PREOCUPANTE FIN DE TEMPORADA.

CRÓNICA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Con enormes deseos de volver a ver en los tendidos a Rosana Fautsch Fernández.

   ¡Va por ti!

Cierre de temporada en la plaza de toros “México”. Juan Pablo Llaguno, Antonio Mendoza y Ángel Espinoza “Platerito” con 6 ejemplares de La Soledad y uno (de regalo) para J. P. Llaguno de Los Ébanos.

    Hoy, 5 de octubre de 2014, al culminar la temporada de novilladas 2014, se creería que al comparecer los triunfadores de la misma, la entrada mejoraría significativamente. Dadas las 4:30 de la tarde, no estábamos más que unas dos mil personas en los tendidos, lo cual es un preocupante síntoma de que esos “triunfadores” no fueron, ni por casualidad, el poder de convocatoria, pues los nombres de Juan Pablo Llaguno, Antonio Mendoza y Ángel Espinoza “Platerito”, podrían haber sido, en otras circunstancias, suficiente motivo para despertar el interés de propios y extraños. Pero este fenómeno, el de una plaza cuyos tendidos dejaban ver una rara imagen sepulcral, dejaba el amargo sabor de boca, que vino a acentuarse con una mala novillada de La Soledad, cuyos ejemplares, de feas hechuras fueron un cúmulo de mansedumbre y sosería, siendo el más potable, el que salió en quinto lugar con el que Antonio Mendoza se prodigó con la capa, interpretando diversos lances que despertaron esperanzas entre los pocos asistentes y con lo que se creía que la tarde estaba salvada, luego de ir cuesta abajo en términos de resultados satisfactorios.

   Bala  se llamó ese ejemplar, con el que Mendoza supo aprovechar sus iniciales embestidas. El de La Soledad se fue, como su mismo nombre, como Bala sobre el piquero y recibió una dosis apropiada al poder con que se dejó ir a la cabalgadura. Pocos instantes después, su lidia cambió considerablemente y ya no fue, ni con mucho lo que se había dejado notar al principio. La cosa no quedó ahí. Un peón de brega, desde el burladero, y con la siempre incorrecta actitud de hacerlo desde ese punto, provocó que el novillo tlaxcalteca embistiera al entablerado mismo, fracturándose el pitón izquierdo, el cual no se desprendió, aunque fue evidente el sangrado que se produjo en la zona del impacto. Así que Bala vino a menos, y aún así, Antonio Mendoza tuvo oportunidad de correr la mano en algunas series y momentos afortunadas, aunque no consistentes, justo cuando se veía venir lo mejor de la tarde. Pero Antonio, como en su primero, tuvo el serio defecto de darse a pinchar, con lo que perdió toda posibilidad de corroborar un honesto triunfo, escuchando avisos. Mientras el novillo recibía el cuestionado galardón del arrastre lento, Antonio atravesaba el ruedo para recuperar su montera, con la que brindó al Arq. Xavier Sordo Madaleno, propietario de Xajay, de cuya casa ganadera resultó ser aquel novillo “indultado” por el propio Mendoza, en una sospechosa decisión que aún sigue levantando dudas, por lo menos entre los cabales. Antonio, ya con montera en mano, saludaría en el centro del ruedo, con lo que era de esperarse que hasta ahí llegaban los reconocimientos populares. Sin embargo, cierto sector demandó la vuelta, y de inmediato le abastecieron del capote para emprender una vuelta que comenzó siendo reclamada por algunos, pero celebrada por otros, de ahí que esto ocurriese en medio de la marcada división de opiniones. Tal actitud me parece, en lo personal un auténtico despropósito pues con ello, y después de que ese fallido triunfo quedó empañado por los pinchazos de rigor, todavía el muchacho tuviera arrestos para dar esa vuelta, con lo que se degrada seriamente la dignidad del espectáculo. Me temo que ante la desesperación de los aficionados en querer encontrar, a como diera lugar a un “triunfador”, que no lo hubo, a pesar de que Juan Pablo Llaguno cortase una oreja a uno de regalo, esto no significa que el triunfo como tal, en su legítima condición, fuera para nadie.

   Por otro lado, fue notorio un serio defecto en el que incurrieron los tres espadas, pues a pesar de sus limitados avances, no suelen poner en práctica métodos apropiados para aplicar la siempre indispensable condición de la lidia, antes que darse a torear. Con ello, pierden un punto importante en el panorama de la faena, y esto los lleva, como fue el caso a caer en el indecoroso término de “pega pases”. Juan Pablo tendría en esto mejores razones para hacer notar sus adelantos y no encontró materia prima apropiada para el caso, pero no dejó de mostrarnos esa falta de aprendizaje, con lo que en ciertos momentos, y cumpliendo con todo el riguroso requisito que la Tauromaquia establece, no convenció a nadie, pues incluso le vimos dejar morir uno de los principales tiempos en los pases: el temple, y con ello contar con la posibilidad de ligar, esa cuarta dimensión no escrita pero entendida a partir de la experiencia y el alcance que hoy tiene el toreo de muleta, siempre y cuando se le quiera aprovechar para ofrecer una mejor puesta en escena.

   Lo mismo ocurrió con Antonio Mendoza y Ángel Espinoza. Ello debe llevar a sus apoderados o consejeros, si es que los tienen, a un duro examen de autocrítica, de revaloración para entender que el toreo no es nada más pegar pases. Tiene todo un sentido técnico y estético que debe trascender en la medida en que la lección sea aprendida y aprehendida también. De otra forma, los primeros equivocados van a ser los novilleros que podrían creer que sus faenas tienen el sello, la marca de la casa y resulta que no es otra cosa que una faena cortada con la misma tijera.

   Hoy, los tres espadas tuvieron el santo de espaldas en términos del uso del acero y ese aspecto también debe ser puesto bajo seria reflexión, pues si no practican hasta el cansancio suerte que se denomina como fundamental, estarán cayendo una y otra vez en el error de dejar que la suerte los acompañe. Ya lo dijo Rafael “El Gallo”: “Al torero que no hace la cruz… se lo lleva el diablo”.

   Mientras tanto, bajo una tormenta de órdago, terminaba esta temporada, una más de la que no vemos qué sostendrá el futuro de la tauromaquia en México si no está, en forma visible, esa auténtica figura del toreo que represente el paso seguro de una sucesión que tampoco nadie representa dignamente. ¿Qué fue una temporada mediocre? En buena medida hay que reconocer que sí, y esto nos incomoda, pues el corte de apenas unas cuantas orejas no se parece al de orejas y rabo y salidas a hombros, ni presencia mediática ni nada de nada. ¿Hasta cuándo se producirá el milagro?

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