EDITORIAL. 1 DE 2.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El espectáculo de los toros es, hoy día, blanco de diversas y encontradas opiniones dentro y fuera de su territorio. Por lo tanto, y a provechando este vehículo de comunicación, desplegaré a continuación algunos aspectos que, en aras de poner algunos asuntos sobre el tapete de las discusiones, estos se analicen a profundidad y puedan ser tomados en cuenta para algunas adecuaciones convenientes, que de seguro mejorarían el desarrollo de la lidia en particular. Tales circunstancias modificarían la forma no el fondo, quedando intocada la esencia más original en la tauromaquia, buscando con ello afinar procesos o procedimientos que aparecen como componentes en su desarrollo a lo largo del discurso teórico de dos tratados que han sido, desde fines del siglo XVIII y primer tercio del siglo XIX, fundamentos de la tauromaquia. Me refiero a los documentos que reflejan las experiencias de José Delgado “Pepe Hillo” y Francisco Montes “Paquiro”.

   Este primer punto va dirigido a empresas y ganaderos.

  Sabemos que en el país existen alrededor de 300 explotaciones ganaderas y que todas y cada una son susceptibles de que se integren a una dinámica por medio de la cual, los empresarios aprovechen sus capacidades (para lo cual, se tiene registro de 174 plazas de toros en el país), buscando con ello que el ganado a lidiar, además de cumplir los requisitos establecidos por el reglamento taurino en vigor,[1] se someta a la evaluación del ganadero, así como por la opinión emitida por el público y una prensa que se esperaría, actuara imparcialmente.

 He aquí la “Declaración de principios” que postula la Asociación Nacional de criadores de toros de lidia en México:

 La ANCTL realiza un papel muy importante en el desarrollo taurino de México, tiene un fuerte compromiso con la afición mexicana, los servicios de sus agremiados hacen coro con la afición para el buen desarrollo de la misma, por esta razón tiene metas claras y al ir cumpliéndolas permite que tengamos un espectáculo de alto nivel tanto en lo profesional como en lo artístico, entre algunos objetivos:

         Proteger los intereses de los ganaderos mexicanos

        Apoyar y asesorar en sus operaciones comerciales

        Capacitación constante en salud animal

        Obtener beneficios para la inversión que representa

        Buenas relaciones con los gobiernos federal, estatal, y municipal para apoyar el gremio ganadero

        Excelente comunicación con los socios

        Promover el comercio exterior

        Impulsar la fiesta

        Material para el aficionado (libros, revistas, videos, etc.)

        Apoyar y asesorar para tener un espectáculo digno.[2]

    En la medida en que la edad, presentación y juego se integren en un solo objetivo, insisto, las empresas tendrían a su disposición tanta materia prima como quisieran, con lo que se permitiría y estimularía un espectáculo actualmente a la baja, donde solo un pequeño grupo de ganaderías satisfacen por ahora el también reducido factor de condiciones estimuladas por los empresarios, cuya tendencia apunta al monopolio o a síntomas que favorecen a ese reducido grupo de privilegio, donde se encuentra una elite o el estamento de la torería nacional o internacional que, como sabemos, muchas veces condicionan el ganado de su elección, con lo que se restringe en forma notoria el funcionamiento cabal del engranaje en el espectáculo. (En una primera búsqueda por internet, aunque aparece la leyenda “Asociación Mexicana de Empresarios Taurinos, AMET), no existe más información de la misma

   Esta es apenas una sugerencia que debe analizarse y discutirse a profundidad, de otro modo se corre el riesgo de que no suceda absolutamente nada y esto siga manteniendo –incluso- el riesgo de un colapso.

   En cuanto a algunos aspectos propios de la lidia, conviene apuntar lo siguiente:

    Mientras vienen transcurriendo las novilladas en la capital del país, así como su promoción deja mucho que desear (con promedio de entrada de 2500 a 3 mil asistentes), se han presentado algunos síntomas de estancamiento y depauperación que sólo están orillando a que la puesta en escena sea siempre más de lo mismo. ¿A qué me refiero?

