SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 Y HASTA NUESTROS DÍAS. (SÉPTIMA PARTE).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

LOS DIFERENTES CRITERIOS QUE LOS REGLAMENTOS TAURINOS HAN ESTABLECIDO SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 Y HASTA NUESTROS DÍAS. (SÉPTIMA PARTE).

    28 de noviembre de 1867. En tal día, fue expedida la “Ley de Dotación de Fondos Municipales”, cuyo artículo 87 suprimió el desarrollo de la fiesta de toros en la ciudad de México. Su duración efectiva: casi 20 años.

   Dice su contenido:

 No se considerarán entre las diversiones públicas permitidas las corridas de toros; y por lo mismo, no se podrá dar licencia para ellas, ni por los ayuntamientos ni por el gobernador del Distrito Federal, en ningún lugar del mismo.

   Dicha ley entró en vigor hasta el 1o. de enero de 1868, pero ya la “última corrida” se había efectuado el 8 de diciembre de 1867. Tal festejo se desarrolló en la plaza “El Paseo Nuevo”, como apoyo a los damnificados del tremendo huracán que azotó las costas de Matamoros.

   Ignacio Manuel Altamirano -claro oponente de estas manifestaciones- apuntó un día después de la corrida:

 (…)Con esta corrida que se permitió a la caridad, concluyeron para siempre en nuestra capital las bárbaras diversiones de toros, a las que nuestro pueblo tenía un gusto tan pronunciado desgraciadamente. Los hombres del pueblo saben más de tauromaquia que de garantías individuales.

    El alma de todo este asunto, tiene que ver con lo relacionado al cobro de impuestos, pues era preciso que el (o los) ayuntamiento(s) supiera(n) cuáles “gabelas” eran de su pertenencia o incumbencia y sabemos que GABELA tiene un significado de tributo, contribución o impuesto. Como se puede comprender, gabela es, ante todo, una exacción (o impuesto en resumidas cuentas) que los antiguos señores feudales imponían a sus vasallos, arbitrariamente y sólo con el objeto de emplearlos en comodidad propia. Esto lleva a pensar en una aplicación de sentido feudal por su género, de suyo arbitrario. Pero sobre todo es la forma en que la ley de Dotación de Fondos Municipales logró un control de los impuestos, control que requería una renovación o un ajuste ante los abusos cometidos por el empresario de la plaza de toros del Paseo Nuevo en turno. Ya desde el año 1854 se habían puesto a funcionar ciertos controles en cuanto al cobro de los impuestos. Por su parte en 1862 se dio el primer aviso de suspensión que no se consumó, a pesar de que se aplicaba la duplicación del impuesto fijado a las corridas de toros en abril de 1865 y luego, la puesta en vigor del art. 87 de la ley de dotación, el cual no otorgó la concesión de licencias para el desarrollo del espectáculo, esto como una medida que atentaba los intereses de la empresa, comandada por Manuel Gaviño, quien seguramente no llevaba bien el estado administrativo-económico de la plaza, lo cual tampoco satisfacía las peticiones del ayuntamiento por hacer la repartición equitativa y porcentual de los impuestos que debían ingresar al ayuntamiento, soporte de los fondos municipales, utilizados en las mejoras de la condición urbana, desagüe, alumbrado y otros servicios públicos.

   De esa forma, podemos concluir que el motivo que llevó a no conceder las licencias para el desarrollo del espectáculo fue, única y exclusivamente administrativo, lo cual nos hace entender que si bien son implícitos los conceptos que promueven la prohibición -entendida como tal, aunque el art. 87 en ningún momento indicara que se procediera con dicha aplicación-.

   Tuvo que darse todo este panorama para poder entender lo que significó para la ciudad de México este corte en la trayectoria histórica que hasta esos momentos, acumulaba el espectáculo taurino. De ese modo la fiesta en su conjunto se trasladó a la provincia y allí la continuidad tuvo asegurado su camino.

   En tanto, de las ganaderías seguían saliendo toros a las diferentes plazas provincianas que cumplían perfectamente con lo anunciado por los empresarios, y sólo encontramos, en un reglamento de Morelia fechado el 16 de abril de 1887, lo siguiente:

IV. Las picas de las garrochas tendrán una longitud de nueve líneas, no tendrán filo y se abotonarán convenientemente, cuidando el Regidor que presida la función de que aquellas tengan las condiciones indicadas.

V.  La suerte de varas se hará picando precisamente en el morrillo del toro, y a los que así no lo hicieren se les impondrá una multa de un peso por cada piquete.

