Don Joseph de la Tijera, taurómaco de tanta preeminencia que de él dijo el gran espada Pedro Romero:

La enseñanza ha de comenzar por el toro mecánico (…) Después ya diestros (…) será conveniente traer toros americanos para que prosigan el aprendizaje porque el toro americano, el que tenemos en las Colonias Españolas, es de fuerza muy menor y de bravura muy inferior en índole a la del español.

    Mi primera impresión fue que esta afirmación es determinante en la medida en que desde esas épocas ya se reconoce el valor del ganado americano, más atemperado que el español, lo cual va a demostrar que se le integra a la búsqueda de una nueva expresión dada en tierras hispanas pero con una visión complementaria de lo que pasa de este lado del mar.

 LOZANO HNOS. y EL CORTIJILLO_03

Fotografía: Juan Pelegrín. Consulta realizada al portal “Las Ventas.com”

    ¿Cómo llegaron a oídos de Pedro Romero las versiones del toro americano?

   Lo único que se me ocurre -descabellado quizás- es que Tomás Venegas “El Gachupín Toreador”, valenciano o sevillano de origen estuvo en Nueva España entre los años de 1766 y por lo menos hasta 1792 en que ya no hay más noticia acerca de él. ¿Pudo regresar a España para contar al mismísimo Pedro Romero sus experiencias americanas con un toro que conoció de cerca durante 25 años aproximadamente? ¿O acaso pudo haber sido también Ramón de Rosas Hernández “El Indiano” quien se convierte en el informante? Este diestro de color, veracruzano de origen, pasó a España durante los últimos años del siglo XVIII y allá, con mucha seguridad debe haber proporcionado un panorama a los toreros peninsulares sobre lo que ocurría en la Nueva España.

   Pero el hecho fundamental es que el de Ronda manejó una afirmación basada en testimonios reales proporcionados, bien por “El Indiano”, por “El Gachupín Toreador” o por algún viajero, de esos que nunca faltan echando mano de sus palabras o de un cuaderno de notas, información que luego pudo convertirse en material que llegó a oídos del rondeño.

   A Romero le parece muy importante depurar y afinar el papel protagónico del matador de toros, pero sobre todo el estilo de cada torero, contando con este elemento que sabiamente incluyó en un paquete de requisitos para cualquier aspirante a la tauromaquia.

   Y desde allá hasta acá, surcamos mares y tiempos para conocer el otro elemento, escrito en la crónica que José Cueli publicó en LA JORNADA del 16 de junio de 1997.

 Los apoderados españoles invierten gruesas sumas de dinero en estos niños (se refiere a la actuación, un día antes de Julián López “El Juli” en la plaza de toros “México”) a los que ven posibilidades en las múltiples escuelas taurinas españolas, los placean por los pueblos en novilladas sin picadores y luego (parece) han encontrado que su presentación en las plazas mexicanas, incluida la “México”, es la parte final de su preparación como toreros, antes de el examen final en la feria de San Isidro. Díganlo si no: las actuaciones hace dos años de José Tomás; hace uno, de José Antonio Iniesta ya refrendadas en Madrid, y colocados como figuras. Este año le tocó al “Juli”.

 TORO DE SAN MIGUEL DE MIMIAHUAPAM_ABRIL DE 1965

Toro de San Miguel de Mimiahuapam, fotografía tomada en abril de 1965.

Col. Roberto Mendoza Torres.

    Hasta aquí la cita que tiene mucha tela de donde cortar.

   Lo primero que salta a la vista es un evidente sentido de lo profesional con que la fiesta muestra su organización más avanzada, al citar a tres toreros de reciente formación en España y consolidación en México como José Tomás, con grandes triunfos durante la recién terminada feria de San Isidro de 1998; a José Antonio Iniesta quien en el mismo coso logró -en medio de su brevedad- una gran faena, con un buen novillo de José Chafic durante el otoño madrileño; y finalmente “El Juli” quien si no ha logrado las maravillas de sus dos compañeros ya mencionados, viene a México con el fin de conseguirlo. Además, los tres espadas ya tienen garantizado el reconocimiento público y de la prensa en su conjunto.

   ¿Cómo han logrado ese ascenso? Precisamente con la ayuda del toro mexicano que les ha dado a muchos toreros españoles ese grado de calidad en su quehacer, necesario para sus vidas profesionales. No es casualidad que casos como el de “Cagancho” quien vino a México, torero de estéticas mayores y embrujos sublimes, que con todo y su “gitanería” era un artista, terminara quedándose en nuestro país. Más tarde Paco Camino e inclusive Pedro Gutiérrez Moya, severamente criticado por Vicente Zavala por ejecutar un toreo de “brinquitos”, afinó su quehacer y lo afirmó también, gracias a un permanente contacto con el toro americano en general, y mexicano en particular, por lo que se convirtió en verdadera figura del toreo compartiendo con nosotros ese gusto (déjenme recordar solo un caso: SAMURAI, toro indultado por el “Niño de la capea” allá por 1986 en la plaza de toros “México”).

   Lo cierto es que tarde a tarde, Tomás e Iniesta acumulan cualidades. “El Juli”, es un aventajado novillero que aprovecha el gran capítulo que México proporciona a los futuros matadores de toros quienes con el toro de aquí entienden mejor el toreo que van a expresar más tarde, por todo el planeta taurino, como sustento de futuras hazañas. Además, Julián avanza más allá de las expectativas, porque pone una entrega en lo que hace y ahora comienza a definirse como un diestro que hace suyo el repertorio del capote, enriquecido fundamentalmente por los toreros mexicanos.

   Dentro de ciertos diferendos que el aficionado español tiene para con México en cuestión estrictamente taurómaca, aquí no queda más que reconocer un privilegio surgido de las calidades y bondades del toro mexicano, por el cual, y gracias a sus características ya enunciadas, ha logrado depurar estilos que parecían imposibles de cambiar. Gracias a ese cambio hoy vemos en muchos de ellos, como españoles, a grandes figuras del toreo.

   200 años de diferencia nos dejan ver que Pedro Romero no estaban tan errado y que sus deseos han logrado frutos en generaciones posteriores a la suya, beneficio de experiencias que ahora disfrutamos con estas tres grandes revelaciones afinadas en México: José Tomás, José Antonio Iniesta y el “Juli”. Ojalá tengamos oportunidad de atestiguar el reencuentro con sus lecciones primeras del toreo, para entender en qué medida lograron asimilar su experiencia americana en el toreo, con el toro mexicano como elemento de perfección.[1]


[1] N. del A.: Este material lo elaboré en marzo de 1999

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