SUERTE DE “EL SALTO POR LA VIDA” EJECUTADA POR ATENÓGENES DE LA TORRE EN 1887.

ILUSTRADOR TAURINO MEXICANO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 

   Para entender a qué suerte me refiero, nada mejor que acudir a una recreación que se publicó en aquellos famosos números monográficos de Revistas de Revistas dedicados al tema de los toros en 1937. Allí, el dibujante logró este magnífico apunte: 

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El salto con dos garrochas. Fuente: ”Revista de Revistas. El semanario nacional”, año XXVII, Nº 1439, 19 de diciembre de 1937.

    Sin embargo, se puede deducir que no es la sola suerte que nosotros estimamos como de “El salto con dos garrochas” así, sin más. Tiene otro trasfondo, que por fortuna nos permite entender en qué consistía, quién la ejecutaba y cuando se realizó, por lo menos entre lo que nos dicen los registros periodísticos de aquellos años finales del XIX.

   El que tengo a la mano data de 1887, y sucedió en la plaza de toros de Tlalnepantla, estado de México, el domingo 13 de marzo de aquel año. Veamos cómo lo dio a conocer, en crónica firmada por PERICO El Diario del Hogar, del 15 de marzo de 1887, p. 2:

PRIMERA CORRIDA EN LA PLAZA DE TLALNEPANTLA POR LA CUADRILLA PONCIANO DÍAZ.

    A la hora anunciada, presente la autoridad y ante una numerosísima concurrencia, salió la cuadrilla capitaneada por el simpático primer espada Ponciano Díaz a hacer el acostumbrado paseo, siendo saludado con estrepitosos aplausos, y acto continuo, un individuo que bajó de los tendidos de sombra le colocó una corona y una banda tricolor y en seguida lo hicieron subir a las lumbreras, en donde una bella dama le obsequió con otra corona y una banda con monedas de oro, cuyos actos fueron saludados por los hurras de la multitud y las dianas de las bandas militares; concluido esto, dio las gracias con una brevísima expresión de agradecimiento.

   Una vez cambiados los capotes de lujo por los de trabajo, y cada cual en su puesto, dada la señal por el juez, salió Escorpión que fue regularmente picado por Mota y Oropeza, estando muy oportuno Ponciano en los quites; cambiada la suerte, tomó los palos Carlos Sánchez, no luciendo, como otras veces, en este segundo tercio, debido a las malas condiciones del bicho. Suena la hora suprema, y Ponciano, de guinda y oro, toma los avíos, se va al encuentro de su enemigo y después de una lucida faena señaló en buen sitio un pinchazo y en seguida largó una magnífica estocada por todo lo alto, dejándole el estoque, que sacó en seguida con su acostumbrada serenidad, rematando con un buen descabello. Ovación extraordinaria, dianas y palmas.

   Amarillo, de pies, era el segundo y por nombre Alacrán; algo huido en el primer tercio, dio un tumbo a un picador que estuvo en inminente peligro; pero Ponciano, oportuno al quite, coleó al bicho mereciendo muchas palmas. Sonó por segunda vez el clarín y fue pareado regularmente por Atenógenes. Ya tenemos a Ponciano con los trastos yendo en busca de la fiera a la que despachó de un soberbio metisaca como sólo él los da, después de haber brindado la suerte al tendido de sol. Nueva ovación al arrojado matador.

   No me tientes, de color amarillo, fue el tercero de la tarde. Atenógenes pide permiso a la presidencia para ejecutar una suerte de mucho arrojo llamada “El salto por la vida” que consiste en citar al toro apoyándose entre dos garrochas y al acercársele la fiera alzarse a pulso, formando una escuadra su cuerpo y salvar así la embestida de la res al pasar ésta entre las dos garrochas. Esta lucidísima suerte, verdaderamente nacional, causó asombro a todos los espectadores y le valió muchos aplausos al diestro, dinero y la felicitación del inteligente capitán. Este toro en las varas, fue blando, Ponciano y Sánchez ejecutaron en este tercio lucidas suertes de capa y fue bien pareado por Pedro García. Una vez cambiada la suerte, Ponciano se dirige a la fiera, que se encontraba en las tablas, costando algún trabajo sacarla y la despacha de un buen metisaca que no necesitó puntilla. Muchas palmas y dianas.

   El cuarto entendía al nombre de Garboso, era de pies y bonita estampa; en varas fue como el anterior, blando, recibiendo pocos puyazos, a fuerza de buscarlo. Sonó el clarín y Carlos López le adornó el morrillo con tres buenos pares. Cambiada la suerte, se va en busca de la res y después de una buena faena le da una estocada por todo lo alto; nuevos pases para dar otra de la misma manera; más pases y larga otra igual con la que se echó el toro. El puntillero a la primera. Muchos aplausos al matador.

   El Indio fue el quinto, que era josco, y como salió tan huido volvió al calabozo. En su lugar salió Hiena, prieto y de muchos pies, asustándose de los de a caballo, recibió como 4 o 5 piquetes y saltó al callejón; cambiada la decoración, Guadalupe Gómez con algún trabajo y riesgo le dejó tres pares; la fiera volvió a saltar haciendo un paseo por el tendido de sombra causando muchos sustos. Vuelto al redondel, Carlos Sánchez de rojo y plata, toma los avíos de matar, busca a Hiena y después de algunos pases le larga una soberbia por todo lo alto, nuevos pases otras dos, siendo una de metisaca y otra por lo alto; como la fiera no se echaba a pesar de lo bueno de las estocadas, tocaron a lazo sin hacerse aprecio de la oposición del público a este mandato algo apresurado.

   Coyote fue el último de la corrida, y como sus hermanos, demasiado blando, saltando varias veces al callejón. Sonó el clarín y Carlos López de cuelga al bicho tres buenos pares. Cambiada la suerte, Ponciano con los trastos respectivos, busca a Coyote, dándole después algunos pases una buena estocada de metisaca.

   Fue un triunfo el que Ponciano obtuvo antier, sobre todo en el último tercio, parándose con arte y serenidad; a dos bichos les dio estocadas altas. Desde los felices tiempos de Lino Zamora no se había visto dar una estocada como la que dio Ponciano al primer toro; en los quites oportuno y arrojado como siempre; en la capa mucho lucimiento y muy aplaudido.

   Carlos Sánchez muy trabajador; su primer estocada fue dada en buen sitio por lo alto, en la brega perfectamente. Creemos que con menos precipitación lucirá mucho ese diestro en el último tercio.

   Atenógenes de la Torre, con un valor que asombró al público, ejecutó una suerte de mucho riesgo; pena causa decirlo, pero los aplausos que oyó, no fueron tan entusiastas como debieron serlo.

   El resto de la cuadrilla muy bien. El ganado dejó mucho que desear. La entrada como de cinco mil personas.

   Esta corrida, en su conjunto y a pesar de las poquísimas condiciones del ganado, ha sido la mejor de la temporada y ha puesto de manifiesto el mérito primer espada como matador, quien tuvo también ocasión de revelar sus muchos adelantos en la capa y la muleta. En resumen: su triunfo en la corrida del domingo ha sido por extremo satisfactorio.

   Dos palabras respecto al Ferrocarril Central, que llevó a los concurrentes: el segundo viaje que trajo a los pasajeros de Tlalnepantla, lo esperaron más de hora y media. El público indignado por esa espera, quemó durmientes y una carretilla, y al llegar a Buenavista quebró algunos vidrios de los vagones.

PERICO.

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