VI.  Recibiendo un toro tres piquetes voluntariamente, podrá pasarse a la suerte de banderillas sin que el público tenga derecho a exigir que se reponga.

 VII. Queda a la prudencia de la autoridad que presida, el marcar el tiempo que deba durar la suerte de varas y de banderillas, según la bravura y calidad del toro; y una vez dada la señal para la suerte de banderillas, no podrá ser picado aquél, salvo el caso que la autoridad lo permita; incurriendo los infractores en una multa de dos a cinco pesos que en el acto les será impuesta por aquella.

    Hasta aquí con el reglamento de Morelia.

TOROS_REGLAMENTO PARA LAS CORRIDAS... TOLUCA 1886

   Con el adelanto de las tecnologías en nuestro tiempo, y gracias a la constante y afanosa labor que se lleva a cabo en el “Centro Cultural y de Convenciones Tres Marías”, enclavado en Morelia, sitio en el cual se ubica la biblioteca “GARBOSA”, en su página de internet (http://www.bibliotoro.com/index.php), y si usted va directamente a la pestaña de “Biblioteca Digital”, no solo encontrará la edición del documento aquí consultado, sino también de otro reglamento, este redactado por Julio Bonilla en 1886, con objeto de que se aplicaran sus disposiciones en la plaza de toro ubicada en Toluca (véase: http://www.bibliotoro.com/digital.php?nt=82&s=70&palabras=#top). Habiendo sido publicado ese mismo año por la imprenta del Instituto y de Pedro Martínez, se entendería que tal documento entró en vigor.

   En la página 9, aparece un interesante aspecto, destinado al hecho (no siempre el que imaginamos) de que a través “De los Veedores”, se tuviesen garantías de adquirir previamente ganados a modo para los festejos taurinos de aquella época. Veamos el criterio allí manejado:

 La Autoridad debe nombrar dos veedores (veterinarios) para que antes del apartado, examinen si las reses que se van a lidiar, tienen las verdaderas condiciones a que se destinan, cuales son la edad, las libras, que estén sanas, y con especialidad, que nunca se hayan toreado (lo cual a la verdad no es fácil conocer). Las condiciones que reprueba el arte, son: que los toros sean mogones, tuertos, que tengan contra rotura, cornada u otros defectos que los inutilicen para la lid (…).

 En todo caso, se estimaba la presencia de dichos veterinarios para certificar la presencia del ganado en los corrales de la plaza, antes que verlos convertidos en aquellos personajes que la propia empresa envía con meses o semanas de anticipación al inicio de temporada, justo para que ya en el campo tengan absoluta libertad de escoger los toros que ya elegidos, saldrán de dicha casa ganadera con destino a la plaza para ser lidiados en la o las fechas convenidas para tal efecto.

    Y sobre el punto destinado a “Los Ganaderos”, estas son las condiciones a que debían sujetarse:

 No deben echar a jugar los toros toreados. Es exclusivo de su derecho y de los dependientes que ellos quieran emplear en los toriles, apartar el ganado, ordenar la colocación en que deban salir los toros a la lidia, y demás actos concernientes. Podrá presenciar la Autoridad el apartado para hacer guardar el orden y recibir del dueño del ganado una nota reseñada y firmada, de los toros que juegan, el lugar que ocupan en la lid, sus nombres, raza, etc., todo bajo su responsabilidad.

    En cuanto a los Colores de las divisas de varias ganaderías, he aquí nombres y distintivos:

 Verde, blanco y encarnado, de la ganadería de Santín, blanco y encarnado, San Diego de los Padres, blanco y celeste, de Atenco. Blanco, Estancia de Tapias. Verde, ganadería de Zacatepec. Las ganaderías H, Trujillo, Tenguedó, Piedras Negras, Cazadero, Ayala, Santa Cruz, Santa Isabel, Parangueo, Hormigas, Torreón, Monteros, Guatimapé, La Sauceda, Ramos, Atotonilco, Corrales, Guanamé, Solís, Astillero, Cabezón, Palmarejo, Pinos, El Cubo, La Galera, Fresno, Monte Negro, Rincón, Itzícuaro, Goleta, Venadero, Sieneguilla, y otras, indistintamente han usado de uno o más colores. Sería conveniente que tales ganaderías adoptaren algunos, y solo ellas y siempre, los usaren.

    Como se puede notar, todavía no hay clara evidencia de las condiciones en que los toros deben presentarse en la plaza, tratando de cumplir con ciertos requisitos de edad (aunque destacan aquellos que tratan sobre la lidia, única y exclusivamente).

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