CARTEL CON SELLO DE MUJER.

A TORO PASADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

CARTEL CON SELLO DE MUJER. Opinión al décimo festejo ocurrido la tarde del 20 de septiembre de 2009, dentro de la temporada de novilladas 2009. Plaza de toros “México”: Elizabeth Moreno, Lupita López y Vanessa Montoya con 3 de La Muralla y 3 de Sergio Rojas.

    La novillada se prolongaba más allá de lo razonable. Además, un toldo oscuro que amenazaba lluvia a cada instante se acercaba peligrosamente al impulso de un viento molesto que ya no cesó durante el festejo.

   En el ruedo de la plaza capitalina, tres novilleras pasaban apuros debido, y eso vale la pena reconocerlo a su entrega, aunque esta contara con una notable ausencia de técnica y rodaje, dos factores de peso a la hora de valorar diversos aspectos que determinan, en este caso tan particular, el destino de quienes, como ellas, se les vio reunidas en un cartel con sello de mujer.

   El destino a veces es cruel o se da como un golpe de suerte que si no se le aprovecha en seguida, así como llegó, así puede esfumarse. Es decir, un auténtico albur.

   Desde el paseíllo, las cosas apuntaban a cante mayor, pues se les veía tanto a Elizabeth Moreno, como a Lupita López y a Vanessa Montoya materialmente decididas al triunfo y no otra cosa. Uno era el propósito. El despropósito se apareció en forma de infortunio, puesto que habiendo puesto todo el empeño posible, pasaron ratos inesperados, tiempo este que incluso se extendió más allá de lo permitido y que en buena medida fue elemento clave a la hora de la verdad, pues se pasaron de faena y pasaron fatigas a la hora de oficiar con la espada, que hasta estuvieron en riesgo de ver regresar a sus enemigos a las corraletas. En el conjunto de los seis novillos, fue abrumador, y desesperante observar cómo, la ausencia de buenos consejeros y la práctica hasta la terquedad de esta suerte, brillaron por su ausencia. Es una lástima, pues al igual que otros tantos jóvenes del sexo contrario, ese aspecto parece estar en absoluto descuido, cosa que no pudieron ocultar, en la tarde del domingo 20 las novilleras actuantes. En todo caso fue más que evidente. Sin embargo, el público las trató con respeto y tolerancia. Hubo momentos incluso en que el silencio fue tal, y casi oíamos el pulso de Lupita López, cuando se perfilaba a matar a su segundo, quinto del festejo.

   En buen parte de los tendidos de la plaza aparecía la rumorología, se deseaban los “hubieras” y se invocaba al azar como fermento de las posibilidades que solo llegaron por instantes.

   Fue un espectáculo intenso aunque dotado de ciertas impaciencias generadas, ahora lo sabemos, por ese racimo de nervios y de pasiones encendidas que resultó ser la terna programada para tan especial ocasión. Con un poco más de visión por parte de muchos empresarios, estas tres mujeres, junto a Hilda Tenorio podrían contar en su haber con un destino más favorable. Los claros defectos que mostraron no son más que el resultado de una limitada trayectoria de actuaciones en varios años de andar en esto, por lo que tal insuficiencia es muestra del escaso apoyo, de la condición marginal que deben enfrentar como mujeres en un elemento detentado por hombres y cuyos controles se pueden convertir en auténticas murallas, sobre todo porque aplica la falocracia, el patriarcado, el machismo, o lo misógino de muchos que se oponen a la presencia femenina en el espectáculo. Eso no es de hoy, viene de mucho tiempo atrás, pero se ha relajado un poco en estos tiempos en que se ha permitido la presencia de la mujer en el quehacer taurino, presencia que se ve reflejada en diversos testimonios y actuaciones, cuyo protagonismo, el más alto, es dejarlas torear, y si además lo hicieron tres en un mismo cartel, el aspecto se convirtió en algo enteramente novedoso, causante del morbo natural que por lo menos ayer no encontró el eco deseado, pues la entrada que registró la plaza de toros “México” con mucho era la de una tarde de novilladas cualquiera en estos tiempos. En todo caso, se habría esperado un mejor escenario, puesto que la terna no era cualquier cosa.

