SOBRE UN TEXTO ALENTADOR DE LÁZARO ECHEGARAY.

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Lázaro Echegaray, acaba de publicar un texto de suyo importante, mismo que ahora incluyo por aquí:

 REIVINDICANDO LOS ESTUDIOS TAURINOS[1]

    No hace mucho, en este mismo espacio, comentaba como uno de los críticos taurinos de actualidad consideraba que la revista Tierras Taurinas era el equivalente a la revista Science en el mundo de la tauromaquia. Nada que objetar al respecto. Pero sería injusto no responder que si Tierras Taurinas equivale a Science, la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos puede rayar a la misma altura. Ambas revistas se preocupan de la cultura taurina; incluso podríamos decir de la ciencia taurina. De esta manera, no existe ninguna similitud entre lo que un lector puede leer en los pasquines de propaganda taurina que se escudan en la realidad actual del toreo y en la alabanza desmedida a todo aquel que aporte moneda y lo que se pueda leer en este tipo de revistas.

   El número actual de la publicación me llega de manos de mi amiga Silvia que, ahora desde Lisboa, sigue empeñada en bucear en los aspectos culturales del toreo, en los estudios culturales de la tauromaquia. Se trata del número 34 de la colección y en él podemos encontrar artículos de lo más interesante así como reseñas de libros donde reaparecen nombres de autores que uno consideraba ya retirados.

   Hay entre los artículos de este número al que me refiero uno que me ha resultado de alto interés tanto por la temática como por el contenido. Me refiero al que firman conjuntamente José Antonio González Alcantud, catedrático de antropología en la Universidad de Granada y Juan Manuel Barrios Ruzúa, profesor titular de Historia de la Arquitectura en la misma universidad. El estudio de estos académicos versa en esta ocasión sobre las corridas de toros que se organizaron en la Alhambra en el siglo XVIII. No es intención de este artículo destapar las bondades y lindezas del que se cita, que son varias, pero sí lo es defender la necesidad de proliferación de este tipo de estudios y de los medios que los soportan. Imprescindible para mantener una base cultural de la tauromaquia.

   En efecto, el estudio de la historia taurina se conforma hoy en día como una necesidad. Poco a poco van desapareciendo de las librerías los libros sobre tauromaquia – poco a poco van desapareciendo también las librerías- y aquellos pocos que quedan apenas escapan de narrar la figura de grandes toreros de ayer y hoy. En ese aspecto, la literatura taurina mantiene un nivel de idolatría que sin duda puede ser interesante –si uno quiere conocer  al dedillo más los éxitos que los fracasos de  las temporadas enteras de tal o cual torero- pero a todas luces insuficiente en lo que al detalle del estudio de la tauromaquia se refiere.

   Por poner un ejemplo sobre el artículo comentado, valga decir que en él se estudia cómo fueron aquellas corridas de toros en la Alhambra. Sin embargo, la red de relaciones históricas y de estudio, llevan a los autores a tratar temas de tanta importancia y variedad como la posible relación del origen del toreo con las tierras del norte de África –tema tantas veces tratado y todavía tan oscuro-; la forma geométrica de las plazas de toros y su tránsito de cuadradas a redondas; la estrecha unión de la liturgia del trato con el toro con la fiesta y la diversión; la relación de los organizadores con las instituciones de la ciudad o las desavenencias entre determinados miembros de la iglesia local y los organizadores, en donde se pueden observar discursos y argumentos de raíz antitaurina. Todos estos temas son tratados en un único artículo. En definitiva, historia taurina, historia arquitectónica, historia social: cultura taurina de primer orden.

   Se echan en falta este tipo de publicaciones que más que necesarias son hoy en día imprescindibles. A ellas les han de seguir los congresos de estudiosos del toreo. La Fundación de Estudios Taurinos ya ha programado uno de ellos en noviembre. Escaparnos de la academia, algo tan típico en este país, no puede sino dañarnos y cortarnos las pocas alas que hoy nos quedan. Pensamos que quizás Europa  sea nuestra tabla de salvación. Pero nadie nos va a escuchar si eso a lo que queremos llamar cultura se reduce a un tío ayudado por otros cinco que mata a un toro a espada después de haberse entretenido con él. Nadie lo interpretará  como cultura a menos de que exista un andamiaje de estudios culturales que lo soporte. Los de antaño sirven como información positiva y como marco teórico para realizar los nuevos. Pero es imprescindible que estos nuevos sigan generándose y que haya entidades que los defiendan.

