SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 Y HASTA NUESTROS DÍAS. (OCTAVA PARTE).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 LOS DIFERENTES CRITERIOS QUE LOS REGLAMENTOS TAURINOS HAN ESTABLECIDO SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 Y HASTA NUESTROS DÍAS. (OCTAVA PARTE).

    Por si faltara un panorama sobre las condiciones que prevalecieron mientras la ciudad de México estuvo limitada a las corridas de toros, entre 1867 y 1886, ofrezco los siguientes apuntes retrospectivos.

   Escasa es la literatura del género que puede darnos idea sobre el acontecer taurino en México de 1868 a 1886. Pocos libros apenas si recogen cualquier información vertida en las publicaciones periódicas de la época y sólo uno de ellos, el del Dr. Carlos Cuesta Baquero,[1] hoy de muy difícil acceso, nos narra con lujo de detalle la fiesta que entonces se desarrollaba. No es fácil ajustarme a una interpretación, pero sentir que se cuenta con un sustento, me permite hacerle frente a la empresa.

EL MONITOR REPUBLICANO_21.12.1883_p. 4

Imagen proveniente de: http://www.hndm.unam.mx/#

    Inmediatamente después de puesta en vigor la “Ley de Dotación de Fondos Municipales” de la que se ha hecho referencia, un grupo de aficionados intentó con una labor de convencimiento  no prescindir de su diversión predilecta. Sus esfuerzos fueron inútiles, pues no consiguieron respuesta alguna, aunque si bien el decreto ya imperaba para el Distrito Federal -como fue su objetivo- lograron por otro lado, se derogara lo que ya el Estado de México, en auténtica condescendencia aplicaba en sus dominios. La lucha continuó, incluso por varios años, pero no hubo más remedio que  demoler la plaza de toros del Paseo Nuevo, labor iniciada el 14 de julio de 1873 y concluida el 15 de octubre del mismo año. Para ello apunta Cuesta Baquero:

 El ayuntamiento de Toluca por imitación y por complacencia para con el inmortal Juárez prohijó al 87 (artículo de la Ley de Dotación de Fondos Municipales), pero después cediendo á las instancias de los aficionados lo derogó y dio permiso para la construcción de la plaza de toros de Tlalnepantla y Cuautitlán, dando por razón de la condescendencia el que era necesario proteger á la Empresa ferroviaria que construía el ferrocarril del Distrito Federal á los citados pueblos de el Estado de México.

   Debido a todo lo anterior, el estreno de la plaza de toros en Tlalnepantla ocurrió el 26 de abril de 1874, a un año de la inauguración del ferrocarril (5 de mayo de 1873). Toluca por entonces tiene a su cargo los poderes del estado, de ahí que Tlalnepantla, Cuautitlán y otros catorce distritos estuviesen bajo su administración y jurisdicción.

    Quiere decir esto que los aficionados capitalinos volverían a la plaza 6 años después de aplicada la prohibición y en otra entidad que no es el Distrito Federal. En cuanto a la de Cuautitlán, por los mismos años debió levantarse hasta quedar desplazadas ambas, luego de que la de El Huisachal –más cerca de la capital del país-, abría sus puertas el 1 de mayo de 1881.

   El 20 de diciembre de 1885, es destruida esta plaza, provocado el asunto por una crecida bronca. Fue entonces cuando se pensó en explotar Tlalnepantla y Cuautitlán de nueva cuenta. Por eso, a partir del 14 de febrero de 1886, y en Tlalnepantla las corridas de toros siguieron celebrándose con sobrada exaltación, misma que esa tarde ocasionó tumultos y hasta homicidios de dos personas cuyo intento desbocado por entrar a una plaza abarrotada movió a la gendarmería a cortar cartucho de modo inmoderado, “matando á los dos irreflexivos que con la vida pagaron su impetuosidad”.

   “Juvenal” no dejó escapar la ocasión y apuntó en El Monitor Republicano

 aquella frase “que se entiende por toros”, (es un) estribillo con que daba á comprender Chávarri (Juvenal), que las corridas de toros eran la diversión por excelencia escandalosa, sanguinaria y apropiada para traer entre los pies el principio de autoridad.

    Es de hacerse notar un interesante debate que muestra tendencias apoyadas por fundamentos como el de la modernidad vs. tradición; o el de la civilización vs. barbarie luego de que se hacen más notorias las líneas de trazo asumidas tras el separatismo de las dos Españas; y que durante el porfiriato alcanzan estaturas diversas.

   En ese sentido la iglesia continuaba perdiendo fuerza y terreno y ya lo dice José C. Valadés:

 Postrada está (…), en el último tercio del siglo XIX, la cultura religiosa en México, no tanto a causa de las confiscaciones de los bienes de la iglesia, cuanto al afán de los dignatarios católicos de gastar los días y los años en acercarse no a su grey sino al gobierno civil.

    Con esto notamos que el ambiente para el espectáculo taurino como tradición durante el tiempo de la prohibición impuesta en el Distrito Federal se vea fortalecido en provincia primero, eliminando la disposición que ciertos gobernadores impusieron en sus estados; segundo, llegando al extremos de la provocación cuando en el estado de México se inauguraron varias plazas y sin empacho de ninguna especie para con la severa aplicación vigente en la capital del país.

   Ello permitió que la modernidad y la tradición se enfrentaran dando a su vez resultado igualmente la confrontación civilización-barbarie luego de que entre otras cosas la iglesia afrontaba una época crítica provocada por la violenta ruptura de relaciones civiles y religiosas. Ello altera severamente el panorama de una iglesia que se ve restringida a participar pues el calendario de actividades rigurosamente católica se ve afectado por el complemento de las funciones profanas, como las corridas de toros.

LA PATRIA ILUSTRADA_17.11.1884_p. 2

La Patria Ilustrada, del 17 de noviembre de 1884, p. 2.

    Tras resolverse en la ciudad de México el problema de corridas suspendidas en 1887, tres años después vuelve a suceder un caso similar, solo que con matices de lo violento, tras estallar una bronca en la plaza “Colón” al intentarse lidiar unos pésimos toros de Cieneguillas que encresparon a la afición, esta optó por destruir la plaza. Ello ocurrió el 2 de noviembre y como entre los hechos fue agredido un gendarme, el gobernador del Distrito Federal, José Cevallos de inmediato prohibió las fiestas que tuvieron nuevo retorno el 20 de mayo de 1894.


[1] Carlos Cuesta Baquero (seud. Roque Solares Tacubac): Historia de la Tauromaquia en el Distrito Federal desde 1885 hasta 1905. México, Tipografía José del Rivero, sucesor y Andrés Botas editor, respectivamente. Tomos I y II.

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