INDIGNACIÓN, RABIA, CORAJE…

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 I

   Indignación, rabia, coraje… son solo algunas reacciones de un pueblo que, como el mexicano se entera hoy de la tremenda noticia en la que se identifican restos de uno de los 43 de Ayotzinapa, y ahora lo que va quedando no es la resignación entre aquellos que han sido ofendidos; su respuesta, su valiente actitud es desconocer al gobierno de Peña Nieto por asesino; como así lo destacan aquellos padres de los estudiantes desaparecidos desde el 26 de septiembre.

II

    Esos y otros síntomas frente a la devastación, el deterioro, la corrupción han venido siendo un denominador común en un país que se hunde, en un país donde es necesario que ciudadanos como Agustín Gómez Pérez se haya inmolado para buscar, con esa extremosa medida la liberación de un familiar a quien le fabricaron delitos que no cometió. Terrible, demasiado terrible todo lo que de terrible pasa en México, donde el gobierno y todas sus estructuras se fracturan irremediablemente ante la respuesta frontal de la sociedad que ha reclamado, y sigue reclamando, a pesar de que sean ahora motivo de represión todas las movilizaciones sociales.

   Ese es el México que hoy, 6 de diciembre debió conmemorar orgullosamente la entrada de los ejércitos libertadores a la ciudad de México, hecho que ocurrió un 6 de diciembre de 1914, mientras por las principales calles de aquella urbe, desfilaban miles y miles de hombres que estaban encabezados en lo fundamental por los generales Felipe Ángeles, Francisco “Pancho” Villa y Emiliano Zapata.

   Son memorables un conjunto de imágenes que dan cuenta de aquel célebre acontecimiento. Manuel Ramos obtuvo una placa sin igual…

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 …donde el negativo impreso en el vidrio deja ver restos de una batalla contra el tiempo, pues se trata de una imagen craquelada, fracturada, prácticamente con buena parte de la gelatina ya desprendida, pero todavía legible, todavía visible, como para exaltar a dos de los personajes que mantienen y alientan el espíritu, la esperanza de muchos mexicanos en este aquí y ahora tan distinto al de hace un siglo, donde los anhelos eran otros, y donde parece que todo sigue igual… o peor.

 III

    Bajo la tensión de ese ambiente, también quisiera decir algo con respecto a la indignación que nos produce a muchos la celebración de esos festejos bajo sospecha, como el que sucederá la tarde de hoy en la plaza de toros “México”. Y digo que “bajo sospecha” por la simple y sencilla razón de que hasta el momento, se tiene “secuestrada” la información sobre la materia prima (a estas horas desconocemos si en los corrales hay una corrida de toros o un remedo), lo que indica que el ocultamiento podría culminar –una vez más-, en otro festejo cargado de engaños. Las reacciones comienzan a aparecer poco a poco en ciertos medios de comunicación (y no precisamente nacionales, sino internacionales), lo que produce incomodidad, pero sobre todo vergüenza pues ese gesto, de auténtico posicionamiento debería estar en marcha por parte de quienes detentan los medios de comunicación masivos en nuestro país.

   Si la ética en el periodismo es tanto o igual que el “juramento” de Hipócrates para los médicos, parece entonces que esa ética no hace su parte de manera natural y comprometida entre quienes la asumen, y la hacen suya con vistas a informar en forma imparcial. Ese sería el principio legítimo, honesto, cabal. Pero si la parcialidad termina por abarcarlo todo, hay que combatirla.

 7 de diciembre de 2014.

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