PEQUEÑAS JOYAS DE LA TAUROMAQUIA MEXICANA EN 1886. (LA SEXTA y ÚLTIMA).

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

PLAZA DE TOROS EN PACHUCA, HIDALGO. Domingo 7 de noviembre de 1886. Se verificó la corrida segunda de las tres que tiene contratadas Fernando Gutiérrez “El Niño”.

   Las notas que siguen, aparecieron publicadas en El Arte de la Lidia, año III, Tercera época, N° 5 del 14 de noviembre de 1886, p. 2-3.

   Con una tarde fría y desagradable, como vd. No puede formarse idea, y a las 4 y media en punto dio principio la función. Excuso decir a vd. Que los toros que se habían de lidiar pertenecían a la hacienda de San Javier. El público, ya escamado de las corridas anteriores, brilló por su ausencia; es decir, que solo hubo media entrada; castigo merecido para la empresa, pues la voz general del pueblo le había indicado que dichos toros no tienen lidia posible por estar todos toreados en distintos puntos, y vamos a la corrida.

   Hecho el paseo por la cuadrilla, según costumbre, marchando al frente el simpático Gutiérrez y acompañado sólo del torero mexicano Genovevo Pardo, pues los demás no son conocidos como tales, se dio suelta al primero de los cuatro toros que estaban destinados al sacrificio.

WILSON_PACHUCA FINALES SIGLO XIX

De la emprendedora ciudad, que crecía de acuerdo a los nuevos tiempos, impulsados sobre todo por la minería, salieron de esas casas los entusiastas aficionados hacia la plaza de toros para disfrutar la tarde que aquí se reseña. Imagen que procede de la revista Bicentenario, el ayer y hoy de México, N° 5, p. 62-67. “Señor Carranza, Que me devuelvan la plata” disponible en internet, enero 28, 2014 en: http://revistabicentenario.com.mx/index.php/archivos/senor-carranza-que-me-devuelvan-la-plata/

    De color josco, bien puesto, salió correntón (sic), pero sin hacer caso ni de capotes ni de los caballos, después de varias carreras y tomando de huída cuatro puyazos, tocaron a banderillas; un joven nuevo en el arte, conocido por el Orizabeño, intentó poner tres pares de banderillas, pero el toro no hacía por el diestro y quedó deslucido. Tocan a muerte y el público protestaba, pero la autoridad así lo dispuso el Niño coge los trastos y después de varias vueltas tras de la res, porque no acudía al engaño, pudo dar una estocada baja y dos intentos de descabello, rematándolo el cachetero después de varios golpes.

   El segundo, amarillo oscuro, de buena estampa y algo más bravo que su hermano el Niño le dio varios lances de capa que le valieron palmas. De los piqueros tomó varios puyazos sin consecuencias para la caballería. Lo banderilleó Genovevo con tres pares regulares. Tócase a matar y Fernando se arma de estoque y muleta; pide permiso al Sr. Juez y se dirige a su adversario, a quien después de varios pases naturales y dos con la derecha le da una estocada por todo lo alto hasta la empuñadura, resultando algo tendida; vuelve a pasarlo con la derecha, e intenta descabellar dos veces; viendo el presidente que se hacía larga la faena, mandó lazar.

   El tercero verdugo meco, grande y de poder, salió mansurrón; a fuerza de echarle los caballos encima, tomó cinco puyazos y derribó a los jinetes. Otro torero de los que no conozco quiso poner banderillas, pero no le fue posible; terminando la faena el Orizabeño, que fue cogido dos veces, sin consecuencias; muchas palmas al muchacho por su valentía. Gutiérrez cede los trastos a Genovevo, a petición del público, y después de varios pases a su manera, pincha dos veces, vuelve a pasar y da una estocada a meteisaca que corta el tendón de la mano derecha (es decir, descordó al toro) y queda el toro sin poder caminar; el presidente manda a los lazadores que cumplan su cometido.

   El cuarto y último, josco listón, único toro que pudo torearse. El Niño dio varios lances a la verónica, escuchando palmas; tomó varios puyazos sin consecuencia para los piqueros ni caballos. Salieron dos jóvenes a banderillar, pegando dos medios pares. Fernando brinda su último toro a la presidencia; después de varios pases naturales y dos por alto, cita corto, y da un meteisaca hasta los dedos, vuelve a pasar y da una buena estocada en su sitio que hizo rodar a la fiera.

   Por lo que llevo expuesto, amigo mío, comprenderá vd. que con bichos como los lidiados esta tarde y con cuadrilla que solo dos pueden llamarse toreros, no es posible que ningún capitán salga airoso de su empresa.

   Aconsejamos a los señores empresarios, busquen toros que no estén corridos en otra parte, pues de lo contrario sufrirán grandes pérdidas sus intereses.

Suyo afmo. y s.s.

EL CORRESPONSAL.

    Fernando Gutiérrez seguía muy activo, alternando por aquí y por allá. Ahora le tocó el turno hacerlo junto con Genovevo Pardo y “El Orizabeño”. Sin embargo, en la lectura de otras crónicas, las actuaciones de “El Niño” merecieron la puntual observación de los “reporter” respecto a los frecuentes percances de que era blanco el diestro español, pero hecho de algún raro material, respondía con fortaleza, la de aquel joven fornido que ya conocimos en el retrato de la entrega anterior.

   Lamentablemente el ganado que las cuadrillas enfrentaron en Pachuca, no tuvo, ni por asomo la calidad de lo que merecían los aficionados (¿dónde hemos visto ese mismo comportamiento por estos días que van del 2015, dónde?). Ya se ve que la mala costumbre de los empresarios por tomarle la medida a quienes deberían consentir no es un asunto al que se acostumbren, ni por tantita dignidad…

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