    Se agradece en primera instancia el interés mostrado por Lázaro Echegaray quien celebra la atención que ciertas publicaciones, consideradas como académicas, y más aún si estas entran en el territorio del arbitraje, significa un satisfactorio encuentro con el trabajo que cierto sector marginal de investigadores realiza tanto en actividades de campo como de gabinete. Esto, y tengo que hablar en nombre de todos aquellos colegas con los que comparto tales tareas, nos ha tomado años elaborar tal o cual investigación, mismo que, ya concluido es motivo de su natural publicación. Sabemos que una edición respaldada por la institución universitaria genera solidez en nuestro perfil profesional. Sin embargo, tras el visto bueno que pueda emitir un comité involucrado en la lectura, inicia la etapa de publicación, no siempre masiva, apenas el número suficiente para cubrir las expectativas del sector de otros tantos interesados o investigadores, por lo que apenas llegan a conocerse estos casos en una comunidad bastante limitada. Llevar esos textos a publicaciones comerciales significa primero, establecer la frontera entre el lenguaje académico y el coloquial, por llamarlo de alguna manera, con objeto de que su contenido sea absolutamente claro entre lectores no acostumbrados a un tipo de lectura que resulta difícil de digerir de buenas a primeras. Lamentablemente como estos trabajos guardan una fidelidad con el principio de su elaboración, no siempre tienen la fortuna de ser divulgados, lo que les condena una vez más a la marginación. De hecho, en México la publicación de libros taurinos ha venido siendo desafortunada, pues muchos autores tienen que pagar por ver impresos sus trabajos. Otros seguimos aguardando que la institución académica decida tal o cual edición (en lo personal, tengo el caso de un libro que lleva esperando dos años su posible publicación). Ahora bien, entre los libros que han llegado a publicarse, en algunos casos, adolecen de sustancia, por lo que pasan a convertirse en fuentes que no necesariamente gozarían de credibilidad y certeza, pues la gran mayoría fue elaborada sin haber cumplido con los principios más rigurosos establecidos, como ya se ha dicho, por la Universidad.

   Si la admiración de Echegaray se concentra en publicaciones españolas, que de alguna manera guardan mayor vínculo por el hecho de que la tauromaquia está notoriamente asociada a la historia española, al menos de diez siglos para acá, el asunto es que pudiendo considerarse un modelo a seguir, no ocurre necesariamente en México (territorio que lleva cinco siglos de compartir esta particular expresión), aunque es de reconocer que diversas instituciones académicas han cumplido cabalmente en la publicación de valiosos trabajos, materializados en libros o revistas; incluso en materiales de soporte digital, pero en una cantidad mucho menor que la registrada en España.

   Las opiniones de Lázaro Echegaray dignifican y reivindican el hecho de que reconocen el trabajo realizado al interior de las universidades, o por universitarios que apostaron por seguir su línea de investigación en temas como el taurino, al que siguen faltando en México todavía muchos nuevos colegas. A veces tengo que explicar que teniendo nuestro país (y en estos precisos momentos algo así como 124 millones de habitantes), seamos sólo un conjunto de alrededor de diez historiadores los que nos hemos acercado a la tauromaquia como asunto de investigación y divulgación, lo que en el panorama es un dato insignificante, pero lo suficientemente claro para demostrar cuán lejos estamos todavía de contar con el pleno reconocimiento de quienes deberían tener su mirada en el trabajo “invisible” que producimos finalmente, pero que muchas veces queda condenado a dormir el sueño de los justos.

PORTADA DE TESIS

José Francisco Coello Ugalde: “Cuando el curso de la fiesta de toros en México, fue alterado en 1867 por una prohibición. Sentido del espectáculo entre lo histórico, estético y social durante el siglo XIX”. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras. División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia, 1996. Tesis que, para obtener el grado de Maestro en Historia (de México) presenta (…). 221 p. Ils., fots.

   Personalmente como universitario que soy y sigo siendo (actualmente realizo estudios doctorales en Bibliotecología y Estudios de la Información en la U.N.A.M.), me resulta complicado explicar el conflicto que ha enfrentado el tema taurino en las universidades. De alguna manera ya se ha superado el prurito que significa reconocer tal afición, pero también el interés de su investigación, que muchas veces quedó cancelado por parte de comités tutorales que se negaron aceptar temas de esta índole. La apertura, y finalmente la universalidad de las universidades, ha permitido que este y otros temas considerados como “incorrectos”, por llamarlos de alguna manera, hoy muestren un notable ascenso en publicaciones, sobre todo a nivel de tesis.

   Al igual que Echegaray, tomo bandera por la dimensión que viene cobrando la presencia cada vez más notoria de estudios de la tauromaquia en las universidades, mismos que se ven traducidos en publicaciones que también ya están siendo dadas a conocer como un tema más de la investigación que producen sus egresados, los que afortunadamente se reflejan en otras tantas instituciones de los países que mantienen viva esta tradición.


[1] Disponible en internet, agosto 15, 2014 en:

http://opinionytoros.com/opinionytoros.php?Id=5384&Colab=15

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