   Entre los detalles que deben ser sometidos a revisión se encuentra el momento en que se desarrolla el primer tercio. Siendo tan pródigo el catálogo de lances, novilleros y toreros suelen llevar su participación al mínimo de sus interpretaciones. El problema se hace notar cuando el picador se encuentra en el ruedo. Esperaríamos que este personaje realice la suerte de conformidad a normas y tradiciones. Generalmente esto es una excepción a la regla y lo que cometen es una alteración de la suerte, diluyen en un dos por tres la ilusión que el ganadero tendría fincada para observar, en cuanto al novillo o el toro acometen a la cabalgadura sobre diversos aspectos vinculados con la evaluación de casta, bravura, nobleza y demás factores que podrían demostrar los bureles en ese preciso y crucial momento de la lidia. Pero no se corrige.

  Muchos varilargueros tienen, entre otras actividades complementarias propias de su función las de acudir, en calidad de invitados a diversas tientas, por lo que no es de dudar que no sean ajenos a estas circunstancias, y seguramente ponen su mejor empeño para que un proceso tan complejo como la tienta misma, se lleve a cabo bajo principios muy estrictos, pero también de fuerte carga tradicional. El problema en el ruedo se recrudece en cuanto libres de todo impedimento, castigan en forma incorrecta, e incluso abusiva, deliberada y hasta criminal, si cabe el término, por lo que las descalificaciones de propios y extraños no se dejan de escuchar. No es lo mismo un puyazo en lo alto que sería lo correcto, a picar en cuanto sitio les permite su desacierto, el que además coronan con métodos indebidos como el “estira y afloja”, el “bombeo”, el “mete y saca”, y lo que es peor, muchos toros y novillos se les pica, sin necesidad de ello, tapándoles la salida, lo cual demerita la suerte. A todo lo anterior viene ese punto en que el matador en turno materialmente se deslinda de su responsabilidad, pues es el momento para que valore en forma rápida sobre si el castigo ha sido el justo o no. Tal aspecto debe darse en armonía con su oportuna intervención, pero no por parte de las cuadrillas, que solo deberían estar a prudente distancia. Con ello, lo que se genera es una intervención oportuna e inteligente del torero en turno, con objeto de materializar en forma correcta el término del “quite” y no llamar así a los posibles lances posteriores, porque suceden todavía cuando hay presencia de piqueros en el ruedo, pero no bajo la condición de que cuando se realiza tal maniobra es para sacar de la cabalgadura al toro o novillo, o salvar de algún riesgo al varilarguero en turno. Actuar en forma diligente y expedita permitiría que esta suerte lograra atenuar valores de violencia inútiles, abreviando sus propósitos y haciendo lucir a todas las partes. Estos momentos cubran una tensión que, si se le descuida, lleva a convertirlo en algo sumamente comprometedor, sobre todo cuando sabemos que la mirada de los contrarios está ahí, por lo cual conviene no dar motivo ni estimularlo, pues para eso entonces, sería necesario el común acuerdo de las partes. El asunto en principio complejo tendría clara solución si se busca pulimentar este episodio en la lidia, buscándolo hacer eficiente.

   Otros dos asuntos más, por ahora, serán motivo de una siguiente apreciación: tienen que ver con el tercio de banderillas y la culminación de la faena en la figura de la “suerte suprema”.

 CONTINUARÁ.


[1] Reglamento Taurino del Distrito Federal (en vigor, con las últimas reformas del 26 de enero de 2004). Capítulo V. De las ganaderías.

Art. 28.- Para lidiar corridas de toros o novilladas en el Distrito Federal, las reses deberán estar inscritas en el libro denominado Registro Obligatorio de Edades de los Astados. Dicho registro será llevado por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, conforme a las disposiciones legales y reglamentarias aplicables y bajo la supervisión de la Delegación.

En el Registro Obligatorio de Edades de los Astados, la Asociación llevará un estricto control de las nacencias de éstos, mismo que especificará el día, mes y año en que haya tenido lugar su nacimiento, el número con que se herró a cada animal, su pinta al nacer, muescas y señas particulares. Para efectos de su anotación en el Registro, la ganadería deberá proporcionar la

información a que se contrae el párrafo anterior a la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, dentro de los treinta días posteriores a la fecha en que las reses fueron herradas. El herradero deberá realizarse dentro de los ocho meses siguientes al nacimiento de la res. Dicho periodo se podrá aumentar por cuatro meses adicionales, previa autorización de la Asociación.

La Asociación proporcionará a la Delegación un duplicado del libro o documento en que conste el Registro Obligatorio de Edades de los Astados y lo mantendrá debidamente actualizado.

[2] Disponible en internet, agosto 7, 2014 en: http://www.torosdelidia.org.mx/sobre-nosotros/

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