UNA “COMPAÑÍA DE GLADIADORES” EN EL MÉXICO DE 1885.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En la dilatada existencia del semanario El Redondel, en la que por cierto tuve oportunidad de participar, gracias a la confianza expresada desde un principio por los señores Alberto A. Bitar y Alberto Icaza (entre 1982 y hasta el 22 de marzo de 1987), salió publicada una imagen harto interesante, que acompaña las presentes notas. Para 1885, fecha aproximada que se le asigna como posible aproximación cronológica, estos cuatro personajes que integraban lo que entonces llegó a llamarse “cuadrilla de gladiadores”, nos deja ver el grado de pureza con que ciertos aspirantes deseaban incorporarse a la tauromaquia mexicana, asumiendo con su propia identidad e interpretación, el hecho de protagonizar espectáculos también dueños de curiosidad y fascinación. Fueron los tiempos en que el nombre de Ponciano Díaz comenzaba a sonar con fuerza inaudita, impulsando desde su parcela un nacionalismo taurino sin precedentes, como expresión identitaria de lo que México deseaba mostrar ante la España que había legado tres siglos atrás todo un fermento de circunstancias que constituyeron una nueva sociedad, la cual supo hacer suyos diversos elementos de vida cotidiana, por ejemplo.

   En ese sentido, el toreo no fue la excepción. Todavía quedaba lo último de una estela que, como la de Bernardo Gaviño ya se apagaba lentamente, la cual fue suficiente razón para entender el grado de mestizaje que se dio con su influencia y su presencia, la cual influyó definitivamente en la construcción de una puesta en escena rica en elementos. Pero estos cuatro señores, con fuertes rasgos indígenas o mestizos dejan ver el aplomo que privaba no sólo en la mirada ensoberbecida, sino en sus destinos, los que se afirman en sus poses y actitudes, de auténtica solvencia decidido arrojo, como para manifestar capacidades y así ejecutar las diversas suertes que por entonces se practicaban en medio de una interpretación absolutamente libre, mezclada con mojigangas, payasos, coleadores y demás elementos de aquel caos plenamente justificado con el que cuadrillas como la de ¿Felícitos Mejía “El Veracruzano”, Carlos López “El Manchao”, o de José de la Luz Gavidia “El Chato”? andaban itinerando por esta y por aquellas plazas de la provincia mexicana en busca de su afirmación como toreros de la legua, pero también de un reconocimiento popular en tanto señores feudales, intentando ganar territorios que también conquistaba el propio Ponciano, el cual en sus andares logró romper, imponiendo nuevos esquemas de dominio, al punto de que entre 1876 y 1899 con más de 700 actuaciones en su haber, fijó posicionamientos y condiciones nunca antes vistas. Tal es el caso que también impuso el portorealeño Bernardo Gaviño, quien en su condición de “Patriarca” consiguió establecer un auténtico imperio, sobre todo en la capital del país, donde solo entre 1829 y 1886, logró actuar en poco más de 400 ocasiones, lo que indica el grado de relevancia con el que se consolidó aquel poder centralista, desde el cual se proyectaron diversas influencias que hicieron suyas personajes como estos gladiadores, aunque a la hora de poner en práctica aquellas enseñanzas, daban a las mismas sus propias interpretaciones, gestándose auténticas exploraciones desde las cuales afloraba el más profundo sentido de un nacionalismo taurino, exacerbado también por otras manifestaciones impuestas por Ponciano Díaz. Es decir, estamos frente a un particular estado de cosas donde toreros “bigotones”, de vestimenta “ad hoc”, totalmente relajados y dispuestos para guerrear y combatir, como los que hoy ilustran este propósito de interpretación, se dispongan a torear quizá en plazas como las de Cuautitlán, el Huisachal, Texcoco, Tlalnepantla, Zacatecas o Durango entre otros tantos lugares en que, gracias a una feria en honor de su santo o santa patrones, o debido a cualquier otra razón, se organizaban festejos taurinos hasta donde iban estas “compañías” a entretener y divertir a cuantos acudieran a presenciar aquellas puestas en escena.

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Cuadrilla de toreros mexicanos, hacia 1885. Una rareza como documento gráfico.

Fuente: “EL REDONDEL” Nº 2,904 del domingo 16 de diciembre de 1984, p. 12.

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