VOLVER AL PASADO PARA SEGUIR MIRANDO AL FUTURO.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Estar en Atenco es aposentarse en el territorio de una ganadería gloriosa, donde se mantienen casi dos centenares de cabezas de ganado en poco menos de 100 hectáreas. La famosa hacienda se encuentra ubicada en el valle de Toluca, y tiene hoy en día una interesante diversidad en pelajes, que hacen recordar la presencia de sangres y castas del pasado que se niegan a desaparecer. Puede admirarse la presencia de la influencia navarra -inevitable-. También siguen allí Pablo Romero, Saltillo, incluso san Diego de los Padres que puede comprobarse con varias vacas berrendas en negro y cárdeno y sus típicas cornamentas.

   Y es que allí, el pasado existe y da sustento al futuro. El eminente historiador Edmundo O´Gorman nos explica mejor esta circunstancia:

 …el pasado existe. Y si existe ¿dónde existe? Necesita un espacio para existir. Decimos pasado. ¿Existe? ¿Dónde existe? Existe en el único lugar en que puede existir algo, y el único lugar en que existe algo es el presente. Así entramos en problemas, en paradojas. El pasado existe en el presente. Es decir, está presente. Es presente. Es una modalidad del presente, una dimensión del presente. Y basta reflexionar que el concepto mismo de presente no lo podríamos pensar si no implicara un pasado. No podríamos decir presente si no hay un pasado, si no hay un futuro.

    Jaime Infante Azamar, actual administrador de la finca comenta emocionado ese privilegio y me dice que hace esfuerzos por encima de lo normal para mantener y sostener esas fuentes que siguen nutriendo con todo el peso de su pasado el curso de un seguro porvenir.

   Atenco surgió desde 1528 como encomienda cedida al Lic. Juan Gutiérrez Altamirano, primo hermano de Hernán Cortés.

   Como ustedes habrán notado, y si ya hicieron cuentas, en menos de tres décadas cumplirá su quinto centenario de existencia, lo que la convierte  en la ganadería más antigua de nuestro país.

   El profundo interés por Atenco surge en nuestro panorama desde el siglo XIX, cuando se registró una de las mayores producciones de toros “destinados a la lidia”, donde seguramente tuvo que aplicarse un criterio específico sobre crianza para llegar a resultados concretos, poniéndose de manifiesto el carácter de sus propietarios y sus administradores quienes, junto a los caporales y toda su experiencia se orientó al propósito de conseguir un toro apto para “la lidia”.

   Más tarde, cuando la “Sociedad Rafael Barbabosa Sucesores” se hizo cargo de la hacienda en 1887, comenzó a adquirir simiente española (Zalduendo en 1888 y Pablo Romero en 1910) efectuándose las cruzas pertinentes que arrojaron resultados de diversa índole: muy mala con Zalduendo y satisfactoria con Pablo Romero.

   Como muchas otras propiedades, Atenco también sufrió la Revolución, el reparto agrario, las invasiones, e incluso, como es natural, las inclemencias del tiempo. De aquella enorme extensión de casi 3000 hectáreas, hoy es posible mantener el legendario nombre y su ganado en esas poco más de 90 hectáreas, propiedad de la familia Pérez de la Fuente.

   Lidió el año 1999 tres corridas, una en Culiacán, Sin., y dos en Metepec, estado de México y para el 2000 se está poniendo igual número de encierros con lo cual se comprueba la permanencia que busca sostener -a lo que se ve por muchos años más-, los colores azul y blanco, célebre divisa de Atenco.

   Acudimos nuevamente con O´Gorman para entender el significado del futuro:

 El futuro es lo incógnito. El verdadero temor que puede tener el hombre es ante lo incógnito. Obliga -y esa es característica del vivir humano- a un estado permanente de alerta. El futuro es peligroso, hay que pensarlo. Futuro es una especie de abismo que nos está enfrentando.

    El futuro de Atenco tiene garantizada su permanencia frente a la penumbra de todas las incógnitas. Esperemos que en ese futuro, recupere su esplendor, como lo hizo en tiempos pasados, tanto en la capital de la república como en plazas de la provincia.

   Desde aquí valoramos de manera general el esfuerzo y el empeño que los ganaderos ponen día a día en el campo bravo mexicano. En lo particular, mi admiración por la familia Pérez de la Fuente y a Jaime Infante Azamar por cuanto emprenden, justo en el año 2000, cuando culminan y empiezan siglos y milenios, respectivamente.

ATENCO_Nº 1_16.09.2012

Imagen tomada del portal de internet “Altoromexico.com”. novillo de Atenco lidiado en la plaza de toros “México” el 16 de diciembre de 2012.

    Las notas anteriores, como habrán podido observar, fueron escritas hace 14 años. Hoy, en este 2014, y luego de su lectura se antoja hacer esta otra reflexión, relacionada con una de las mayores obsesiones que, en tanto historiador me llevaron a proponer las siguientes ideas. Veamos.

    El pasado no solo es una evidencia temporal o cronológica. Es algo que nos constituye sea como individuos o como sociedades. El pasado fue en sus distintos momentos, también un presente para otros o nuestro, precisamente desde que cobramos conciencia hasta que dejamos de participar de una suma de hechos o acontecimientos, suficiente razón en medio de la cual fuimos o hemos sido configurados. Lo individual o colectivo se asumen como condiciones esenciales donde nuestra conciencia actúa o participa. Hasta el punto de que cada acto, cada decisión son capaces de definir o decidir el presente mismo y enfrentar así la incertidumbre del futuro. Dichos componentes en lo individual o colectivo y bajo dinámicas que mueven diversas razones en sentido orgánico, sentimental, ideológico, religioso, político, filosófico o moral mueven y conmueven por lo que es materialmente imposible no registrar esta dinámica. Integrarse a ella en sus más sencillas o complejas expresiones significa un compromiso en el aquí y ahora; para luego, crear el respectivo balance con el que reconocemos la suma de circunstancias sobre lo que fuimos, somos y seremos…

    Lo anterior, es en buena medida, una buena oportunidad para volver a rendir un homenaje a la casi cinco veces centenaria hacienda de Atenco, la cual, a pesar de todos los pesares… sigue en pie.

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