SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 Y HASTA NUESTROS DÍAS. (DÉCIMA PARTE).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 LOS DIFERENTES CRITERIOS QUE LOS REGLAMENTOS TAURINOS HAN ESTABLECIDO SOBRE EL TORO DE LIDIA EN MÉXICO: DE 1768 Y HASTA NUESTROS DÍAS. (DÉCIMA PARTE).

    Todo lo anterior es el panorama de lo que era en sí la cuestión técnica de la fiesta y cómo la valoraban actores y públicos en ese entonces. Pero es necesario regresar a los reglamentos que fueron fijando las normas para el mejor cumplimiento y desarrollo del espectáculo, tanto en la ciudad de México como en aquellos estados de la república donde se han mantenido, para gozo y felicidad las corridas de toros.

   El 28 de febrero de 1887, apenas ocho días después de que se reanudaron las corridas en el Distrito Federal, el Gobierno del Distrito, puso a disposición algunas “prevenciones, entretanto se expide el reglamento especial para las corridas de toros…”

   Casualmente la redacción del documento es harto semejante con la que el propio Ayuntamiento de la ciudad dispuso en noviembre de 1851, por lo que puedo concluir:

Que no teniendo -las autoridades- otro documento a la mano, y en virtud de los muchos años que pasaron mientras el espectáculo no estuvo regido por unas directrices legales apropiadas, en 1887 se tomó el criterio de 1851, así que mediaban 36 años desde que se pretendió aplicar un reglamento que viniera a sustituir al de 1822, aunque no se llegara a ningún resultado concreto; mismo que se alcanzó, en su calidad de “prevenciones”, hasta 1887. Veamos algunas de aquellas disposiciones:

 VII. En el tiempo destinado a la pica, para banderillear o matar al toro, no se hará otra cosa diversa y la infracción de esto se castigará por el que presida el espectáculo con una multa discrecional.

 XVII. Por ningún motivo se permitirá jugar novillos en lugar de toros. La infracción de este artículo se castigará con una multa de 10 a 100 pesos.

    Estas son dos de las fracciones (de las XX que contiene el documento que autorizó Nicolás Islas y Bustamante) y cuyo contenido es idéntico a las que refiere el proyecto manuscrito de 1851.

   Sin embargo, la posibilidad de redacción para un reglamento taurino, como se manifestó en febrero de 1887, no fue posible sino hasta el año de 1895 en que se presentó un amplio documento, el cual constituye en sí mismo, un novedoso esfuerzo de avance para encauzar toda la infraestructura de las corridas de toros.

   Pero no puede seguir esta apreciación si no nos detenemos a comprender el acontecimiento del domingo 8 de enero de 1888 ocurrido en la plaza “Colón”. Se lidiaron aquella ocasión toros españoles, tres de D. Pablo Benjumea y tres del Excmo. Marqués del Saltillo. Todos, estoqueados por Luis Mazzantini.

   Y la prensa del momento decía: “(en) Cuanto a la dirección de la plaza, ahora sí podemos decir que hemos visto una corrida de toros. ¡La primera que ha habido en nuestros redondeles! Nada de carreras, nada de desórdenes y desmanes, todo a su tiempo, cada uno en su puesto, los toros perfectamente lidiados, en fin. Lo repetimos, esta es la primera corrida que hemos visto; todo lo demás han sido herraderos intolerables. ¿Sería porque la gente quiso obedecerlo hoy más que en otras ocasiones? La razón no la sabemos, pero ya los aficionados pudieron apreciar lo que va de torear a hacer monerías y la diferencia que hay entre un herradero y una corrida de toros.”.

   Entre 1867 y 1887, esos veinte años no significaron ninguna pérdida, puesto que la provincia fue el recipiente o el crisol que fue forjando ese toreo, el cual habría de enfrentarse en el 87´ con la nueva época impuesta por los españoles, quienes llegaron dispuestos al plan de reconquista (no desde un punto de vista violento, más bien propuesto por la razón).

CÉLEBRE CUADRILLA_L. MAZZANTINI_Ca. 1887

Célebre cuadrilla de D. Luis Mazzantini (sello en relieve: Propiedad de Ybañez e Hijo). Luis REcatero “Recaterillo”, Francisco Diego “Corito”, Manuel Pérez “Sastre”. M. Martínez “Agujetas”, Tomás Mazzantini, José Bayard “Badila”, M. Rodríguez “Cantares”, Ramón López, R. Puertas “Montañes”, Victoriano REcatero “Regaterín”, Valentín Martín, Luis Mazzantini, Gabriel López “Mateíto”, José Galea. (Ca. 1887). Al parecer este retrato colectivo se realizó en la ciudad de Orizaba, Veracruz. Disponible en internet, diciembre 28, 2014 en: http://www.bibliotoro.com/index.php

    De ahí que el toreo como autenticidad nacional basada en aquellas cosas ya vistas, es desplazado definitivamente concediendo el terreno al concepto español que ganó adeptos en la prensa, por el público que dejó de ser público en la plaza para convertirse en aficionado, adoctrinado y con las ideas que bien podían congeniar con opiniones formales de españoles habituados al toreo de avanzada.

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