INTERMINABLES AGRAVIOS.

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

Ante los interminables agravios de que ha sido víctima el país. Ante los interminables agravios de que ha sido blanco la población en diversos sentidos: laboral, educativo, cultural, y otras tantas vertientes que de atenderse debidamente por el estado, no tendrían por qué estar ocasionando tamaño conflicto entre las sociedades todas, todavía tenemos que padecer en el medio taurino y a su escala, réplicas semejantes de agravio debido al deliberado y pésimo manejo que pretende seguir mostrando, al menos en la capital del país, la empresa de la plaza de toros “México”.

Volvieron a salirse con la suya este domingo 16 de noviembre cuando lo que se presentó en el ruedo fue un encierro de dudosa edad (salvo que la empresa misma nos demuestre lo contrario con exámenes «post mortem” debidamente certificados).

Como aficionado a los toros de muchos años, hago un extrañamiento a las autoridades de la plaza de toros “México” por no cumplir a cabalidad con el Reglamento Taurino del D.F. en vigor, así como a las autoridades de la delegación “Benito Juárez” que no han sido capaces de detener los incontables abusos, lo que se refleja entre otras cosas, como ya es evidente, en entradas irregulares. Del mismo modo, sorprende y espanta la actitud de buena parte de la prensa en haberse “desgarrado las vestiduras” en torno al indulto que mereció el todavía más pequeño ejemplar de “Villa Carmela”, de nombre “Sonajero”, lidiado en séptimo lugar por Juan José Padilla. El indulto es un alto honor para toros o novillos que, por su bravura, casta, fijeza, trapío y demás virtudes mostradas a lo largo de la lidia merecen ser tomados como elementos indiscutibles para llegar a una decisión de esa magnitud.

Padilla, lugar aparte, merece una especial atención ya que al brindar la muerte de su primer ejemplar, lo hizo aludiendo a los 43 estudiantes desaparecidos, y que pertenecen a la escuela rural “Raúl Isidro Burgos” de Iguala, Guerrero, desde el 26 de septiembre pasado, donde además murieron otros seis estudiantes. Ante semejante caso, se agradece un gesto tan “torero” y tan “humano” a la vez.

Este conflicto, el de Ayotzinapa ha despertado muchas conciencias, tal y como sucedió en octubre de 1968, tras la matanza de casi 350 estudiantes en la plaza de las “Tres Culturas”, o como el caso del “Halconazo” del 10 de junio de 1971, donde también otro grupo estudiantil fue sometido a la represión del estado. En nuestros días, junto con Ayotzinapa prevalece la más burda de las actitudes por parte del estado luego del terrible escándalo que supuso cancelar la licitación del tren “México-Querétaro”, ya que detrás de todo ese proceso se destapaba la impunidad en su más descarnada visión: la “Casa Blanca” que habitan o están por habitar la pareja presidencial, casa o mansión que, por sus dimensiones y costos nos han ofendido, nos han agraviado hasta el punto de considerar de que en cualquier país democrático que se precie, ese ya habría sido un escándalo que, por su sola circunstancia demandaría la dimisión del propio presidente de la República. Sin embargo, esas cosas no pasan en México.

Y si eso no ocurre a niveles cupulares de la mayor dimensión política, ¿imagínense ustedes lo que podría suceder en otros que, como el taurino también se maneja, en muchos casos a sus “anchas”?

Estos tiempos que corren son muy distintos a los de hace unos años. El imponente despliegue de las redes sociales actúa como muchas veces no había ocurrido en tan pocos meses y hoy, sobre todo los jóvenes se encuentran a un paso de actuar en forma contundente, incluso más allá de todo el significado que tuvo, hace cosa de dos años el movimiento “#yosoy132” el cual surgió en mayo de 2012 en la Universidad Iberoamericana, institución desde la cual se logró convocar a miles de estudiantes de instituciones públicas y privadas, para exigir el derecho a optar por una democracia auténtica y manifestar su repudio a la “dictadura mediática”.[1]

Considero que son suficientes las razones para pedir o demandar, en el territorio exclusivamente taurino el desarrollo de un espectáculo mucho más profesional, sobre todo en unos momentos en que se hace necesario fortalecer a la tauromaquia, expresión creada y recreada por el hombre a lo largo de los últimos siglos, misma que concentra manifestaciones técnicas y estéticas cuya culminación se materializa en el ritual del sacrificio y muerte del toro, elemento fundamental de su significado. Valorada más un espectáculo que deporte debido a sus peculiares componentes, ha sido motivo de diversas interpretaciones que han hecho suya las bellas artes en su conjunto. Por lo tanto, su puesta en escena no puede quedar reducida a representaciones indignas, sino que deben ser todas y cada una de ellas auténticas piezas que valores y revaloren su significado, con objeto de que se manifiesta la intención de protegerla y conducirla a uno de los más caros propósitos: que la UNESCO la considere como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. De otra forma, es imposible que eso ocurra si sus más directos responsables siguen empeñándose en desvalorarla o devaluarla.

Estamos a tiempo de que ese objetivo, el de los oscuros intereses siga cubriendo de incertidumbre al toreo en nuestro país. Además, la presente advertencia debe extenderse a todas las empresas taurinas mexicanas, donde seguramente, como un sector privado, necesitan incentivarse con acciones cuya certeza y confiabilidad permitan que resurja una dinámica capaz de mover un mercado, la infraestructura toda para que con ello, ese engranaje hoy bloqueado por intereses detentados por grupos de poder, “destraben” esa maquinaria y permitan un desarrollo a la alza. ¿Quién no quiere ver a la tauromaquia resurgir de sus cenizas?

17 de noviembre de 2014.


[1] Reivindica #yosoy132 principios que le dieron origen hace un año. 12 de mayo de 2013 [en línea], 2014, http://www.jornada.unam.mx/2013/05/12/politica/005n1pol [consulta: 18 de noviembre de 2014]

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