ELIZABETH MORENO_20.09.2009

imagen tomada del portal de internet “Opinionytoros.com”

   Poesía no eres tú, clamaba y proclamaba Rosario Castellanos en la mejor de sus antologías poéticas, en contraste o confrontación con aquella postura bequeriana que respondía a la pregunta de cierta admiradora del poeta sevillano, sobre lo que para Gustavo Adolfo Becquer significaba precisamente la poesía. Su respuesta, aunque contundente no dejaba de mostrar el peso de un romanticismo que hoy parecería simplón. “Poesía eres tú”. Por eso, la antítesis que planteó Castellanos desde su actitud en tanto mujer, parece retar aquel episodio anacrónico. Si bien, por un lado Rosario Castellanos deja en tal obra su mejor sello, y lo confirma con una postura anti-romántica, propia de su tiempo y su estilo metido ya en plena contemporaneidad. Y actitudes como la suya fueron hechos aislados pero heroicos, como el de Carmen Mondragón o “Nahuí Olín”, Elena Garro, Remedios Varo, Pita Amor y hasta de la religiosa Concha Urquiza. Aquella condición limitada a la que quedaron sujetas, vistas además como agentes provocadores hoy día tienen plena libertad de acción, por lo que su condición, aunque restringida, tiene actualmente mayor cobertura que no se ha ganado por concesión, sino por justo derecho de equidad. En ese sentido, el hecho de que la mujer participe en el papel principal de un espectáculo supuestamente reservado para el hombre, me parece un avance significativo en las relaciones humanas que velan por la igualdad. Es muy común todavía, encontrarnos con actitudes intolerantes que se cierran al mundo por el hecho de pensar que la mujer vaya apropiándose de espacios antes reservados en exclusiva a su oponente natural: el hombre. Conforme avanzan los tiempos, su lugar en muchos sentidos adquiere un aspecto tan representativo per se, que no debe haber por ello ninguna reacción en contra. Lamentablemente todavía existen culturas que restringen y limitan su presencia, salvo que lleven elementos que oculten su apariencia como la burka o la “tarha”, el pañuelo tradicional sudanés que cubre la cabeza y los hombros. De no ser así, nos enfrentamos al terrible fenómeno de tortura, maltrato y lapidación, acusaciones fuera de lugar como el hecho de usar, entre otras prendas el pantalón de mezclilla (el caso de Lubna Ahmed al Hussein quedó inscrito en lo más ridículo de Ondurman, que pertenece a Sudán). “Si algunas personas se refieren a la sharia (ley islámica) para justificar la flagelación de mujeres por cómo se visten, entonces díganme qué versos coránicos o hadith (dichos del profeta Mahoma) lo dicen. Yo no los he encontrado”, fue su respuesta ante la autoridad que la sentenciaba (a una multa, misma que al no pagar se tradujo en un mes de cárcel), mientras otras compañeras suyas eran sentenciadas a sufrir la penosa sentencia de latigazos infamantes. El incidente de Lubna Ahmed ocurrió en julio de 2009 al ser detenida en un restaurante por ir vestida con un pantalón ancho y una blusa larga.

   Que la mujer siga siendo objeto de actitudes como la anterior en este avanzado siglo XXI me parece una total condición anti natura que desfavorece a la razón humana, espectro que ha sido motivo de innumerables revisiones, sobre todo desde el momento en que el movimiento ilustrado de finales del siglo XVIII coincidía con la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, adoptada desde el 14 de julio de 1789. Sin embargo, a la persona de sexo femenino no se le cita en ninguno de sus 17 artículos, lo que pone en un predicamento al texto fundamental.

   En fin que la discusión sobre el tema de la mujer sigue siendo, en la teoría o la práctica un polémico ardid planteado desde la posición masculina y se percibe que en ese sentido ha ido madurando lentamente hasta concederle –como ya se dijo- el lugar que la justicia le permite a la mujer que no solo va de insertarse en la vida doméstica como arquetipo (o encasillada en este ámbito), sino también en la vida laboral o académica. Por fortuna, para ellas es una auténtica realidad mostrarse y demostrarse con sus capacidades o limitaciones en el ambiente de los toros, y eso lo pudimos comprobar en el cartel que dichosamente fue programado para la tarde del 19 de septiembre de 2009 en la plaza de toros “México”. Cartel que por otro lado no tuvo, como era deseable, los resultados apetecidos en lo artístico, al margen de los buenos detalles que vimos a lo largo de un largo festejo.

20.09.2009

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