NUEVOS DATOS SOBRE ATENCO y SAN DIEGO DE LOS PADRES. (PRIMERA DE CUATRO PARTES).

ILUSTRADOR TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 UN EQUIVOCADO CONCEPTO HISTÓRICO DE LA GANADERÍA DE “ATENCO” EN LA OBRA PERIODÍSTICA DE CARLOS QUIRÓZ “MONOSABIO” HACIA EL AÑO 1921.

    Carlos Quiroz “Monosabio”, importante periodista de finales del siglo XIX, y primeros 30 años del XX, va de una posición privilegiada, hasta llegar a la del desprestigio total, debido a sus métodos poco honestos de manejarse en un medio que le descubre inclinaciones descaradas, en eso de escribir infinidad de notas en función del ingreso percibido, creando verdaderos elogios en algo que no lo merecía, y notas discriminatorias si el aludido no era capaz de soltarle dinero conforme a la exigencia del redactor. Así pasó con el Sr. José Julio Barbabosa, quien tuvo que soportar una lapidaria reseña de sus toros, los toros de Santín, en la crónica de la corrida del 11 de septiembre de 1921. Pero por otro lado, quienes se vieron halagados con sus apuntes, fueron los señores Barbabosa, dueños de Atenco, hacienda que visitó el periodista en el mismo mes patrio, que además estaba revestido con la magna celebración del centenario de la consumación de la independencia.

CARLOS QUIROZ_MONOSABIO

He aquí, un retrato poco conocido de Carlos Quiroz “Monosabio” en su etapa madura.

    Desafortunadamente, en vez de hacerles un favor, provocó con sus apreciaciones desafortunadas y poco precisas en su mayoría, un desconcierto en lo que a información verídica se refiere. Esto tiene que ver con la nota titulada: “Atenco: Nuestra ganadería brava de más lustre abolengo”, aparecida en “El Universal”, año VI, T. XX, domingo 18 de septiembre de 1921, Nº 1796, 3ª sección, p. 4.

   De hecho, el señor Carlos Quiroz incurre en serios errores, como mencionar de entrada que “Atenco se formó (en 1550) gracias al patrimonio de un noble señor, don José María Altamirano, Conde de Santiago y Marqués de Calimaya”.

   Al respecto, el Condado lo asumió la familia Gutiérrez Altamirano hasta el 6 de diciembre de 1616, tiempos de Felipe III. Si se quiere información más precisa, esta nos la proporciona una relación elaborada por Heriberto Lanfranchi.[1]

    A continuación, y por ser muy extenso el historial de esta ganadería, sólo se indican las personas que han disfrutado de ella (de la hacienda de Atenco):

 1.-Lic. Juan Gutiérrez Altamirano (primo de Hernán Cortés): de 1528 a 1558.

2.-Hernando Gutiérrez Altamirano: 1558 a fines del siglo XVI.

3.-Juan Gutiérrez Altamirano: fines del siglo XVI a principios del siglo XVII.

4.-Fernando Gutiérrez Altamirano y Velasco, primer conde de Santiago de Calimaya: hasta 1657.

5.-Juan Altamirano y Velasco, 2º conde de Santiago: 1657-1661.

6.-Fernando Altamirano y Albornoz, 3er. Conde de Santiago: 1661-1684.

7.-Juan Altamirano Villegas, 4º conde de Santiago: 1684-1698.

8.-Nicolás Altamirano Villegas, 5º conde de Santiago: 1698-1721.

9.-Juan Javier Altamirano Gorráez, 6º conde de Santiago: 1721-1752.

10.-Juan Lorenzo Altamirano Urrutia, 7º conde de Santiago: 1721-1752.

11.-José Manuel Altamirano, 8º conde de Santiago: 1752-1793.

12.-María Isabel de Altamirano, condesa de Santiago: 1798-1802.

13.-Ignacio Gómez de Cervantes, 9º conde de Santiago: 1802-1809.

14.-José María Cervantes y Michaus 10º conde de Santiago: 1809-1835.

15.-José Juan Cervantes y Michaus, último conde de Santiago: 1835-1875.

16.-Ignacio Cervantes Ayestarán: 1874-1879.

17.-D. Rafael Barbabosa Arzate: 1879-1887.

18.-Sucesores de D. Rafael Barbabosa Arzate (Aurelio, Herlinda, Antonio, Concepción, Juan de Dios, Rafael y Manuel Barbabosa): 1887-1945.

19.-D. Manuel Barbabosa: 1945-1958.

20.-Hijos de D. Manuel Barbabosa: 1958-1965.

21.-D. Juan Pérez de la Fuente: 1965-1988.

22.-Sucesores de D. Juan Pérez de la Fuente (Mari Carmen y José Antonio Pérez de la Fuente): 1988 en adelante.

   “Entusiasta aficionado a la fiesta brava, -sigue apuntando Carlos Quiroz- no podía resignarse a perder su espectáculo favorito. Y como para hacer guisado de liebre lo primero precisa tener es la liebre, el Excmo. Sr. Conde de Santiago pensó el la crianza de toros bravos. Y como lo pensó lo hizo: compró en la ganadería Navarra de Pérez de la Borda (sic) (es correcto, en todo caso Pérez Laborda) doce pares de becerros y becerras bravos, que formaron la simiente de la famosa vacada.

   Junto con aquellos doce pares de becerros y becerras, S.E. El Conde hizo traer las crías del magnífico pescado blanco, que surca las aguas del Lerma para regalo del paladar de los moradores de la hoy infortunada Toluca”.

   La zona lacustre del valle de Toluca desde tiempos prehispánicos proporcionaba alimento a sus pobladores y no veo como pudo ocurrir esta citada reproducción pesquera, habiendo una variedad importante, como la que cita Bernardino de Sahagún en su “Códice Florentino” (L. XI, f 67r):

   “Peces de rio o lagunas” como:

Topotli.”pececillos, anchuelos… son pardillos: críanse en los manantiales: son buenos de comer y sabrosos”.

Amilotl. Por la información que vierte Sahagún parece que aquél era el principal pez blanco, pues indica que los “peces blancos llaman amilotl, o xouili; su principal nombres es amilotl: especialmente de los grandes y gruesos”, y luego añade que los “peces blancos que se llaman amilotl tienen comer delicado”.

Xouili. Otro pez que el autor describe como “bogas paqardillas que se crían en el cieno y tienen muchos huevos”.

Xalmichi, “pececillos pequeñuelos”.

Cuitlapetotl, “pececillos barrigudillos, que se crían en el cieno… son medicinales para los niños”.

Michzaquan, “pecesitos muy pequeños”.

Tenzonmichi, “críanse en los ríos y en los manantiales… tienen escamas y… barbas”. De acuerdo con el etnohistoriador Gabriel Espinosa, cabe la posibilidad de que se trate del pez llamado bagre, el cual parece no ser lacustre sino de lugares con agua corriente y emergente, tal como lo puntualiza Sahagún.[2]

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Revista El Toreo. México, año III, N° 78, del 17 de noviembre de 1920, p. 2a.

    “Con gran beneplácito empezaron a lidiarse los toros de Atenco de pura sangre Navarra.

   “Fueron declarados invencibles. Y desde entonces se dijo: Bravo, como un toro de Atenco.

   “CÓMO ERAN LOS TOROS DE ATENCO.

   “Yo todavía alcancé a ver lidiar los antiguos atenqueños: en su pelo imperaba el color castaño en todas sus entonaciones; desde el castaño claro, tirando a albahío, hasta el retinto. Sus armas eran cortas y apretadas. Su cuello rizado, corto y ancho. De no aventajada talla. Enjutos de los cuartos traseros: “culisecos”· que les llamaba el veterano Manuel Hermosilla.

   “Todos los toreros de la larga etapa de 1800 a 1890 los impusieron por doquier, seguros de que los toros de Atenco eran los mejores factores para conquistar señalados triunfos.

   “A partir de 1896, hasta 1904, la ganadería de Atenco entró en una era de franca decadencia.

   “Ya los triunfos venían registrándose muy de tarde en tarde. Y, en cambio, menudeaban las desilusiones, y era de ver con desconsuelo que los pequeños atenqueños volvían la cara, dolíanse al castigo y muchos declarábanse en inequívoca fuga.

   “(…) Todo es de todos. Por ello, algunos agraristas trasnochados ya han creído ver en Atenco un latifundio que debe repartirse entre los pueblos de la comarca. Y cuando se les ha dicho que no pertenece a un solo individuo, y que de hacerse la repartición entre los cinco hermanos (Juan, Antonio, Rafael, Manuel y Herlinda) a cada cual tocaríale pequeña parcela –porque Atenco no es de grande extensión- no han querido creerlo”.

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Toro de Atenco, sangre navarra, a fines del siglo XIX.

Fuente: LANFRANCHI, Heriberto: Historia del toro bravo mexicano. México, Asociación Nacional de criadores de toros de lidia, 1983. 352 pp. ils., grabs., p. 88.

CONTINUARÁ.


[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II, p. 742-743.

[2] Beatriz A. Albores Zárate: Tules y sirenas. El impacto ecológico y cultural de la industrialización en el alto Lerma. Toluca, Edo. De México, El Colegio Mexiquense, A.C.-Gobierno del Estado de México. Secretaría de Ecología, 1995. 478 pp., ils., facs., maps., p. 108.

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